jueves, 20 de junio de 2013

BIOGRAFÍA DEL ESPIRITU JOANNA DE ANGELIS




BIOGRAFÍA DEL ESPÍRITU JOANNA DE ÂNGELIS 
Un espíritu que irradia ternura y sabiduría, despertándonos para la vivencia del amor en su más elevada expresión, incluso que, para vivirlo, nos sea impuesta una gran suma de sacrificios. Se trata del Espíritu que se hace conocido por el nombre de JOANNA DE ÂNGELIS, y que en los caminos de los siglos, vamos a encontrarla en la mansa figura de JUANA DE CUSA, en una discípula de Francisco de Asís, en la grandiosa SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ y en la valiente JUANA ANGÉLICA DE JESÚS.
Conozca ahora cada uno de estos personajes que marcaron la historia con su ejemplo de humildad y heroísmo.




JUANA DE CUSA 

Juana de Cusa, según informaciones de Humberto de Campos, en el libro “Buena Nueva”, era alguien que poseía verdadera fe. Narra el autor que: “Entre la multitud que invariablemente acompañaba a JESÚS en las predicaciones del lago, se encontraba siempre una mujer de rara dedicación y noble carácter, de las más altamente colocadas en la sociedad de Cafarnaum. Se trataba de Juana, consorte de Cusa, intendente de Antipas, en la ciudad donde se trataban intereses vitales de comerciantes y de pescadores”. Su esposo, alto funcionario de Herodes, no compartía las enseñanzas de espiritualidad, no tolerando la doctrina de aquel Maestro que Juana seguía con purificado amor. Afligida por el peso de las obligaciones domésticas, angustiada por la incomprensión e intolerancia del esposo, buscó oír la palabra de confort de JESÚS que, en vez de invitarla a engrosar las filas de los que Lo seguían por las calles y caminos de Galilea, le aconsejó a Seguirlo a distancia, Sirviéndolo dentro del propio hogar, volviéndose un verdadero ejemplo de persona cristiana, en el cuidado al prójimo más próximo: su esposo, a quien debería servir con amorosa dedicación, siendo fiel a Dios, amando al compañero del mundo como si fuera su hijo. JESÚS le trazó una ruta de conducta que le facilitó vivir con resignación el resto de su vida. Más tarde, se convirtió en madre. Con el paso del tiempo, las atribulaciones se fueron agrandando. El esposo, después de una vida tumultuosa y desdichada, dejando a Juana sin recursos y con el hijo para criarlo. Valiente, buscó trabajo. Olvidando “el confort de la nobleza material, se dedico a los hijos de otras madres, se ocupó con los más subalternos quehaceres domésticos, para que su hijito tuviese pan”. Trabajó hasta la vejez. Ya anciana, con los cabellos blanquecinos, fue llevada al circo de los martirios, junto con el hijo joven, para testimoniar el amor por JESÚS, el Maestro que había iluminado su vida invitándola con esperanzas de un mañana feliz. Narra Humberto de Campos, en el libro citado: “Ante el vocerío del pueblo, fueron ordenadas las primeras flagelaciones. - ¡Abjura!... – exclama un ejecutor de las órdenes imperiales, de mirada cruel y sombría. La antigua discípula del Señor contempla el cielo, sin una palabra de negación o de queja. Entonces el látigo vibra sobre el muchacho semidesnudo, que exclama entre lágrimas: - “¡Repudia a JESÚS, mamá!... ¡¿No ves que nos perdemos?! ¡Abjura!... ¡por mí, que soy tú hijo!...” Por primera vez, de los ojos de la mártir corre la fuente abundante de las lágrimas. Los ruegos del hijo son espadas de angustia que le rasgan el corazón. Después de recordar su existencia entera, responde: “ – ¡Cállate, hijo mío! JESÚS era puro y no desdeñó el sacrificio. ¡Sepamos sufrir en la hora dolorosa, porque, por encima de todas las felicidades transitorias del mundo, es preciso ser fiel a DIOS!” Enseguida, las lenguas de fuego consumen su cuerpo envejecido, liberándola hacia la compañía de su Maestro, a quien tan bien supo servir y con quien aprendió a sublimar el amor. 

CLARA DE ASIS

















UNA DÍSCIPULA DE FRANCISCO DE ASÍS 

Siglos después, Francisco, el “Pobrecito de Dios”, o “El Sol de Asís”, reorganiza el “Ejercito de Amor del Rey Galileo”, ella también se hace candidata a vivir con él la simplicidad del Evangelio de Jesús, que a todo ama y comprende, entonando la canción de la fraternidad universal. 



SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ 














En el siglo XVII ella reaparece en el escenario del mundo, para una vida más dedicada al bien. Renace en 1651 en la pequeñita San Miguel Nepantla, a unos ochenta kilómetros de la ciudad de México, con el nombre de JUANA DE ASBAJE Y RAMIREZ DE SANTILLAMA, hija de padre vasco y madre indígena. Después de 3 años de edad, fascinada por las letras, al ver a su hermana aprender a leer y escribir, engaña a la profesora y le dice que su madre la manda a pedirle que la alfabetice. La maestra, acostumbrada a la precocidad de la niña, que ya respondía a las preguntas que la hermana ignoraba, empieza a enseñarle las primeras letras. Comenzó a hacer versos a los 5 años. A los 6 años, Juana dominaba perfectamente el idioma patrio, más allá de poseer habilidades para la costura y otros quehaceres comunes a las mujeres de la época. Supo que existía en México una Universidad y cogió la idea de, en el futuro, poder aprender más y más entre los doctores. Don Manuel, como buen español, se rió y le dijo bromeando: -“Sólo si tú te vistieras de hombre, porque allí sólo los muchachos ricos pueden estudiar.” Juana se quedó sorprendida con la novedad, y luego corrió a su madre pidiéndole insistentemente que la vistiese de hombre desde ya, pues no quería, bajo ninguna hipótesis, quedarse fuera de la Universidad. En la Capital, a los 12 años, Juana aprendió latín en 20 clases, y portugués, sola. Más allá de eso, hablaba nahuatl, una lengua indígena. El Marqués de Mancera, queriendo crear una corte brillante, en la tradición europea, invitó a la niña-prodigio de 13 años para dama de compañía de su mujer. En la Corte encantó a todos con su belleza, inteligencia y simpatía, haciéndose conocida y admirada por sus poesías, sus ensayos y piezas de buen humor. Un día, el Vice-rey decidió probar los conocimientos de la vivaz niña y reunió a 40 especialistas de la Universidad de México para interrogarla sobre los más diversos asuntos. La platea asistió, pasmada, a aquella joven de 15 años responder, durante horas, al bombardeo de las preguntas de los profesores. Y tanto la platea como los propios especialistas, la aplaudían al final, quedando satisfecho el Vice-rey. Pero, su sed de saber era más fuerte que la ilusión de proseguir brillando en la Corte. A fin de dedicarse más a sus estudios y penetrar con profundidad en su mundo interior, en una búsqueda incesante de unión con lo divino, ansiosa por comprender a Dios a través de su creación, decidió ingresar en el Convento de las Carmelitas Descalzas, a los 16 años de edad. Desacostumbrada a la rigidez ascética, enfermó y volvió a la Corte. Siguiendo la orientación de su confesor, fue para la orden de San Jerónimo de la Concepción, que tenía menos obligaciones religiosas, pudiéndose dedicar a las letras y a la ciencia. Tomo el nombre de SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. En su confortable celda, rodeada de numerosos libros, globos terrestres, instrumentos musicales y científicos, Juana estudiaba, escribía sus poemas, ensayos, dramas, piezas religiosas, cantos de Navidad y música sacra. La linda monja era conocida y admirada por todos, siendo sus escritos popularizados no sólo entre los religiosos, así también entre los estudiantes y maestros de las Universidades de varios lugares. Era conocida como la “Monja de la Biblioteca”. Se inmortalizó también por defender el derecho de la mujer a ser inteligente, capaz de enseñar y predicar libremente. En 1697 hubo una epidemia de peste en la región. Juana socorrió durante el día y la noche a sus hermanas religiosas que, juntamente con la mayoría de la población, estaban enfermas. Fueron muriendo, poco a poco, una a una de sus asistidas y cuando no restaba más religiosas, ella, abatida y enferma, cayó vencida, a los 44 años de edad. 


