viernes, 23 de septiembre de 2016

EXPERIENCIAS FUERA DEL CUERPO (ECM)


Los científicos encuentran evidencias de que hay vida después de a muerte.
Durante siglos o milenios el ser humano se ha preguntado si había algo más allá de la vida. Muchas culturas, sistemas y religiones, se han basado en la creencia de que los muertos resucitan en otro mundo, van al paraíso o reencarnan… Pero en la mayoría de los casos no dejaba de ser una creencia endulzada por el hecho de que a la mayoría de seres humanos realmente les gustaría pensar que es así. Pero ¿y si la ciencia estuviera dando evidencias de que hay vida después de la muerte? Varios científicos de diferentes universidades del mundo están revolucionando el paradigma del siglo XXI aportando evidencias de que, cuanto menos, la consciencia sigue perviviendo a pesar de la muerte física.
La mediumnidad en el laboratorio.
Los médiums afirman que pueden percibir, de alguna manera, a seres fallecidos a los que tradicionalmente se conoce en la terminología espírita como desencarnados. El médium brasileño Chico Xavier escribió más de cuatrocientos libros aunque jamás admitió ser el autor de ninguno de ellos puesto que siempre dijo que escribía únicamente lo que los espíritus le dictaban. Además, solía atender gratuitamente a 60 personas por día en su modesta casa en Uberaba. En 1991 su capacidad extrasensorial fue investigada por el Doctor Paulo Rossi. La investigación confirmó que el 93,3% de las personas que visitaron a Chico Xavier no le conocían anteriormente, el 62,2% de los mensajes citaban más de 6 hechos comprobados y el 71,1% de sus revelaciones tenían información detallada de fallecidos que posteriormente fue confirmada por sus familiares. Rossi concluyó que las informaciones reveladas por Chico Xavier provenían realmente de espíritus de personas muertas, descartando cualquier tipo de fraude.

En los Estados Unidos la doctora Julie Beischel, del Instituto Windbridge, está llevando a cabo una de las investigaciones más fascinantes con médiums para demostrar que hay vida después de la muerte. Básicamente, utiliza tres métodos en la investigación científica mediúmnica: proof-focused research (investigación de prueba), que son pruebas para verificar si los médiums están dando la información veraz; process- focused research (investigación del proceso), que estudia las experiencias de los médiums durante las comunicaciones con los espíritus; y applied research (investigación aplicada), que estudia cómo la información puede beneficiar a la sociedad en general.
Los médiums estudiados por la Doctora Julie dieron información concreta de personas que ya habían muerto y que posteriormente fue verificada. Por lo tanto, los resultados de su investigación confirman la hipótesis de que el espíritu sobrevive a la muerte. La Doctora Julie Beischel nos comenta que usan controles estrictos para investigar el fenómeno de la mediumnidad a través de un programa de investigación científica con la mayor cantidad de datos sólidos. A través del método del quíntuple ciego en las lecturas de la Investigación Certificada de Windbridge con Médiums, podemos demostrar que el fenómeno llamado recepción anómala de información que implica a médiums que dan noticias concretas y específicas sobre seres queridos fallecidos a personas que están vivas, con total ausencia de cualquier información previa y sin usar términos confusos, existe y es real, dice. Además, la Doctora Julie Beischel nos comentó que el paradigma de investigación utilizado es fácilmente replicable y ocurre a voluntad por lo que no tienen que intentar atrapar eventos espontáneos o experiencias tal y como ocurren. Muy al contrario, pueden llevar la mediumnidad al laboratorio y estudiarla bajo condiciones controladas.
La experiencias cercanas a la muerte (ECM) en el análisis científico.
Las experiencias cercanas a la muerte son relatos narrados por personas que han estado clínicamente muertas y que sin embargo han logrado sobrevivir, trayendo consigo una serie de vivencias extracorpóreas que sugieren que hay vida después de la muerte. Desde que Raymond Moody escribiera su libro Vida después de la vida, pasando por las investigaciones y publicaciones de la catedrática Elisabeth Küblher Ross —una eminencia con una veintena de reconocimientos Honoris Causa en diferentes universidades de todo el mundo—, los científicos no han dejado de sentirse atraídos por este fenómeno.
El doctor Jeffrey Long, radioncólogo, ha estado a pie de cama de muchos enfermos terminales de cáncer. Además dirige la Fundación para la Investigación de Experiencias Cercanas a la Muerte. Este médico ha recopilado más de 1.600 casos de personas en todo el mundo que han pasado por una ECM. Él habla de nueve líneas de evidencia que apoyan la realidad de las experiencias cercanas a la muerte y un mensaje consistente de que hay un Más Allá. En primer lugar, nos habla del alto grado de consciencia y estado de alerta que viven los sujetos, incluso mayor que el experimentado en el día a día y que según Long, es médicamente inexplicable en un persona inconsciente clínicamente muerta. En segundo lugar nos habla de las experiencias fuera del cuerpo, completamente reales, con observaciones
precisas que pueden ser confirmadas, descartando la posibilidad de que se trate de fragmentos irreales de memoria del cerebro. En tercer lugar tenemos sentidos intensificados, siendo el ejemplo más extremo el de las personas legalmente ciegas que en esos momentos sí ven, en la mayoría de los casos, por primera vez en su vida si eran ciegos de nacimiento, algo médicamente inexplicable. En cuarto lugar encontramos consciencia durante la anestesia en los casos en los que la ECM ocurre bajo anestesia general, cuando obviamente bajo estas condiciones no debería ser posible una experiencia consciente.

