viernes, 25 de enero de 2013

ANTES DE NACER HAY VIDA



En psicología se define que todo lo nuevo, lo que se aparta de la acostumbrada línea de pensamientos, chocó siempre con una oposición porque la persona se ve obligada a incluir nuevas informaciones a lo que ya tiene almacenado en su mente.

Pero la existencia de esa incorporación no es más que el conjunto de informaciones reunidas hasta entonces, es decir lo aprendido a través de los años.

Si de pronto nos llega una información no controlada anteriormente surge el temor como  una expresión de la contradicción entre el deseo de poder incorporar esta nueva información y la evidente imposibilidad de hacerlo en un caso particular. Entonces, en el afán de alejar ese miedo amenazador, el hombre intenta transformar la información hasta que, de un modo u otro, la adapta a lo ya reunido.

Tenemos el ejemplo de un ruido de origen desconocido, que hasta que deducimos cuál puede haber sido el motivo que lo provocó no lo almacenamos.

Este mecanismo ayuda al hombre en su instrucción, pues sin el principio de clasificación, coordinación, comparación y el reconocimiento no habría progreso alguno y ante cada nueva información el hombre tendría que empezar desde el principio.

A veces, éste mecanismo es también causa de muchos prejuicios, opiniones e hipótesis.

Tal es el caso de la REENCARNACIÓN…, la doctrina de las VIDAS SUCESIVAS..

La idea de la supervivencia del espíritu y de su reencarnación se encuentra prácticamente en todos los pueblos, filosofías y religiones del mundo, y muchas personalidades de la historia antigua, moderna y contemporánea, han aceptado esta doctrina, como es el caso de Platón, Virgilio, Ovidio, Giordano Bruno, Schoopenhauer, Flammarion, Emerson, Edison, Henry Ford, Amado Nervo, Víctor Hugo, León Tolstoi, Gustavo Jung, para tan sólo nombrar unos pocos.

Llama la atención que ninguna religión ha negado el mundo de los muertos y todas se han esforzado en describirlo. Así mismo, en todas existe una creencia esencial en común, entre la vida material y la espiritual hay una continuidad del ser humano y la muerte representa tan sólo un cambio de estado.


Al hacer un breve recuento desde la pre-historia hasta la actualidad, vemos que ya en el Periodo Musteriense, se encuentran huellas que sugieren la existencia entonces de estas creencias pues, ¿qué otra cosa puede significar la colocación de determinados objetos junto a los cadáveres, sino la seguridad de que eran necesarios en una vida después de la muerte.

Lo mismo sucedió en el Paleolítico y en el Neolítico, con los primeros monumentos funerarios en forma de Túmulos o Dólmenes en los cuales se colocaban alimentos y objetos familiares del difunto para que los utilizara en el más allá.

De la Edad de Bronce, en las tumbas de los Celtas, se encuentran carros, monedas, utensilios, aderezos, etc, incluso cadáveres de compañeros de armas para que acompañaran al difunto en la vida en otro lugar.

Mucho antes de que existieran las pirámides, unos 12 mil años antes de nuestra era, los egipcios creían en la supervivencia del espíritu y en la doctrina de la reencarnación. Los egipcios representaban al espíritu como un pájaro con rostro humano que dejaba el cuerpo con la muerte.

En la India, cuyo origen se pierde en la nebulosa de la historia antigua, estuvo siempre presente la idea del espíritu y de su reencarnación que persiste en la actualidad, pues los hindúes siempre han afirmando que existe un alma que ocupa un cuerpo y no un cuerpo que tiene un alma. Además consideran que la presente encarnación es sólo un escalón en el camino de la vida.

Un buen número de pueblos, muy distantes entre sí, nos han legado escritos que hablan de la supervivencia del espíritu y de la reencarnación. Son magníficos ejemplos de esto el poema celta de la antigua  Galia: La navegación de Bram, en la India, el Rig Veda y las Leyes de Manú, uno de los textos más antiguos escrito en sánscrito (antigua lengua de los BRACMANES); el Bhagavad Gita y la Vedanta, los cuales tienen innumerables referencias a la reencarnación y a la inmortalidad del alma.

En el Tíbet, el Bardo Thödol nos habla de un espíritu que permanece después de la muerte física y que luego reencarna.

El Avesta de los Arios del Irán,  se refiere a la vida espiritual y a nuevos nacimientos en condiciones acordes con las acciones de la vida anterior.

Los antiguos caldeos de la baja Mesopotamia enseñaron la doctrina de la reencarnación como una de las verdades fundamentales de los Magos que eran los Maestros de la Sabiduría Oculta. Desde la antigua Roma, eminentes personajes nos hablan de estas creencias: Marco Tulio Cicerón en el Sueños de Escipión, Ovidio, Virgilio y Plinio El joven en sus escritos.

Grecia también ha legado una hermosa literatura que hace referencia a un mundo de espíritus desencarnados. Vemos así, que en los poemas épicos de Homero los moribundos profetizan y el alma de Patroclo visita a Aquíles  en su tienda.

Platón decía que los renacimientos eran indeseables y lo deseable era quedarse en el  país de los desencarnados.

Sócrates afirmaba que morir era tan sólo una migración de un  mundo a otro.

La religión judía sostuvo la supervivencia del espíritu: basta leer en el Antiguo Testamento la narración de la oportunidad en que Saúl (primer rey de los Hebreos, que fue reprobado y sustituido por David), acude a la bruja de Endor y ésta invoca al espíritu de Samuel (profeta y juez de Israel, padre de los profetas) y Saúl entendió que era Samuel y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia. Así mismo en el Séfer Ha-Zohar hay muchos temas acerca de la reencarnación.

También el cristianismo difundía la doctrina de la reencarnación. Orígenes decía que las almas reencarnaban repetidas veces. Juan el Bautista, era considerado la reencarnación de Elías. Justino Mártir habló del alma que habita cuerpos sucesivos y Lactancio sostuvo que la idea de la inmortalidad del alma implicaba su pre-existencia. San Agustín se preguntaba: ¿No he vivido en otro cuerpo antes de entrar en el útero de mi madre? De tal forma que el concepto original del cristianismo era el de la existencia de un alma que ocupaba  una y otra vez un cuerpo material, y no el de una existencia espiritual eterna precedida de una sola vida material.

En Oriente, la antigua religión animista pre-budista del sintoísmo que se practicaba en el Japón, mucho antes del siglo VI de la era actual, incluía la inmortalidad del espíritu y la reencarnación.

En China, la creencia en la supervivencia del espíritu estuvo presente desde muy atrás en la historia, pues en la doctrina mística del Taoísmo, a través de los libros de Lao-Tsé, se enseñaba la reencarnación; “entrar en la vida: ir hacia la muerte” decía.

Así, mismo en la obra de Chuang Tsé que  data del siglo IV a.n.e., se afirma que la muerte es el principio de una nueva vida y, algunas sectas como la del Mao, utilizaban médiums para contactar con los espíritus superiores, especialmente a través de la escritura automática.

Si miramos hacia América, vemos que prácticamente todas las religiones indígenas concedían un lugar preponderante a los espíritus y creían en la reencarnación; algunas tribus colocaban los cuerpos de los niños fallecidos al lado de los caminos para que sus almas encontraran cuerpos nuevos entre las mujeres embarazadas que pasaran por allí.

Existe un libro de los Muertos maya tal como existe uno tibetano y otro egipcio.

Las ideas de los Aztecas coincidían con las de los Mayas y los Incas en el Perú, que también creían en la reencarnación  y en la inmortalidad del espíritu.

En el continente  africano, la mayoría de sus pueblos creen en la reencarnación y afirman que el mundo de los muertos es un lugar de tránsito y que el difunto regresa a la tierra para iniciar un nuevo ciclo vital.

La ciencia moderna confirma todo ello, aunque fue a mediados del siglo IXX cuando Allan Kardec dio a conocer su obra, que reafirma los conceptos esenciales emitidos por los más destacados hombres de todos los pueblos desde los confines del tiempo, dando origen al Espiritismo.

Es sobre todo en los últimos 15 a 20 años, con la investigación de lo que sucede en la “muerte clínica” que la teoría de la supervivencia del espíritu y en consecuencia de la reencarnación, ha despertado un inmenso interés en el mundo occidental, ya que los investigadores de las experiencias de personas resucitadas después de estar clínicamente muertas, han acumulado datos fascinantes que ponen de acuerdo las conjeturas de los antiguos y la evidencia médica moderna.

Asimismo, las actuales técnicas de hipnosis le han revelado al hombre encarnado que la vida después de la muerte, es sinónimo de vida antes del nacimiento, y es así que las técnicas modernas permiten comprobar la doctrina de la supervivencia del espíritu y de la reencarnación.

En síntesis, podemos afirmar que de manera constante existió siempre la certeza de que los llamados muertos, ¡no estaban tan muertos!