SOR JUANA ANGÉLICA DE JESÚS 






















Pasados 66 años de su regreso a la Patria Espiritual, volvió, ahora en la ciudad de Salvador en Bahía, en 1761, como JOANA ANGÉLICA, hija de una acomodada familia. A los 21 años de edad ingresó en el Convento de la Lapa, como franciscana, con el nombre de SOR JUANA ANGÉLICA DE JESÚS, haciendo oficio de Hermana de las Religiosas Reformadas de Nuestra Señora de la Concepción. 

Fue hermana, escribanía y superiora, cuando, en 1815, se hizo Abadesa y, el día 20 de febrero de 1822, defendiendo valientemente el Convento, la casa del Cristo, así como la honra de las jóvenes que allí vivían, fue asesinada por soldados que luchaban contra la Independencia de Brasil. En los planos divinos, ya había una programación para su vida en Brasil, desde antes, cuando reencarnara en México como Sor Juana Inés de la Cruz. De ahí, su facilidad extrema para aprender portugués. Es que, en las tierras brasileñas, estaban reencarnados, y reencarnarían brevemente, Espíritus unidos a ella, almas comprometidas con la Ley Divina, que formaban parte de su familia espiritual y a los cuales deseaba auxiliar. De entre esos afectos de Joanna de Ângelis, destacamos a Amelia Rodrigues, educadora, poetisa, romancera, dramaturga, oradora y escritora de cuentos que vivió a final del siglo pasado y al inicio de este.


JOANNA EN LA ESPIRITUALIDAD 


Cuando, en la mitad del siglo pasado, “las potencias del Cielo” se conmovieron, y un movimiento de renovación se extendió por América y por Europa, haciendo sonar a los “cuatro rincones” la canción de la esperanza con la revelación de la vida inmortal, Joanna de Ângelis integró el equipo del Espíritu de Verdad, para el trabajo de implantación del Cristianismo resucitado, del Consolador prometido por Jesús. Y ella, en el libro “Después de la Tempestad”, en su último mensaje, refiriéndose a los componenetes de su equipo de trabajo dice: “Cuando se preparaban los días de la Codificación Espírita, cuando se convocaban a los trabajadores dispuestos a la lucha, cuando se anunciaban las horas predichas, cuando se enfilaban sembradores para la Tierra, escuchamos la invitación celeste y nos apresuramos a ofrecer nuestras parcas fuerzas, en cuanto a nosotros mismos, a fin de servir, en la ínfima condición de surcadores del suelo donde deberían caer las simientes de luz del Evangelio del Reino.” En “El Evangelio Según el Espiritismo” vamos a encontrar dos mensajes firmados por “Un Espíritu amigo”. El primero en el Cap. IX, items 7 titulado “La paciencia”, escrito en Havre, 1.862. El segundo en el Cap. XVIII, items 13 y 15 titulado “Se le dará a aquel que tiene”, psicografiado en el mismo año que el anterior, en la ciudad de Bordeus. Si observamos bien, veremos a la misma Joanna que nos escribe hoy, dictando en el pasado una bella página, como el modelo de nuestras actitudes, en cualquier situación. En el mundo Espiritual, Joanna estaciona en una bonita región, próxima a la superficie terrestre. 

Cuando varios Espíritus unidos a ella, antiguos cristianos equivocados se preparaban para reencarnar, los reunió a todos y planeó construir en la Tierra, bajo el cielo de Bahía, en Brasil, una copia, aunque imperfecta, de la Comunidad donde estacionaba en el Plano Espiritual, con el objetivo de, redimiendo a los antiguos cristianos, crear una experiencia educativa que demostrase la viabilidad de vivir en una comunidad, realmente cristiana, en los días actuales. Espíritus gravemente enfermos, no necesariamente vinculados a sus orientadores encarnados, vendrían en la condición de huérfanos, proporcionando oportunidad de perfeccionamiento, al tiempo en que, ellos mismos, se irían liberando de las imposiciones kármicas más dolorosas y avanzando en la dirección de Jesús. Ingenieros capacitados fueron invitados para trazar los contornos generales de los trabajos e instruir a los pioneros de la futura Obra. Cuando estaba todo esbozado, Joanna buscó entrar en contacto con Francisco de Asís, solicitando que examinase sus planes y auxiliase en la conclusión de los mismos, en el Plano Material. El “Pobrecito de Dios” estuvo de acuerdo con la Mentora y se prestó a colaborar con la Obra, desde que “en esa Comunidad jamás fuese olvidado el amor a los infelices del mundo, o negada la Caridad a los “hijos del Calvario”, ni se estableciese la presunción que es parásitos a destruir las mejores edificaciones del sentimiento moral”. Casi un siglo pasó, cuando los obreros del Señor iniciaron en la Tierra, en 1947, la materialización de los planes de Joanna, que inspiraba y orientaba, secundada por Técnicos Espirituales dedicados que esparcían ozono especial por la psicoesfera conturbada de la región escogida, donde sería construida la “Mansión del Camino”, nombre dado en alusión a la “Casa del Camino” de los primeros cristianos. En ese ínterin, los colaboradores fueron reencarnando, en lugares diversos, en épocas diferentes, con instrucciones variadas y experiencias diversas para, poco a poco, y cuando fuese necesario, ser “llamados” para atender a los compromisos asumidos en la espiritualidad. No todos, sin embargo, residirían en la Comunidad, pero, desde donde se encontrasen, enviarían su ayuda, extenderían el mensaje evangélico, solidarios y vigilantes, unidos al trabajo común. La Institución creciendo siempre comprometida a asistir a los sufridores de la Tierra, a los caídos en las pruebas, a los que se encontraban a un paso de la locura y del suicidio. Gracias a las actividades desarrolladas, tanto en el plano material como en el plano espiritual, con la terapia de emergencia a recién desencarnados y atenciones especiales, la “Mansión del Camino” adquirió una vibración de espiritualidad que suplanta a las humanas vibraciones de los que allí residen y colaboran. 


martes, 11 de junio de 2013

AMALIA DOMINGO SOLER (Parte 1)


LO QUE ELLA ESCRIBIÓ EN VIDA.

