domingo, 12 de enero de 2020

EVIDENCIAS DE REENCARNACIÓN



Además de que la reencarnación se menciona en algunas religiones, se han registrado casos que hacen suponer que un alma podría haber pasado a un cuerpo nuevo.

Las historias seleccionadas por el portal 'ListVerse' y presentadas a continuación, aunque carezcan de escrutinio científico, muestran signos que podrían generar dudas incluso entre los más escépticos.
Antojos
En algunas partes de Asia, cuando muere una persona, sus familiares le ponen una marca sobre el cuerpo -frecuentemente usando hollín- con la esperanza de que su alma se reencarne en la misma familia. Se dice que la marca se convierte en este caso en una mancha de nacimiento en un bebé que nacerá después.
'The  Journal of Scientific Exploration' menciona varios casos de bebés nacidos con manchas correspondientes a las marcas dejadas sobre los cuerpos de sus familiares muertos, entre ellos está el caso de un bebé birmano, que a los dos años también llamó a su abuela de manera peculiar, igual que su difunto marido.
 
Bebé nacido con balazos
Ian Stevenson, un profesor de Psiquiatría de la Universidad de Virginia, se centró en el estudio de los defectos de nacimiento formados por causas desconocidas.
Uno de esos casos fue el de un bebé turco que, al parecer, llevaba vestigios de la vida de un hombre asesinado con una escopeta de un tiro en la parte derecha de la cabeza. El niño nació con una oreja deformada y la parte derecha facial subdesarrollada, defectos registrados en uno de cada 6.000 y en uno de cada 3.500 bebés respectivamente.
Paciente que 'mató' a su hijo y 'se casó' con él
Brian Weiss, un psiquiatra de Miami, contó en su libro el caso de una paciente llamada Diane, quien al ser sometida a la hipnosis se recordó como una joven colona norteamericana durante el conflicto con los indígenas. Relató que se ocultaba con su bebé de la persecución de los indígenas cuando ahogó a su hijo por accidente al cubrirle la boca para que con sus llantos no los delatara.

Meses después de la hipnosis, Diane, quien trabaja de enfermera, se enamoró de un paciente suyo que sufría ataques de asma y que resultó tener la misma mancha de nacimiento en forma de media luna que su bebé 'de la vida pasada'. El doctor Weiss asegura que conoce a varias personas con asma que tienen recuerdos de ahogamiento 'de la vida anterior'.
Reencarnado y con la misma escritura
Taranjit Singh es un niño indio que desde los dos años de edad decía que su nombre real era Satnam Singh, hijo de Jeet Singh, y que había nacido en otro pueblo a unos 60 kilómetros de su casa.
Relató que era estudiante de noveno curso cuando falleció en un accidente de tráfico, y que llevaba 30 rupias en la cartera y libros que quedaron manchados con su sangre.   
Al oír esta historia tan extraña, su padre Ranjit comprobó que en el pueblo mencionado un adolescente llamado Satnam Singh sí fue atropellado por un motociclista. Ranjit se encontró con dicha familia, que le confirmó los detalles mencionados por Taranjit. El último además identificó correctamente a Satnam en las fotos de la familia Singh.  
El experto forense Vikram Raj Chauhan comparó la escritura del cuarderno de notas de Satnam con la de Taranjit y las encontró semejantes.    
Nacida hablando sueco
El profesor Stevenson estudió a una estadounidense de 37 años de edad, quien al someterse a la regresión parapsicológica pasó a hablar sueco.
La mujer dijo haber sido un ciudadano sueco llamado Jensen Jacoby. Su vocabulario contenía cerca de 100 palabras, pero expertos confirmaron su acento como sueco y el habla como mezclada con noruego.
Entrevistas con los familiares de la mujer excluyeron que hubiera aprendido algún idioma escandinavo.
Memorias de monasterios 
El psiquiatra californiano Adrian Finkelstein narra en su libro 'Your Past Lives And The Healing Process' la historia de un niño llamado Robin Hull, quien hablaba en un idioma desconocido con su madre. Un profesor de idiomas asiáticos lo identificó como un dialecto hablado en la región norteña del Tíbet.
.Wikimedia
Robin, un niño de edad preescolar, contó haber estudiado hacía muchos años en un monasterio donde aprendió este idioma.   
La historia del niño llevó al profesor a viajar al Tíbet, donde encontró el monasterio descrito por Robin en la cordillera de Kunlun.
Quemaduras de un soldado japonés 
Otra investigación de Ian Stevenson incluye a una niña birmana, Ma Win Tar, nacida en 1962 y quien desde la edad de tres años pasó a identificarse con un soldado japonés capturado por birmanos, atado a un árbol y quemado vivo.
La niña tenía defectos congénitos en ambas manos: su dedo medio y anular de la mano derecha estaban entrelazados y libremente unidos al resto de la mano. Le faltaban varios dedos o tenían anillos de constricción. Su muñeca tenía depresiones similares a las dejadas por una cuerda quemada.
Cicatrices de su hermano
Kevin Christenson murió de cáncer a los dos años en 1979. Una fractura de pierna había causado metástasis y la quimioterapia había sido ejecutada a través de la incisión en la parte derecha de su cuello. Un tumor había causado que su ojo izquierdo sobresaliera y un nódulo sobre su oreja derecha.         
Doce años después, la madre de Kevin, quien se había divorciado y vuelto a casar, dio a luz a Patrick, quien desde su nacimiento tenía semejanzas con su hermano difunto. Tenía una señal parecida a una incisión en el lado derecho de su cuello, donde la cánula había entrado en el cuerpo de Kevin.    
.www.listverse.com
Lo que es aún más extraño, tenía un nódulo en el mismo lugar donde lo había tenido Kevin. Igual que su hermano, Patrick tenía un problema con su ojo izquierdo, en el que encontrarían leucoma corneal. Cuando Patrick empezó a andar, lo hacía cojeando, aunque no había razones para ello. 
De tal padre tal nieto
John McConnell fue letalmente baleado seis veces en 1992. Su hija Doreen dio a luz a un hijo, William, al cabo de cinco años. Los médicos diagnosticaron atresia pulmonar, una malformación congénita de la válvula pulmonar que impide que la sangre se bombee hacia los pulmones para que se oxigene.
El estado de William mejoró tras una serie de cirugías y tratamiento. Lo asombroso es que la patología de William reflejaba los daños que había recibido su abuelo, a quien una de las balas le entró por la espada, perforando su pulmón izquierdo y la principal arteria pulmonar de su corazón.
Un día en su afán para faltar a la escuela, William dijo a su madre: "Cuando eras una niña y yo tu padre, te comportabas mal de vez en cuando, pero nunca te golpeaba".

sábado, 11 de enero de 2020

ESPÍRITUS QUE SE CREEN VIVOS



Disertaciones Espíritas Sobre los Espíritus que aún se creen vivos

Ya os hablamos muchas veces de las diversas pruebas y expiaciones; pero, ¿no descubrís nuevas diariamente? Son infinitas, como lo son los vicios de la Humanidad, y os cabe a vosotros establecer su nomenclatura. Pero como nos reclamáis un hecho, voy a intentar instruiros. Todo no son pruebas en la existencia. La vida del Espíritu continúa, como ya se os ha dicho, desde que nace hasta el infinito; para algunos la muerte no pasa de simple accidente, que en nada influye sobre el destino de aquel que muere. Un azulejo que cae, un ataque de apoplejía, una muerte violenta, muchas veces apenas separan al Espíritu de su envoltorio material; pero el envoltorio periespiritual conserva, al menos en parte, las propiedades del cuerpo que acaba de sucumbir. Si yo pudiera, en un día de batalla, abrir los ojos que poseéis, pero de los cuales no podéis hacer uso, veríais muchas luchas continuando, muchos soldados lanzándose al ataque, defendiendo y atacando los reductos, escucharíais sus hurras y gritos de guerra, en medio del silencioso y triste velo que sigue a un día de matanza. Terminado el combate vuelven a sus hogares para abrazar a sus viejos padres y a sus ancianas madres que los esperan. Para algunos ese estado a veces dura mucho, es una continuidad de la vida terrestre, un estado mixto entre la vida corporal y la vida espiritual. ¿Por qué, si fueron simples y honestos, sentirían el frio de la tumba? ¿Por qué pasarían bruscamente de la vida a la muerte, de la claridad del día a la noche? Dios no es injusto y deja a los pobres de espíritu ese placer, esperando que vean su estado por el desarrollo de sus propias facultades, y que puedan pasar tranquilamente de la vida material a la vida real del Espíritu.
Consolaos pues, vosotros, que tenéis padres, madres, hermanos o hijos que se extinguieron sin lucha. Tal vez se les permita aproximar sus labios a vuestras frentes. Enjugad las lágrimas: el llanto es doloroso para vosotros y ellos se admiran viendo que lloráis; os rodean el cuello con sus brazos y os piden sonreír. Sonreíd pues a estos invisibles y orad para que cambien el papel de compañeros por el de guías; para que abran sus alas espirituales que les permitan volar hacia el infinito y traeros sus suaves emanaciones.
Yo no digo, observen bien, que todas las muertes repentinas lleven al Espíritu a caer en ese estado. No, pero no hay uno solo cuya materia no tenga que luchar con el Espíritu que vuelve en sí. Tras el duelo la carne se rasga, el Espíritu se oscurece en el instante de la separación, y en la erraticidad reconoce la verdadera vida.
Voy a contaros, en pocas palabras, sobre aquellos para los cuales este estado es una prueba. ¡Oh! ¡es doloroso! ellos se creen vivos y bien vivos, con un cuerpo capaz de sentir y disfrutar de los placeres de la tierra, y cuando sus manos quieren tocar se desvanecen, y cuando acercan sus labios a un vaso o una fruta esos labios se aniquilan; ven, quieren tocar, pero no pueden sentir ni tocar. El paganismo ofrece una bella imagen de ese suplicio al presentar a Tántalo con sed y con hambre y jamás podía tocar con sus labios la fuente de agua, que susurraba a sus oídos, o la fruta que parecía madura para él. ¡Hay maldiciones y anatemas en los gritos de esos desgraciados! ¿Qué han hecho para soportar este sufrimiento? Preguntad a Dios: es la ley que fue escrita por él. Quien mata por la espada morirá por la espada; quien profanó al prójimo, a su vez será profanado. La gran ley del talión estaba escrita en el libro de Moisés y aún está en el gran libro de la expiación.
Orad pues incesantemente por los que llegan a la hora final; sus ojos se cerrarán, dormirán en el espacio como duermen en la Tierra y, al despertar, encontrarán no un juez severo sino un padre compasivo, que les señalará nuevas obras y nuevos destinos.
San Agustín
(Sociedad de Paris, 21 de julio de 1864 – Médium: Sr. Vézy)
Revista Espírita (Allan Kardec) Noviembre de 1864

