miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL ANGEL DE LA GUARDA




Ángeles de la guarda. Espíritus protectores, familiares o simpaticos

489. ¿Hay Espíritus que se apegan a un individuo en particular, con
el objeto de protegerlo?
- Sí, el hermano espiritual. Es el que llamáis Espíritu bueno o
genio bueno.
490. ¿Qué se ha de entender por “ángel de la guarda”?
- El Espíritu protector de un orden elevado.
491. ¿Cuál es la misión del Espíritu protector?
- La de un padre para con sus hijos: conducir a su protegido
por la buena senda, ayudarle con sus consejos, consolarlo en sus
aflicciones, sostener su valor en las pruebas de la vida.
492. El Espíritu protector ¿está apegado al individuo desde el
nacimiento de éste?
- Desde su nacimiento hasta su muerte, y con frecuencia le
sigue después de ella en la vida espíritu, e incluso durante muchas
existencias corporales, porque tales existencias no son sino fases
muy cortas con relación a la vida del Espíritu.
493. La misión del Espíritu protector ¿es voluntaria u obligatoria?
- El Espíritu está obligado a velar por vosotros porque aceptó
esa tarea, pero le cabe elegir a aquellos seres que le son simpáticos.
Para unos es un placer. Para otros, una misión o deber.
493 a. Al dedicarse a una persona determinada ¿renuncia el Espíritu
a proteger a otras?
- No, pero lo hace con ellas de una manera menos exclusiva.    Allan Kardec
494. El Espíritu protector ¿está inevitablemente unido al ser
confiado a su guarda?
- Con frecuencia suele suceder que ciertos Espíritus abandonen
su posición para cumplir diversas misiones. Pero en tal caso son
sustituidos.
495. El Espíritu protector ¿abandona a veces a su protegido, cuando
éste se muestra rebelde a sus consejos?
- Se aleja de él si comprueba que sus consejos son inútiles y
que la voluntad del individuo es proclive a someterse al influjo de los
Espíritus inferiores. Pero de ningún modo lo abandona por entero,
sino que siempre se hace escuchar. Entonces es el hombre quien
cierra sus oídos. Y el Espíritu vuelve tan pronto como se le llama.
Una doctrina hay que debiera convertir a los más incrédulos,
por su encanto y dulzura: es la del ángel de la guarda. Pensar que
tenéis junto a vosotros a seres que os son superiores y que están
permanentemente ahí para aconsejaros y sosteneros, para ayudaros a
ascender la áspera montaña del bien; que son amigos más seguros y
abnegados que las amistades más íntimas susceptibles de ser
contraídas en esta Tierra, ¿no es acaso una idea muy confortadora?
Tales seres se encuentran allí por orden de Dios. Él les ha puesto
cerca de vosotros y ahí permanecen por amor a Él, cumpliendo a
vuestro lado una bella aunque penosa misión. Sí, sea donde fuere que
os halléis, él estará con vosotros: prisiones, hospitales, antros del
vicio, soledad, nada de esto os separa de ese amigo a quien no podéis
ver pero cuyos más tiernos impulsos y sabios consejos siente y
escucha vuestra alma.
¿Por qué no conocéis mejor esta verdad? ¡Cuántas veces os
ayudaría en los instantes de crisis! ¡Cuántas veces os salvaría de los
malos Espíritus! ... Pero en el día supremo este ángel del bien tendrá
que manifestaros: “¿No te lo dije? Y tú no lo has hecho. ¿No te
señalé el abismo? Y tú te despeñaste por él. ¿No te hice escuchar en
tu conciencia la voz de la verdad? Y ¿no seguiste, en cambio, los
consejos de la mentira?” ¡Ah! Interrogad a vuestros ángeles de la
guarda. Estableced entre ellos y vosotros esa tierna intimidad que
entre los mejores amigos reina. No penséis en ocultarles nada,
porque ellos tienen la vida de Dios y no podréis engañarlos. Pensad
en el porvenir: tratad de avanzar por ese camino, y con ello vuestras
pruebas serán más cortas, vuestras vidas más dichosas
A aquellos que pensaran que es imposible para los Espíritus
realmente elevados sujetarse a una tarea tan laboriosa y de todos los
instantes, les diremos que nosotros influimos sobre vuestras almas
aun estando a muchos millones de leguas de vosotros. Porque para
nosotros el espacio nada significa, y aunque residamos en otro
mundo nuestros Espíritus conservan su relación con el vuestro.