Nunca se sabrá a ciencia cierta si fue una “casualidad” del destino que el Sr. Gallup, presidente de una de las empresas más importantes del mundo, sufriera una experiencia próxima a la muerte y decidiera cuantificar estadísticamente los casos semejantes acaecidos en América, así como las creencias de la gente acerca de su destino final.

Resulta que sólo en los Estados Unidos hay registradas más de ocho millones de muertes no consumadas y se especula con que, a lo largo y ancho del planeta, los “resucitados” sumen más de cien millones.

Son datos a tener en cuenta.

Por lo que se refiere a la reencarnación, el estudio sorprende al establecer que el 28% de los que se declaran católicos creen en ella.

Los números coinciden básicamente con otra encuesta semejante realizada en Inglaterra.

Como hemos visto anteriormente el fenómeno de la transmigración de las almas fue doctrina común en los primeros siglos del cristianismo.

SAN JERÓNIMO citaba: “La Transmigración de las almas es enseñada secretamente a un reducido número desde los tiempos más antiguos como una verdad a no revelar”

SAN AGUSTÍN envía a SAN JERÓNIMO una carta a propósito de ciertos niños con defectos y dice: ”No pudiendo Dios crear más que el bien, es muy posible que estos niños hayan adquirido sus defectos en una vida anterior”

ORÍGENES comentaba: “En cuanto a porqué el alma humana obedece tanto al bien como al mal, hay que buscar las causas en un nacimiento anterior”

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA decía: “La reencarnación es una verdad transmitida oralmente y autorizada por San Pablo”.

Otros muchos nombres podrían citarse: San Justino, San Hilario de Poitiers, Sinesio, Pussino, San Buenaventura, etc.

¿Por qué, entonces, ha desaparecido de los catecismos e incluso es condenada desde los púlpitos?

Habría que remontarse al año 553, en el que el devaluado concilio de Constantinopla reúne a una minoría de Padres de la Iglesia, quienes, presionados por el emperador JUSTINIANO, poco favorable a ORÍGENES, deciden suprimir a la doctrina de la reencarnación de las enseñanzas de la Iglesia, restringiéndola a los círculos íntimos del poder eclesiástico.

¿La razón? Evitar que los fieles pospusieran a vidas futuras el inicio de sus esfuerzos para lograr la salvación.

Dios creó y crea, a los Espíritus, simples e ignorantes, es decir, con igual aptitud para el bien y para el mal.

El destino de todos es la perfección espiritual y para alcanzarla deben pasar por experiencias y adquirir conocimientos, fortaleciéndose en el ejercicio del bien y desarrollando en sí mismos el amor sublime.

La vida en la materia favorece el perfeccionamiento del espíritu. Al tomar un cuerpo, es decir, al encarnar, los espíritus son sometidos a situaciones y pruebas necesarias para su adelantamiento moral. Cuando fallan y no alcanzan los objetivos propuestos en una determinada encarnación vuelven a sufrir las vicisitudes de la vida corporal, reencarnando para una nueva tarea expiatoria.

La vida de cada espíritu en la materia, posibilita además, la colaboración con la obra divina en el mundo en que habita, la tierra.

Los procesos de encarnación, varia de un caso a otro, a pesar de obedecer los principios generales establecidos por las leyes divinas.

No encarnamos y reencarnamos solamente en el planeta tierra; no, vivimos (las reencarnaciones) en diferentes mundos.

Las que aquí pasamos no son las primeras ni las últimas; son, sin embargo, de las más materiales y de las más distantes a la perfección.

La unión del alma al cuerpo es planeada previamente y tiene como principal determinante las pruebas o expiaciones por las que el espíritu deberá pasar, con el objetivo de su redención.

El espíritu que va a encarnar podrá cooperar o trabajar activamente en ese planeamiento.


De acuerdo con el grado evolutivo en que se encuentra, el espíritu podrá facilitar o dificultar el proceso para volver a nacer. Por eso los espíritus rebeldes o indiferentes tienen su encarnación por completo a cargo de los espíritus superiores, que eligen las condiciones bajo las cuales deberán volver a nacer y las experiencias a las que deberán someterse.

La mayoría de los que retornan a la existencia corporal en la esfera del globo, son magnetizados por los benefactores espirituales, que organizan para ellos nuevas tareas redentoras.

Muchos encarnan en estado de inconsciencia.

Los procesos de la reencarnación son operaciones graduales:

“Se inician con la concepción y se completan con el nacimiento.”

La unión del alma con el cuerpo se efectúa por medio del periespíritu (envoltorio fluídico) que servirá para conexionar el espíritu y la materia.

Mediante un mecanismo complejo el periespíritu es reducido, condensado y se asimila a las moléculas materiales del cuerpo en formación, ajustándose progresivamente a su desarrollo.

Al nacer las reminiscencias del pasado pueden manifestarse con tendencias instintivas, simpatías inexplicables y súbitas, bajo la forma de recuerdos e impresiones.

Incontables personas se han sorprendido frente a los recuerdos de las vidas pasadas, en los que se sumergían inconscientemente, sufriendo en las evocaciones los estados característicos de los personajes que antes animaron. Es así, que muchos han sido víctimas de variados órdenes, perturbándose, sin conseguir establecer los límites entre los hechos de una y otra existencia: la del pasado que retorna vigorosa y la del presente, que se va sometiendo al impositivo de la otra.

En la vida infantil, debido a que el espíritu aún se encuentra en el proceso de fijación total en las células, apropiándose del campo somático, poco a poco surgen, frecuentemente en los diversos ámbitos del Arte, de la Filosofía, de la Ciencia y de la Religión, los que exteriorizan sorprendente precocidad, revelando conocimientos superiores a los del tiempo en que viven o recordando las enseñanzas aprendidas anteriormente.

La memoria del aprendizaje y de los hechos no se pierden nunca, puesto que ésta no es patrimonio de las células cerebrales, que las traducen, estando incorporada al periespíritu, quien la fija, acumulando las experiencias de las múltiples existencias, mediante las cuales el Espíritu evoluciona, en las diversas fajas que le son necesarias.

El gran filósofo griego PLATÓN decía: ”APRENDER ES LO MÍSMO QUE RECORDAR”

La Ley del olvido se aplica al reencarnante, ya que en su vida de relación el hombre tendrá que convivir con antiguos adversarios, con el objetivo de la reconciliación. Si los reconociese, encontraría dificultades para establecer los vínculos afectivos necesarios al entendimiento mutuo. En la calidad de ofensor podría sentirse humillado y en calidad de ofendido afligido o encolerizado.

Por otro lado, el conocimiento de un pasado fastuoso podría avivar el orgullo humano, mientras que un pasado de miseria o de errores terribles podría  causar una innecesaria humillación y tal vez, el remordimiento llegaría a paralizar todas las buenas iniciativas.

Para que el hombre progrese espiritualmente y cumpla el programa de trabajo que asumió al volver a nacer al cuerpo físico, no es necesario el recuerdo de las experiencias anteriores, el espíritu recibe la advertencia, para no reincidir en el error, bajo la forma de intuiciones e impresiones provenientes de las lecciones del pasado, impresos en su conciencia, así como las buenas resoluciones que adoptó antes en otras vidas.

Las tendencias instintivas, en algunos casos, el tipo de vicisitudes y pruebas que sufre, pueden también esclarecer al hombre acerca de su pasado y sobre la naturaleza de los esfuerzos que tiene que realizar para su evolución.

La observación de sus malas inclinaciones y de las dificultades que atraviesa le permitirán saber que fue, qué hizo  y que necesitará hacer para corregirse.

La ley de los renacimientos explica y completa el principio de la inmortalidad.

No se puede evolucionar en una sola existencia para llegar a la perfección.

¿Por qué para unos la fortuna, la dicha constante, la salud, la belleza, la fuerza, la inteligencia y para otros la miseria, el mal inevitable, las enfermedades, la fealdad, la debilidad, la torpeza?

Unos mueren jóvenes, de pocos días, otros duran cerca del siglo.

¿De dónde vienen los jóvenes prodigios?, los músicos, los pintores, los poetas, todos los que desde la más tierna edad, muestran disposiciones para las artes y las ciencias.

Hubo niños que fueron capaces de expresarse correctamente en diversos idiomas desde los dos años de edad, sin haberlos aprendido. Otros revelaron una inclinación musical, componiendo e interpretando piezas clásicas antes de que pudiesen sostener un violín, o disponer de movilidad para una octava en el teclado del piano.

Escultores deslumbraron a sus maestros en plena edad infantil.

Así también, matemáticos, astrónomos y físicos modernos, evocan de la última reencarnación cuanto aprendieron y ahora retornan para ampliar, aún más, sus adquisiciones para ser aplicadas al servicio de la Humanidad.

Si la vida individual empieza solamente con el nacimiento terrestre, según los materialistas. Si no se ha existido anteriormente, no se podría explicar…

Como Mozart a los 4 años ejecutaba el piano y compuso una sonata y a los 8 años una opera.

Paganini en su infancia tocaba el violín maravillosamente.

Litz, Beethoven, Rubinstein a los 10 años se hacían aplaudir en las salas de conciertos.