Mientras algunos escépticos lo atribuyen a la falta de suficiente anestesia en el paciente, olvidan que muchas ECM son el resultado de una sobredosis de anestesia y, adicionalmente, la descripción difiere bastante de las experiencias de despertar anestésico. Además, el contenido de las ECM que ocurren bajo anestesia general es exactamente el mismo de las que suceden sin ella. Esta es una de las evidencias más fuertes de que las ECM ocurren independientemente del funcionamiento del cerebro físico. En quinto lugar, Long nos habla de una película de recuerdos perfecta, en la que las imágenes de la vida se suceden trayéndonos a la memoria sucesos que habían sido olvidados o que ocurrieron antes de alcanzar el grado de recuerdo en algún momento. En sexto lugar, se producen las reuniones familiares con personas fallecidas y que normalmente son parientes del sujeto que tiene la experiencia, llegando en algunos casos incluso a presentarse familiares que murieron antes de que el sujeto hubiera nacido.
Si las ECM fueran únicamente producto de fragmentos de memoria lo más lógico sería que los
encuentros fueran con gente viva con la que normalmente se ha interactuado más recientemente. En séptimo lugar, las experiencias de los niños, incluyendo aquellos demasiado jóvenes como para haber incorporado conceptos de muerte, religión o ECM, son esencialmente idénticas a las de los adultos, lo que refuta la posibilidad de que el contenido sea producido por creencias preexistentes o condicionamientos culturales. En octavo lugar, la consistencia alrededor del mundo, que nos confirma que estas experiencias se producen en diferentes países, religiones y culturas, siendo increíblemente similares las unas a las otras. Y en noveno y último lugar, las secuelas que deja en las personas que las han vivido, que se sienten transformados de por vida, siguen nuevos patrones de superación y crecimiento espiritual y están plenamente convencidos de que lo que han vivido es real.

Estas son algunas de varias líneas de investigación que se están llevando a cabo alrededor de todo el globo, en la búsqueda de evidencias de que hay vida más allá de la materia. Son ejemplos perfectos de que la ciencia y la espiritualidad razonada y seria pueden caminar lado a lado, complementándose y formando parte de una única verdad.



IAN STEVENSON ESTUDIÓ A LO LARGO DE SU VIDA MÁS DE 3 MIL CASOS DE NIÑOS CAPACES DE RECORDAR SUS VIDAS ANTERIORES, LA EVIDENCIA PARECE CONCLUIR QUE TU Y YO HEMOS ESTADO EN ESTE PLANETA ANTES DE ESTA ÚLTIMA VUELTA POR LA MONTAÑA RUSA DE LA VIDA