Disfrutamos de facultades que no estáis en condiciones de
comprender, pero tened la certeza de que Dios no nos ha impuesto
una tarea que exceda a nuestras energías, y que no os ha abandonado
a vosotros mismos en la Tierra sin amigos ni amparo. Cada ángel de
la guarda tiene su protegido, por el cual vela, como vela un padre por
su hijo, y es feliz cuando le ve marchar por el buen camino. En
cambio, solloza si son desdeñados sus consejos.
No temáis cansarnos  con vuestras preguntas. Antes bien,
permaneced siempre en relación con nosotros. Seréis con ello más
fuertes y más dichosos. Son esas comunicaciones de cada hombre
con su Espíritu familiar las que hacen médiums a todos los
individuos, médiums ignorados en la hora actual, pero que se
manifestarán más adelante, y se derramarán como un océano sin
límites para rechazar la incredulidad y la ignorancia. Hombres
instruiros: instruid… Hombres talentosos: educad a vuestros
hermanos… No os imagináis qué obra cumpliréis de ese modo: la
obra de Cristo, la que Dios os impone. ¿Por qué os ha concedido
Dios inteligencia y conocimientos si no es para que hagáis partícipes
de ellos a vuestros hermanos, a fin de hacer que avancen por la senda
de la felicidad y de la ventura eterna?
SAN LUIS. SAN AGUSTÍN.
La doctrina de los ángeles de la guarda, que velan por sus
protegidos a despecho de las distancias que separan los mundos,
no tiene nada que deba sorprender. Por el contrario, es grande y
sublime. ¿No vemos acaso en la Tierra a un padre que vela por
su hijo, aunque esté lejos de él, ayudándolo con sus consejos por
correspondencia? ¿Qué habría de extraño, pues, en que los
Espíritus puedan guiar a aquellos a quienes toman bajo su protección, de un mundo a otro, puesto que para ellos la distancia
que separa los mundos es menor que la que, en la Tierra, separa
los continentes? ¿No disponen ellos, además, del fluido universal,   
que liga a  todos los mundos, tornándolos solidarios: vehículo
inmenso de la transmisión de los pensamientos, así como el aire
es para nosotros el vehículo de la transmisión del sonido?
496. El Espíritu que abandona a su protegido, al no hacerle ya bien,
¿puede hacerle mal?
- Los buenos Espíritus jamás hacen el mal. Dejan que lo
comentan aquellos otros que toman su lugar. Entonces acusáis
vosotros a la mala suerte de los infortunios que os agobian, cuando
en realidad vuestra es la culpa.
497. El Espíritu protector ¿puede dejar a su protegido a merced de
un Espíritu que podría tener malas intenciones hacia él?
- Los Espíritus malos suelen unirse para neutralizar la acción
de los buenos. Pero si el protegido lo quiere, contará con toda la
fuerza del Espíritu bueno. De no ser así, éste quizá encuentre a
alguien a quien ayudar, aprovechando la oportunidad para ello
mientras aguarda el momento de regresar junto a su protegido.
498. Cuando el Espíritu protector permite que su protegido se
extravíe en la vida, ¿sucede esto por impotencia suya para luchar
contra otros Espíritus que son malévolos?
- No se trata de que no pueda, sino que no quiere, puesto que
su protegido sale de las pruebas más perfecto y más instruido. Lo
asiste con sus consejos, mediante los buenos pensamientos que le
sugiere pero que, por desgracia, no siempre son escuchados. Sólo la
debilidad, indolencia y el orgullo del hombre dan fuerza a los
Espíritus malos. Su poder sobre vosotros procede únicamente del
hecho de que no les oponéis resistencia.
499. El Espíritu protector ¿está constantemente con su protegido?
¿No existe alguna circunstancia en que, sin abandonarlo, lo pierda de
vista?
- Existen circunstancias en que la presencia del Espíritu protector
junto a su protegido no es necesaria.
500. ¿Llega el momento en que el Espíritu no tiene ya necesidad del
ángel de la guarda?
- Sí, cuando ha alcanzado el grado en que puede guiarse a sí mismo,
así como llega el momento en que el escolar ya no necesita maestro.
Pero no ocurre ello en vuestra Tierra
501. ¿Por qué la acción de los Espíritus sobre nuestra vida es oculta
y por qué, cuando nos protegen, no lo hacen de una manera
ostensible?