Miguel Angel se reveló en un momento, de improviso, con un talento fascinante.

Pascal a los 12 años descubrió la “geometría plana”.

Rembrandt, antes de saber leer dibujaba como un gran maestro.

Ericson (ingeniero) a los 12 años era inspector del Gran Marítimo de Suez y tenía a su cargo, bajo sus ordenes, a más de 600 obreros.

Las desigualdades son los diferentes grados de evolución:

El destino del ser no es más que el desenvolvimiento, a través de las edades de la larga serie de “causas y efectos” engendrados por sus actos.

Nada se pierde, se acumula el bien y el mal, y germinan en nosotros.

Sólo la reparación puede llegar a suprimirlos.

Unos y otros formamos un encadenamiento de bienes y de males, que en su conjunto compondrá la trama de nuestro destino.

Las almas irán evolucionando por medio de innumerables encarnaciones. Aquí juega un papel importante el “libre albedrio”, que DIOS nos concedió cuando nos creó.

De este modo, con el encadenamiento de nuestras etapas terrestres se prosigue y se completa la obra grandiosa de nuestra evolución a través de la educación y la edificación de la personalidad. 

Sufrir todas las pruebas de la riqueza, pobreza, aprender a obedecer, a mandar, comprender las privaciones, adquirir la paciencia.

No existe pues la fatalidad, el hombre es el que teje, día a día, desde su nacimiento hasta su muerte, la red de su destino.

La ley de la justicia no castiga, ni recompensa.

Asociar nuestros actos al PLAN DIVINO, obrar en concierto con la naturaleza, en el sentido de la armonía, y para el bien de todos, es preparar nuestra elevación, nuestra felicidad.

Actuar al contrario sería retrasarnos y encadenarnos a mundos inferiores.

El presente sólo explica el pasado.

En numerosas ocasiones perdemos la perspectiva estudiando las cosas de forma aislada. Sin embargo, cuando un acontecimiento histórico es comparado con otro de similares características y de repente se revelan extraordinarias e inauditas coincidencias, la sombra de la duda comienza a planear respecto de cómo se está escribiendo el guión de la historia de la Humanidad.

El cúmulo de insólitas coincidencias que rodea los asesinatos de dos de los presidentes más populares de la historia de los Estados Unidos: Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy, es sencillamente asombroso.

Qué misterio indescifrable encierra este anormal paralelismo de hechos y acontecimientos. No lo sabemos, pero hay algo claro como decía Albert Einstein: “Dios no juega a los dados con el mundo”.

Porque lo que a continuación pasamos a detallar no puede tratarse de ninguna manera de simples coincidencias, juzgue usted mismo.

  1. Abraham Lincoln fue elegido por vez primera para el Congreso en 1846 y John F. Kennedy exactamente cien años después.

  1. Lincoln fue elegido como 16º presidente de los Estados Unidos el 6 de Noviembre de 1860, Kennedy fue elegido 35º presidente el 8 Noviembre de 1960.
3. John Wilkes Booth el asesino de Abraham Lincoln  nació en 1839 mientras que Lee Harvey Oswald asesino material del presidente Kennedy nació en 1939. Ambos personajes eran nativos del Sur.

4. El mismo día en que fue asesinado Lincoln éste comentó a uno de sus íntimos Willam H. Crook: “Creo que hay hombres que quieren matarme…Y no hay duda de que lo harán…Si han de hacerlo será imposible evitarlo”. Y horas antes de su trágica muerte Kennedy comentó con su esposa Jacqueline y a uno de sus consejeros personales, Ken O´donell:  “Si alguien estuviera resuelto a matar al presidente de los Estados Unidos  no le seria difícil. Todo lo que tiene que hacer es subir un día a un edificio alto con un rifle telescópico: nadie podrá evitarlo”.
5.Ambos asesinatos ocurrieron en viernes.

6. Las muertes de ambos mandatarios fueron presenciadas por sus esposas.

7. Los dos murieron de un balazo en la cabeza que les dispararon por la espalda.

8. Booth cometió un magnicidio en un teatro y se refugió en un almacén. Mientras que Oswald disparó contra Kennedy desde la ventana de un almacén y se ocultó en un teatro.

9. El secretario de Lincoln apellidado Kennedy aconsejó a éste con reiteración que no acudiera al teatro Ford, mientras que el secretario de Kennedy apellidado Lincoln desaconsejó a éste el viaje a Dallas.

10. Lincoln fue asesinado en el teatro Ford Kennedy, Kennedy lo fue en un automóvil de la Ford Motor Company, un Lincoln.

11. Los sucesores de ambos presidentes se apellidaban Jonhson.

12. Ambos políticos representaban a los demócratas del Sur.

13. En ambos casos los sucesores también habían sido miembros del Senado.

14. El sucesor de Lincoln,  Andrew Johnson, nació en 1808 y el de Kennedy,     Lindon Johnson, en 1908. Ambos sureños.

15. Tras su detención ambos asesinos fueron muertos en extrañas circunstancias      sin haber podido ser juzgados.

  1. Se sospecha con bastante fundamento que tanto Booth como Oswald tuvieron cómplices cuyos nombres nunca salieron a la luz ya que en ambos casos surgieron espontáneos vengadores que los mataron antes de ser juzgados.

  1. Los apellidos Lincoln y Kennedy constan de siete letras.
18. Los nombres de sus respectivos sucesores Andrew Johnson y Lindon Johnson constan respectivamente de trece letras.


  1. Los nombres de los criminales John Wilkes Booth y Lee Harvey Oswald poseían cada uno quince letras.
  1. Tanto Lincoln como Kennedy eran fervientes defensores de los derechos civiles.

  1. Las esposas de ambos presidentes perdieron un hijo mientras residían en la Casa Blanca.
  1. El hijo de Lincoln y el hermano de Kennedy se llamaban respectivamente Robert.

  1. Tras la muerte de Lincoln su hijo quemó una serie de cartas y documentos de su padre justificando esta acción con las siguientes palabras: “No conduce a nada su publicación…Concierne a un hombre que desempeñó cierto papel en la muerte de mi padre…un miembro de la Administración…”
Tras la muerte de Kennedy su hermano muerto más tarde en extrañas            circunstancias procedió de forma similar.

¿Cómo es posible que se repitan, justo cien años después, ya no sólo hechos idénticos, sino incluso fechas y nombres de los protagonistas?

Los asesinos de Lincoln y Kennedy, están plagados de asombrosas coincidencias y similitudes que no pueden explicarse de modo alguno.

Naturalmente, una filosofía espiritualista y comportamental como el Espiritísmo, no podía dejar de considerar la idea reencarnacionista, como respuesta cabal a tanta incógnita relativa al hombre, su orígen y sus destino. Tal es así, que en los 5 puntos básicos en los que se sustenta la Doctrina de los Espíritus la considera.  A saber: LA CREENCIA EN DIOS-EN LA INMORTALIDAD DEL ALMA-EN LA COMUNICABILIDAD DE LOS ESPÍRITUS-EN LA REENCARNACIÓN O VIDAS SUCESIVAS-EN LA PLURALIDAD DE MUNDOS HABITADOS.

KARDEC, con mucha propiedad, en EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS, Cap. IV preg. 66, indaga: ”Si no alcanzó la perfección durante la  vida corpórea, ¿por qué medios el espíritu alcanza la depuración?  “Sometiéndose a la prueba de una nueva existencia”. Contestaron los Espíritus Superiores.

Y en la pregunta 171, consulta ¿En qué se fundamenta la ley de la reencarnación?  “En la justicia de DIOS y en la revelación. El buen Padre deja abierta una puerta para el arrepentimiento, ¿no os indica la razón que sería injusto privar para siempre de la felicidad eterna a aquellos a los cuales no se les dieron todas las oportunidades para mejorarse?, ¿no son hijos de DIOS todos los hombres? Sólo entre los egoístas son comunes la iniquidad, el odio implacable y los castigos eternos”.

Y en la pregunta 392 -inquiere: ¿Por qué el espíritu encarnado pierde el recuerdo del pasado? – “El hombre no puede ni debe saberlo todo, Dios lo quiere así en su sabiduría. Sin el velo que le cubre ciertas cosas, quedaría deslumbrado, como aquel que pasa, sin transición, de la oscuridad a la luz, por el olvido del pasado, es más él mismo”.

El transitorio olvido del pasado facilita las reencarnaciones, brindando unas posibilidades más amplias al entendimiento y a la cordialidad. Si el espíritu recordara los motivos de la antipatía o del amor, se vincularía solamente a los seres simpáticos, apartándose de aquellos por quienes se sintió perjudicado, complicando indefinidamente la liberación  de las causas infelices del fracaso.

De este modo, el hijo rebelde retorna en la condición de padre, la esposa ultrajada vuelve como madre abnegada, el criminal odioso reinicia la marcha al lado de la antigua victima, el infractor de la existencia física, el suicida, reencarna con las limitaciones que ocasionó mediante el atentado perpetrado contra su organización somática. Su mal aplicada decisión redunda en idiotez irreversible y la impiedad, el ultraje, el abuso de cualquier naturaleza construyen el suplicio de la miseria física o moral, como medida educadora de que necesita el defraudador.