LA MADRE Y EL HIJO

La madre y el hijo (Revista Espírita marzo 1863)

La madre y el hijo (Revista Espírita marzo 1863)

La madre y el hijo (Revista Espírita marzo 1863)
Dentro de una cuna reposaba un bello ángel
Todo rosa y blanco, que cantando acunaban;
Su joven madre, de dulce mirar de Arcángel,
¡Ebria de amor sobre ese infante velaba!…
¡Oh! ¡Qué bello es el hijo de mis cariños!…
Duerme, querido hijo, tu madre está cerca de ti…
¡Al despertar tus primeras caricias
Y tus besos, amigo, serán para mí!…
¡Oh! ¡Qué bello es!… Dios mío, tomad mi vida
Si debéis arrebatarme este hijo…
¡Guardádmelo, Señor, os lo ruego!…
Ya su boca ha murmurado: ¡¡¡Mamá!!!…
Esa palabra tan tierna… esa palabra que se espía,
Como a la primavera un rayo de sol…
Esa palabra de amor cuya suave armonía
¡Cuando se escucha nos hace soñar con el cielo!…
¡Oh! De sus brazos cuando me rodean;
Cuando sobre mi seno siento batir su corazón,
Soy feliz, y mi alma ebria
De vuestros electos comparto el bienestar…
Lo es todo para mí… ¡Este hijo, es mi sueño!
Vivir por él… toda en él, es mi destino.
De mi amor la vivificante savia
¡¡¡De esa cuna debe alejar la muerte!!!…
Pronto, Dios mío, sostenido por su madre
¡Lo veré dar sus primeros pasos!…
¡Oh! Día dichoso… qué impaciente espero…
¡Temo siempre que no llegue!
Y además, en mi dulce esperanza,
Lo veo grande, homenajeado, virtuoso,
Habiendo guardado de su tímida infancia
La pureza que debe tornarlo feliz.
¡Oh! ¡Qué bello es!… ¡Dios mío, tomad mi vida
Si la desgracia debe golpear este niño!
A mi amor, dejadlo, os lo ruego,
Ya su boca ha murmurado: ¡¡Mamá!!…
¡Pero está frío… y sus labios han palidecido!
¡Despiértate, querido hijo de mi corazón!
Ven sobre el seno que te dio la vida…
¡¡Está helado… tiemblo y tengo miedo!!
¡Ah! ¡ya está! ¡ha dejado de vivir!
¡Desgracia sobre mí! ¡porque ya no tengo hijo!
Dios sin piedad… de rabia estoy ebria…
¡No sois un Dios justo y poderoso!
¿Qué os ha hecho este ángel de inocencia
Para arrebatarlo tan pronto a mi amor?…
¡Abjuro aquí toda santa creencia!
Y bajo vuestra mirada voy a morir a mi vez…
. . . . . . . . . . .
“¡Madre!… ¡soy yo!… es mi alma desprendida
Que el Eterno devuelve a tu lado.
Maldice, madre mía, una rabia insensata;
¡Vuelve a Dios… te traigo la Fe!
Inclínate ante la decisión del Maestro.
Madre culpable, en un pasado lejano…
Hiciste morir al hijo que diste a nacer:
¡Dios te pune!… ¡doblégate bajo su mano!
Toma, coge este libro; calmará tu pena.
Este libro santo… dictado por los Espíritus,
Si lo lees… oh madre, puedes estar segura
¡¡¡Que un día en el cielo volverás a ver tu hijo!!!”
Tu ángel de la guarda

Artistas apócrifas espiritas



En la época de Josefa Tolrà (Cabrils, 1880-1959), no educaban a las niñas, les inoculaban lo necesario (las destrezas y las chinchetas en la mente) para ocupar durante el resto de su vida las estancias del silencio y del sufrimiento. En casa y en la escuela, enseñaban, por ejemplo, a coser. En el caso de Tolrá, nadie adivinó que, con cada punzada de aguja e hilo, en realidad, estaban transmitiéndole un idioma.
Tampoco ella lo sospechó. El tiempo tuvo que desguazarle la vida varias veces para que se desencadenara la suma de sucesos que, hoy, en 2019, lleva su legado a ser uno de los protagonistas de Alma. Mediums y visionarias, la insólita exposición de Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma (que permanecerá abierta hasta el 2 de junio).
El tiempo desguazó la vida de Tolrà. Primero, con la muerte de su hijo de 14 años tras una enfermedad eterna; y después, durante la Guerra Civil, cuando su otro niño pereció en un campo de concentración. Contó su sobrina María Tolrà en una entrevista que a Josefa le entró miedo, que no quería que la dejasen sola, que no encontraba la forma de salir de casa.
Le aconsejaron visitar a una médium. Hizo caso, acudió, y aquella le recetó que pintara. Un día empezó a trazar líneas, unas sobre otras, parecían una locura, pero tenían una estructura, un sentido. Agarraba un papel cualquiera y un bolígrafo. Solo ahí se sentía bien. No es que olvidara su tragedia, más bien la traducía, se congraciaba con ella. Pintar era crear formas, no importaba el soporte. Entonces se dio cuenta, tomó una aguja y un hilo, y descubrió que tenía dentro un lenguaje dormido.

mujeres espiritistas
Fotografía de Josefa Tolrà mostrando un mantón con bordado fluídico, 1956. © Fotografía: Archivo familiar, cortesía de la Associació Josefa Tolrà, 2019

Se convirtió en creadora y médium espiritista, y ninguna de esas facetas se las atribuyó a sí misma. Cuenta su sobrina que cuando la visitaban gentes frágiles, necesitadas de consuelo, y le daban las gracias, ella respondía: «A mí no, a ellos», y señalaba al cielo, que es donde se ubican los mundos que no nos pertenecen. Tampoco le pertenecía su arte. Un día, cuenta su sobrina, le dijo a su hija que no se le ocurriera nunca cobrar ni cinco céntimos por sus dibujos.
Su caso no es único, y Es Baluard reúne una muestra de creadoras como ella: Madge Gill, Julia Aguilar, Nina Karasek, Clara Schuff, Hélène Reimann, Aloïse Corbaz, Agatha Wojciechowsky, Margarethe Held, Käthe Fischer, Anna Zemánková, Cecilie Marková o Emma Kunz. El proyecto se enmarca dentro de una línea de investigación hoy en vigencia a nivel europeo.
La comisaria es Pilar Bonet, historiadora del arte. Comenzó a explorar en esta veta de artistas olvidadas hace más de diez años. La fascinación por Tolrà la guió hacia otros nombres. «Son todas europeas, nacidas antes del final de la Primera Guerra Mundial, vivieron la guerra y la entreguerra, un periodo de dolor, muertes, cambios territoriales», apunta Bonet.

mujeres espiritistas
Josefa Tolrà, La gran teósofa, 1953. Colección del Museo Nacional del Prado, Madrid. Fotografia: Associació Josefa Tolrà © de la obra, Associació Josefa Tolrà, 2019

Eran las mujeres. Ellas, en la retaguardia del hogar, sufrían con más fuerza la densidad de las pérdidas: «Entonces, consiguen traspasar una línea fronteriza entre el mundo material y espiritual», expresa. Ahí empieza el relato de la exposición. «Las mujeres son las que desean conectar con los hijos que han fallecido, lo necesitan».
Muchas de las protagonistas de la muestra entran, por la puerta del desasosiego, en el espiritismo de finales del siglo XIX y principios del XX. Eso, junto a su sexo, sus raíces humildes y sus enfoques artísticos forjados por instinto –al margen de lo académico–, provocó que no recibieran el reconocimiento que merecían.
«El espiritismo, además, estaba conectado al socialismo utópico y al anarquismo. A ninguno de esos movimientos se les ha concedido un lugar prioritario porque estaban vinculados a clases obreras y a revuletas y revoluciones contra el propio sistema», desliza Bonet. El espiritismo era, según esto, una forma de religiosidad insumisa, alejada de las imposiciones de las instituciones eclesiásticas.