El Libro Tibetano de los Muertos enseña una serie de técnicas, desde respiraciones, visualizaciones y mantras, para abordar el viaje de la muerte y no regresar a la vida. De la misma forma que algunas personas describen visiones de luz durante experiencias cercanas a la muerte, El Libro Tibetanto de los Muertos Bardo Thodol habla de una Luz Radiante, la cual el viajero, o psiconauta, debe de seguir para no regresar a la rueda del karma y a la ilusión de sus pensamientos, de su ego. Recuerdo haber leído el prólogo de una edición de este libro que contaba con una introducción de Carl Jung, en el que se mencionaba la respuesta de un monje a la pregunta de que no había ninguna evidencia de la reencarnación ya que nadie había regresado de la muerte, a la que el monje había respondido tranquilamente :"Pero al contrario todos hemos regresado de la muerte".
ian-stevensonEl bioquímico y profesor de psiquiatría canadiense Ian Stevenson dedicó gran parte de su vida al estudio científico de la reencarnación. Durante más de 40 años Stevenson estudió más de 3 mil casos de niños que parecían recordar experiencias de otras vidas, documentando lo que decían y cotejando datos con las vidas de las personas que decían haber sido.
Stevenson, amigo del escritor inglés Aldous Huxley, fue uno de los primeros científicos en experimentar en los 50s con LSD, una experiencia que transformó su vida. En 1957 fue nombrado Director de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Virginia, una de las pocas universidades que realizan estudios paranormales. En 1967 el inventor Charles Carlson donó un millón de dólares a la Universidad de Virginia y otro más a Stevenson para fondear su investigación.
A diferencia de aquellos que usan la hipnosis como método para obtener información sobre supuestas vidas pasadas, Stevenson basó sus estudios en niños de 2 a 4 años que al parecer pueden recordar episodios de sus vidas anteriores y proveer datos que pueden ser comprobados. Muchos de los casos de Stevenson parecen ser detonados por una muerte violenta. En varios casos recopiló testimonios y registros médicos relacionados a marcas de nacimiento y deformaciones congénitas que parecían corresponder al tipo de muerte descrito por los niños y regristradas en las autopsias de las personas que decían ser.
Según Stevenson entre los 5 y 7 años los niños empiezan a perder la memoria de sus vidas pasadas.
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Uno de los casos más interesantes es el de la niña Swarnlata Mishra, nacida en Pradesh, India, en 1948. A los tres años Swarnlata ya le había dado datos a su familia que hacían posibles la identificación de su familia pasada, esto mientras iba de viaje con su padre por el pueblo de Katni al que le sugirió que fueran a "tomar un mejor té a su casa".
Lo extraordinario de este caso es que la memoria de Swarnlata no se disolvió con el tiempo, en 1959 el Profesor Sri H. N. Banerjee, colega de Stevenson, tomó el caso y fue capaz de encontrar, a partir de la información dada por la niña, la casa en Katni donde había vivido Biya Pathak, la mujer que según Swarnlata había sido en su vida anterior, y que había muerto en 1938.
Días después Biya-Swarnlata fue llevada a su antigua casa para conocer a su familia pasada, a quienes reconcoió y reveló secretos como decirle a su ex esposo Sri Pandey que tenía escondidos 1200 rupias en una caja o que había tenido dientes de oro. En sus documentos Stevenson describe el asombro de todos los presentes y la actitud maternal que tomó Biya Swarnlata con sus hijos llamándolos por sus apodos de cariño.