Merece considerar aún, que en cada día surgen oportunidades nuevas que facultan al hombre a hacer y rehacer, perfeccionándose sin cesar, olvidando el mal y adicionando el bien a las propias adquisiciones con que se prepara para la liberación íntima e intransferible. Por eso, la actual oportunidad es para cada uno que se encuentra en la labor de la carne, una bendición de realce que no puede ser desperdiciada sin consecuencias lamentables, y que sólo más tarde comprenderá en toda su complejidad.

Sea cual fuese  la situación en que te encuentres, agradece a Dios la actual coyuntura expiatoria o de prueba, utilizando el tiempo con sabiduría y discernimiento, con el fin de construir el futuro, si es que el presente se te figura aflictivo o doloroso.

Lo que hoy posees viene del ayer, pudiendo edificar para el mañana a través del uso que hagas de las facultades a tu alcance.

Cualquier cuerpo, aunque esté mutilado o limitado, señalado por enfermedades terribles y rigurosas, constituye una concesión superior que a todos corresponde cuidar y cultivar, ampliando recursos y atesorando adquisiciones, mediante los cuales podrá planear más tarde en las Regiones Felices, libre de los retornos dolorosos y reencarnaciones difíciles.


lunes, 21 de enero de 2013

LA TIERRA:PLANETA DE PRUEBAS Y EXPIACIONES




LA TIERRA:PLANETA DE PRUEBAS Y EXPIACIONES
      




Entre los mundos inferiores, la Tierra pertenece a la categoría de los de expiación y
pruebas, porque en ella existe el predominio del mal sobre el bien. Aquí el hombre lleva
una vida llena de vicisitudes, por ser todavía imperfecto, y hay para sus habitantes más
momentos de desdicha que de alegría.
Así como ocurrió con la estructura física de la Tierra, también la evolución moral ha
avanzado gradualmente, sin interrupciones. «Los períodos geológicos señalan las fases del
aspecto general del globo, como consecuencia de sus transformaciones. Pero, con excepción
del período diluviano, que se caracterizó por una modificación repentina (fue una época de
grandes cataclismos en el planeta), todos los demás transcurrieron lentamente, sin
transiciones bruscas. Durante todo el tiempo que tomó a los elementos constitutivos del
globo ocupar posiciones definitivas, las mutaciones deben haber sido generales.
De igual modo ocurre con la parte moral e intelectual de los Espíritus que habitan la
Tierra.
Es muy cierto que si bien nuestro planeta es un mundo inferior, no está considerado
como primitivo, o sea, destinado a las primeras encarnaciones de los Espíritus. Los habitantes
de la Tierra son Espíritus que poseen un determinado progreso. Pero, también, los
numerosos vicios a los que se muestran propensos, constituyen un índice de gran
imperfección moral.La tierra es un planeta en evolución, aunque pueda parecer lo contrario, al ver en las noticias guerras,drogas,robos,violencia, pero al ser la tierra un planeta de pruebas y expiación es aqui donde se pagan nuestras deudas, contraidas en vidas anteriores, por eso vemos en la tierra tantas desigualdades y injusticias, porque la ley siempre se cumple, y el que sembro mal y dolor a los demas consechara aqui en la tierra mucho sufrimiento. Por eso, Dios los colocó en un mundo desapacible, para que expiaran
allí sus faltas, mediante un penoso trabajo y las miserias de la vida, hasta que hayan merecido
ascender a un planeta más dichoso.
No obstante, no todos los Espíritus que encarnan en la Tierra están allí para expiación.
Las razas a las que llamáis salvajes están compuestas por Espíritus que acaban de salir de la
infancia y que en la Tierra se encuentran, por decirlo así, en camino a la educación, para
crecer por medio del contacto con Espíritus más adelantados. Vienen después las razas
semicivilizadas, constituidas por esos mismos Espíritus que están en vías de progreso. Ellas
son, en cierto modo, razas indígenas de la Tierra que se elevaron hasta allí poco a poco,
durante largos períodos seculares, algunas de las cuales han podido llegar al nivel de
perfeccionamiento intelectual de los pueblos más esclarecidos.
Los Espíritus en expiación  no son oriundos de la Tierra; ya han vivido en otros
mundos, de donde fueron excluidos como consecuencia de su obstinación en el mal y por
haberse constituido, en esos mundos, en causa de perturbación para los buenos. Debieron
ser degradados, durante algún tiempo, al ambiente de los Espíritus atrasados, con la misión
de hacer que estos últimos avanzasen, ya que llevan consigo inteligencias desarrolladas y el
germen de los conocimientos que adquirieron. La felicidad no puede existir, por consiguiente, en la faz del orbe porque, en su
generalidad, las criaturas humanas se encuentran intoxicadas y no saben contemplar la
grandiosidad de los paisajes que las rodean en el planeta. Sin embargo, interesa observar
que en el globo terrestre es donde la criatura edifica las bases de su verdadera dicha, por el
trabajo y el sacrificio, camino a las más sublimes adquisiciones en el mundo divino de su
conciencia.
La Tierra saldrá de la condición de expiación y pruebas y pasará a ser planeta de
regeneración. Está sometida a la ley del progreso, como todo en la Naturaleza. Progresa,
físicamente, por la transformación de los elementos que la componen y, moralmente, por
la depuración de los Espíritus encarnados y no encarnados que la pueblan. Ambos progresos
se realizan paralelamente, debido a que el mejoramiento de la habitación guarda relación
con el del habitante. Físicamente, el globo terráqueo ha experimentado transformaciones
sucesivas, que la Ciencia ha comprobado y que lo hicieron habitable por seres cada vez más
perfeccionados. Moralmente la humanidad progresa por medio del desenvolvimiento de la
inteligencia, del sentido moral y por la moderación de las costumbres.
«Para que los hombres sean felices en la Tierra, es preciso que solamente esté poblada
por Espíritus buenos, encarnados o no encarnados, que se dediquen tan sólo al bien. Como
ha llegado el momento oportuno, se verifica una gran emigración de los que la habitan: la
de los que practican el mal por el mal mismo, no tocados todavía por el sentido del bien,
quienes por no ser ya dignos del planeta transformado serán excluidos, porque  podrían
constituir un obstáculo al progreso. Irán a expiar la dureza de sus corazones, unos en
mundo inferiores, otros en razas terrestres todavía atrasadas . Los substituirán Espíritus
mejores, que harán que reine en su seno la justicia, la paz y la fraternidad.
Según lo anunciado por los Espíritus, la Tierra no habrá de transformarse por medio
de un cataclismo que aniquile súbitamente a una generación. La actual desaparecerá
gradualmente y la nueva la sucederá del mismo modo, sin que haya ninguna variación en el
orden natural de las cosas.
 En cada niño que nazca en vez de un Espíritu atrasado e inclinado al mal, que
antes encarnaría en ella, vendrá un Espíritu más adelantado y propenso al bien 
«La época presente es de transición; se confunden los elementos de las dos generaciones.
Colocados en un punto intermedio, asistimos a la partida de una y a la llegada de la otra,
destacándose cada una en el mundo, por sus caracteres peculiares.
Correspondiéndole fundar la era del progreso moral, la nueva generación se distingue
por inteligencia y razonamiento generalmente precoces, sumados al sentimiento innato del
bien y las creencias espiritualistas, lo que constituye señal indudable de cierto grado de
adelantamiento anterior. No estará compuesta exclusivamente por Espíritus eminentemente
superiores, pero sí por los que habiendo progresado ya, se encuentran predispuestos a
asimilar las ideas progresistas y aptos para secundar el movimiento regenerador 
He aquí pues, el destino inmediato de la Tierra: planeta de regeneración. No obstante,
continuando con su progreso ininterrumpido, ascenderá a niveles cada vez más altos, hasta
alcanzar la perfección a la que todos estamos predestinados.

Síntomas de la mediumnidad












Toda persona que siente, con mayor o menor intensidad, la influencia de los Espíritus es médium. (…) Por consiguiente, se puede decir que todas las personas, poco más o menos, son médiums. (KARDECEl Libro de los Médiums, ítem 159)


Son muchas las personas que desean saber si poseen alguna facultad mediúmnica y cuáles son los indicios que pueden confirmar o negar tal existencia.

Según las palabras de Kardec, el noble codificador de la Doctrina Espírita, todos somos médiums, pues hay continua interacción entre los dos planos (material y espiritual). Pero el grado de intensidad de la comunicación entre encarnados (vivos) y desencarnados (llamados muertos) es diferente para cada persona.

En determinados contactos el encarnado siquiera registra la influencia de un Ser desencarnado, mientras que en otros la influencia es patente.

En este estudio queremos enfocarnos en la facultad mediúmnica ostensible, es decir, la que permite identificar la existencia del contacto.