mujeres espiritistas
Madge Gill, Sin título (1954). Colección LAM-Lille Métropole Musée d’art modern, d’art contemporain et d’art brut, Villeneuve d’Ascq. Donación de L’Aracine, 1999. © Fotografía: Alain Lauras

Artistas apócrifas

Quizás este suero del espiritismo y de la conexión con el más allá les dio la legitimidad que necesitaban (ellas, mujeres, golpeadas, la mayoría pobres) para atreverse a dar una solución plástica, material, a las borrascas acumuladas durante su pasado. Sin embargo, no disponían de referencias ni de técnicas.
«No conocían iconografías ni géneros artísticos. Entonces aparecen en sus obras escenarios e imaginarios extraños. Eran médiums, escribían de manera automática o dibujaban lo que visualizaban», detalla Bonet.
No eran representaciones de ciénagas espectrales y aterradoras, más bien, al contrario: «Son dibujos extraños y maravillosos. La potencia de las miradas es enorme. Son personajes etéreos, ingrávidos; escenarios llenos de trazos, círculos, espirales que representan la energía. Crearon cartografías de planetas, arquitecturas planetarias», resume.
Los formatos son pequeños. No pensaban en exponer o vender. Tomaban cualquier papel que hubiera a su alcance y cualquier herramienta. Así es como, de pronto, Josefa Tolrà descubrió que tenía un idioma entre las manos y se puso a coser mundos. Una técnica que servía como herramienta para el confinamiento femenino se convirtió en un arma expresiva.

mujeres espiritistas
Anna Zemánková, Sin título, década de 1970. Colección Karin & Gerhard Dammann. Fotografia: Cortesía Colección Dammann

«Sabían tejer, bordar, hacer ganchillo, y lo utilizaron. En sus telas aparecen animales simbólicos y floraciones extrañas que no eran tradicionales en los bordados».
La checa Anna Zemánková inventaba flores «que no existen en ningún lugar». Por ejemplo: una planta que se disgrega en seis apéndices como ojos, como criaturas del caldo primigenio, criaturas unicelulares enlazándose para construir algo más grande. Ese cuadro ofrece una ironía: mirado de lejos parece, además, una máscara de carnaval. «No pensaban en flores botánicas, sino en la flor alegórica de la vida», analiza la comisaria.
Han pesado décadas de olvido sobre estas mujeres. Pero algunas de ellas lo habrían considerado justo y oportuno. Cuenta Bonet que la suiza Emma Kunz, fallecida en 1963, avisó: «Mis obras son para el siglo XXI».

martes, 7 de enero de 2020

DESPERTAR SUFRIENTE


DESPERTAR SUFRIENTE.
Mientras unos desencarnan con un despertar feliz y glorioso, muy diferente es el encuentro con la cruda realidad para aquellos que, en el transcurso de su vida en la tierra, han llevado una vida a espaldas de toda regla de moralidad, y no han pensado nada más que en sí mismos, sin importarles las necesidades ajenas, o el mal y el daño que podrían infringir con su actitud y comportamiento al resto de la sociedad, permitiéndose además toda clase de licencias.
Para todo espíritu, cuando desencarna, es fundamental la ayuda, el auxilio y la asistencia que se recibe del plano espiritual, necesitamos del alguien que guíe y nos conduzca a nuestro destino, somos como un viajero que llega a un país desconocido, pero estas atenciones quedan supeditadas a los méritos adquiridos. Muchos de nosotros, llegamos al plano espiritual en completa soledad, nadie viene a esperarnos, a buscarnos, el egoísmo es un poderoso generador de soledad.
Podemos tener seres familiares o amigos, que sepan de nuestro retorno, evidente que sí, sin embargo, no pueden ayudarnos, ni siquiera podemos verlos, psíquicamente estamos muy lejos de ellos y la ley recae con todo su peso sobre nosotros. Se hace necesario que el dolor elimine toda esa carga psíquica desequilibrante, que nos separa de los planos de luz, y estemos en otras condiciones para poder recibir la ayuda de manera eficaz.
Desde el mismo momento en que dejamos la materia, comenzamos a recibir la cosecha, aquello que hemos sembrado con nuestras obras en la vida física.
Mientras que las buenas obras, la predisposición hacia el bien, la humildad y la voluntad para seguir las “instrucciones de nuestra conciencia” son el pasaporte hacia los planos de luz y de bienestar, las malas obras, las inclinaciones hacia la maldad y el materialismo, el nulo esfuerzo por adquirir valores superiores y el desempeño puro del egoísmo, son el pasaporte hacia los planos de oscuridad, donde imperan la ley del más fuerte y los ambientes de penumbra y sufrimiento.
El bien y el mal, están ligados al cielo y el infierno, que no son estados físicos o gaseosos, ni tampoco son estados eternos, son estados de conciencia, y la conciencia se puede convertir en un infierno, cuando ésta nos reprocha lo poco que aprovechamos la oportunidad de venir encarnados en una existencia para progresar, para liberarnos en cada una de esas vidas de las cargas acumuladas anteriormente, por falta de voluntad, de esfuerzo y por apartarnos de los consejos y enseñanzas vertidas por aquellos que, estando muy por delante de nosotros vienen a la tierra en misión de ayuda y sacrificio marcándonos el camino a seguir.
Bajamos a la tierra y hacemos caso omiso tanto de la voz de la conciencia, “que todos la tenemos”, como de las reglas y enseñanzas que vamos recibiendo a lo largo de la vida. Hacemos uso de nuestro libre albedrío, y por negar, negamos hasta la existencia de Dios, pensamos que no hemos de rendirle cuentas a nadie, de nuestras obras y acciones, y vivimos la vida sin pensar en el mañana.
Pero el mañana cuando llega, se presenta implacable y nos devuelve todo aquello que sembramos, que son nuestras auténticas pertenencias. Llegamos al mundo espiritual sin credenciales, los títulos, el patrimonio, los bienes acumulados quedan en la esfera a la que pertenecen, y nos llevamos grabado en el alma la única posesión que podemos atesorar, que no es otra cosa que aquello en lo que nos hemos convertido, nuestros sentimientos, pensamientos y acciones, y el resultado de todos ellos.
También nos llevamos, los amigos y los enemigos, los cuales siempre están, los unos para cuando los necesitemos, pero los otros aparecen cuando menos queremos verlos, pero aparecen, antes o después, y sobre todo porque se quieren cobrar las deudas, y devolvernos aquello que consideran que nos corresponde: sufrimiento y venganza.
Por ley de afinidad, nos vemos inmersos en un viaje hacia planos de vida en donde privan los valores iguales a los nuestros: el egoísmo salvaje, la ruindad, la mentira, la hipocresía, el orgullo, el despotismo, el afán por dominar a los más débiles, la burla, el miedo, la desesperación. Son planos de vida sin orden ni control, solamente hay un criterio, el que imponen los más fuertes e inteligentes.
Si hemos padecido alguna enfermedad y sufrimientos, allí siguen manifestándose, porque estos tienen su origen en el periespíritu, seguimos sintiendo prácticamente las mismas sensaciones que en el cuerpo físico, necesidad de alimentación, de descanso, etc.
Así como sentíamos la necesidad de satisfacer los vicios y tendencias que manteníamos, pero desprovistos del organismo, ¿cómo se podrán satisfacer? Todo lo llevamos en la mente, son necesidades y sensaciones que han terminado dominándonos, somos esclavos de las mismas, y el no poder satisfacerlas nos conducen a estados de animalidad y de rebeldía ostensibles.
Nos vemos en un ambiente sumamente hostil, el que hemos creado por nosotros mismos, rodeados de seres semejantes a nosotros, nunca dispuestos a ayudar de manera fraterna y a cambio de nada, todo lo contrario siempre estudiando la manera de salir beneficiados y de abusar de los demás.
Veamos un párrafo de la obra: Nuestro Hogar, de Chico Xavier en el que André Luiz, narra en síntesis como se encontraba tras dejar el cuerpo físico, en una región del mundo espiritual llamada “El Umbral” región esta mas cercana a la tierra, así nos haremos una idea general de cómo se percibe la existencia en estos planos, dice así:
“En verdad, me sentía amargado duende en las rejas obscuras del horror. Con los cabellos erizados, el corazón dando saltos y un miedo terrible enseñoreándose de mí, muchas veces grité como un loco, imploré la piedad y clamé contra el doloroso desánimo que subyugaba mi espíritu; pero cuando el silencio implacable no absorbía mi estentórea voz, lamentos más conmovedores que los míos, respondían a mis clamores. Otras veces, carcajadas siniestras rasgaban la quietud ambiental. Algún compañero desconocido estaría, a mi ver, prisionero de la locura. Formas diabólicas, rostros deformes, expresiones embrutecidas, surgían de cuando en cuando, agravando mi asombro.”
Al igual que en los planos superiores hay multitud de grados, según la evolución adquirida por las entidades que allí residen, en los planos inferiores también los hay, según la maldad y los grados de egoísmo, materialismo y de delincuencia y criminalidad, habiendo zonas que nos horrorizarían al comprender el grado de maldad, depravación, degeneración y perturbación y rebeldía, a los que se puede llegar.
Por lo tanto son múltiples y muy variadas las situaciones y circunstancias que se pueden encontrar, cada uno hallará los frutos que haya sembrado.
Las creencias en este aspecto, también son muy influyentes, pensemos en todos aquellos que han mantenido una vida ligada a un culto o religión, y que piensen que cumpliendo ciertos ritos y formalidades se han ganado el cielo y un estado de beatitud contemplativa, y sin embargo no tienen la credencial de las obras a su favor, tan sólo se han mantenido fieles a los ritos, ¡gran error! Cuando ingresan en el mundo espiritual no encuentran lo que esperaban; Dios y sus servidores no vienen a recibirlos, no encuentran el cielo esperado, se encuentran desnudos, ante sí mismos y ante el fruto de sus obras. En muchos de estos casos, estas personas, pierden toda la fe “que se suponía tenían, se sienten engañados y se vuelven en contra de los principios que sostenían, cuando no caen en la más absoluta rebeldía aliándose a las fuerzas negativas.
Los ateos, incrédulos y materialistas, que han vivido sin escrúpulos y de manera libertina, que creen que con la muerte del cuerpo todo acaba, también sufren bastante, porque como no dejan de existir, creen que no han muerto físicamente, sin embargo, siguen viviendo y no comprenden lo que les pasa, muchos de ellos tardan bastante en adaptarse y en dar su pie a torcer. El orgullo les impide reconocer sus errores y falsas ideas, prefieren sufrir antes que reconocer sus equivocaciones, hasta que el dolor obliga y se les presenta la opción del cambio.
Los malvados de cualquier pelaje, que se dedican al engaño, a la estafa, al abuso, que viven por y para sus vicios y pasiones, generan unas cargas psíquicas muy fuertes a su alrededor, energías que habrán de purgar en el plano astral mediante el dolor, ellos también viven etapas en ese otro plano muy dolorosas, hasta que la Ley de Evolución les impulsa a ir en busca de su regeneración y a ir devolviendo todo el mal que hicieron en su entorno. Deberán restituir a través del bien todo aquello de lo que abusaron, y esto debido a las tendencias tan arraigadas y a sus pasiones lleva muchos siglos y existencias hasta que la persona adquiere los valores necesarios para no reincidir.
Cuando un espíritu entra en una espiral de delincuencia y criminalidad, y está completamente dominado por los defectos morales, puede llegar a extremos impensables, están rebeldes y son opuestos a toda practica del bien, y lo que es peor se hayan enfrentados a Dios, al pensar que ellos han sido creados así, culpan a Dios de sus males y sufrimientos y no quieren admitir que ha sido su libre albedrío y voluntad, la que a lo largo de los siglos los ha ido sumergiendo en esos grados de animalidad y barbarie tan grotesca.
Una vez cruzan el umbral, se organizan en bandas, para sembrar el miedo, el terror y el dolor, creen ser los señores de los planos inferiores y no permiten (al menos eso creen) que los seres de luz visiten estos planos para ir rescatando a aquellos espíritus que, arrepentidos, claman con todas sus fuerzas ser liberados del yugo de estas entidades y que se les de la oportunidad de regeneración y vuelta al camino del progreso. Imaginemos por todo ello durante un instante como ha de ser la vida allí.
Hacen todo lo posible por contrarrestar todo aquello que las entidades superiores nos transmiten, procurando entorpecer todo lo que pueden. Aún no han comprendido que no se pueden oponer a la ley del progreso y que antes o después la Providencia interferirá en su libre albedrío y les impondrá una serie de existencias con destinos muy concretos a fin de que poco a poco vayan eliminando, a través del dolor, las tendencias y defectos que les han conducido a esos estados de degeneración.
El mal no es nada comparado con el bien, es como una manchita en la infinidad del Universo, sólo existe en dichos planos mencionados, y en los mundos de expiación y prueba como el nuestro, pero no es eterno, es temporal y sólo persiste hasta que Dios decide ayudar a estos hermanitos que por si mismos no son capaces de regenerarse.
Son muchas las personas que no preparan convenientemente la partida a la patria espiritual, viviendo solo en el presente, olvidamos lo efímera que es la vida terrestre, y la infinitud de la eternidad, el pensamiento equívoco de que la vida son cuatro días, y de que sólo se vive una vez, nos juega una mala pasada, y sin darnos cuenta la vida efectivamente pasa rápida, y nos despertamos ante un nuevo paisaje, un nuevo escenario, plagado de criaturas y de escenas inimaginables, con un denominador común, oscuridad, soledad, terror, confusión, sufrimientos en definitiva.
El conocimiento es luz, la ignorancia es oscuridad, Aprovechemos las luces que tenemos ahora a nuestro alcance para evitar esos estados de tinieblas y de dolor, ascendamos por la senda del progreso y conquistaremos los reinos de Luz, Paz y Amor.