- Si contarais con tal apoyo no obraríais por vosotros mismos,
y vuestro propio Espíritu no progresaría. Para que pueda él adelantar
necesita experiencia y a menudo es preciso que la adquiera a sus
expensas. Es menester que emplee sus fuerzas, sin lo cual sería como
un niño al que no permiten que camine solo. La acción de los
Espíritus que os quieren está siempre bien regulada, de modo de
dejaros ejercer vuestro libre albedrío, por cuanto si no tuvierais
responsabilidad no avanzaríais en el camino que debe conduciros
hacia Dios. Al no ver el hombre a su sostén, se confía en sus propias
fuerzas.  No obstante, su guía vela por él, y de tiempo en tiempo le
advierte que desconfíe del peligro.
502. El Espíritu protector que consigue llevar a su protegido por la
buena senda ¿experimenta por ello algún bien para sí mismo?
- Es un mérito que se le toma en cuenta, ya sea para su propio
adelanto o bien para su felicidad. Es dichoso cuando ve que sus
esfuerzos son coronados por el buen éxito. Triunfa con esto, así
como un preceptor triunfa con los buenos logros de su alumno.
502 a. Si no obtiene un resultado positivo, ¿es responsable de ello?
- No, puesto que hizo lo que de él dependía.
503. El Espíritu protector que ve a su protegido seguir el camino
falso a pesar de sus advertencias, ¿siente pena por eso? ¿No es este
hecho un motivo de perturbación para su felicidad?
- Sufre por esos errores, y los lamenta. Pero la aflicción no
equivale a las angustias de la paternidad terrestre, porque él sabe que
el mal tiene remedio y que lo que no se hace hoy se hará mañana.
504. ¿Podemos saber, en todos los casos, el nombre del Espíritu
protector o ángel de la guarda?
- ¿Cómo queréis saber nombres que para vosotros no existen?
¿Creéis, pues, que no haya entre los Espíritu más que los que
conocéis?
504 a. ¿Cómo invocarlo, entonces, si no le conocemos?
- Dadle el nombre que queráis: por ejemplo, el de un Espíritu
superior, al que profeséis simpatía o veneración. Vuestro Espíritu
protector acudirá a ese llamado. Porque todos los Espíritus buenos
son hermanos y se asisten mutuamente
505. Los Espíritus protectores que adoptan nombres conocidos ¿son
siempre realmente los de las personas que llevaban esos nombres?
- No, sino de Espíritus que les son simpáticos y que con
frecuencia vienen por mandato suyo. Os hacen falta nombres:
entonces, ellos toman uno que os inspire confianza. Así vosotros,
cuando no podéis cumplir en persona una misión, enviáis a otro que
actúa en vuestro nombre.
506. Cuando nos hallemos en la vida espírita ¿reconoceremos a
nuestro Espíritu protector?
- Sí, porque muchas veces ya le conocíais antes de vuestra
encarnación.
507. ¿Todos los Espíritus protectores pertenecen a la clase de
Espíritus superiores? ¿Puede haber entre aquéllos los  que
pertenezcan a grados intermedios? Un padre, por ejemplo, ¿podrá
llegar a ser el Espíritu protector de su hijo?
- Es posible, pero la protección supone cierto grado de
elevación, y un poder o virtud suplementaria concedida por Dios. El
padre que protege a su hijo puede ser él mismo asistido por un
Espíritu más elevado.
508. Los Espíritus que han dejado la Tierra en buenas condiciones
¿pueden siempre proteger a aquellos a quienes aman y que les
sobreviven?
- Su poder está restringido en mayor o menor grado. La
posición en que se hallan no les deja siempre toda la libertad de
acción.
509. Los hombres en estado salvaje o de inferioridad moral ¿poseen
asimismo sus Espíritus protectores? Y en caso afirmativo ¿son esos
Espíritus de un orden tan elevado como los que asisten a los hombres
muy adelantados?
- Cada hombre tiene un Espíritu que vela por él, pero las
misiones son relativas a su objeto. No daréis un profesor de filosofía
a un niño que está aprendiendo a leer. El progreso del Espíritu
familiar sigue al del Espíritu protegido. Aun teniendo un Espíritu
superior que vele por vosotros, podéis por vuestra parte pasar a ser el
protector de un Espíritu que os sea inferior, y los progresos que le
ayudéis a lograr cooperarán a vuestro propio adelanto. Dios no pide
al Espíritu más de lo que corresponda, según sus fuerzas y el grado
que haya alcanzado.
510. Cuando el padre que asiste a su hijo reencarna, ¿sigue velando
por él?