Es muy común que escuchemos relatos de personas que buscaron la asistencia de un Centro Espírita por sufrir algún desequilibrio y fueron orientadas a “desarrollar” la mediumnidad; algunas incluso, fueron direccionadas a los trabajos mediúmnicos de la institución sin ninguna preparación, asistencia o estudio.

Sin detenernos demasiado en analizar la irresponsabilidad de tal actitud que lamentablemente aún es común en muchas instituciones dichas espíritas, recordamos las palabras de Kardec:

Hasta el presente ningún diagnóstico se conoce para la mediumnidad. Todos los que se habían considerado como tales carecen de valor. (…)

Si la mediumnidad se tradujese por una señal exterior cualquiera, implicaría esto la permanencia de la facultad, mientras que ésta es esencialmente móvil y fugitiva. (Qué es el Espiritismo. Capítulo I. Breve conferencia espiritista - Medios de Comunicación)

No hay ningún indicio de la facultad mediúmnica; sólo la experiencia puede darla a conocer. (El Libro de los Médiums, ítem 62)

Por lo que podemos notar, la facultad mediúmnica no puede ser identificada en el Centro Espírita o donde sea como si se tratara de un diagnóstico elemental y aunque así fuera, nos informa el codificador que la mediumnidad puede ser transitoria y alguien “diagnosticado” como médium hoy, puede no serlo mañana.


Pero ¿cómo saber si somos médiums?

Cuando estamos ante desequilibrios que nos afectan, lo principal es buscar un médico y considerar la hipótesis de un disturbio orgánico y que la asistencia espiritual, en una institución idónea, ocurra de manera simultánea.

Sabemos que determinadas influencias espirituales (obsesiones) de larga duración pueden alcanzar el organismo físico, pero la obsesión no es sinónimo de mediumnidad ostensible. Por lo tanto, es recomendable cuidar del cuerpo y del espíritu antes de pensar en una supuesta facultad mediúmnica, hasta porque la existencia de la mediumnidad exige ciertas responsabilidades.

Nos pareció importante hacer esas aclaraciones antes de profundizar un poco más en el tema para que no sea creada una falsa idea sobre la mediumnidad.

Kardec la explicó con mucho criterio y propiedad y no es nuestra intención contradecirlo, pues concordamos con sus enseñanzas.

El objetivo de este estudio es mostrar el resultado de experiencias serias y las lecciones expuestas en la literatura espírita confiable y fiel a la base kardeciana sobre los síntomas más comunes descritos por las personas que manifestaron la facultad mediúmnica ostensible.

Según Herculano Pires, en “Mediumnidad (Vida y Comunicación)” “la Mediumnidad se desarrolla como la inteligencia y las demás facultades humanas”, en un proceso cíclico que obedece a “etapas sucesivas”. En los niños es muy evidente y es común que registren presencias espirituales hasta más o menos los siete años. A partir de esa edad, “se desvinculan progresivamente de las relaciones espirituales” y se proyectan más en las relaciones terrenas. En la adolescencia se inicia el segundo ciclo y la mediumnidad se manifiesta de modo más intenso.

Recomienda el respetable estudioso que no se estimule la facultad en el primer ciclo, sino que el niño sea asistido con pases[1] y oraciones. El adolescente puede comenzar a estudiar para entender mejor lo que le ocurre, pero sin intentar desarrollar la práctica mediúmnica. Y cuando las manifestaciones sean espontáneas “es conveniente limitarlas al círculo privado de la familia o amigos íntimos en instituciones para jóvenes, hasta que la mediumnidad se defina”.

El tercer ciclo ocurre entre los dieciocho y los veinticinco años y se orienta a que el joven estudie la Doctrina Espírita y la Mediumnidad más profundamente. A partir de esa edad, el médium ya puede dedicarse a la educación y a la práctica mediúmnica según su madurez y preparación.

Recuerda Herculano que en algunos casos el proceso de eclosión de la mediumnidad tarda hasta unos treinta años de madurez biológica.

El autor aún describe un cuarto ciclo, cuando la mediumnidad aparece en la edad madura o en la vejez por el proceso natural de desprendimiento entre el espíritu y el cuerpo físico. A eso Herculano lo llama “preparación mediúmnica para la muerte”, que puede durar muchos años.

La UEM (Unión Espírita Mineira), en su “Curso Básico sobre Mediumnidad”, explica que la Mediumnidad presenta diferentes naturalezas: propia o natural, de prueba o trabajo, de expiación, y misionera; y cada una de ellas posee características peculiares y se manifiesta de diferentes maneras:

La Mediumnidad propia o natural es adquirida a través de la evolución moral del individuo, cuando su facultad psíquica y su percepción se intensifican. LaMediumnidad de prueba o trabajo es precaria “como una tarea a ser desarrollada” por el encarnado para su mejora espiritual y la de sus semejantes, con una preparación antes de su reencarnación que le permitirá obtener excelente oportunidad de trabajo. La Mediumnidad de expiación es concedida a personas muy comprometidas ante las Leyes Divinas y se caracteriza por la imposición de una sensibilidad psíquica muy intensa, la cual debe ser utilizada para que el médium se libere de sus actos infelices del pasado y crezca espiritualmente. Generalmente surge causando sufrimiento y es común que se manifieste a través de fuerte obsesión. La Mediumnidad de Misión es concedida a Espíritus que ya alcanzaron cierta elevación espiritual y que quieren aportar voluntariamente en la evolución de sus semejantes, como intermediarios entre el Plano Material y el Espiritual.

Por las aclaraciones de la Unión Espírita Mineira nos resulta obvio deducir que la gran mayoría de los médiums encarnados se encuadran en la mediumnidad de prueba o en la de expiación, dado que nuestro planeta todavía es muy inferior y, para casi todos, las facultades mediúmnicas surgen causando muchos disturbios.

El Espíritu Manuel Philomeno de Miranda, en el libro “Temas de la Vida y de la Muerte”, comenta que muchas veces los efectos de la eclosión de la mediumnidadpueden ser confundidos con síntomas de algunas psicopatologías. Pueden surgir de manera sutil o vigorosa, “causan malestar, inquietud y trastorno depresivo”; en otros momentos exaltan la personalidad, producen sensaciones desagradables en el organismo, antipatías sin explicaciones y animosidades.

Añade que “muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de sintomatología, tienen raíces en los disturbios de la mediumnidad de prueba” o de expiación y acostumbran revelarse con desórdenes físicos y psicológicos.

Pasaremos a enumerar los síntomas de fondo mediúmnico más frecuentes que han sido observados por los estudiosos del tema y descritos por médiums que cuentan sus primeras experiencias.

El citado curso de la UEM explica que la mediumnidad propia o natural es el resultado del esfuerzo individual, de la perseverancia y perfeccionamiento en las sucesivas reencarnaciones y por ello dispensa las dificultades enfrentadas en la mediumnidad de prueba y expiación. Es una conquista del Espíritu que ya superó la fenomenología y penetró en el “plano extrafísico” por la intuición, la más elevada de las facultades mediúmnicas.

La manifestación de la mediumnidad de prueba o trabajo puede ser más o menos complicada según la elección del médium. Cuando es comprendida como una herramienta divina para la elevación espiritual, se presenta con signos de alerta. Si el médium rechaza la concesión, surge de manera dolorosa.

La mediumnidad de expiación, es impuesta al médium para su reajuste ante las Leyes Divinas y, por su naturaleza expiatoria, puede surgir con muchos sufrimientos si no encuentra la buena voluntad del deudor para la rehabilitación necesaria. Incluso puede revelarse como una obsesión de alto grado, la subyugación[2], cuyo aparecimiento exige asistencia espiritual y no el desarrollo mediúmnico, como equivocadamente se supone.

El Espíritu Manuel Philomeno de Miranda en el libro citado describe los posibles síntomas de la eclosión de la mediumnidad de expiación:

En lo físico:
“dolores en el cuerpo sin causa orgánica; cefalalgia periódica sin causa biológica; disturbios del sueño – insomnio, pesadillas, pánico nocturno con transpiración excesiva -; taquicardias sin explicación; colapso periférico sin cualquier disfunción circulatoria; son todas perturbaciones generadas por la eclosión de la mediumnidad con sintonía desequilibrada.”

En lo psicológico:
“ansiedad; variadas fobias; perturbaciones emocionales; inquietud íntima; pesimismo; desconfianzas generalizadas; sensación de presencias inmateriales – sombras, figuras, voces y toques -, los cuales surgen de forma inesperada, desaparecen sin uso de medicinas y representan disturbios mediúmnicos inconscientes en consecuencia de la captación de ondas mentales y vibraciones sincronizadas con el periespíritu del enfermo” (Entidad sufriente o vengadora).

Pero Manuel Philomeno alerta que tales síntomas pertenecen a los cuadros de obsesiones simples y exigen cuidados en la educación y en la práctica mediúmnica.

Martins Peralva, en “Mediumnidad y Evolución”, también describe algunos síntomas que anuncian la mediumnidad: “reacciones emocionales insólitas, escalofríos, malestar, sensación de enfermedad, irritaciones raras”.