viernes, 3 de enero de 2020

¿De que están hechos los espíritus?



                                                     




Separada la opinión materialista, como condenada a la vez por la razón y por los hechos, todo se reduce a saber si el alma después de la muerte puede manifestarse a los vivos.

La cuestión, reducida de este modo a la más simple expresión, se encuentra singularmente despejada. Se podría preguntar, desde luego, por qué seres inteligentes que en cierto modo viven en nuestro centro, aunque invisibles por su naturaleza, no podrían atestiguar su presencia de una manera cualquiera. La simple razón dice que para esto no hay nada absolutamente imposible y esto es ya alguna cosa.

Esta creencia tiene, por otra parte, el asentimiento de todos los pueblos, porque se la encuentra por todas partes y en todas las épocas.

Una causa, sobre todo, ha contribuido a fortificar la duda en una época tan positiva como la nuestra, en que se procura darse cuenta de todo, en que se quiere saber el por qué y el cómo de cada cosa, y consiste en la ignorancia de la naturaleza de los Espíritus y de los medios por los cuales pueden manifestarse. Adquirido este conocimiento, el hecho de las manifestaciones nada tiene de sorprendente y entra en el orden de los hechos naturales.

La idea que uno se forma de los Espíritus hace a primera vista incomprensible el fenómeno de las manifestaciones. Estas manifestaciones no pueden tener lugar sino por la acción del Espíritu sobre la materia; por esto los que creen que el Espíritu es la ausencia de toda materia, se preguntan, con alguna apariencia de razón, cómo puede obrar materialmente. Pero ahí está el error, porque el Espíritu no es una abstracción: es un ser definido, limitado y circunscripto.



El Espíritu encarnado en el cuerpo, constituye el alma; cuando lo deja a la muerte, no sale despojado de toda envoltura. Todos los Espíritus nos dicen que conservan la forma humana, y en efecto, cuando se nos aparecen es bajo la que nosotros les conocíamos. Observémosle atentamente en el momento en que acaban de dejar la vida; están en un estado de turbación; todo está confuso a su alrededor; ven su cuerpo sano o mutilado según el género de muerte; por otra parte se ven y se sienten vivir; alguna cosa les dice que este cuerpo le pertenece y no comprenden que estén separados de él. Continúan viéndose bajo su forma primitiva, y esta visión produce en algunos, durante cierto tiempo, una singular ilusión: la de creerse aún vivos.

Disipado este primer momento de turbación, el cuerpo viene a ser para ellos un vestido viejo, del cual se han despojado, y que no lo echan de menos; se sienten más ligeros y como desembarazados de un peso; no experimentan ya dolores físicos, y son muy felices en poder elevarse, recorrer el espacio así como lo hacían diferentes veces, viviendo en sueños. Sin embargo, a pesar de la ausencia del cuerpo, acreditan su personalidad; tienen una forma, pero una forma que no les molesta ni les embaraza; ellos, en fin, tienen la conciencia de su yo y de su individualidad.

¿Qué debemos deducir de todo esto? Que el alma no lo deja todo en la tumba, y que algo se lleva consigo.

Numerosas observaciones y hechos irrecusables de que tendremos que hablar más tarde nos han conducido a esta consecuencia, a saber que en el hombre hay tres cosas:

1) el alma o Espíritu, principio inteligente en quien reside el sentido moral
2) el cuerpo material, envoltura grosera, de la que está temporalmente revestido para el cumplimiento de ciertas miras providenciales.
3) el periespíritu, envoltura fluídica semimaterial, sirviendo de lazo entre el alma y el cuerpo.


La muerte es la destrucción o, mejor, la desagregación de la envoltura grosera, de aquella que el alma abandona; la otra se separa y sigue al alma, que se encuentra de esta manera tener siempre una envoltura; esta última, bien que fluídica, etérea, vaporosa, invisible para nosotros en su estado normal, no por eso deja de ser materia, aunque hasta ahora no hayamos podido cogerla y someterla al análisis.