Aquella noche formó época en mi vida: el 4 de Abril de 1874 entré a formar parte en las filas de los propagandistas del Espiritismo; desde aquella noche, cuantas veladas literarias ha celebrado La Espiritista Española, en todas ellas ha resonado mi humilde
voz; mi pobreza y mi modestísima posición social, ya no sirvió de obstáculo para intimar con aquellos hombres eminentes y aquellas mujeres distinguidas.
Cada día desplegaba mi Espíritu mayor actividad para estudiar el Espiritismo; y aunque mi buena hermana, con ternura verdaderamente maternal, me aconsejaba que no trabajase tanto, porque concluiría por no poder hacer nada, una fuerza superior a mi voluntad me impulsaba a no cesar en mi empeño. Así como tuve la inmensa suerte de estar rodeada de buenos espíritus, amantes de la luz, si llego a estar dominada por algún enemigo invisible que me guardase odio de anteriores existencias, hubiera sido víctima de la obsesión más horrible y espantosa; más que obsesión hubiera llegado a ser subyugación absoluta; porque durante muchas horas del día, cuando estaba cosiendo, si me encontraba sola, componía versos, que conservaba en mi mente hasta la noche, molestándome muchas veces la tenaz insistencia de los espíritus, a los que les decía resueltamente:
-Vamos a ver; antes que todo, yo tengo que ganarme el sustento; el día es para mi trabajo, para mi tarea material; bastante hago que las noches y los días festivos, los empleo en escribir. ¿Qué más queréis? Dejadme tranquila.
Todos los directores de periódicos y revistas espiritistas, me escribían, pidiéndome trabajo.
Lo que yo escribí en aquella época, ahora me asombra y me sorprende en alto grado, porque todo me faltaba; no tenía ningún diccionario, ni tratados de gramática, ni libros de consulta de ninguna especie. Cada periódico que recibía, me producía una alegría infantil, diciéndole a mi hermana:
-Mira, ¡Ves! Ya tengo un compañero más.
-Sí; y otro nuevo trabajo, -Me contestaba.
Crecía como la espuma mi correspondencia, y rápidamente me puse en relación con los principales espiritistas españoles. Entonces fue cuando Fernández Colavida me mandó la colección completa de su “Revista”, las obras de Allan Kardec y una carta cariñosísima.
Cuando yo me vi dueña de los libros de Kardec (por lo que tanto había suspirado), mi alegría fue inmensa.
Como mis ojos se resentían mucho de aquel abuso de trabajo, me aconsejó mi médico que tomase baños de mar, y como de todas partes me ofrecían o me brindaban los hermanos, con sus respectivos hogares para que reposara por algún tiempo de mis fatigas, acepté el de una familia espiritista de Alicante, que me envió el dinero para el viaje.
Al llegar a Alicante, fui muy bien recibida por todos los espiritistas, encontré lo que yo no podía esperar, pues, no creía que en tan poco tiempo pudiera ganarme tantas voluntades.
Don Manuel Ansó, presidente de la Sociedad espiritista alicantina, hombre muy sabio, Doctor y Catedrático muy respetado y admirado de todos, me sentaba a su lado y decía a sus compañeros:
-Si Amalia sigue mis consejos hará mucho bien a los desgraciados y a sí misma. Si expiatoria es su existencia, misión hermosa puede cumplir en medio de sus sufrimientos; en trabajar en la propaganda del Espiritismo está su redención.
Yo la envidio porque irá mucho más lejos que yo.
¡Cuánto puede adelantar si no se detiene! ¡Cuánto puede progresar si comprende cuál es su deber!
Yo le escuchaba con el mayor asombro, porque no podía comprender lo que me guardaba el porvenir.
Veía que mis ojos siempre me amenazaban con el tormento más horrible ¡La ceguera!... Vivir de las dádivas y de la protección de los espiritistas, lo rechazaba mi Espíritu totalmente; pues, nunca he creído que debía vivirse a la sombra del ideal filosófico o religioso que el hombre defiende.
El ser digno, me decía yo, antes que todo, debe ganarse su sustento, y después de atender a las primeras exigencias de la vida terrena, el tiempo sobrante que lo emplee en lo que más grato le sea. Yo soy muy pobre, debo procurar el conservar la poca luz de mis ojos, vivir de ella, y después haré lo demás.
Y con un deseo inmenso de aliviarme, me levantaba antes de las cuatro de la mañana y me iba a bañar.
¡Qué bien me encontraba en el mar!
En aquella hora estaba completamente sola; pensaba en mi pasado con horror, en mi presente con melancolía, en mi porvenir con ese temor que inspira lo desconocido; positivista por excelencia, jamás he vivido de ilusiones; y la realidad era muy triste para mí, porque mis fuerzas eran muy débiles.
De Alicante, después de tomar los baños, pasé a Jijona, donde tenían gran empeño los espiritistas, que pasara con ellos una temporada.
Allí encontré atenciones y cuidados verdaderamente maternales, desvelos y demostraciones cariñosísimas que jamás olvidaré.
En Jijona pasé horas muy agradables, más este goce se turbó con la enfermedad que adquirí, enfermedad que me duró algunos meses; las calenturas del país. Ansó desde Alicante, ordenó mi traslado, para tenerme más cerca y poder estudiar mejor mi enfermedad.
De nuevo me trasladé a Alicante, dónde la ciencia de mi buen amigo, supo combatir y vencer mi tenaz padecimiento.
Para la convalecencia, marché a Murcia, donde una familia espiritista me esperaba con los brazos abiertos, y allí permanecí cuatro meses, teniendo una convalecencia muy parecida a una enfermedad; pero me cuidaron con tantísimo cariño, y me dieron tan buen alimento, que al fin recobré la salud.
En mis ratos lúcidos, seguí escribiendo lo que me fue posible y aquella buenísima familia, D. Eduardo de los Reyes y su angelical esposa, me propusieron muy formalmente que no me separase de ellos; más yo les dije:
-No; no puedo quedarme aquí. En Murcia el trabajo escasea, y el poco que hay está muy mal pagado; yo, mientras humanamente pueda, quiero ganar el sustento; no quiero vivir a la sombra del Espiritismo.
Y a pesar de sus reiteradas insistencias, me trasladé a Madrid en el mes de Febrero de 1876.
Mi hermana me recibió con la más viva alegría, compartió conmigo su lecho, y de nuevo empecé a coser y a escribir.
Una noche, al volver de mi trabajo, me dijo mi hermana:
-¡Cuánto siento que no hayas estado aquí! Han venido a verte dos espiritistas catalanes, me han hablado de tus escritos con muchísimo entusiasmo; traen una tarjeta para ti, del presidente del circulo espiritista “La Buena Nueva”, de la villa de Gracia, y dicen que es tan buen espiritista, y que tiene un gran empeño en que tú vivas en su casa. ¡No te decía yo que volarías muy lejos!...
Y mi hermana lloró con gran desconsuelo.