Eliseu Rigonatti, en “Mediumnidad sin Lágrimas”, además de algunos de los indicios de la eclosión de la mediumnidad ya enumerados, describe: “perturbación cerebral, sensación de peso en la cabeza y en los hombros, nerviosismo, sensación de cansancio, lasitud, cambios bruscos de sensación térmica corporal, falta de ánimo para trabajar, tristeza profunda o alegría excesiva sin razones”.

En el libro “Psicología y Mediumnidad”, Adenáuer Novaes amplía la lista de síntomas que caracterizan el aparecimiento de la mediumnidad:

Ideas y sentimientos inusitados que se presentan como presentimientos que se concretizan posteriormente; intuición aguzada; “arrepentimientos tardíos tras acciones inadecuadas” en las que faltó voluntad propia; alteraciones en el pensamiento y “desvíos en la elaboración de las ideas”; repetición de sueños premonitorios o con personas fallecidas; producción de ruidos y golpes extraños en el entorno; audición de voces y sonidos que parecen venir del interior de la cabeza; intenso deseo de escribir, a veces acompañado por temblores en uno de los brazos, con movimientos repetidos e involuntarios; sensación descontrolada de que puede ser tomado por algo y fuerte deseo de hablar; molestia toráxica y necesidad de gritar o llorar; manifestación de conocimientos inusitados; “frecuentes experiencias emocionales de “déjà vü”.

No obstante queremos aclarar que aunque nos hemos referidos a los síntomas de la eclosión de la Mediumnidad, no es demasiado decir que esa facultad no es la responsable por los sinsabores de los médiums.

El Espíritu Vianna de Carvalho, en el capítulo 7 del libro “Médiums y Mediumnidad”, afirma que no es la mediumnidad que genera el disturbio en el organismo, sino la acción fluídica de los Espíritus que favorece la posible sintonía, según la calidad de que ésta se reviste”. Y Manuel Philomeno añade que la ignorancia y la falta de asistencia son quienes generan los disturbios de fondo mediúmnico. Adenáuer Novaes explica que las invasiones psíquicas no tienen sus raíces en la mediumnidad sino que son facilitadas por ellas.

En definitiva, la elevación o inferioridad moral del médium y la aceptación o rechazo de su facultad son quienes influyen en el aparecimiento, en la intensidad y en la duración de los disturbios.

Después de tan amplia lista de síntomas relacionados a la Mediumnidad, el lector debe de creer que es muy fácil “diagnosticar” la facultad mediúmnica ostensible y que Kardec se equivocó, pero no es cierto. Todo lo que hemos descrito puede caracterizarse también por cuadros vinculados a la Medicina Tradicional o como casos de influencias espirituales que no “exigen” la práctica mediúmnica en una institución espírita.

Una vez más Manuel Philomeno explica que la manifestación de tales síntomas no significa que el individuo deba practicar la facultad mediúmnica, ya que luego de someterse a la asistencia espiritual adecuada y al estudio del Espiritismo, el equilibrio físico y el psíquico pueden ser recuperados por su transformación moral.

Chico Xavier decía que la mejor manera de distinguir los efectos mediúmnicos de la enfermedad física sólo se logra por la educación de la mediumnidad y que lo ideal es que la persona consulte un médico para confirmar o no la enfermedad.

Otro inconveniente en el diagnóstico de la mediumnidad es el caso de las facultades mediúmnicas temporales, como lo comenta Paulo R. Santos, en su libro “Casos y Experiencias con la Mediumnidad”. La facultad “puede manifestarse en cualquier época de la vida (…) y sufrir interrupciones, oscilaciones, cambios y excepcionalmente el desaparecimiento”, cuya “mayoría de las causas son conocidas solamente por la Espiritualidad Mayor”.

Continúa el autor diciendo que:

“la mediumnidad puede ser inducida o despierta por los Espíritus, por el uso de ciertas drogas o por el impacto de fuertes emociones. Será siempre temporal y artificial. (…) cuando son causadas por Espíritus Superiores el objetivo siempre será noble; (…) cuando son producidas por Espíritus imperfectos (…) son desagradables.”

El último caso pertenece al ámbito de las obsesiones a las que todos podemos exponernos si no mantenemos la vigilancia y la elevación moral, seamos o no médiums ostensibles.

Kardec, en la pregunta 459 de “El Libro de los Espíritus” expone:

¿Influyen los Espíritus en nuestros pensamientos y acciones?
– En este aspecto su influencia es mayor de la que creéis, porque, con frecuencia son ellos quienes os dirigen.

Si estamos atentos, podemos notar que la pregunta se refiere a todas las personas y no únicamente a los médiums, aunque es muy común que la mediumnidad surja bajo acciones obsesivas.

En el capítulo 23 del libro “En las Fronteras de la Locura”, Manuel Philomeno explica la frecuente incidencia de procesos obsesivos en el proceso de eclosión de la Mediumnidad diciendo que “el médium es un Espíritu endeudado” y por su inferioridad posibilita “el acoplamiento de mentes perniciosas del Más Allá” y de antiguos enemigos que intentan “impedirle el crecimiento espiritual”. Eso en los casos de la mediumnidad de prueba o de expiación.

Lo que queremos decir es que la Mediumnidad no es una misión o un privilegio, inclusive el Espíritu Emmanuel, en el capítulo XI del libro “Emmanuel” aclara que “los médiums generalmente son almas que fracasaron desastradamente (…) en el pasado” y que han reencarnado con el objetivo de “sacrificarse en beneficio de muchas almas que desviaron del sendero de la fe, de la caridad y de la virtud;” son “almas arrepentidas” que buscan reequilibrarse.

En ese momento el lector ya se imagina que este estudio es un tratado que desprecia a los médiums, pero tranquilízate porque no es este nuestro objetivo.
Queremos demostrar que la mayoría de los médiums son Espíritus que traen con ellos las características de nuestro planeta aún inferior, como la mayoría de los encarnados que no posee la facultad mediúmnica ostensible. No somos ni mejores ni peores. Todos estamos expuestos a la incidencia de las acciones obsesivas.

Queremos demostrar que es un error intentar desarrollar la mediumnidad a todo costo, sin reflexionar sobre las responsabilidades involucradas en la tarea, por creer que se trata de “un poder oculto que se puede desenvolver a través de la práctica de rituales o por el poder misterioso de un iniciado”. [Herculano Pires]

La mediumnidad no es un recurso para la autopromoción o para el enriquecimiento ilícito, sino una herramienta que Dios concede a las almas para su crecimiento moral, para que la usen en beneficio de su prójimo, para que se acerquen a Jesús, donando de sí mismo sin esperar recompensas.

El Espíritu deudor que utiliza su facultad mediúmnica como profesión, para obtener ventajas personales o para destacarse en la casa espírita es alguien que agrava su situación ante los Códigos Celestiales. Y los miembros de la institución que alimentan la vanidad de los médiums con la concesión de privilegios y con la aceptación de sus teorías y prácticas extrañas no aportan en su evolución, tampoco en la Causa Espírita.

No obstante, si alguien se identifica en los síntomas aquí expuestos, recomendamos que su primera preocupación deba ser su equilibrio espiritual y físico. Es importante buscar los recursos de la Medicina y la asistencia espiritual a través de la oración, la meditación y de los pases en una institución espírita seria, pero no la práctica mediúmnica.

La práctica mediúmnica es tarea para quien se siente bien, equilibrado y preparado. No es necesario apresurarse para empezarla, pues somos Espíritus inmortales y tenemos mucho tiempo. Además, sólo podemos donar lo que tenemos y no podemos brindar paz y equilibrio si todavía no lo conquistamos.

Cuando se concurre a una institución espírita seria, sus miembros sabrán orientar al asistido de modo adecuado y si la facultad mediúmnica se confirma, tras la asistencia, el estudio y el equilibrio, el obrero sincero podrá dedicarse a esa tarea de amor. Si no se trata de Mediumnidad no hay problema, pues hay muchas otras tareas hermosas que esperaban la colaboración de personas dedicadas.