- Es más difícil, pero en un instante de desprendimiento ruega
a un Espíritu simpático que le ayude en esa misión. Por lo demás, los
Espíritus sólo aceptan aquellas misiones que puedan llevar a feliz
término.
El Espíritu encarnado, sobre todo en los mundos en que la
existencia es material, está demasiado sometido a su cuerpo para
poder consagrarse por entero a otro, es decir, asistirlo personalmente.
De ahí que los que no son lo bastante elevados sean ellos mismo
ayudados por Espíritus que les son superiores, de manera que si uno
falta por cualquier causa, es sustituido por otro.
511. Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a
cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar
entre el bien y el mal?
- “Unido” no es la palabra exacta. Bien es verdad que los
malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando
se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un
individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el
hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno
y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el
individuo entregue.
512. ¿Podemos tener muchos Espíritus protectores?
- Cada hombre tiene siempre Espíritus simpáticos más o
menos elevados que le profesan afecto y por él se interesan, como
existen también otros que lo secundan en el mal.
513. Los Espíritus simpáticos ¿obran en virtud de una misión?
- A veces pueden desempeñar una misión temporaria, pero casi
siempre no son solicitados sino por la similitud de pensamientos y
sentimientos, así en el bien como en el mal.
513 a. ¿De ello parece resultar que los Espíritus simpáticos pueden
ser buenos o malos?
- Sí, el hombre encuentra siempre Espíritus que con él
simpatizan, sea cual fuere su carácter.
514. Los Espíritus familiares ¿son los mismos Espíritus simpáticos
y Espíritus protectores?  
- Hay muchos matices en la protección y en la simpatía.
Dadles los nombres que queráis. En cuanto al Espíritu familiar, es
más bien el amigo de la casa.
De las explicaciones expuestas y de las observaciones
consignadas acerca de la naturaleza de los Espíritus que se
apegan al hombre, es posible deducir lo que sigue:
El Espíritu protector, ángel de la guarda o genio bueno, es
aquel cuya misión consiste en seguir al ser humano en la vida y
ayudarle a progresar. Es siempre de una naturaleza superior
respecto de la de su protegido.
Los Espíritus familiares se apegan a ciertas personas
mediante vínculos más o menos duraderos, con miras a serles
útiles dentro del límite de sus posibilidades, con frecuencia
bastante limitadas. Son buenos, pero a veces poco adelantados e
incluso un tanto frívolos. Se ocupan de buena gana de detalles
concernientes a la vida íntima y sólo obran por orden o con el
permiso de los Espíritus protectores.
Los Espíritus simpáticos son aquellos que se sienten
atraídos por nosotros a causa de afectos particulares y de cierta
semejanza de gustos y sentimientos, en el bien tanto como en el
mal. La duración de sus relaciones está casi siempre subordinada
a las circunstancias.
El genio malo es un Espíritu imperfecto o perverso, que se
acerca al hombre con el propósito de desviarlo del bien. Pero
obra por propio impulso y no en virtud de una misión. Su
tenacidad depende de las mayores o menores facilidades de
acceso que encuentre. El hombre es siempre libre de atender su
voz o desoírla.
515. ¿Qué debemos pensar de esas personas que parecen apegarse a
ciertos individuos para empujarlos inevitablemente a su perdición o,
por el contrario, guiarlos por el recto camino?
- Sí, algunas personas ejercen sobre otras una especie de
fascinación, que pareciera irresistible. Cuando esto sucede para el
mal, se trata de Espíritus malos de los cuales se sirven otros malos
Espíritus con el objeto de subyugar mejor a su víctima. Dios puede
permitirlo para probaros.
516. Nuestro genio bueno y nuestro genio malo ¿podrían encarnar,
a fin de acompañarnos en la vida de una manera más directa?
- Esto a veces ocurre. Pero a menudo también encomiendan
esa misión a otros Espíritus encarnados que les son simpáticos.
517. ¿Hay Espíritus que se apegan a una familia entera con el
objeto de protegerla?
- Ciertos Espíritus se ligan a los miembros de una misma
familia que viven juntos y están unidos por el afecto, pero no creáis
en la existencia de Espíritus protectores del orgullo de los linajes o
castas.
518. Puesto que los Espíritus son atraídos hacia los individuos por
sus simpatías, ¿lo son igualmente hacia las reuniones de personas,
por causas particulares?