-Mujer, no digas disparates antes de tiempo: ¿Qué me he de ir yo a Gracia si no conozco a ese hombre?
-Pues el te conoce mucho; y tanto él como su familia dicen que pronto irás a su casa; ellos volverán pasado mañana, que es domingo, para verte.
-Me verán, pues tengo que trabajar sin descanso lo menos una semana, velando hasta las doce de la noche.
-Pues lo que es el domingo tienes que estar, no hay más remedio. Tráete el trabajo y yo te ayudaré.
Así lo hice, y el día señalado, recibí la visita de los dos espiritistas catalanes, que eran un anciano y un joven, ambos muy distinguidos; el de más edad, que se llamaba Pedro, me dijo:
-Traigo encargo especial de nuestro hermano Luis, que es el Presidente del Círculo “La Buena Nueva”, de ofrecerle a usted su casa, mejor dicho, una habitación exclusivamente para usted, porque está empeñado en que viva usted en su compañía; está
casado, con dos hijos: una niña de 12 años y un chico de 14, es muy buena familia.
En su casa está el Circulo Espiritista, y todos los domingos tiene sesiones por la tarde, y al despedirme me dijo, muy, formalmente: “dile a Amalia que la espero, que venga cuanto antes”.
Mi hermana y yo tomamos a broma tales ofrecimientos, y nos reímos de muy buena gana.
Seguimos hablando largamente; yo les dije entonces mi verdadera situación y mi hermana añadió:
-Yo bien, conozco que mi hermana no puede vivir mucho tiempo así, porque su situación es insostenible; como no tiene seguridad de poder seguir cosiendo, como no sabe ¡nunca con lo que cuenta, y yo no le puedo proporcionar lo que necesita porque soy tan pobre como ella, resulta que su situación es muy crítica. Por otro lado los espíritus la rodean de tal manera, que no la dejan coser tranquilamente; y entre la lucha del trabajo para vivir y el de la escritura, va a caer para no levantarse más; yo creo que el estudio del Espiritismo, más bien la ha perjudicado que otra cosa.
-Eso nunca señora, -Replicó Pedro, -Porque sus escritos han consolado a muchos afligidos, y el consuelo que a otros ha prestado, ella lo encontrará también, no tenga usted duda, y lo encontrará del modo más sencillo.
En Barcelona se paga el trabajo mucho mejor que en Madrid, y Amalia, en la ciudad condal, ganará lo suficiente para poder vivir, trabajando mucho menos que aquí, y quedándole, por consiguiente, más tiempo libre para sus tareas literarias; teniendo la ventaja de poderse bañar en el mar, ya que tanto lo necesita para los ojos. Tendrá más reposo, muy buenos hermanos que la quieran; y si la detiene el no querer separarse de una hermana tan querida, véngase usted también y encontrará las mismas ventajas que ella; trabajará menos y ganará más.
Mi hermana y yo, ya no nos reímos de las proposiciones del anciano espiritista, y como en Madrid (desgraciadamente) nada bueno nos retenía, porque mi hermana, para mantener y educar a sus hijos, era una esclava del trabajo, decidimos trasladarnos a Barcelona, una primero y otra después.
Se decidió que yo fuera primero, para aprovechar la temporada de los baños y preparar el trabajo que debía empezar mi hermana a su llegada.
Sin perder un momento, hicimos los planes y proyectos más agradables, y el 20 de Junio de 1876, salí de Madrid con dirección a Barcelona, separándome de mi hermana, con la dulce esperanza de volverla a ver muy pronto.
Cuando llegué a la fabril ciudad, me esperaban en la estación varias familias
espiritistas, hospedándome en casa de don Miguel Pujol, cuyas simpáticas hijas, ya me eran muy queridas, por haber tratado a la mayor en Madrid.
Al día siguiente de mi llegada, vino a verme Luis, el presidente del Circulo “La Buena Nueva”, que desde el primer momento me trató con la misma franqueza que si me hubiera visto nacer; estrechó mis manos entre las suyas y mirándome fijamente, me dijo con acento cariñoso.
-Y ¿Qué piensas hacer en Barcelona?
-¿Que qué pienso hacer? Pues trabajar; nuestro hermano Pedro ya me ha dicho, que aquí se paga el trabajo mucho mejor que en Madrid; vendrá mi hermana, viviremos juntas, trabajaremos, y escribiré cuanto pueda ya que aquí tendré más tiempo disponible.
-¡Ah, no...! Para eso no has venido tu a Barcelona; aquí lo que sobran son modistas y costureras; lo que falta son escritoras.
-Pero como escribiendo no gano para vivir, tengo primero que coser, y las horas que me sobren serán las que emplearé en escribir.
-¿Y tú piensas que podrás coser mucho tiempo? Todo lo más que te queda de vista ara coser, (y eso tirando por lo largo) son tres meses; eso te lo digo yo, en cambio, para escribir, siempre verás; te sacaremos cuando seas muy viejecita en un capazo al sol y aún escribirás.
Las palabras de Luis me dejaron helada; había en la mirada de aquel hombre, algo que imponía; magnetizador de gran potencia, su mirada me hacía estremecer, y algo inexplicable me decía que el pronóstico de aquel hombre era una verdad; pero disimulé la penosa impresión que recibí y dije:
-Confío aliviarme mucho con los baños de mar, procuraré coser lo menos posible, pero yo quiero trabajar para vivir.
-Tú podrás querer, pero tus ojos te dirán que no; no hay más que mirártelos; dentro de tres meses o antes me lo dirás, y como yo sé lo que te sucederá, ya te estoy arreglando un habitación en mi casa; mi hijo te la pintará; tú, mientras, toma los baños, y después te vienes a Gracia, donde nadie te molestará; yo te daré la habitación y alimentos, con la sola condición de que tú emplees tu tiempo en escribir para los periódicos espiritistas. Para difundir la luz de la verdad, siempre tendrán luz tus ojos; para coser... para coser, antes de tres meses dirías con tristeza: “¡Se cumplió la profecía de Luis!”
La seguridad con que aquel hombre hablaba me causaba un espanto inexplicable; pero no me abandonó la esperanza y tomé muchos baños de mar, esperando un pronto alivio; mas contra todos mis deseos, mis ojos empeoraban lentamente.
En la plenitud del día, me vi obligada a suspender la costura, porque sobre mis ojos había caído un velo de brumas, y vi todos los objetos envueltos en una densa niebla.
Entonces dije a Luis:
-Se ha cumplido tu profecía; todo lo veo cubierto de una espesa niebla; quiero coser y parece que me clavan agujas en los ojos. ¡Dios mío!... ¿Volveré a estar como antes?
-No; durante algunos días, abstente de todo trabajo y cuando yo te avise, te pondrás a escribir, y ya verás cuántas cosas buenas harás con tus ojos medio cerrados, y eso es lo que yo quiero, porque en Barcelona ya te lo he dicho muchas veces, sobran costureras y faltan escritoras. No te inquietes ni te apures, haz lo que digo y ya verás como propagarás el Espiritismo.