Esta segunda envoltura del alma o periespíritu existe pues, durante la vida corporal; es el intermediario de todas las sensaciones que percibe el Espíritu, aquel por el cual el Espíritu transmite su voluntad al exterior y obra sobre los órganos. Para servirnos de una comparación material, es de hilo eléctrico conductor que sirve a la recepción y a la transmisión del pensamiento; es, en fin, ese agente misterioso, inaccesible, designado con el nombre de fluido nervioso, que tan gran papel juega en la economía, y del que no se tiene bastante cuenta en los fenómenos fisiológicos y patológicos. No considerando la medicina sino el elemento material ponderable, se priva en la apreciación de los hechos de una causa incesante de acción. Pero no es este el lugar de examinar esta cuestión tan solo haremos observar que el conocimiento del periespíritu es la llave de una porción de problemas hasta ahora inexplicables.

El periespíritu no es una de esas hipótesis a las cuales se han recurrido algunas veces en la ciencia para la explicación de un hecho; su existencia revelada por los Espíritus, es también resultado de observaciones. Durante su unión con el cuerpo, o aun después de su separación, el alma no está nunca separada de su periespíritu.

Se ha dicho que el Espíritu es una llama, una chispa: ésta debe entenderse del Espíritu propiamente dicho, como principio intelectual y moral, y al cual no se podría atribuir una forma determinada; pero en cualquier grado que se encuentre, está siempre revestido de una envoltura o periespíritu cuya naturaleza se va haciendo más etérea a medida que se purifica y se eleva en la jerarquía; de tal suerte, que para nosotros la idea de forma es inseparable de la de espíritu, y que no concebimos la una sin la otra. El periespíritu forma, pues, parte integrante de hombre; pero el periespíritu solo no es el Espíritu como el cuerpo solo no es el hombre, porque el periespíritu no piensa; es al Espíritu lo que el cuerpo es al hombre; esto es, el agente o instrumento de su acción.


La forma del periespíritu es la forma humana y cuando nos aparece es generalmente aquella bajo la cual hemos conocido al Espíritu en su vida. Se podría creer, según esto, que el periespíritu, separado de todas las partes del cuerpo, se amolda de algún modo sobre él y conserva su tipo, pero no parece que sea así. La forma humana, con algunas diferencias de detalle y salvo las modificaciones orgánicas necesarias para el centro en el cual el ser está llamado a vivir, se encuentra en los habitantes de todos los globos; al menos ésto es lo que dicen los Espíritus; es igualmente la forma de todos los Espíritus no encarnados y que no tienen más que el periespíritu; es aquella bajo la que en todo tiempo se han representado los ángeles o Espíritus puros; de donde debemos deducir que la forma humana es la forma tipo de todos los seres humanos a cualquier grado que pertenezcan.

Pero la materia sutil del periespíritu no tiene la tenacidad ni la rigidez de la materia compacta del cuerpo; es, si podemos expresarnos así, flexible y expansible por esto la forma que toma, aunque calcada sobre la del cuerpo, no es absoluta; se pliega a voluntad del Espíritu, quien puede darle tal o cual apariencia a su gusto, mientras que la envoltura sólida le ofrece una resistencia insuperable. Desembarazado de esa traba que le comprimía el periespíritu se extiende o se estrecha, se transforma, en una palabra, se presta a todas las metamorfosis, según la voluntad que obra sobre él. A consecuencia de esta propiedad de su envoltura fluídica, es como el Espíritu que quiere hacerse reconocer, puede, cuando esto es necesario, tomar la exacta apariencia que tenía en vida, hasta la de los accidentes corporales que pueden ser signos de reconocimiento.

Los Espíritus, como se ve, son, pues, seres semejantes a nosotros, formando a nuestro alrededor toda una población invisible en el estado normal; decimos en el estado normal porque, como lo veremos, esta invisibilidad no es absoluta.

Hemos dicho que, aunque fluídica, no deja de ser una especie de materia, y esto resulta del hecho de las apariciones tangibles. Se ha visto, bajo la influencia de ciertos médiums, aparecer manos teniendo todas las propiedades de manos vivientes que tienen calor, que se pueden tocar, que ofrecen la resistencia de un cuerpo sólido que os agarran, y que de repente se desvanecen como una sombra. La acción inteligente de estas manos, que obedecen evidentemente a una voluntad, ejecutando ciertos movimientos, aun tocando aires sobre un instrumento prueba que son la parte visible de un ser inteligente invisible. Su tangibilidad, su temperatura, en una palabra, la impresión que hacen sobre los sentidos, puesto que se ha visto que han dejado señales sobre la piel, dar golpes dolorosos o acariciar delicadamente prueban que son de alguna materia. Su desaparición instantánea prueba también que esta materia es eminentemente sutil y se modifica como ciertas sustancias que pueden alternativamente pasar del estado sólido al estado fluídico y recíprocamente.

La naturaleza íntima del Espíritu propiamente dicho, esto es, del ser pensador, nos es enteramente desconocida; solo se nos revela por sus actos, y sus actos no pueden afectar a nuestros sentidos materiales sino a través de un intermediario material. El Espíritu tiene, pues, necesidad de materia para obrar sobre la materia. Tiene por instrumento directo su periespíritu, como el hombre tiene su cuerpo, pues su periespíritu es materia, como acabamos de verlo. Tiene en seguida por agente intermediario el fluido universal, especie de vehículo sobre el cual obra, como nosotros obramos sobre el aire para producir ciertos efectos con ayuda de la dilatación, de la comprensión, de la propulsión o de las vibraciones.

Considerada de esta manera la acción del espíritu sobre la materia, se concibe fácilmente; se comprende desde luego que todos los efectos que de esto resultan entran en el orden de los hechos naturales, y no tienen nada de maravilloso. Sólo han parecido sobrenaturales, porque no se conocía la causa; conocida ésta lo maravilloso desaparece y esta causa está toda entera en las propiedades semimateriales del periespíritu. Este es un nuevo orden de hecho que una nueva ley viene a explicar, y de la cual nadie se maravillará dentro algún tiempo, lo mismo que sucede hoy día con la correspondencia a larga distancia en algunos minutos por la electricidad.

Quizá nos preguntarán cómo el Espíritu, con la ayuda de una materia tan sutil, puede obrar sobre cuerpos pesados y compactos, levantar mesas, etcétera. Seguramente no sería un hombre de ciencia quien pudiera hacer semejante objeción; porque sin hablar de las propiedades desconocidas que puede tener este nuevo agente, ¿no tenemos nosotros bajo nuestros ojos ejemplos análogos? ¿Acaso la industria no encuentra sus más poderosos motores en los gases más rarificados y en los fluidos imponderables? Cuando se ve que el aire derriba los edificios, que el vapor arrastra masas enormes, que la pólvora gasificada levanta rocas, que la electricidad rompe árboles y agujeréa murallas, ¿es extraño admitir que el Espíritu, con ayuda de su periespíritu, pueda levantar una mesa, sobre todo, cuando se sabe que este periespíritu puede venir a ser visible, tangible y obrar como un cuerpo sólido.

sábado, 28 de septiembre de 2019

                                Células madre, Ciencia y Espiritismo





¿Cuándo empieza la vida?
El ítem 344 de “El libro de los Espíritus” pregunta:
¿En qué momento se une el alma al cuerpo?
La unión comienza en la concepción, pero no es completa hasta el momento del nacimiento. Desde el instante de la concepción, el Espíritu designado para  habitar tal cuerpo, se une a él por un lazo fluídico, que se va estrechando poco a poco, hasta que el niño nace. El grito que lanza entonces anuncia que pertenece al número de los vivientes y servidores de Dios.

El ítem 353 de “El libro de los Espíritus” trata de lo siguiente:
No estando completa y definitivamente consumada la unión del Espíritu y del cuerpo sino después del nacimiento, ¿puede considerarse al feto como dotado de alma?
El Espíritu que debe animarlo existe en cierto modo fuera de él y propiamente hablando, no tiene, pues, un alma, puesto que la encarnación está sólo en vías de operarse; pero está ligado al alma que lo debe poseer.

André Luiz nos explica, por la orientación de Alexandre en “Misioneros de Luz”, que la encarnación sólo se completa al cabo de los siete años de edad, aunque empieza en la concepción, o sea, en el momento de la fecundación del óvulo materno por el espermatozoide paterno; en ese momento se inicia el “continuum”, con la creación del cuerpo físico orquestado por el espíritu descrito por Allan Kardec; o como dijo el Dr. Hernani Gimaraes Andrade, por el Modelo Organizador Biológico (MOB); o también según el biólogo inglés Dr. Ruper Sheldrake, por su campo de resonancia mórfica.

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  • Debemos respetar la vida humana bajo cualquier circunstancia y condición;
  • Todos los seres humanos deben tener los mismos derechos;
  • La vida humana comienza en el momento de la fecundación.
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En 1827 Karl Ernst van Baer demostró, 150 años después del descubrimiento del espermatozoide, que el inicio de la vida se da en el momento de la fecundación, tanto que en 1869, el Papa Pio IX propuso que sería un deber de la Iglesia, defender el embrión humano desde el momento de la concepción. Actualmente la ciencia no ha hecho más que reforzar este concepto pasando a ser una verdad científica, puesto que no puede ser negado ni contradicho, sino confirmado hasta el momento. En 2002 la Dra. Magdalena Zernica-Goetz demostró que la primera división del cigoto no ocurre por casualidad, sino que ésta define nuestro destino y todas las características que vamos a desarrollar, reforzando aun más el concepto de periespíritu, MOB o bien Campo Biomórfico.