- Los Espíritus acuden con preferencia a los lugares donde hay
semejantes suyos. En estos sitios se hallan más cómodos y están más
seguros de que se les escuchará. El hombre atrae hacia él a los
Espíritus en virtud de sus tendencias, ya se encuentre solo o forme un
todo o ente colectivo, como pueden serlo una sociedad, una ciudad o
un pueblo. Hay, pues, sociedades, ciudades y pueblos que son
asistidos por Espíritus más o menos elevados, según el carácter y las
pasiones en ellos dominantes. Los Espíritus imperfectos se alejan de
aquellos que les rechazan. De lo que resulta que el perfeccionamiento moral de un todo colectivo, así como el de los individuos aislados,
tiende a ahuyentar a los malos Espíritus y atraer a los buenos, los
cuales alientan y mantienen el sentimiento del bien en las masas, de
la manera que los otros pueden inspirar en ellas las bajas pasiones.
519. Las aglomeraciones de personas, tales como sociedades,
ciudades y naciones, ¿tienen sus Espíritus protectores especiales?
- En efecto, porque esos conglomerados constituyen
individualidades colectivas que marchan movidas por un objetivo
común y que necesitan de una dirección superior.
520. Los Espíritus protectores de las masas ¿son de una naturaleza
más elevada que aquellos otros que se apegan a los hombres
aislados?
- Todo es conforme al grado de adelanto, así de las
muchedumbres como de los individuos.
521. Ciertos Espíritus ¿pueden coadyuvar al progreso de las artes al
proteger a los seres humanos que de ellas se ocupan?  
-  Hay Espíritus protectores especiales y que asisten a aquellos
que los invocan, cuando los juzgan dignos de esto. Pero ¿qué queréis
que hagan con los que creen ser lo que no son? No pueden lograr que
los ciegos vean ni que los sordos oigan.
Los antiguos habían hecho de esos Espíritus divinidades
especiales. Las Musas no eran otras que la personificación
alegórica de los Espíritus protectores de las ciencias y artes, de la
misma manera que designaban ellos con los nombres de lares y
penates a los Espíritus protectores de la familia. Entre los
modernos, las artes, las diversas industrias, las ciudades y
comarcas tienen también sus patronos o protectores, que no son
sino Espíritus superiores, pero bajo nombres diferentes.
Puesto que cada hombre tiene sus Espíritus simpáticos, de
ello resulta que, en los  todos colectivos, la generalidad de los
Espíritus simpáticos están en relación con la generalidad de los
individuos; que los Espíritus extraños son atraídos hacia aquéllos
por la identidad de gustos y pensamientos; en suma, que tales
aglomeraciones de personas (así como ocurre con los individuos
aislados) están más o menos bien rodeadas, asistidas e influidas,
según sea la naturaleza de los pensamientos de la multitud.
En los pueblos, las causas de atracción de los Espíritus son
las costumbres y hábitos, el carácter dominante y, sobre todo, las
leyes, porque el carácter de una nación se refleja en el conjunto
de sus leyes. Los hombres que hacen que reine entre ellos la
justicia están combatiendo el influjo de los malos Espíritus. En
todas partes donde la legislación apoye las cosas injustas,
contrarias a la humanidad, los Espíritus buenos estarán en
minoría y la muchedumbre de los malos que allí afluyen
mantienen a la nación en sus ideas y paralizan las influencias
bienhechoras de carácter parcial, que se pierden en la multitud,
como una espiga aislada en medio de las malezas. Estudiando las
costumbres de los pueblos, o de todo conglomerad humano, es
fácil formarse, pues, una idea de la población oculta que
interviene en sus pensamientos y acciones.

LOS ANGELES GUARDIANES 1




LOS ÁNGELES GUARDIANES

Aun en esta descreída época y entre la vorágine de nuestra  civilización, a
despecho de la ciencia dogmática  puede
hallar quienquiera que se tome el trabajo de fijar la atención en ellos, numerosos
ejemplos de mediación protectora, inexplicable desde el punto de vista del
materialismo. A fin de darle al lector prueba de ello, resumiré brevemente unos cuantos
ejemplos de los referidos por escritores veraces, y además otros dos de que adquirí
noticia directa.
Circunstancia muy atendible en estos recientes ejemplos es que, según parece, la
mediación tuvo casi siempre por objeto proteger o salvar a la infancia.