Continuara . . . .

sábado, 8 de junio de 2013

LOS CENTROS VITALES


Centros Vitales – (Chakras)
(Centros de fuerza - Puntos de fuerza - Centros morfogénicos)
 
Cardíaco - Cerebral - Coronário - Esplênico - Gástrico - Genésico - Laríngeo

 
Estudiando en el plano en que nos encontramos, en la posición de criaturas desencarnadas, el cuerpo espiritual o psicosoma es, así, el vehículo físico, relativamente definido por la ciencia humana, con los centros vitales que esa misma ciencia, porque no puede indagar y reconocer.
 
En el periespíritu poseemos todo el equipamiento de recursos automáticos que gobiernan los billones de entidades microscópicas al servicio de la Inteligencia, en los círculos de acción en que nos retrasamos, recursos esos adquiridos vagamente por el ser, en milenios y milenios de esfuerzo y recapitulación, en los múltiples sectores de la evolución anímica.

Es así que, rigiendo la actividad funcional de los órganos relacionados por la fisiología terrena, en ellos identificamos:

• El centro coronario, instalado en la región central del cerebro, sede de la mente, centro que asimila los estímulos del Plano Superior y orienta la forma, el movimiento, la estabilidad, el metabolismo orgánico y la vida consciente del alma encarnada o desencarnada, en las cintas de aprendizaje que le corresponden en el abrigo planetario. El  centro coronario supervisa, aun, los otros centros vitales que le obedecen el impulso, procedente del Espíritu, así como las piezas secundarias de una fábrica responden al comando de la pieza-motor de que se sirve el aprendizaje del hombre para ordenarlas y dirigirlas.
De esos centros secundarios, entrelazados en el psicosoma y, consecuentemente, en el cuerpo físico, por redes plexiformes, destacamos:

•                    El centro cerebral contiguo al coronario, con la influencia decisiva sobre los demás, gobernando el córtex encefálico en la sustentación de los sentidos, marcando la actividad de las glándulas endocrinas y administrando el sistema nervioso, en toda  su organización, coordinación, actividad y mecanismo, desde las neuronas sensitivas hasta las células efectivas;

•                    El centro laríngeo, controlando notadamente a respiración y la fonía;

•                    El centro cardíaco, dirigiendo la emotividad y la circulación de las fuerzas de base; 

•                    El centro esplénico, determinando todas las actividades en que se expresa el sistema hemático, dentro de las variaciones de medio y volumen sanguíneo; 

•                    El centro gástrico, responsabilizándose de la digestión y absorción de los alimentos densos o menos densos que, de cualquier modo, representan concentrados fluídicos penetrándonos la organización.

•                    El  centro genésico, guiando el modelo de nuevas formas entre los hombres o el establecimiento de estímulos creadores, con vistas al trabajo, a la asociación y a la realización entre as almas.
André Luiz  (Uberaba, 19 de Janeiro de 1958)

El periespíritu – cuerpo de materia rarefacta – está íntimamente regido por siete centros de fuerza, que se conjugan en las ramificaciones de los plexos y que, vibrando en sintonía unos con los otros, por el poder de la mente, establecen para nuestro uso, un vehículo de células eléctricas (como un campo magnético).
 La compleja tesitura psicosomática presenta, lo que todo indica, un número considerable de “puntos de fuerza”, responsables por la distribución da energía vital (“neuropsíquica”  y por el equilibrio fisiológico del organismo físico.

En los Vedas, ya se sabía  su existencia. Y mucho antes los chinos con base en el Taoísmo.
Según se comprende, es através del doble etérico, con sus recursos vitales (“emanaciones neuropsíquicas”) que os centros de fuerzas del periespíritu, componiendo un complejo sistema de redes de intercomunicación e interacción energética, sustentan la organización somática, haciendo posible que cada célula física reciba de la respectiva célula psicosómatica, su matriz anatómica y fisiológica, la energía necesaria a su sustentación.

La tradición oriental denomina esos centros como chakras o tchacras (del sánscrito: rueda, círculo, disco, órbita), se localizarían, en un segundo cuerpo, sutil, matriz del físico.

Son siete los chakras citados (en sánscrito: sahasrâra, situado en lo alto de la cabeza; ajnã, en la región frontal del cerebro; vishuddha, en la región do cuello; anâhata, sobre el corazón; manipula, en la región del estómago; swadhisthana, a la altura del bazo, y mulâdhâra, situado en la parte inferior de la columna vertebral).

El periespíritu rige la vida física, dinamizando la energía vital aglutinada en el llamado doble etérico, a través de sus centros de fuerza.  Como estos se proyectan en el doble etérico, de naturaleza más próxima a la del cuerpo material, reflejándose en este, se hace posible su detectarla por instrumentación física.

Nuestro cuerpo de materia rarefacta (periespíritu) está íntimamente regido por siete centros de fuerza (coronario, cerebral, laríngeo, cardíaco, esplénico, gástrico y genésico), los cuales se conjugan en las ramificaciones de los plexos y que, vibrando en sintonía unos con los otros, al influjo del poder directriz de la mente, establecen para nuestro uso un vehículo de células eléctricas, que podemos definir como un campo electromagnético, en el cual el pensamiento vibra en circuito cerrado.
Es bajo el comando de los centros vitales del psicosoma que se procesa la interacción energética total entre el cuerpo físico y el periespíritu.   Identificados por algunos científicos como “centros morfogénicos”.  En las fases de intermisión los centros vitais nada pierden en importancia, en la sustentación del dinamismo periespírico, aunque con algunas transformaciones importantes, principalmente, en los centros gástrico y genésico, como informa André Luiz (Espíritu).

La exteriorización de los centros vitales se procesa asociando conocimiento magnético y sublimación espiritual, los científicos humanos llegaron, por sí mismos, a la realización referida, como ya alcanzaron nociones preciosas en cuanto a la regresión de la memoria y exteriorización de la sensibilidad. 

EL ESPIRITU PROTECTOR


Aprovechándonos de algunas palabras del cantante y compositor Fabio Júnior que, al hacer un homenaje a su fallecido padre, nos hace recordar cuan intensa es esa relación que mantenemos con los amigos espirituales y, más específicamente, con nuestro `ángel de la guarda´. Dice así: 

“Entre las puertas de lo visible y de lo invisible, una tenue barrera nos separa de la eternidad.
Más allá de la materialidad pasajera de las cosas, queda el reino de las cosas verdaderas, que la gente carga como un tesoro en el corazón.
Lazos inquebrantables de un amor insuperable; ternuras profundas de una amistad real…
Manos que sellan como guardias en nuestro camino; espíritus de luz iluminando nuestro corazón; fantasmas familiares como guías, como fuerzas de protección.
Ahí la gente ve que el tiempo no vale nada; es pobre en el camino de la evolución”.
 

Según lo que podemos aprender en la Doctrina Espírita, más allá del mundo material, existe otra dimensión denominada como `mundo espiritual´. Y esas dos realidades del Universo no están disociadas, ya que una ejerce gran influencia sobre la otra.

A través de los conceptos reencarnacionistas, tenemos que todos somos espíritus inmortales cuya trayectoria evolutiva está mezclada por dos fases que se alternan de manera ininterrumpida: la vida espiritual seguida de una vida material, a través del fenómeno de la encarnación (nacimiento); que, a su vez, es nuevamente seguida de la vida espiritual por medio de la desencarnación (muerte). Y, así, sucesivamente…

Con eso, cuando no estamos encarnados, habitamos en el plano espiritual regiones compatibles con los valores morales, emocionales, intelectuales y espirituales que aun cargamos. El capítulo IV, de EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, al abordar sobre `los lazos de familia fortalecidos por la reencarnación´ (item 18), dice: “Los espíritus forman en el espacio, grupos o familias unidas por el afecto, por la simpatía y semejanza de inclinaciones; esos espíritus, felices por estar juntos, se buscan; la encarnación no los separa sino momentáneamente, porque, después de su reentrada en la Erraticidad, se reencuentran, como amigos a la vuelta de un viaje.
(...) Si unos están encarnados y otros no lo están, por eso no están menos unidos por el pensamiento; los que están libres (viviendo en el mundo espiritual) velan sobre los que están cautivos (viviendo en el mundo material), los más avanzados procuran hacer progresar a los retardados.” 