Stevenson vistó a Biya-Swarnlata en 1961 y presenció una visita a su antigua familia, asombrado por el cariño con el que se relacionaban.
Según el colega de Stevenson y continuador de sus estudios, Peter Ramster, el caso más contundente es el de niña australiana, Gwen McDonald, que sostiene haber sido Rose Duncan, una mujer de Somerset, Inglaterra, que vivió al final del siglo XVIII. Según Ramster, la niña describío varias locaciones de casas que ya no existen, poblados y personas que después de una extensa investigación fueron comprobadas. Este caso fue revisado por el Dr. Basil Cottle de la Universidad de Bristol.
Como este caso parecen haber cientos, uno de los más actuales es el expuesto en el siguiente video de ABC, en el cual un niño en Estados Unidos con una extraña afición por los aviones de guerra reveló a sus incédulos padres datos fidedignos sobre un piloto que murió en la Segunda Guerra Mundial.
Aunque toda la evidencia que recopiló a lo largo de su vida hizo que Ian
Stevenson creyera firmemente en la realidad de la reencarnación o transmigración, jamás pudo formular una teoría convincente de cómo es que ocurre la transferencia de una personalidad a otro cuerpo. Al menos no científicamente. Su colega de la Universidad de Virginia argumenta que ya que el acto de observación se colapsa la función de onda, podría ser que la conciencia no sea solamente un subproducto del cerebro físico sino una entidad separada en el universo que puede imbuirse a un cuerpo y de esta forma existir depués de la muerte del cerebro.Usa la analogía de como una televisión es requerida para decodificar una señal pero no produce la señal, de la misma forma el cerebro podría ser solamente el sintonizador de la conciencia.
La creencia en la transmigración de las almas o metempsicosis, usando el término griego, es parte de la historia del pensamiento humano, desde el hinduismo y la mayoría de las religiones orientales hasta incluso el primer cristianismo (Justiniano tuvo que abolir la creencia en la reencranación en el año 549). Grandes mentes de la humanidad han sostenido la existencia de la reencarnación: Pitágoras famosamente reconoció a un amigo al ver a un perro; Platón en "La República" habla de que las alams antes de nacer escogen su vida futura; el filósfo alemán Schopenhauer fue influenciado por los Vedas y formuló una visión dual entre la Voluntad (el mundo real) y la Representación (la ilusion) en la que la reencarnación era ; el psicólogo Carl Jung habla en su libro "Memorias, Sueños, Reflexiones" de que de niño recordaba haber sido un hombre muy viejo del siglo XVIII.
Sin embargo la ciencia establecida y la mayor parte de la sociedad parece evitar el tema, exista o no evidencia, parece preferir no indagar demasiado. El escritor inglés Alan Watts habla de que en una sociedad como en la que vivimos una de las grandes formas de control que tiene el estado es el miedo a la muerte de los ciudadanos, si no existe miedo a la muerte, a lo desconocido, no hay de donde sujetarnos. "El arte del gobierno es llenar el vacío más allá de la muerte con amenazas no especificadas para poder controlar a la gente dicendo 'si no haces lo que digo te mato, o te mataras a ti mismo', y mientras tengamos miedo de eso y pensemos en la muerte de esa forma podremos ser controlados". ¿Pero que sucede cuándo ya no le tenemos miedo a la muerte, cuando conocemos lo desconocido?