Hace pocos años sucedió en Londres un interesante caso relacionado con la salvación de
un niño en un terrible incendio que estalló cerca del barrio de Holborn, destruyendo por
completo dos casas. Las llamas habían tomado tal incremento antes de advertirse el
siniestro, que los bomberos se vieron precisados a dejar que el fuego devorase las casas,
convirtiendo todos sus esfuerzos a localizar el incendio y poner en salvo a los
moradores. Lograron salvarlos a todos excepto dos: una vieja que murió asfixiada por el
humo, antes de que los bomberos pudiesen auxiliarla, y un niño de cinco años de quién
nadie se había acordado entre la turbación y pánico que a los inquilinos les causara la
voz de fuego. Sin embargo, semejante olvido tenía su fundamento psicológico, porque
el niño no habitaba de ordinario en aquella casa, sino que obligada su madre a ir a
Colchester para asuntos de familia, lo había confiado aquella noche a la hospitalidad de
una parienta suya que era precisamente inquilina de una de las casas incendiadas. Así
es, que cuando todos estuvieron en salvo y los edificios envueltos en llamas, se acordó
la pobre mujer con espanto del niño cuya guarda le habían confiado. Viéndose
impotente de volver a la casa y llegar hasta la alcoba del niño, prorrumpió en
desesperado llanto; pero un bombero resolvióse entonces a intentar un supremo
esfuerzo, y enterado por la inquilina de la exacta situación de la alcoba, penetró
heroicamente por entre aquel infierno de fuego y humo. A los pocos minutos reaparecía
con el niño sano y salvo, sin el más leve chamusqueo.
El bombero refirió que la alcoba estaba ardiendo y con la mayor parte del suelo
hundido, pero que las llamas, contra su natural propensión, retorcían sus lenguas hacia
la ventana de modo tal que jamás lo había él notado en su larga experiencia del oficio,
dejando enteramente intacto el rincón donde estaba la cama del niño, aunque ya se veían
medio quemadas las vigas del techo. Dijo también que había encontrado al niño presa
del natural terror, pero que al acercarse a él con serio peligro de su vida (y esto lo
declaró el bombero repetidas veces), vió una figura como de ángel «gloriosamente albo
y resplandeciente, inclinado sobre la cama en actitud de cubrir al niño con la colcha».
Estas últimas fueron sus propias palabras. Añadió después que no había sido víctima de
alucinación alguna, porque el ángel estaba rodeado de un nimbo de luz y pudo verle
distintamente por unos cuantos segundos, antes de que desapareciese al acercarse el
salvador a la cama del niño.
Otra circunstancia curiosa de este suceso fue que, aquella misma noche, la madre del
niño no pudo conciliar el sueño en su alojamiento de Colchester, viéndose
continuamente atormentada por la tenaz idea de que a su hijo le amenazaba una
desgracia. Tan persistente fue el presentimiento, que por último se levantó para
impetrar fervientemente del Cielo que protegiese al niño y le salvase del peligro que
sobre él se cernía. La intervención fue así evidentemente lo que un cristiano llamaría
“escucha de una plegaria”; lo que ocurrió aquí fue que el interno desbordamiento del amor maternal constituyó la
fuerza aprovechada por uno de nuestros protectores invisibles para salvar al niño de
espantosa muerte.
Otro caso de milagrosa protección a la infancia ocurrió en las riberas del Támesis, cerca
de Maidenhead, pocos años antes del ya referido.
Esta vez el peligro no provino del fuego, sino del agua. Tres pequeñuelos, que, si mal
no recuerdo, vivían en el pueblo de Shottesbrook o cerca de allí, fueron a dar un paseo
con su aya por la margen del remolque. De pronto, en una revuelta se les echó encima
un caballo que remolcaba una lancha y en la confusión del atropello dos de los niños se
adelantaron hacia el lado izquierdo de la soga y tropezando en ella cayeron al río. El
barquillero, al percatarse del accidente, se abalanzó con intento de salvarlos, pero
asombrado vid que como por milagro flotaban sobre el agua, moviéndose suavemente
hacia la orilla. Esto fue lo que el barquillero y el aya presenciaron; pero los niños
refirieron acordemente que “un hermoso joven de resplandeciente blancura” había
estado junto a ellos en el agua, sosteniéndolos y guiándolos hacia la orilla. La hija del
barquillero, que a los gritos del aya acudió desde su choza, dijo en corroboración del
relato de los niños, que también ella había visto como «una hermosa señora» los
conducía hacia la orilla.
Sin conocer todos los pormenores del caso expuesto, es imposible asegurar qué especie
de protector era este ángel, pero la opinión más razonable se inclina a suponerle un ser
humano de adelantado perfeccionamiento que actuaba en el plano astral, según veremos
más tarde al discurrir sobre este asunto, desde el punto de vista de los protectores con
preferencia al de los protegidos.