Siendo así, no podríamos tener otra actitud que la de respetar al individuo como un ser encarnado desde la fecundación y generación de la célula original (el cigoto), evitando otras interpretaciones que podrían abrir el tema sobre el momento en que somos o no un ser encarnado, lo que ha conducido a muchos compañeros de doctrina a discutir equivocadamente sobre los derechos del embrión.

Sabemos también, por la propia descripción de rencarnación de Segismundo, relatada en el libro “Misioneros de Luz”, psicografiado por Chico Xavier, que la unión fluídica entre la madre y el ser reencarnante, se produce incluso antes de la fecundación y que el proceso de unión al cigoto completa la instalación de la interfaz “físico-etérica”, dando comienzo la rencarnación.

Si en un laboratorio unimos un óvulo y un espermatozoide, con las técnicas disponibles, conseguiremos el desarrollo de un embrión, pero no tendremos la certeza de que sea viable hasta el momento de implantarlo en el útero.

Creemos que esta dificultad se produce, entre otros motivos, por la ausencia de un espíritu reencarnante unido a estos embriones, con la consecuente ausencia de un MOB, o que vuelve inviable la diferenciación celular y la organización espacial del nuevo cuerpo en desarrollo, interrumpiendo el proceso biológico.

La “maquinaria” celular, el alto grado de fluido vital de las células embrionarias y el automatismo celular consecuente a estos dos factores, pueden garantizar el desarrollo inicial de este embrión, antes que sea necesario el inicio de la diferenciación celular, incluso con la ausencia de un espíritu reencarnante.

De este modo es teóricamente viable aceptar que muchos de los embriones concebidos “in vitro” no están dotados de espíritus reencarnantes, sin embargo, este razonamiento no puede asegurar que en este tipo de fecundación no ocurra la unión con el espíritu, o que únicamente sucedería en el momento del implante en el útero, cosa que desconocemos que sea posible o no que pueda suceder.

En el programa “Pinga Fogo” [Nota del traductor: “Está que quema”, programa de entrevistas basados en temas populares polémicos] con Chico Xavier, el mayor médium de todos los tiempos, recuperado por “Vídeo Espírita”, y preguntado sobre la fertilización “in vitro” de los llamados “bebés probeta” que surgieron en aquella época, deja bien claro que la encarnación en laboratorio, ocurre en el momento de la fertilización y se aprecia que el proceso sucede más fácilmente, al no existir la interferencia del periespíritu materno.

Clasificar todos los embriones concebidos “in vitro” como un grupo de células desprovistas de espíritu no es tan sólo una suposición, sino también algo bastante improbable y arbitrario. Puesto que cerca del 25% de estos embriones se desarrollarán con normalidad al ser implantados en un útero, podemos suponer que el porcentaje de embriones encarnados es semejante, o sea que un cuarto de los embriones posee espíritus unidos por fuertes lazos fluídicos.


Como hemos visto, todavía no podemos saber o afirmar cuándo un determinado embrión contiene un espíritu reencarnante o no, sin embargo, creo que no falta mucho para contar con los recursos para conseguirlo. Siendo gracias a la verificación de la reprogramación epigénica, que fue explicada en el trabajo del Dr. Kevin Eggan y que puede significar la unión de un nuevo espíritu; o bien por la identificación de los campos biomagnéticos utilizándose futuros aparatos con esta capacidad, como por ejemplo, el Tensionador Espacial Magnético (TEM) que fue ideado por el Dr. Hernani Gimarães Andrade, o bien gracias a otros que aparecerán en el futuro a partir del conocimiento científico de estos campos biomórficos. Hasta entonces, sin poder probar si existe o no un ser reencarnante unido a aquel embrión, debemos tratarlos todos del mismo modo, o sea, en caso de duda se debe estar siempre a favor de la vida.

Ante este hecho, ante la imposibilidad de afirmar, basándose en los conocimientos doctrinarios, si existe o no un espíritu en determinado embrión y por no ser éste, en general, el parámetro usado por la sociedad para tomar las decisiones éticas, creo que nos queda consultar a la ciencia y a sus conceptos clásicos para cada caso en cuestión. Debemos buscar en la embriología la respuesta a nuestra pregunta ¿es el embrión un ser vivo?

Antes de continuar con esta argumentación, debe quedar claro que desde el punto de vista de la biología y de la legalidad hasta nuestros tiempos, no existe ninguna diferencia entre el embrión “in vivo” e “in vitro”, por tanto, lo que consideramos sobre uno debemos considerarlo sobre el otro.

Buscando en los libros de embriología encontramos, en el primer capítulo de “Embriología clínica” de Keith L Moore, la definición de cigoto como “una célula resultante de la fertilización de un ovocito por un espermatozoide y es el inicio de un ser humano”.
Ante esta afirmación compartida por la gran mayoría de embriólogos desde 1827 con Karl Ernst van Baer, desde el momento de la fecundación ya existe un ser humano vivo que, consecuentemente, debe ser respetado y preservado como tal, sin dar cabida a ninguna “fisura” en este concepto, igual que se ha hecho en pro de otros intereses, que no los de la ética y la dignidad humana.


El uso de embriones

Dicho esto, ponemos sobre la mesa el debate sobre un poderoso argumento, reflotado a la superficie por utilitaristas y materialistas, quienes defienden el sacrificio de los embriones en nombre de las vidas que serán rescatadas con el avance de la prometedora terapia con células madre (CM).
Debemos considerar un primer punto antes de adentrarnos en los hechos relacionados con las investigaciones actuales en este campo, punto éste que nos remite a otra cuestión ética:

¿Existen unas vidas que valen más que otras? ¿Es lícito eliminar una vida para salvar o ayudar a otras?

Los utilitaristas pueden pensar que sí, que un embrión que no se parece a un ser humano, sino que es más parecido a una ameba o ente similar, podría ser destruido sin problemas, para que pudiéramos ver a parapléjicos caminando, o a víctimas de accidentes cardiovasculares rehabilitados, o pacientes borrándose de las listas de espera por un trasplante; en un poderoso alegato que conmueve y convence, pues “únicamente los religiosos más radicales podrían estar en contra del avance de la ciencia que traería tantos beneficios a la humanidad, simplemente por imponer sus dogmas irracionales”. ¿Acaso todo se resume a eso?

Invito a analizar esta polémica bajo otra perspectiva: si determinada persona fuera más valiosa que otra, entonces sería lícito sacrificar a prisioneros y asesinos para que donasen sus órganos, beneficiando aproximadamente a seis personas cada uno, además de disminuir los gastos del Estado con el sistema penitenciario. El argumento utilitarista justifica también los avances realizados en neurología por el Dr. Mengele, quien utilizaba las personas que iban a “morir de todos modos” para realizar sus experimentos en seres humanos. No olvidemos que los nazis creían que los judíos tenían menos valor que los arios.


Es posible que el lector encuentre mis valoraciones muy dramáticas, pero es extremadamente importante, en favor de la coherencia y la verdad, que podamos establecer los conceptos básicos sobre cuándo empieza la vida, sobre su valor y a partir de ahí ser siempre coherentes con estos conceptos, inflexibles en cuanto a las bases regidas por ellos, evitando argumentos superficiales y oportunistas sobre la cuestión, para crear la permisividad que están buscando muchos.

Según comenta el Profesor Alberto Oliva: “La creciente transformación del conocimiento científico alerta sobre el riesgo de las biotecnologías, las cuales están para tratar al hombre no como un fin en sí mismo, sino como un medio”. El utilitarismo nos retrotrae al dicho romano: “Tu muerte es mi vida”.

Estamos frente a una cuestión de principios fundamentales, o sea:



Únicamente estos preceptos primordiales, establecidos ya desde hace mucho tiempo, pueden orientar nuestras decisiones sobre las cuestiones bioéticas, sino, perderemos todos los límites que deben orientar la buena ciencia, pues ésta debe estar al servicio del hombre y no al revés.

Para concluir este primer punto argumental, me gustaría citar la pregunta 359 de “El libro de los Espíritus”:
En caso de que corriese peligro la vida de la madre a consecuencia del nacimiento del niño, ¿es un crimen sacrificar al niño para salvar a la madre?
Es preferible sacrificar al ser que no existe y no al que existe.

Si los espíritus respondieran que el niño no existe como ser vivo, o bien que su espíritu no está unido al embrión o al cuerpo del feto, estarían contradiciendo sus propias instrucciones en las respuestas a las preguntas 344, 345, 353, 356 y 358 del mismo libro; por tanto debemos entender que esta respuesta es idéntica a la postura de la propia ética médica cuando postula que, la única situación en que es lícito el aborto, es cuando se tiene que escoger entre la vida de la madre o la del niño; pero nunca podríamos hacer extensible este concepto a los embriones, congelados o no, los cuales no están provocando ningún tipo de riesgo a nadie y por tanto, no es necesario que sean sacrificados.