LA CONCIENCIA NO ESTA EN EL CEREBRO




El materialismo —la idea de que la conciencia es producida o equivale al cerebro— es una creencia que ya se ha probado falsa a través de la ciencia.

Neal Grossman, Historia y Filosofía
¿Es la conciencia un sistema inherente al cuerpo y al cerebro? Si no hay vida cerebral, ¿entonces se extingue la conciencia?
La respuesta es: NO; la conciencia perdura más allá del cuerpo y del cerebro.
Existe un estado de conciencia durante los cortos momentos entre la muerte clínica (detención de ritmo cardíaco y respiración) y la resucitación artificial. En otras palabras, la conciencia permanece incluso después de la muerte.
Estas conclusiones nacieron de un estudio llevado a cabo por el equipo del doctor Sam Parnia (Reino Unido), involucrando a más de 2 mil personas que sufrieron un paro cardíaco y respondieron exitosamente a la resucitación, en 15 diferentes hospitales del Reino Unido, Estados Unidos y Austria. Hasta ahora, este estudio es el más importante dentro del campo, debido a la rigurosidad de la metodología empleada y por el análisis de los datos puramente físicos.
"Este estudio merece reconocimiento por abrir puertas dentro de la investigación acerca de lo que sucede cuando morimos", expresó el editor de la revista científica Resuscitation Journal.
En realidad, el estudio comenzó con la idea de entender por qué los sobrevivientes resucitados después de un paro cardíaco muestran déficits cognitivos y estrés postraumático, y esto con el fin de definir qué sucede biológicamente durante la resucitación cardiopulmonar (RCP).
Los pacientes fueron seguidos durante 4 años después de su accidente de paro cardíaco y fueron entrevistados acerca de su estado de conciencia antes y durante la resucitación, haciendo uso de tests específicos.
El estudio concluyó que 40% de las personas que sobreviven a un paro cardíaco están conscientes durante el corto tiempo entre el estado de muerte clínica y la resucitación, lo cual supone que la conciencia no se evapora durante la muerte clínica, dejando claro que "tampoco sabemos si se evapora después", como explica el doctor Parnia.
La conciencia ha sido atribuida al órgano cerebral por la corriente dominante en el pensamiento moderno, por lo tanto pensaríamos que si el cerebro no funciona, entonces, no debe existir conciencia alguna. Inesperadamente el estudio afirma que, aunque el cerebro deja de tener actividad desde los 30 segundos posteriores a la falla cardíaca, el estado de conciencia perdura por más de 3 minutos. Por ende, la conciencia es independiente de la función cerebral.
 A continuación, los datos crudos del estudio:
Se estudiaron 2 mil 60 pacientes con paro cardíaco.
330 sobrevivieron.
De los 330 sobrevivientes, 140 aseguraron estar parcialmente conscientes en el momento mientras eran resucitados.
De estos 140, 39% describió estar consciente pero no tener ningún recuerdo específico.
Durante la muerte cerebral,  uno de cada cinco pacientes sintieron:
              —sensación de paz
              —cambios en la velocidad del paso del tiempo (más rápido o más lento)
              —visión de una luz brillante o la imagen del Sol
              —sentimiento de miedo, de ahogo
              —experiencia extracorporal
              —agudización de los sentidos
2% de los pacientes alegaron sentirse totalmente conscientes durante la resucitación, aportando pruebas fehacientes de una verdadera conciencia visual o una experiencia extracorporal.
El doctor Parnia compartió su idea acerca de la muerte: "es un proceso potencialmente reversible que se da acto seguido de la falla cardíaca, pulmonar y cerebral después de cualquier accidente o enfermedad grave". Aunque esta delicada interpretación de la muerte suena a una dulce canción de ciencia, pasará tiempo antes de que el común mortal logre cambiar su visión terrorífica del más allá. 
Mientras tanto, es innegable que numerosas personas han muerto y regresado a la vida sin perder 1 segundo de conciencia, trayéndose incluso vívidos recuerdos de esos momentos sin latido de corazón:
La negación de cualquier realidad espiritual y la simultánea ignorancia de evidencia acerca de la realidad espiritual humana se denomina cientificismo, no ciencia.