 Por: Marina Silva

sábado, 19 de enero de 2013

LA ESCALA ESPIRITA


Un punto capital en la  Doctrina Espírita es el de las diferencias 
que existen entre los Espíritus, desde el doble punto de vista 
intelectual y moral; en este aspecto, su enseñanza nunca ha variado; 
pero no es menos esencial saber que ellos no pertenecen 
perpetuamente al mismo orden  y que, por consecuencia, estos 
órdenes no constituyen especies distintas: son diferentes grados de 
desarrollo. Los Espíritus siguen la marcha progresiva de la 
Naturaleza; los de los  órdenes inferiores son todavía imperfectos; 
han de alcanzar los grados superiores después de haberse depurado; 
avanzan en la jerarquía a medida  que adquieren las cualidades, la 
experiencia y los conocimientos que les faltan. El niño de cuna no se parece a lo que será en la edad madura y, sin embargo, es siempre el mismo ser.  La clasificación de los Espíritus está basada en su grado de adelanto, en las cualidades que han adquirido y en las imperfecciones de que han de despojarse aún. Esta clasificación, 
además, no tiene nada de absoluto; cada categoría presenta un 
carácter nítido sólo en su conjunto; pero de un grado a otro la 
transición es imperceptible y, en los límites de la misma, los matices 
se esfuman como en los reinos de la Naturaleza, como en los colores del arco iris o también  como en los diferentes  períodos de la vida humana. Por lo tanto, se puede formar un número mayor o menor de clases, según el punto de vista desde el cual se considere la cuestión. Sucede aquí lo que ocurre en todos los sistemas de clasificaciones científicas: estos sistemas pueden ser más o menos completos, más o menos racionales y cómodos para la inteligencia, pero, sea como fueren, no cambian en  nada el fondo de la  ciencia. Por tanto, los Espíritus interrogados sobre este  punto podrán haber variado en cuanto al número de categorías, sin que esto tenga trascendencia. Algunos se han aprovechado de esta aparente contradicción, sin reflexionar en el hecho de que los Espíritus no dan ninguna importancia a lo que es puramente convencional; para ellos el pensamiento lo es todo, dejando para nosotros la forma, la elección 
de los términos, las clasificaciones, en una palabra, los sistemas. 
Agreguemos todavía la siguiente consideración que nunca debe 
perderse de vista: entre los Espíritus, como también entre los 
hombres, los hay muy ignorantes, y nunca se estará bastante 
prevenido contra la tendencia en creer que todos han de ser sabios 
porque son Espíritus. Toda clasificación exige método, análisis y 
conocimiento profundo del asunto. Ahora bien, en el mundo de los 
Espíritus, los que tienen conocimientos limitados son –como los 
ignorantes en la Tierra– inhábiles para abarcar  el conjunto y para 
formular un sistema; incluso los que son capaces de hacerlo pueden 
variar en los pormenores según su punto de vista, sobre todo cuando una división no tiene nada de absoluto. Linneo, Jussieu y Tournefort han tenido cada cual su método, y la Botánica no ha variado por este motivo, porque ellos no inventaron las plantas ni sus caracteres, sino que observaron las analogías según las cuales formaron los grupos o clases. Ha sido así que también hemos procedido nosotros; no hemos inventado los Espíritus ni sus caracteres, sino que los hemos visto y observado, los hemos juzgado por sus palabras y por sus 
hechos, y después los clasificamos por sus similitudes: es lo que 
cualquier uno habría hecho en nuestro lugar. 
Sin embargo, no nos podemos atribuir la totalidad de este trabajo 
como siendo nuestro. Si el cuadro que daremos a continuación no ha sido textualmente trazado por los  Espíritus, y si nosotros hemos 
tomado la iniciativa, todos los elementos que componen el mismo 
han sido extraídos de sus enseñanzas; no nos quedaba más que 
formular su disposición material. 
Generalmente, los Espíritus admiten tres categorías principales o 
tres grandes divisiones. En la última, la que está al pie de la escala, 
se hallan los Espíritus imperfectos que todavía tienen todos o casi 
todos los grados por recorrer; se caracterizan por el predominio de la materia sobre el Espíritu y por  su propensión al  mal. Los de la 
segunda categoría se caracterizan  por el predominio del Espíritu 
sobre la materia y por el deseo del bien: son los Espíritus buenos. En fin, la primera comprende los Espíritus puros, que han alcanzado el grado supremo de perfección.  
Esta división nos parece perfectamente racional y presenta 
caracteres bien nítidos; sólo nos  quedaba por hacer resaltar, por 
medio de un número suficiente de subdivisiones,  los principales 
matices del conjunto, y es lo que hemos hecho con la colaboración 
de los Espíritus, cuyas benévolas instrucciones nunca nos han 
faltado. 
Con la ayuda de este  cuadro será fácil determinar el rango y el 
grado de superioridad o de inferioridad de los Espíritus con los 
cuales podemos entrar
en relación y, por consecuencia, el grado de confianza y de estima 
que merecen. Además de ello, nos  interesa personalmente porque 
pertenecemos, a causa de nuestra alma, al mundo espírita –al cual 
retornaremos al dejar nuestra envoltura mortal– y esto nos muestra 
lo que nos falta hacer para llegar a la perfección y al bien supremo. 
No obstante, haremos notar que los Espíritus no siempre pertenecen 
exclusivamente a tal o cual clase; ya que su progreso se realiza en 
forma gradual y a menudo más en un sentido que en otro, pueden 
reunir los caracteres de varias categorías, lo que fácilmente puede 
apreciarse por su lenguaje y por sus actos. 
Escala espírita 