Las investigaciones con células madre

Las células madre son células no diferenciadas, o sea, células con potencial para transformarse en cualquier otro tipo de tejido especializado del organismo, como, por ejemplo, una célula del músculo cardíaco, una neurona, una célula hepática, etc.
Podemos obtener este tipo de células de los embriones, las células madre embrionarias (CME), o de nuestro propio organismo, las células madre adultas (CMA) presentes en todos nuestros tejidos, principalmente en la médula ósea.

Cuando el Dr. James Thomson, de la universidad de Wisconsin, aisló por primera vez una CME en 1998, se pensaba que las CMA no tendrían la misma versatilidad que las CME y que su vitalidad sería inferior, por ello, teóricamente las CME fueron designadas como la mejor opción para el desarrollo de técnicas terapéuticas; mientras tanto se ha ido avanzando mucho en la investigación con las CMA comprobándose que éstas tienen una gran versatilidad, pues ya se pueden producir células incluso con la misma versatilidad que las embrionarias a partir de las CMA, también llamadas Células Pluripotenciales Inducidas (CPI o IPC en inglés) resultando más dóciles que las CME al prestarse fácilmente a cultivos y manipulaciones en laboratorio, lo cual es extremadamente importante para el desarrollo de cualquier técnica terapéutica; además pueden ser obtenidas del propio paciente, evitando todos los problemas generados por el rechazo de los implantes celulares.

Las CPI se están revelando como la gran sorpresa en el entorno médico. El primer trabajo con las CPI fue realizado en ratones por el investigador alemán, el Dr. Rudolf Jaenisch, del prestigioso Instituto Whitehead de Estados Unidos y el investigador del mismo grupo del Dr. Kevin Eggan, citado anteriormente. Este estudio pionero fue publicado en la revista Cell en mayo de 2005, en que la supresión de determinados transcriptores genéticos produjo estas células pluripotenciales a partir de células adultas.

En la universidad de Kyoto, el Dr. Shinya Yamanaka y el Dr. Kazutoshi Takahashi, experimentando con cuatro factores de transcripción (Oct4, c-Myc, Klf4 y Sox2), consiguieron esta conversión en células de ratón y lo publicaron en la revista Cell en agosto de 2006.

En noviembre de 2007, tanto las revistas Cell como Science publicaron simultáneamente los trabajos del equipo de Kyoto y del equipo del Dr. James Thomson de la Universidad de Wisconsin en Madson en EUA, anunciando el éxito en la transformación de fibroblastos humanos obtenidos de la piel, en CPI que posteriormente fueron transformadas en neuronas por inducción química.

Más recientemente, en un experimento liderado por el austríaco Marius Werning, realizado en EUA en 2008, sanó ratones con la enfermedad de Parkinson, usando neuronas producidas a partir de fibroblastos humanos por la técnica de la supresión genética.
A pesar de estos importantes avances, esta tecnología aún tiene que superar serios problemas de seguridad, pues depende de la acción de un retrovirus (pariente del virus del SIDA) para introducir los genes supresores que reprogramarán las células adultas para transformarlas en CPI y dos de los cuatro genes supresores utilizados son oncogenes, o sea, genes cancerígenos que podrían producir tumores. Las investigaciones siguen su curso con grandes avances.

Las CPI apenas son un ejemplo de la versatilidad de las CMA. Sobre este tema, la Dra. Alice Teixeira Ferreira de la UNIFESO/EPM, nos enseña:
“La verdad es que se asume esto (que las CME son más versátiles que las CMA) basado en el desarrollo embrionario, aunque este hecho no fue demostrado hasta hoy por una cuestión de metodología: no existe una tecnología que permita distinguir todos los tipos de células del organismo humano. Trabajo con cultivos de células desde hace 20 años y trato con estos problemas reiteradamente”.

Hasta el momento, todos los resultados positivos conseguidos con células madre, fueron obtenidos con las CMA o con las CPI. Uno de los motivos más obvios de tales resultados es que las células son obtenidas del propio paciente, de este modo y en la mayoría de los casos, no son rechazadas por el organismo. Las investigaciones con células embrionarias, a pesar de tener, en teoría, mayor potencial de diferenciación, no han aportado buenos resultados en los estudios ya realizados. La revista Lancet del 10 de julio muestra un artículo de Allegrucci y col, donde afirman que las células madre de embriones congelados, están muy lejos de ser la más perfecta fuente de CM para terapia, a parte de que fueron observados casos de teratomas, un tipo de cáncer extremadamente invasivo y grave.

En realidad, las células embrionarias son parecidas a las células cancerígenas pues se multiplican rápidamente y cuando se diferencian mueren en seguida y no se renuevan. Estas células no consiguen fijarse a los nichos de células madre adultas presentes en el organismo, los cuerpos embrionarios injertados son rechazados inmunológicamente y si son injertados en animales inmunosuprimidos, acaban generando cáncer de carácter embrionario.

Un grupo coreano comandado por el Dr. Woo Hwang, publicó en la importante revista Science, en mayo de 2005, un trabajo que anunciaba el tan esperado “éxito” con el cultivo de CME. Se trataba de un cultivo celular que, así como el propio autor admitía, fue conseguido de casualidad, o sea, que no se sabía ni cómo ni por qué había sucedido. Es necesario saber que los cultivos del Dr. Hwang se habrían obtenido a través de la clonación humana, para rápidamente, usar estos embriones como donantes de células, siendo éste un aspecto ético a tomar en consideración. En diciembre de 2005 la propia Science, anunció que el trabajo era un fraude y que ni siquiera se consiguieron los resultados publicados.

Hay consenso entre los investigadores del área, en que el uso de embriones congelados, debido a un proceso llamado metilación del ADN al cual son sometidos, dificulta aún más cualquier tipo de tentativa de generar cultivos, siendo un paso fundamental para el inicio de los futuros trabajos sobre el uso terapéutico de estas células. Para tener una idea, en el auto-trasplante de CMA obtenidas de la médula ósea, se utiliza en torno a un billón de CM por mililitro, inyectándose 40 mililitros de un concentrado de estas células en la región afectada a través de un catéter introducido en la arteria femoral, como en los casos de infarto de miocardio o de mal de Chagas (trabajos publicados por el Dr. Dohmman del Hospital Pro-Cardíaco, en Rio de Janeiro y del Dr. Ricardo Ribeiro dos Santos, en Bahía). Podemos concluir pues que el número de CME obtenidas por los coreanos, aun siendo cierto, resultaría irrisorio e inútil para las necesidades terapéuticas necesarias.


En una entrevista en la revista Médico Reporter del 13 de octubre de 2004, la profesora Alice Teixeira Ferreira ya alertaba sobre las dificultades que han sido descritas sobre las investigaciones con CME: “[…] el grupo del Dr. Murdoch de la Universidad de Newcastle en Reino Unido, que es uno de los 5 equipos de investigación que han recibido la autorización para la investigación de las CME, en su trabajo publicado en la revista Reproduction, en septiembre de 2004: 128(3),259-67) afirman:

- los cultivos continuados de CME en un estado indiferenciado necesitan la presencia de una capa de células de ratones y de hormonas del crecimiento liberados por las mismas, existiendo el riesgo de transferencia de patógenos (virus o bacterias causantes de enfermedades). En caso contrario éstas empiezan a diferenciarse descontroladamente, generando una mezcla de diferentes tejidos, perdiendo su tan promulgada característica de pluripotencialidad
- las CME presentan una alta inestabilidad genómica y durante el crecimiento a largo plazo presentan modificaciones funcionales inesperadas
- cuando las CME son inyectadas en las extremidades posteriores de ratones inmunosuprimidos generan tumores embrionarios (teratomas) en el 50% de los animales.

La Dra. Alice continúa: “Estos descubrimientos muestran que estos investigadores no entienden nada de Biología Celular, pues nosotros, que llevamos investigando en esta área desde hace 15 años con cultivos de células, hemos sufrido todos estos problemas con las llamadas células de linaje, obtenidas de tumores o no diferenciadas y eternalizadas”.

La cuestión que se formula en este momento es: ¿por qué dividir la atención y los recursos entre dos tipos de terapia, o sea, con CMA y CME, si apenas el primero ha aportado resultados alentadores, además de no violar ningún precepto ético?

La doctora Líliam Piñero Eça, investigadora de la UNIFESP afirma: “El futuro de la ciencia está en las células madre adultas desde 2001 y en el estudio de los factores epigenéticos, pues las células embrionarias, por el momento, causan cáncer y rechazo”.

Cientos de científicos investigadores de las CME, se reunieron en Washington DC en junio de 2005, declarando en aquel evento el poco éxito de sus investigaciones y reconociendo que se habían gastado millones de dólares intentando desarrollar sus experimentos sin éxito. El Dr. James Thomson, pionero en el aislamiento de células madre embrionarias, admitía que sus méritos fueron exagerados y que no había indicios de una posibilidad terapéutica con dichas células.


En la práctica

Asistimos a la votación de la ley de bioseguridad en Brasil envuelta en una “presión social” que, en mi opinión, fue creada sistemáticamente por una exposición asimétrica del tema por los medios de comunicación mal informados. Creo que la opinión pública no fue debidamente informada sobre esta cuestión; se puede ver en televisión a portadores de deficiencias físicas llorando, emocionados, por la aprobación de la ley, lo que muestra hasta qué punto estaban ilusionados, porque las posibilidades teóricas se presentaron como certezas, algunos investigadores llegaron a determinar plazos de entre 2 a 5 años para la obtención de resultados prácticos, pero puesto que no se sabe si estos objetivos podrán ser alcanzados, cuanto más establecer un tiempo para que esto ocurra.