SI TENEMOS UN PC NO DECIMOS QUE EL HADWARE ES NUESTRO SISTEMA OPERATIVO, SABEMOS DISTINGUIR ENTRE EL SOFTWARE Y EL HARDWARE, PORQUÉ NOS CUESTA TANTO ACEPTAR QUE NUESTRO CEREBRO ES EL HARDWARE Y NUESTRA CONCIENCIA EL SOFTWARE.

Elizabeth Kübler-Ross: La connotada científica que confirmó que sí existe el Más Allá

Elizabeth Kübler-Ross: La connotada científica que confirmó que sí existe el Más Allá




Esta médico y psiquiatra suiza recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”
La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas mundiales en el tétrico campo de la muerte, al implementar modernos cuidados paliativos con personas moribundas para que éstas afrontaran el fin de su vida con serenidad y hasta con alegría (en su libro “On death and dying”, de 1969, que versa sobre la muerte y el acto de morir, describe las diferentes fases del enfermo según se aproxima su muerte, esto es, la negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Sin embargo, esta médico, psiquiatra y escritora nacida en Zurich en 1926 también se transformó en una pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte, lo que le permitió concluir algo que espantó a muchos de sus colegas: sí existe vida después de la muerte.
La férrea formación científica de esta doctora, que se graduó en psiquiatría en Estados Unidos, recibiendo posteriormente 23 doctorados honoríficos, se pondría a prueba luego de que a lo largo de su prolongada práctica profesional los enfermos moribundos a los que trataba le relataran una serie de increíbles experiencias paranormales, lo que la motivó a indagar si existía el Más Allá o la vida después de la muerte. Así, se dedicó a estudiar miles de casos, a través del mundo entero, de personas de distinta edad (la más joven tenía dos años, y la mayor, 97 años), raza y religión, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.
“El primer caso que me asombró fue el de una paciente de apellido Schwartz, que estuvo clínicamente muerta mientras se encontraba internada en un hospital. Ella se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico y pronto flotó a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, cómo desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo.
Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada. Nos contó cómo vio llegar al equipo de reanimación y nos explicó con detalle quién llegó primero y quién último. No sólo escuchó claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenía ganas de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que se encontraba bien, pero pronto comprendió que los demás no la oían. La señora Schwartz decidió entonces detener sus esfuerzos y perdió su conciencia. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimación, y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más. Su relato no fue el único. Mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observa, efectivamente, dicha intervención”.
La doctora Kübler-Ross añade que “otro caso bastante dramático fue el de un hombre que perdió a sus suegros, a su mujer y a sus ocho hijos, que murieron carbonizados luego que la furgoneta en la que viajaban chocara con un camión cargado con carburante. Cuando el hombre se enteró del accidente permaneció semanas en estado de shock, no se volvió a presentar al trabajo, no era capaz de hablar con nadie, intentó buscar refugio en el alcohol y las drogas, y terminó tirado en la cuneta, en el sentido literal de la palabra. Su último recuerdo que tenía de esa vida que llevó durante dos años fue que estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camino bastante sucio que bordeaba un bosque. Sólo tenía un pensamiento: no vivir más y reunirse de nuevo con su familia. Entonces, cuando se encontraba tirado en ese camino, fue atropellado por un vehículo que no alcanzó a verlo. En ese preciso momento se encontró él mismo a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente herido que yacía en la carretera. Entonces apareció su familia ante él, radiante de luminosidad y de amor. Una feliz sonrisa sobre cada rostro. Se comunicaron con él sin hablar, sólo por transmisión del pensamiento, y le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba. El hombre no fue capaz de darnos a conocer el tiempo que duró esa comunicación, pero nos dijo que quedó tan violentamente turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que ofrecían sus seres queridos, lo mismo que la aceptación de su actual vida y su amor incondicional, que juró no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir, y de ese modo reparar sus vanas tentativas de suicidio. Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y observó a distancia cómo el chofer estiraba su cuerpo en el interior del vehículo. Llegó la ambulancia y vio cómo lo transportaban a la sala de urgencias de un hospital. Cuando despertó y se recuperó, se juró a sí mismo no morirse mientras no hubiese tenido ocasión de compartir la experiencia de una vida después de la muerte con la mayor cantidad de gente posible”.
La doctora Kübler-Ross añadió “que investigamos casos de pacientes que estuvieron
clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.
La muerte no existe
La doctora Kübler-Ross aseguró que después de investigar estos casos concluyó que la muerte no existía en realidad, pues ésta sería no más que el abandono del cuerpo físico, de la misma manera que la mariposa deja su capullo de seda. ”Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento”.
La doctora agregó que “en varios casos de colisiones frontales, donde algunos de los miembros de la familia morían en el acto y otros eran llevados a diferentes hospitales, me tocó ocuparme particularmente de los niños y sentarme a la cabecera de los que estaban en estado crítico. Yo sabía con certeza que estos moribundos no conocían ni cuántos ni quiénes de la familia ya habían muerto a consecuencia del accidente. En ese momento yo les preguntaba si estaban dispuestos y si eran capaces de compartir conmigo sus experiencias. Uno de esos niños moribundos me dijo una vez: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.