Pero es en el capítulo IX (libro II), de EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS, que encontramos 33 preguntas que más ampliamente nos esclarecen sobre lo que serían esos desencarnados que velan sobre nosotros de manera más directa.

En la cuestión 490, tenemos: “¿Qué se debe entender por ángel guardián?” Respuesta: “El Espíritu de un orden elevado”. O sea, él es un gran afecto que traemos del pasado, y que por ser más evolucionado, nos asiste en esta encarnación.

¿Y cuál es su misión?
Como respuesta de la cuestión 491, encontramos: “La de un padre sobre sus hijos: guiar a su protegido en el buen camino, ayudarlo con sus consejos, consolar sus aflicciones, sustentar su coraje en las pruebas de la vida”. 
Es bastante compleja la tarea de ese espíritu que nos ampara, pues su asistencia tiene que transcurrir de forma de no herir nuestro libre albedrío. Por conocer nuestras dificultades íntimas y fragilidades, él nos orienta, pero no determina el camino a ser seguido; nos protege y alerta, pero, no impone las decisiones que debemos tomar, justamente para no quitar de nosotros méritos de nuestros descubrimientos y conquistas.

¿Qué nos predispone a un contacto más intenso con él?

El reconocimiento íntimo y la oración sincera. Por el hecho de que ambos elevan la frecuencia energética (patrón vibratorio) y ampliar nuestra capacidad de sintonía, a través del intercambio mental (intuición), nuestro espíritu protector actúa de manera más efectiva a nuestra sensibilidad. Es como si él nos susurrase algo; y ese fenómeno se asocia a nuestra “voz de la conciencia”, pues algo dentro de nosotros nos sugiere, por ejemplo, lo que debemos o no hacer.

Pero por el factor de la intuición es una percepción rápida, momentáneamente y pasajera; un flash súbito o una idea que brota de forma espontánea e inesperada, muchos juzgándola sin mayores créditos y no atienden a esos pensamientos más íntimos.

No obstante, no es solamente por medio de ella que nuestro “ángel de la guarda” intenta auxiliarnos. Existen otras maneras. Y quien nos da la revelación es el EspírituEmmanuel“Ora y pide. Enseguida, presta atención. Algo vendrá por alguien o por intermedio de alguna cosa, dándote, en esencia, las informaciones o los avisos que solicites.
En muchas circunstancias, la advertencia o el consejo, la frase orientadora o la palabra de bendición te alcanzarán el alma, en el verbo de un amigo, en la página de un libro, en una nota sencilla de la prensa y hasta incluso en un simple anuncio que se te cruce en el camino.”
 [1]

Con estas palabras, podemos percibir que son muchos los caminos que la Espiritualidad Mayor usa para hacer llegar hasta nosotros todo cuanto necesitamos para la sustentación del equilibrio y de la firmeza delante de nuestros desafíos: consuelo, advertencia, energías saludables, luz,…

Mientras tanto, existe una determinada ocasión en que nuestro protector conversa directamente con nosotros, “ojos en los ojos”. ¿Cuál sería ese momento?

El Espíritu Cairbar Schutel así nos dice: “En todo instante de su peregrinación por la vida material, el individuo está recibiendo importantes orientaciones del Plano Espiritual a través de las intuiciones o inspiraciones. Durante el sueño, cuando está en desprendimiento del cuerpo físico, el Espíritu, liberado momentáneamente, recibe, si estuviera al tanto receptivo, buenos consejos de los mentores y amigos espirituales.
Dar valor, es sobre todo, seguir tales alertas haciéndole más fácil la búsqueda de la evolución…
(...) Tales advertencias pueden servir para resaltar la necesidad de la autocrítica, incentivar el cambio de actitudes e incluso detener un procedimiento menos digno o anticristiano”
 [2]
La Doctrina Espírita enseña que durante el sueño físico, apenas nuestro cuerpo reposa. Al encontrarnos, en espíritu, parcialmente liberados de la materia que descansa, siempre buscamos regiones astrales de nuestro interés inmediato y mantenemos contacto con seres que nos son afines, sean ellos superiores o inferiores.

Con el reconocimiento íntimo y la oración, positivamente abrimos los canales de comunicación (nuestra sensibilidad) y dormimos predispuestos a permitir que nuestro espíritu protector nos ofrezca una orientación más indirecta. A veces, nos acordamos vagamente de tal asistencia, afirmando que soñamos eso o aquello. Pero, incluso que no tengamos recuerdo alguno, guardamos en nuestro interior la orientación proporcionada y, en el momento oportuno – cuando en vigilia (despiertos) –, obramos de acuerdo con aquella “voz interior” que nos habla para hacer o para evitar alguna cosa. Fotomontaje. Derechos de imagen Editora Espírita Petit de Brasil.

De ahí la importancia de la oración. A través de ella deshacemos nuestras disposiciones íntimas fuertemente envueltas en la desesperación, en la aflicción, en la no creencia, en el sufrimiento y cosas así, y nos volvemos más receptivos a las sugestiones superiores.

Efectivamente, ¿qué espera de su protegido el “ángel de la guarda”?

Utilizando las palabras dictadas por el Espíritu André Luiz, podemos afirmar que: “Los instructores de la verdad espiritual desean, antes de todo, nuestra renovación íntima, para la vida superior. Si apenas buscamos consuelo, sin adquirir fortaleza, no pasaremos de niños espirituales. Si procuramos la compañía de orientadores benevolentes, tan sólo para el gozo de ventajas personales, ¿dónde estará el aprendizaje? ¿Acaso no permanecemos, aquí, en la Tierra, en aprendizaje? ¿Habríamos recibido el cuerpo al renacer, apenas para reposar? Es increíble que nuestros amigos de la esfera superior nos vengan a suprimir la posibilidad de caminar por nosotros mismos, usando los propios pies. Naturalmente, no nos quieren los benefactores del Más Allá para eternos necesitados de la casa de Dios y, sí, como compañeros de gloriosos servicios del bien, tan generosos, fuertes, sabios y felices como ellos ya lo son.” [3]

Con la intuición de finalizar el asunto, es imposible no citar a San Agustín (Espíritu) que, con sublimes palabras, vehementemente nos invita a la creencia y búsqueda de nuestro “ángel de la guarda”, pues es él que habla más directamente a nuestro corazón. Es con él que alimentamos"ternuras profundas de una amistad leal”, porque lo que nos sustenta unidos son "lazos inquebrantables de un amor insuperable”.

Está a nuestro alrededor el espíritu protector, incluso que no podamos verlo. La fe es la puerta que abre nuestro corazón y nos permite reconocer su presencia y su acción, inclusive cuando no lo miramos con los ojos del cuerpo físico.

Así, Agustín se expresa: “Es una doctrina que debería convertir a los más incrédulos por su encanto y por su dulzura: la de los ángeles guardianes. Pensar que se tienen siempre cerca de sí seres que os son superiores, que están siempre ahí para aconsejaros, sustentaros, ayudaros a escalar la áspera montaña del bien, que son los amigos más seguros y más dedicados que las más íntimas uniones que se pueda contraer sobre esta Tierra, ¿no es una idea bien consoladora? Esos seres están ahí por orden de Dios; él los colocó junto a vosotros y ahí están, por su amor, cumpliendo una bella, pero penosa misión. Sí, donde estéis, él estará con vosotros: las prisiones, los hospitales, los lugares de libertinaje, la soledad, nada os separa de ese amigo que no podéis ver, pero del cual vuestra alma siente los más dulces estímulos y oye los más sabios consejos.