El conocido sacerdote Dr. John Mason Neale, cita un caso en el que se echa de ver más
distintamente la acción protectora. Cuenta el reverendo Mason que un hombre recién
enviudado fue de visita con sus niños a la casa de campo de un amigo. Era la casa vieja,
estaba aislada, y en la planta baja había largos y oscuros corredores por donde los niños
acostumbraban a jugar placentera mente al escondite.
Pero en aquella ocasión quisieron subir al primer piso con gravedad de personas
mayores, y dos de ellos dijeron que, al pasar por uno de loscorredores, se les había
aparecido su madre, mandándoles retroceder. Examinado el lugar del suceso,
evidencióse que de subir los niños unos cuantos peldaños más, se hubiesen caído
a un patio descubierto, interpuesto en su camino. La aparición de su madre los salvó así
de una muerte segura.
En este ejemplo parece indudable que la misma madre estaba celando todavía por sus
hijos desde el plano astral(mundo espiritual), y que (según ha sucedido en algunos otros casos) su intenso
deseo de preservarlos del peligro en que tan descuidadamente iban a perecer, le dio la
facultad de manifestarse visible y auditivamente por un instante, a sus hijos; o tal vez
sólo la de sugerirles la idea de que la veían y escuchaban. Es posible también que
cualquier otro protector, para no amedrentar a los niños, tomase la figura de la madre;
pero la hipótesis más racional es atribuir la mediación a los efectos del siempre vigilante
amor maternal sutilizado al cruzar los dinteles de la muerte; porque este amor, uno de
los más santos y abnegados sentimientos humanos, es también uno de los más
persistentes en los planos suprafísicos. No sólo cuida y vela por sus hijos la madre que
mora en los niveles inferiores del plano astral(umbral), y por consiguiente en roce con la tierra,
sino que aun después de remontarse a las celestiales esferas, mantiene sin desmayo el
pensamiento en sus hijos, y la opulencia de amor que derrama sobre las imágenes
que de ellos forja, constituye un potísimo desbordamiento de fuerza espiritual que fluye
sobre sus pequeñuelos, todavía sujetos a las condiciones de este mundo inferior,
5
rodeándolos de vívidos núcleos de bienhechora energía que bien pudieran considerarse
como verdaderos ángeles de la guarda
No hace muchos años, la hija menor de un obispo anglicano salid a pasear con su madre
por las calles de la ciudad en donde vivían, y al cruzar inadvertidamente de una a otra
acera, la niña fue atropellada por los caballos de un carruaje que embocaba por la
esquina. Viéndola su madre entre las patas de los animales, abalanzóse con el natural
temor de que hubiese recibido grave daño; pero la niña se levantó ilesa del suelo,
diciendo: «¡Oh mamá! No me he hecho daño, porque un alguien, vestido de blanco,
evitó que los caballos me pateasen, ahuyentando de mí todo temor.»
Un caso ocurrido en el condado de Buckingham cerca de Burnham Beeches es notable
por haber persistido durante bastante tiempo la manifestación física del auxilio
espiritual. En los ejemplos anteriores, la intervención fue de pocos momentos, mientras
que en el que vamos a referir duró el fenómeno más de media hora.
Dos niños de un modesto colono se quedaron a jugar en la solana mientras que sus
padres y los mozos de labranza estaban en el campo ocupados en las faenas de la
recolección. Los chicuelos, ansiosos de corretear por el bosque, se alejaron demasiado
de la casa y no dieron con el camino de vuelta. Cuando los fatigados padres regresaron
al oscurecer, echaron de menos a los niños, y después de buscarlos infructuosamente
por las casas vecinas, enviaron a los jornaleros en pesquisas por distintas direcciones.
Sin embargo, toda la exploración resultó inútil, volviéndose al cortijo con afligido
semblante; pero entonces vieron a lo lejos una luz extraña que se movía lentamente a
través de los campos lindantes con la carretera. La luz tenía la forma de una esfera de
hermoso color dorado, enteramente diferente de la de los relámpagos, permitiendo
distinguir a los dos niños que todavía correteaban por el campo iluminado por la
prodigiosa claridad. Los padres y sus criados acudieron inmediatamente al paraje
indicado, persistiendo la luz hasta que, reunidos con los niños extraviados, se
desvaneció en tenebrosa oscuridad.