TERCER ORDEN – ESPÍRITUS IMPERFECTOS 

Caracteres generales – Predominio de la materia sobre el 
Espíritu. Propensión al mal. Ignorancia, orgullo, egoísmo y todas las 
malas pasiones que son su consecuencia.  
Tienen la intuición de Dios, pero no lo comprenden. 
Todos no son esencialmente malos, y en algunos hay más ligereza, 
inconsecuencia y malicia que verdadera maldad. Unos no hacen ni el bien ni el mal, pero por el simple hecho de no practicar el bien 
denotan su inferioridad. Otros, por el contrario, se complacen en el 
mal y se sienten satisfechos cuando encuentran la ocasión de 
hacerlo. 
Pueden aliar la inteligencia a la maldad o a la malicia; pero, sea 
cual fuere su desarrollo intelectual, sus ideas son  poco elevadas y 
sus sentimientos más o menos abyectos.  
Sus conocimientos acerca de las  cosas del mundo espírita son 
limitados, y lo poco que saben se confunde con las ideas y prejuicios de la vida corporal. Al respecto, sólo pueden darnos nociones falsas e incompletas, pero el observador atento encuentra con frecuencia en sus comunicaciones –aunque imperfectas– la confirmación de grandes verdades enseñadas por los Espíritus superiores. Su carácter se revela por su lenguaje. Todo Espíritu que, en sus comunicaciones, deje escapar  un pensamiento malo, puede ser incluido en el tercer orden;  por consecuencia, todo pensamiento 
malo que nos sea sugerido proviene de un Espíritu de este orden.  
Éstos ven la felicidad de los buenos y esta visión es para ellos un 
tormento incesante, porque sienten todas las angustias que pueden 
producir la envidia y los celos. 
Conservan el recuerdo y la percepción de los sufrimientos de la 
vida corporal, y esta impresión es frecuentemente más penosa que la realidad. Por lo tanto, sufren verdaderamente no sólo por los males que han soportado, sino también por los que han ocasionado a otros; y como sufren por mucho tiempo, creen que siempre han de sufrir: Dios, para punirlos, quiere que así lo crean. 
Podemos dividirlos en cuatro clases principales. 
Novena clase.  ESPÍRITUS IMPUROS – Tienen inclinación 
hacia el mal y hacen de éste el objeto de sus preocupaciones. Como 
Espíritus, dan consejos pérfidos, promueven la discordia y la 
desconfianza y, para engañar mejor, adoptan todas las máscaras. Se 
vinculan a los caracteres bastante débiles capaces  de ceder a sus 
sugestiones, a fin de arrastrarlos hacia la perdición, y están 
satisfechos cuando consiguen retardar su adelanto al hacerlos 
sucumbir en las pruebas que enfrentan. 
En las manifestaciones se los reconoce por su  lenguaje; la 
trivialidad y la grosería de sus expresiones, tanto entre los Espíritus 
como entre los hombres, son siempre un indicio de inferioridad 
moral y hasta intelectual. Sus comunicaciones revelan la bajeza de 
sus inclinaciones, y  si quieren inducir a  engaño hablando de una 
manera sensata, no pueden desempeñar su papel por mucho tiempo 
y terminan siempre por delatar su origen. 
Ciertos pueblos han hecho de ellos divinidades maléficas, y otros 
los designan con los nombres de demonios, genios malos o Espíritus 
del mal. 
Los seres vivos a quienes animan, cuando están encarnados, 
tienen inclinación hacia todos los vicios que engendran las pasiones 
viles y degradantes: el sensualismo, la crueldad, la bellaquería, la 
hipocresía, la codicia y la sórdida avaricia.  
Hacen el mal por el placer  de hacerlo –muy a menudo sin 
motivos–, y por odio al bien escogen casi siempre sus víctimas entre 
las personas honradas.  Son flagelos para la Humanidad, sea cual 
fuere la clase social a que pertenezcan, y el barniz de la civilización 
no los libra del oprobio y de la ignominia. 
Octava clase. ESPÍRITUS LIGEROS –  Son ignorantes, 
maliciosos, inconsecuentes y burlones. Se entrometen en todo, y a 
todo responden sin preocuparse con la verdad. Se complacen en 
causar pequeñas contrariedades y picardías, en chismear y en inducir maliciosamente a error por medio de mistificaciones y travesuras. A esta clase pertenecen los Espíritus vulgarmente designados con los nombres de  duendes, gnomos y trasgos, los cuales están bajo la dependencia de los Espíritus superiores, que a menudo los emplean,
como nosotros lo hacemos con nuestros servidores y peones. 
Parecen más que otros apegados a la materia y dan la impresión de 
ser los agentes principales de las  vicisitudes de los elementos del 
globo, ya sea que habiten en el aire, en el agua, en el fuego, en los 
cuerpos duros o en las  entrañas de la Tierra. A
menudo manifiestan su presencia  por medio de efectos sensibles, 
como golpes, movimientos y desplazamientos anormales de cuerpos 
sólidos, agitación del aire, etcétera, lo que los ha hecho acreedores al 
nombre de Espíritus golpeadores o perturbadores. Se reconoce que 
esos fenómenos no son de ninguna manera debidos a una causa 
fortuita y natural cuando tienen un carácter intencional e inteligente. 
Todos los Espíritus pueden producir estos fenómenos, pero en 
general los Espíritus elevados ceden esas atribuciones a los Espíritus inferiores, porque éstos son más aptos para las cosas materiales que para las inteligentes. 
En sus comunicaciones con los hombres, su lenguaje es a veces 
espirituoso y chistoso, pero casi siempre superficial; captan las 
extravagancias y ridiculeces que  expresan con rasgos mordaces y 
satíricos. Cuando usurpan algún nombre, lo hacen más por malicia 
que por maldad. 
Séptima clase. ESPÍRITUS PSEUDOSABIOS – Sus 
conocimientos son bastantes amplios, pero creen saber más de lo 
que en realidad saben. Al haber realizado algún progreso en diversos puntos de vista, su lenguaje  tiene un carácter serio que puede engañar acerca de sus  capacidades y luces; pero, a menudo, no es más que un reflejo de los prejuicios y de las ideas sistemáticas de la vida terrestre; es una mezcla de algunas verdades al lado de los más absurdos errores, en medio de los cuales se descubren la presunción, 
el orgullo, los celos y la terquedad de que no han podido despojarse. 
Sexta clase. ESPÍRITUS NEUTROS – No son ni lo bastante 
buenos para hacer el bien, ni lo suficientemente malos para hacer el 
mal; se inclinan igualmente hacia el uno como hacia el otro, y no se 
elevan por encima de la condición vulgar de la Humanidad, ni moral ni intelectualmente. Tienen apego a las cosas  de este mundo, de cuyos goces groseros sienten nostalgia. 
SEGUNDO ORDEN – ESPÍRITUS BUENOS 
Caracteres generales – Predominio del Espíritu sobre la materia; 
deseo del bien. Sus cualidades y su poder para hacer el bien están en 
razón del grado a que han llegado: unos tienen el conocimiento, 
otros la sabiduría y otros la bondad; los más adelantados reúnen el 
saber a las cualidades morales.  Al no estar aún completamente 
desmaterializados, conservan más  o menos –según  su rango– los 
trazos de la existencia corporal, ya sea en la forma del lenguaje o en 
sus hábitos, en los que incluso vuelven a encontrarse algunas de sus 
manías; de otro modo, serían Espíritus perfectos. 
Comprenden a Dios y al infinito, y gozan ya de la felicidad de los 
buenos; son dichosos por el bien que hacen y por el mal que 
impiden. El amor
que los une es para ellos la fuente de una dicha inefable no alterada 
por la envidia, ni por los remordimientos, ni por ninguna de las 
malas pasiones que atormentan a  los Espíritus imperfectos; pero, 
aún, todos ellos han de pasar  pruebas hasta que alcancen la 
perfección absoluta. 
Como Espíritus, inspiran buenos pensamientos, apartan a los 
hombres de la senda del mal, protegen durante la vida a los que se 
hacen dignos de su protección y  neutralizan la influencia de los 
Espíritus imperfectos sobre los que no se complacen en tolerarla. 
Como encarnados son buenos y benévolos para con sus 
semejantes; no están movidos por el orgullo, ni por el egoísmo, ni 
por la ambición; no sienten odio, rencor, envidia ni celos y hacen el 
bien por el bien mismo. 
A este orden pertenecen los Espíritus designados en las creencias 
vulgares con los nombres de  genios buenos, genios protectores y 
Espíritus del bien.  En tiempos de superstición e ignorancia se ha 
hecho de ellos divinidades benéficas. 
Se los puede igualmente dividir en cuatro grupos principales. 
Quinta clase. ESPÍRITUS BENÉVOLOS – Su cualidad 
dominante es la bondad; se complacen en prestar servicios a los 
hombres y protegerlos, pero sus  conocimientos son limitados: su 
progreso se ha realizado más en el sentido moral que en el sentido 
intelectual. 
Cuarta clase. ESPÍRITUS ERUDITOS – Lo que especialmente 
los distingue es la amplitud de sus conocimientos. Se preocupan 
menos con las cuestiones morales que con las científicas, para las 
cuales tienen más aptitud; pero sólo encaran la ciencia desde el 
punto de vista de la utilidad, y en ello no mezclan a ninguna de las 
pasiones que son propias de los Espíritus imperfectos. 
Tercera clase. ESPÍRITUS DE SABIDURÍA – Las cualidades 
morales del orden más  elevado forman su carácter distintivo. Sin 
tener conocimientos ilimitados, están dotados de una capacidad 
intelectual que les proporciona un juicio recto acerca de los hombres 
y de las cosas. 
Segunda clase. ESPÍRITUS SUPERIORES – Reúnen el 
conocimiento, la sabiduría y la  bondad. Su lenguaje sólo refleja 
benevolencia y es constantemente digno, elevado y frecuentemente 
sublime. Su superioridad los hace más aptos que a los otros para 
darnos las nociones más justas sobre las cosas del mundo 
incorpóreo, dentro de  los límites de aquello  que es permitido al 
hombre conocer. Se comunican de buen grado con aquellos que de 
buena fe buscan la verdad y cuyas almas están lo suficientemente 
desprendidas de los lazos terrestres como para comprenderla; pero 
se alejan de los que solamente están animados por
la curiosidad o a quienes la influencia de la  materia desvía de la 
práctica del bien.  
Cuando, por excepción, encarnan en la Tierra, es para cumplir una 
misión de progreso y, entonces, nos ofrecen el tipo de perfección a 
la que puede aspirar la Humanidad en este mundo.
PRIMER ORDEN – ESPÍRITUS PUROS 
Caracteres generales – Influencia nula de la materia. 
Superioridad intelectual y moral absoluta con relación a los Espíritus 
de los otros órdenes. 
Primera clase. Clase única – Han recorrido todos los grados de la 
escala y se han despojado de todas las impurezas de la materia. Por 
haber alcanzado la suma de perfección de la cual es susceptible la 
criatura, no han de sufrir más pruebas ni expiaciones. Al no estar 
más sujetos a la reencarnación en cuerpos perecederos, la vida es 
para ellos eterna y la disfrutan en el seno de Dios. 
Gozan de una felicidad inalterable, porque no están sujetos a las 
necesidades ni a las vicisitudes de la vida material; pero esta 
felicidad no es de manera alguna la de una ociosidad monótona que 
transcurre en una perpetua contemplación. Son los mensajeros y 
los ministros de Dios, cuyas órdenes ejecutan para el mantenimiento 
de la armonía universal. Comandan a todos los Espíritus que les son 
inferiores, ayudándolos a perfeccionarse y asignándoles su misión. 
Asistir a los hombres en sus aflicciones, inclinarlos al bien o a la 
expiación de las faltas que los alejan de la felicidad suprema, es para 
ellos una agradable  ocupación. A veces son designados con los 
nombres de ángeles, arcángeles o serafines. 
Los hombres pueden entrar en comunicación con ellos, pero muy 
presuntuoso sería quien pretendiese tenerlos constantemente a sus 
órdenes. 
ESPÍRITUS ERRANTES O ENCARNADOS 
En el aspecto de las cualidades íntimas, los Espíritus son de 
diferentes órdenes, que recorren sucesivamente a medida que se 
depuran. Con respecto al  estado en que se encuentran, pueden 
hallarse: encarnados, es decir, unidos a un cuerpo en algún 
mundo, o  errantes, es decir, despojados del cuerpo material y 
esperando una nueva encarnación para mejorarse. 
Los Espíritus errantes no forman una categoría especial: es uno de 
los estados en los cuales pueden encontrarse. 
El estado errante o de erraticidad de manera ninguna constituye 
una inferioridad para los
Espíritus, puesto que pueden allí haberlos en todos los grados. Todo 
Espíritu que no esté encarnado es, por esto mismo,  errante, con 
excepción de los Espíritus puros que, al no tener que pasar más por 
encarnaciones, se encuentran en su estado definitivo. 
Al ser la encarnación un  estado transitorio, la  erraticidad es en 
realidad el estado normal de los Espíritus, y de ningún modo este 
estado es forzosamente una expiación para ellos; son felices o 
infelices según el grado de su elevación y de  acuerdo al bien o al 
mal que hayan hecho.