¡Deberéis conocer mejor esta verdad! ¡Cuantas veces ella os ayudará en los momentos de crisis; cuantas veces ella os salvaría de los malos Espíritus! 

(...) ¡Ah! Interrogad a vuestros ángeles guardianes (a través de la oración, del pensamiento,…); estableced entre ellos y vosotros esa ternura íntima que reina entre los mejores amigos. No penséis en esconderles nada, porque ellos tienen los ojos de Dios, y no podéis engañarlos.

(...) Cada ángel guardián tiene su protegido sobre el cual vela como un padre vela sobre su hijo, y es feliz cuando lo ve en el buen camino, y sufre cuando sus consejos son menospreciados.

No temáis fatigarnos con vuestras preguntas; estad, al contrario, siempre en relación con nosotros: seréis más fuertes y felices”

LA ORACIÓN


La palabra oración viene del latín precari y significa: rogar, pedir con seriedad, suplicar, implorar. Por definición, la oración implica un ruego de cuño elevado. No podemos utilizarla buscando el maleficio de alguien, ya que eso, ya dejaría de ser una oración. Los Espíritus elevados realizan la oración con mucha eficiencia. Jesús era visto, orando, seguidamente, momento en que él se nimbaba de luces fulgurantes. Por esta razón los estudiosos de los efectos de la oración aseveran que ella aun no fue valorada suficientemente por el hombre por la posibilidad de canalizar energías superiores a nuestro favor. 

El Dr. Larry Dossey, jefe del equipo médico del “Human medical City Dallas (USA)”, y autor de los libros “Las palabras Curan y se reencuentran con el alma”, presentó un estudio sobre la oración y llegó a interesantes observaciones al respecto del tema:

1. La oración no es un lugar – lo que significa es que ella no está confinada en las iglesias y no es propiedad de líderes religiosos – una vez que muchos la utilizan como mercaderes de la fe. Cuando es utilizada con el sentimiento de amor al prójimo produce efectos significativos en los diversos planos de la realidad humana, o sea, en lo físico y en lo espiritual y dependiendo de la frecuencia del emisor producirá efectos en la salud orgánica y espiritual del individuo. 

2. La oración – tiene raíces en el inconsciente espiritual del hombre – las energías del inconsciente son poderosas y cuando son hechas en nuestro beneficio producirán efectos extraordinarios. Un Espíritu educado irá a producir un inconsciente equilibrado y este produce el equilibrio emocional y mental en el hombre. 

3. La dolencia y la salud – es el medio por el cual el organismo se libera de la materia extraña y es un llamado para decirnos en qué punto nosotros erramos. Pero, en la salud, se curan los que no exigen la cura, porque ellos oran con confianza y serenidad. Últimamente, algunas iglesias vienen utilizando las curas espirituales como medio de explotación financiera prometiendo quitar a las personas las aflicciones. En ellas la oración no cura. La oración sólo cura con el amor. 

4. Actitudes – En el acto de la oración deberemos estar en estado de aceptación espiritual, gratitud, postura abierta delante de la vida, sentimiento de amor, perdón, confianza. Se debe evitar hacer una oración agresiva de vigorosa suplica (aquella considerada para el alejamiento de espíritus, llamada por algunas denominaciones como demonios) El demonio no existe. 

En los Centros Espíritas conforme la Doctrina somos orientados para hacer las oraciones con la intuición espiritual de elevación y buscando ayudar al semejante. Todas las oraciones tienen objetivos elevados para la Caridad y la Salud Espiritual, siendo, así, las oraciones gratuitas. 

En la imagen João CabralArtículo de João Cabral
Presidente de ADE-SERGIPE – Periodísta y Terapeuta Transpersonal. 

ENEMIGOS


Enemigos. ¡La palabra conlleva una carga negativa impresionante! El enemigo es alguien que despierta en nosotros los sentimientos más primitivos: miedo, odio, deseo de venganza. 

Delante de un enemigo, las manos se nos hielan, el corazón late fuerte, la sangre palpita en nuestras sienes. Y la pregunta surge: ¿Cómo actuar? O, ¿qué hacer? La respuesta a esa pregunta fue dada por el Cristo: “Ama a tu enemigo, incluso a los que te persiguen”. 

Pero, nosotros, que somos personas comunes, acostumbramos a reaccionar a este consejo de Jesús. Y nos preguntamos: ¿Amar al enemigo? ¿Hacer el bien a quien nos maltrató? 
Y, en general, concluimos: ¡Imposible!. Para nosotros, la expresión “Amar al enemigo” parece una utopía.

En algunos casos, hasta somos irónicos: “Esa enseñanza de Jesús no es para nosotros. Aún somos muy imperfectos”.
Lo que sucede es que no entendemos correctamente el significado de la palabra “amar” cuando se aplica al enemigo.
Jesús era un sabio. Él conocía profundamente el alma humana. ¿Ustedes piensan que Él sugeriría algo que no seríamos capaces de hacer? ¡Claro que no! Todas las sugerencias de Jesús son perfectamente posibles. Por eso vamos a examinar mejor esta cuestión de “amar al enemigo”.
Lo primero es entender lo que significa la expresión “amar al enemigo”. Con esas palabras, Jesús nos invita a perdonar a quien nos hace mal, o al menos, apela para que no busquemos la venganza.
¿Parece difícil? No tanto. Vamos a hablar de forma práctica:
Si alguien tiene un enemigo, en general, ¿cuál es la actitud que adopta? La mayoría de las personas mantienen a su enemigo permanentemente en sus pensamientos. No consigue pensar en nada más allá de la persona odiada, y así la vida trascurre.
Quien odia se mantiene esclavo del enemigo. Come, duerme, se despierta, trabaja y vive constantemente en medio de ese sentimiento de rencor, alimentando deseos de venganza.
¿Parece ruin? Pues es exactamente lo que hacemos: dejamos al enemigo comandar nuestra vida. Tornándonos en esclavos de aquellos que odiamos.
Por eso la sabia propuesta de Jesús, que es la liberación de los lazos que nos unen a los enemigos.
Perdonar es más fácil. Deja al alma más libre, el cuerpo más saludable, las emociones bajo control. Cuando el Cristo pronunció la expresión “amar al enemigo”, en verdad, ofreció un camino de equilibrio y de serenidad.
Es claro que el Cristo no espera que tengamos para con los enemigos el mismo amor que dedicamos a nuestra familia y a los amigos. Jesús quiere apenas que apartemos de nuestro corazón la amargura, la infelicidad, el odio y el deseo de venganza.
Por eso Él aconsejaba: “Oren por los que los ofenden”. Y en esas oraciones, pidamos a Dios que nos dé fuerzas para superar la ofensa vivida.
Pidamos también a Dios que nos ofrezca la oportunidad de ser útil a aquel que nos hirió. Si esa oportunidad surge, no dejemos pasar la chance de ser útiles y buenos.
Gestos de ese tipo hacen nacer en el alma el sentimiento de superación, de etapa vencida.
Es un momento único, maravilloso.
¡Pensemos en eso!