La luz al final del túnel
La doctora Kübler-Ross explicó que después que abandonar el cuerpo físico y de reencontrarse con aquellos seres queridos que partieron y que uno amó, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por factores culturales terrestres, donde aparece un pasaje, un túnel, un pórtico o la
travesía de un puente. Allí, una luz brilla al final. “Y esa luz era más blanca, de una claridad absoluta, a medida que los pacientes se aproximaban a ella. Y ellos se sentían llenos del amor más grande, indescriptible e incondicional que uno se pudiera imaginar. No hay palabras para describirlo. Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento. Conocían exactamente cada pensamiento que tuvieron en cada momento de su vida, conocieron cada acto que hicieron y cada palabra que pronunciaron. En el momento en que contemplaron una vez más toda su vida, interpretaron todas las consecuencias que resultaron de cada uno de sus pensamientos, de sus palabras y de cada uno de sus actos. Muchos se dieron cuenta de que Dios era el amor incondicional. Después de esa «revisión» de sus vidas ya no lo culpaban a Él como responsable de sus destinos. Se dieron cuenta de que ellos mismos eran sus peores enemigos, y se reprocharon el haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Sabían ahora que cuando su casa ardió, que cuando su hijo falleció, cuando su marido fue herido o cuando sufrieron un ataque de apoplejía, todos estos golpes de la suerte representaron posibilidades para enriquecerse, para crecer”.
La especialista, en este punto, hizo una recomendación a todos aquellos que sufren el trance de tener cerca a algún ser querido a punto de morir. “Deben saber que si se acercan al lecho de su padre o madre moribundos, aunque estén ya en coma profundo, ellos oyen todo lo que les dicen, y en ningún caso es tarde para expresar «lo siento», «te amo» o alguna otra cosa que quieran decirles. Nunca es demasiado tarde para pronunciar estas palabras, aunque sea después de la muerte, ya que las personas fallecidas siguen oyendo. Incluso en ese mismo momento se pueden arreglar «asuntos pendientes», aunque éstos se remonten a diez o veinte años atrás. Se pueden liberar de su culpabilidad para poder volver a vivir ellos mismos”.
La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross
La doctora Elizabeth Kübler-Ross, intrigada por todos estos asombrosos relatos, decidió una vez comprobar por sí misma su veracidad. Y, luego de ser inducida a una muerte artificial en un laboratorio médico de Virginia, experimentó dos veces estar fuera de su cuerpo. “Cuando volví a la conciencia tenía la frase «Shanti Nilaya», que por cierto no sabía qué significaba, dándome vueltas en mi cabeza. La noche siguiente la pasé sola, en una pensión aislada en medio del bosque de Blue Ridge Mountains. Allí, luego de sufrir inexplicables dolores físicos, fue gratificada con una experiencia de renacimiento que no podría ser descrita con nuestro lenguaje. Al principio hubo una
oscilación o pulsación muy rápida a nivel del vientre que se extendió por todo mi cuerpo. Esta vibración se extendió a todo lo que yo miraba: el techo, la pared, el suelo, los muebles, la cama, la ventana y hasta el cielo que veía a través de ella. Los árboles también fueron alcanzados por esta vibración y finalmente el planeta Tierra. Efectivamente, tenía la impresión de que la tierra entera vibraba en cada molécula. Después vi algo que se parecía al capullo de una flor de loto que se abría delante de mí para convertirse en una flor maravillosa y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre mis enfermos. Cuando me aproximé a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui atraída por ella suavemente pero cada vez con más intensidad. Fui atraída por el amor inimaginable, incondicional, hasta fundirme completamente en él. En el instante en que me uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me invadió una gran calma y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme caí en el éxtasis más extraordinario que un ser humano haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un estado de amor absoluto y admiraba todo lo que estaba a mi alrededor. Mientras bajaba por una colina estaba en comunión amorosa, con cada hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente. Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino y pasaba «por encima» de ellas, en el propio sentido del término, interpelándolas con el pensamiento: «No puedo pisaros, no puedo haceros daño», y cuando llegué abajo de la colina me di cuenta de que ninguno de mis pasos había tocado el suelo y no dudé de la realidad de esta vivencia. Se trataba sencillamente de una percepción como resultado de la conciencia cósmica. Me fue permitido reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este amor que ahora soy incapaz de formular. Me hicieron falta varios días para volver a encontrarme bien en mi existencia física, y dedicarme a las trivialidades de la vida cotidiana como fregar lavar la ropa o preparar la comida para mi familia. Posteriormente averigué que “Shanti Nilaya» significa el puerto de paz final que nos espera. Ese estar en casa al que volveremos un día después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos, después de haber aprendido a desembarazarnos de todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres equilibrados que han comprendido que el amor verdadero no es posesivo”.
La Dra. Elizabeth Kübler-Ross, luego que en 1995 sufriera una serie de apoplejías que paralizaron el lado derecho de su cara, falleció en Scottdale, Arizona, el 24 de agosto del 2004. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás, y con el coraje que aprendió de sus pacientes más pequeños. Sólo pidió que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada.
En su lecho de muerte, por cierto, sus amigos y seres queridos le preguntaron si le temía a la muerte, a lo que ella replicó: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano. No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.