La ciencia no puede prever resultados, pues ésta trata precisamente de explorar lo desconocido. Hipótesis consideradas válidas durante muchos años, se han demostrado falsas. Trabajar para el desarrollo de la ciencia es una obligación de todos, estudiar todas las posibilidades de progreso dentro de unos límites éticos también, pero no se pueden garantizar resultados, principalmente cuando estas promesas crean falsas expectativas en personas tan sufridas, manipulando sus esperanzas.

Se creó una peligrosa ilusión sobre este tema y consecuentemente se extendió una opinión equivocada. El argumento de salvar vidas con pedazos de células que irían “a la basura” es inmoral, minimizando y deshumanizando el embrión; incluso los embriones congelados de más de 3 años de antigüedad serían inviables, dato evidentemente falso; frente a casos profusamente publicados en los medios, de embriones con ocho e incluso trece años en congelación que, al ser implantados en los úteros de sus madres, acabaron siendo normales y sanos.

Lo más preocupante en relación a este tema es que se ha abierto un gran precedente, pues ahora el embrión que no es respetado y es desclasificado como ser humano, posibilitará tomar como lícito también el aborto, para más inri los grupos pro-aborto han intensificado mucho sus campañas, iniciando una cruzada para la legalización del aborto de los anencéfalos. El Ministerio de Salud de Brasil llegó a establecer normas para facilitar el aborto a víctimas de violaciones, sin exigir ningún tipo de prueba de los hechos, intentando eximir al médico de cualquier responsabilidad legal, abriendo una brecha para la institucionalización del aborto generalizado.

Puesto que el embrión congelado no está vivo, ¿por qué el embrión uterino sí lo está? 
El saber popular sobre lo que es un cigoto, un embrión o un feto es muy pobre, facilitando las campañas a favor del aborto.


Actualmente algunos médicos defienden la interrupción del embarazo en fetos portadores de cualquier anomalía, incluso con síndrome de Down. ¿Dónde vamos a parar? ¿Cuál es el límite ético que se impondrá?

Lo que se cuestiona ahora no es el beneficio para la ciencia, sino el beneficio para la humanidad, que puede no ser la misma cosa, pues en términos científicos, toda y cualquier posibilidad de estudio o investigación siempre es beneficiosa, pues aporta conocimiento, aunque este conocimiento sea la constatación de que no es posible conseguir las metas inicialmente trazadas por esta línea de investigación; mientras debemos tomar en consideración las cuestiones éticas, puesto que los fines no justifican los medios.

Deberíamos estar discutiendo la reglamentación sobre la producción de embriones con fines reproductivos como se ha hecho ya en Italia e Inglaterra; y el hecho de no usarlos, o de que estos serán descartados de cualquier modo, no puede ser excusa para el uso de los mismos con fines científicos.

Lo que debe quedar bien claro es que un embrión es considerado, por la propia ciencia materialista, como un ser humano vivo, por tanto debe ser respetado como tal.

Comprendemos la preocupación lícita de algunos hermanos de doctrina, que temen asumir posiciones que puedan obstruir el avance de la ciencia, penalizando importantes avances para la humanidad; tal como ocurre con muchas religiones, que impregnadas en sus dogmas, llegan al punto de prohibir el uso de importantísimas y fundamentales tecnologías como el uso de sangre y derivados, por ejemplo; sin embargo no creo que sea recomendable abandonar preceptos básicos o, peor aún, adaptarlos para poder aceptar determinadas situaciones que la ciencia nos proporciona: ni tanto ni tan calvo.

No existe fanatismo o radicalismo cuando analizamos los datos científicos disponibles y bajo la visión de la moral espírita, nos posicionamos contra el uso de las células embrionarias, creyendo que se trata de una postura coherente con la doctrina que acogemos, evitando precipitarnos.

Sin querer ser prepotente, pero a raíz de la carta abierta publicada por la AME-Brasil (Asociación Médica Espírita de Brasil), con ocasión del MEDNESP de 2005, diría que son precisamente los médicos espíritas, los más destacados al expresar su opinión sobre este tema, pues se trata de un tema técnico el cual exige un conocimiento específico que va más allá del doctrinario.

El mundo evoluciona constantemente, pues este es nuestro inexorable destino; crearemos tecnologías cada vez más importantes, mientras, debemos escoger el precio que estamos dispuestos a pagar por ello, debemos escoger el camino que debemos seguir.

No abramos las puertas al genocidio del aborto por la deshumanización del ser humano, no dejemos que se instale la clonación humana para proveer de células embrionarias, la creación de una nueva modalidad de crimen, el “aborto probeta”, reflexionemos sobre las posibilidades apoyándonos en los datos que nos ofrece la ciencia y en las enseñanzas de Jesús y no permitamos el uso de embriones humanos, pues estaríamos incurriendo nuevamente en un grave error, generando un nuevo y devastador karma colectivo.

El uso de las CME humanas no es necesario para el avance de la ciencia en este momento, creo que por los trabajos desarrollados con las CMA y ahora con las CPI conseguiremos grandes conquistas y el estudio de los factores epigenéticos, acabarán por conducirnos al concepto de “Modelo Organizador Biológico”, el periespíritu; nos traerá la posibilidad de, por ejemplo, diseñar órganos en laboratorio a partir de células del propio paciente, para un auto-trasplante, fundando la “ingeniería de órganos y tejidos”, o mejor aún, induciendo la proliferación de estas células en el propio organismo enfermo evitando la etapa de laboratorio.


A pesar de nuestro optimismo y entusiasmo, no perdamos la serenidad ni evitemos la seguridad en el avance de la ciencia, pues no debemos emitir un juicio ético de aquello que no conocemos completamente.

Tengamos confianza y dedicación en los estudios y en el desarrollo de las CMA y de las CPI, dominando cada vez más y mejor sus posibilidades, y en cuanto a esto, mucha prudencia y responsabilidad.

Fíjese lo que nos proveyó Emmanuel, a través de las manos de Francisco Cándido Xavier, mucho antes de que surgieran las posibilidades que actualmente discutimos:
“El hombre deseó recursos para abrir caminos con facilidad y la divina providencia le suscitó la idea de reunir arena y nitroglicerina, de cuya mezcla se creó la dinamita. La comunidad se benefició del descubrimiento, sin embargo, cierta facción creó con ésta, una bomba destructora de vidas humanas.

El hombre pidió vehículos que le hicieran vencer el espacio, ganando tiempo y el amparo divino le ofreció los pensamientos necesarios para la construcción de modernas máquinas de conducir y transportar. Estas bendiciones conllevan progreso y renovación para todos los sectores de las adquisiciones planetarias, mientras, aparecen aquellos que no respetan las leyes de circulación, creando procesos dolorosos de sufrimiento y agravando débitos y rescates, en los principios de causa y efecto.

El hombre pidió el apoyo contra la soledad psicológica y la Eterna Bondad, a través de la ciencia le concedió el telégrafo, la radio, el televisor, aproximando las colectividades e integrándolos bajo el mismo ambiente cultural de perfeccionamiento. A pesar de ello, junto a estos nobles proyectos, aparecen aquellos que se valen de tan altos instrumentos de comunicación y solidaridad para la diseminación de la discordia y la guerra.

El hombre imploró medidas contra el dolor y la Compasión Divina le envió la anestesia, favoreciendo el tratamiento y el requilibrio del campo orgánico. A raíz de estas concesiones, no faltan aquellos que transforman los medicamentos de la paz y misericordia en tóxicos de deserción y delincuencia.

El hombre pidió la desintegración atómica, bajo la necesidad de conseguir más fuerza, con el fin de comandar el progreso, y la desintegración atómica está en el mundo, ignorándose el precio que pagará el Orbe Terrestre, hasta que esa conquista sea respetada lejos de cualquier apelo a la destrucción.

Es fácil darse cuenta cómo Dios siempre concede al hombre las posibilidades y ventajas que la inteligencia humana puede pedir a la Sabiduría Divina. Por eso mismo, las calamidades que surjan en los caminos de la evolución en el mundo, no suceden obviamente bajo la responsabilidad de Dios”.

Autor: Dr. Décio Iandoli Júnior, es médico cirujano, doctor en medicina por la UNIFESP-EPM; profesor titular de Fisiología de los cursos de Biología, Fisioterapia y Farmacia de UNISANTA en Santos, S.P.; profesor responsable de la disciplina de Salud y Espiritualidad del curso de Gerontología de esta misma universidad; profesor del Departamento de Cirugía de la Facultad de Ciencias Médicas de Santos; actual presidente de la Asociación Médico-Espírita de Santos y colaborador del Centro Espírita Dr. Luiz Monteiro de Barros en Santos, S.P.; autor de los libros “Fisiología Transdimensional”, “Ser Médico y Ser Humano”, “La Reencarnación como Ley Biológica” y “Un hombre detrás del Espejo”, editados por la FE editora periodística.


por Dr. Décio Iandoli Jr.


Traducido por Silver Chiquero