YESTERDAYS CHILDREN




Desde su infancia, Jenny tiene extraños sueños que evocan otra vida transcurrida a principios de siglo en un pueblecito de Irlanda. Ella, que nunca estuvo en tal lugar, decide viajar hasta allí para seguir la pista de la mujer que ve en sus sueños…
Por primera vez en la historia, una película retrata, con fidelidad, lógica y respecto, la reencarnación, tema de interes para millones de personas en todo el mundo. Basada en hechos reales del libro autobiográfico de Jenny Cockell, “Los Hijos del Ayer” cuenta la historia de Jenny, una mujer del interior de los Estados Unidos, que tiene visiones, sueños y recuerdos de su ultima reencarnación, como Mary, una mujer irlandesa que murió en la década de los 30.
Intrigada, Jenny sale a buscar a sus hijos de su vida anterior. Tiene entonces inicio un viaje emocionante. Jenny es magníficamente interpretada por la actriz Jane Seymour. Basado en hechos reales.
El DVD incluye extras con declaraciones de científicos y estudiosos de la reencarnación: la Dra. Marlene Nobre y el Dr. Décio Landoli de AME (Asociación de Médicos Espiritas; Dr. Nestor Masotti de la FEB – Federación Espírita Brasileña; y el Dr. Hercio Marcos de IDE – Instituto de Difusión Espirita.
El titulo en inglés es “Yesterday’s Children”, que fue traducido al portugués como “Minha vida em outra vida”, y en español el título de esta película es “Los hijos del Ayer”

BEZERRA DE MENEZES

 
Detalle de un retrato pintado al óleo de Bezerra de Menezes, por Augusto Rodrigues Duarte. 

               En 29 de agosto de 1831 nacía en Riacho do Sangue, Ceará, Adolfo Bezerra de Menezes Cavalcanti, un Espíritu que vino al Brasil realizar una de las mayores misiones espirituales de que se tiene noticia.
               Con diecinueve años trasladó al Río de Janeiro, donde empezó los estudios de medicina en la Facultad de Medicina del Río de Janeiro. Mismo con muchas dificultades financieras no dejó matar y se graduó en Medicina en 1856.
               En 1858 fue nombrado como ayudante del Cuerpo de Salud del Ejército, con el cargo de Cirujano Teniente. A 06 de noviembre se casó con María Cándida de Lacerda, que iba a morir de una enfermedad repentina en 24 de marzo de 1863, dejando dos hijos pequeños.
               En 1865 se casó con Cándida Augusta de Lacerda Machado, hermana por parte de madre de la primera esposa, con quien tuvo más siete hijos. Trabajó como concejal y diputado de 1861 hasta 1885, cuando decidió poner fin a su carrera política, quedando marcada en su trayectoria la presentación de proyecto de ley para regular el trabajo doméstico y también denunció los peligros de la polución que, en aquella época, ya molestaba el Río de Janeiro.
               Bezerra de Menezes trabajó en favor de la abolición de la esclavitud teniendo publicado un ensayo, en 1869, titulado "La esclavitud en el Brasil y las medidas que conviene adoptar para extinguirla sin daño para la Nación". Escribió varios libros: la Casa Embrujada, La Locura bajo nuevo Prisma, La Doctrina Espírita como Filosofía Teogonía, Casamiento y Muerte, Perla Negra, Lázaro, el Leproso, Historia de un Sueño, Evangelio del Futuro, Los carneros de Panúrgio. Hablaba con fluidez, además del Portugués, Latín, Español y Francés.
               Conoció el Espiritismo cuando recibió un ejemplar de "El Libro de los Espíritus" de las manos del médico D. Joaquim Carlos Travassos en 1875. Dr. Bezerra vivía en Tijuca, a una hora de viaje de tranvía y decidió abrir el libro y leer, pero no encontraba nada de nuevo en el libro, pero todo era nuevo para él, que ya había leído o escuchado lo que el libro retrataba. Pensó entonces que era Espírita inconsciente, o como se dice, "de nacimiento".
               Empezó a colaborar con "El Reformador", órgano de la Federación Espírita Brasileña y, en 1895, fue llamado a asumir la presidencia de la Federación para reunir sus partidarios que estaban divididos entre los "Místicos" que defendían la doctrina como religión y los "Científicos" que defendían la doctrina como una filosofía y ciencia.
               Dr. Bezerra actuó no sólo como presidente de la Federación, sino como trabajador incansable de la Casa en las reuniones públicas de los viernes, como doctrinador en las sesiones de desobsesión y editor del Reformador.
               Ayudaba a todos indiscriminadamente y llegó a decir sobre el procedimiento del verdadero médico:
               - "El médico verdadero no tiene derecho a poner fin a la comida, de elegir la hora, de preguntar si es lejos o cerca. El que no cumple su deber por tener visitas, por haber trabajado mucho y encontrarse fatigado, o por ser alta noche, mala la carretera o el tiempo, quedar lejos, o en la colina; lo qué principalmente le pide un coche a quien no tiene con qué pagar la receta, o decir a quien llora en la puerta que busque otro - esto no es médico, es comerciante de medicina, que trabaja para reunir capital e interés de los gastos de la graduación".
               Por ayudar a todos y sólo cobrar consulta de los que podían pagar el Dr. Bezerra siempre tuvo dificultades financieras.
               Desencarnó en la mañana de 11 de abril de 1.900, víctima de un derrame cerebral.
               Nos dicen los libros de la espiritualidad que, al despertar, después del desencarne, el Dr. Bezerra estaba flanqueado en su cama por el Espíritu de una joven luminar llamada Celina. Ella es la mensajera de María de Nazaret en la espiritualidad. Abriendo los ojos el Dr. Bezerra olló gritos de saludos que venían del lado de fuera del dormitorio donde estaba recogido.
               Con la ayuda de Celina él dejó su cama y se dirigió hasta al balcón de donde vio a la muchedumbre que animaba sin cesar. Emocionado, el médico de los pobres preguntó a Celina quien era aquel pueblo y ella le respondió que eran las personas que él había ayudado mientras en la carne y que allí estaban para rendir la justa homenaje al gran apóstol de la caridad.
               Un amigo, sabiendo que 29 de agosto de 2012 marcaban 181 años de nacimiento de Bezerra de Menezes, me dijo: - "Estoy en el Espiritismo hace cinco años y todavía estoy luchando mucho contra las fuerzas negativas que quieren meterme en el camino del mal. ¿Cuánto tiempo necesito para deshacerme de estas persecuciones? "¿Cuándo podré ser igual al Dr. Bezerra?
               Respondí que el Dr. Bezerra alcanzó el nivel espiritual que le es coherente por haber trabajado mientras encarnado y después de desencarnado por 181 años, más los siglos de experiencia antes del nacimiento en 1831.
               ¿Lo qué es que alguien con sólo cinco años de experiencias espirituales puede desear y, más aún,  compararse al gran apóstol de Jesús, llamado de "El Kardec brasileño"?
               Recuerdo de una historia que el Dr. Bezerra narró en que un Espíritu inferior, lleno de oscuridad, preguntó la diferencia que había entre ellos y el médico de los pobres respondió:
               - "Entre nosotros sólo hay una diferencia: Mientras  que usted busca la oscuridad yo busco la luz".