sábado, 17 de septiembre de 2016

NUEVA VIDA EN LA TIERRA


En una estrella lejana, dos seres mantienen la siguiente conversación:
—Así que has decidido encarnar en la Tierra... ¿Estás seguro de que quieres afrontar ese reto?
—Lo estoy. La decisión está tomada. Y es irrevocable. Lo he pensado bien.
—¿Te han explicado ya todos los desafíos que supone nacer en un cuerpo humano? Muchos se han arrepentido en el mismo momento del nacimiento, cuando todavía conservaban algo de memoria y se enfrentaban por primera vez al dolor...
—Sé que olvidaré mi vida en Arcturus, mis capacidades, mi sabiduría, mi conciencia de unidad... Aunque quizá lo peor de todo sea enfrentarme a la "muerte". Los habitantes de la Tierra, sumidos en esa extraña hipnosis colectiva que los tiene atrapados desde hace siglos, creen que la vida tiene fin y que todo termina con la desaparición del cuerpo físico...

—Así es en ese lugar. Y no lo comprenderás verdaderamente hasta que estés encarnado y lo vivas en primera persona, en el interior de un cuerpo físico que se deteriora, envejece y pierde vigor con el paso de lo que allí llaman "tiempo". Esa experiencia es una de las más duras que se pueden vivir en esta galaxia. Por favor, no te enfrentes a ella si no te sientes lo suficientemente preparado.
—Descuida. Sé que estoy preparado y siento que debo ayudar.
—De acuerdo... Entonces, si ese es tu deseo, empecemos a concretar: ¿has elegido ya a los seres que ejercerán como tus guías espirituales?
—Acabo de reunirme con ellos. En principio serán tres compañeros álmicos de Arcturus, y estarán pendientes de mi evolución desde el mismo momento en que nazca en mi cuerpo terrestre. 
Creo que les está permitido ayudarme directamente en momentos puntuales de la encarnación.
—Efectivamente... Estoy revisando mentalmente el plan de vida que has trazado y creo que te serán de mucha utilidad. Van a estar siempre ahí, así que no te preocupes en exceso. Actuarán en segundo plano, aunque sus intervenciones podrán llegar a ser muy espectaculares si la situación lo requiere. De vez en cuando te darán algún "toque de atención" desde la nave para que te convenzas de que realmente están cerca y no te estás imaginando nada. Vas a vivir circunstancias muy especiales con ellos... Te ayudarán a que despiertes y te alinees con tu misión.
—No puedo creer que vaya a olvidarlos cuando me halle en la Tierra...
—Así debe ser... Pero has de tener confianza. Habéis diseñado un plan que, bajo mi punto de vista, es casi perfecto. ¿Has pasado ya a la sala de hologramas para ver cómo será tu cuerpo físico y el de las almas que interactuarán más estrechamente contigo?
—Sí... También lo he hecho. Y debo decir que no ha sido una experiencia agradable... Los vehículos humanos son extremadamente limitados.
—En la Tierra lo percibirás de otra manera... Ten en cuenta que, una vez que nazcas y tu cuerpo de bebé vaya creciendo, para ti solo existirá ese planeta junto con sus habitantes. No tendrás otros puntos de referencia para comparar. Será como si la eternidad del Universo, con sus incontables planos y dimensiones, se redujese a la constreñida realidad de esa pequeña y aislada esfera azul, de modo que todo te resultará familiar y natural, incluido tu cuerpo, con todas sus limitaciones.
—No deja de resultarme paradójico, pero soy consciente de ello y asumo las reglas. ¿Puedo realizar una última petición antes de encarnar?
—Adelante.
—Es mi intención quedarme a solas y pasear libremente por la nave. Deseo que mi subconsciente conserve esta sensación de paz y plenitud cuando me encuentre en mi cuerpo físico terrestre. Sé que no recordaré prácticamente nada, pero me ayudaría mucho que dicha sensación me acompañase, aunque fuese en momentos aislados, durante mi vida física.
La petición fue inmediatamente concedida por el Guardián del Portal de Encarnación de la Tierra, y el ser arcturiano se retiró a una de las salas de recreo de su nave. Melancólico y pensativo, se aproximó al enorme ventanal que daba al exterior y se dispuso a contemplar su hogar por última vez: las estrellas de Arcturus, la luna multicolor de su planeta, las ciudades etéricas, las naves multidimensionales... Sabía que en la Tierra todo sería muy diferente, y que ese idílico entorno del que ahora disfrutaba acabaría siendo un vago recuerdo en algún lejano rincón de su futura y limitada mente humana.
—Es el momento —sentenció el Guardián, que acababa de abrir el portal que daba paso al plano de tercera dimensión.

El ser arcturiano observó un inmenso círculo luminoso tras el cual se adivinaban unas siluetas humanas con bata blanca que parecían aguardar. Se encaminó hacia él con firmeza y decisión, aunque muy consciente de que, de un momento a otro, perdería completamente la memoria para embarcarse en una aventura apasionante... Momentos después, el llanto incontrolable de un recién nacido irrumpió en la sala de partos de un hospital terrestre.