Lo sucedido fue que al llegar la noche y viéndose perdidos, erraron los niños por el
bosque después de pedir socorro a gritos durante algún tiempo, hasta que al fin el sueño
los rindió al pie de un árbol. Luego, según ellos mismos dijeron, los despertó una
hermosísima señora que llevaba una lámpara y que, cogiéndolos de la mano, los iba
encaminando a casa cuando sus padres los encontraron. Por más que los niños
dirigieron algunas preguntas a la aparición, ésta no hizo más que sonreír sin pronunciar
palabra. Los dos niños demostraron tal convencimiento en el relato, que no hubo medio
de quebrantar su fe en lo que habían visto. Digno de mención es, sin embargo, que
aunque todos los circunstantes vieron la luz y pudieron distinguir perfectamente los
árboles y plantas que caían dentro del círculo de iluminación, para ninguno de ellos,
sino para los niños, fue visible la aparición.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Conozca el Espiritismo





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DOCTRINA ESPIRITA O ESPIRITISMO
LO QUE ES:
  • Es el conjunto de principios y leyes, revelados por los Espíritus Superiores, contenidos en las obras de Allan Kardec, que constituyen la codificación espirita: El Libro de los Espíritus, El Libro de los Mediums, El evangelio según el Espiritismo, El Cielo y el Infierno y La Génesis.
  • Es, aún, el Consolador prometido, que vino, en su debido tiempo, a recordar y complementar lo que Jesús enseñó, "restableciendo todas las cosas en su verdadero sentido", trayendo, así, a la Humanidad las bases reales para su espiritualización.
LO QUE REVELA:
  • Revela conceptos nuevos y más profundizados al respecto de Dios, el Universo, los Hombres, de los Espíritus y de las leyes que rigen la vida.
  • Revela, además, lo que somos, de dónde venimos, para donde vamos, cual es el objetivo de nuestra existencia y cual es la razón del dolor y del sufrimiento.
SU ALCANCE:
  • Trayendo conceptos nuevos sobre el hombre y todo lo que lo rodea, el Espiritismo toca todas las áreas del conocimiento, de las actividades y de los comportamientos humanos.
  • Puede y debe ser estudiado, analizado y practicado en todos los aspectos fundamentales de la vida, tales como: científico, filosófico, religioso, ético, moral, educacional y social.
SU ORIGEN Y SU MISIÓN:
  • Programada y revelada por los Espíritus Superiores, en la condición de ministros de Dios y agentes de su voluntad, la Doctrina Espirita tiene origen divino.
  • Y tiene por misión instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una neva era para la regeneración de la Humanidad..
SUS ENSEÑANZAS FUNDAMENTALES:
  • Dios es la inteligencia suprema y causa primera de todas las cosas. Es eterno, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, soberanamente justo y bueno.
  • El universo es creación de Dios. Abarca todos los seres racionales e irracionales, animados e inanimados, materiales e inmateriales.
  • Mas allá del mundo corporal, morada de los Espíritus encarnados, que son los hombres, existe el mundo espiritual, habitación de los Espíritus desencarnados.
  • En el universo hay otros mundos habitados, con seres de diferentes grados de evolución: iguales, más evolucionados y menos evolucionados que los hombres.
  • Todas las leyes de la Naturaleza son leyes divinas, puesto que Dios es su autor. Abarcando tanto las leyes físicas como las leyes morales.
  • El hombre es un Espíritu encarnado en un cuerpo material. El periespiritu es el cuerpo semimaterial que une el Espíritu al cuerpo material.
  • Los Espíritus son los seres inteligentes de la creación. Constituyen el mundo de los Espíritus, que preexiste y sobrevive a todo.
  • Los Espíritus son creados sencillos e ignorantes. Evolucionan intelectual y moralmente, pasando de un orden inferior hacia uno más elevado, hasta la perfección, donde gozan de inalterable felicidad.
  • Los Espíritus preservan su individualidad, antes, durante y después de cada encarnación.
  • Los Espíritus reencarnan tantas veces cuantas fueran necesarias para su propio perfeccionamiento.
  • Los Espíritus evolucionan siempre. En sus múltiplas existencias corporales pueden estacionar, nunca retroceder. La rapidez de su progreso intelectual y moral, depende de los esfuerzos que hagan para llegar a la perfección.
  • Los Espíritus pertenecen a diferente orden, conforme al grado de perfección que hayan alcanzado: Espíritus puros, que alcanzaron la máxima perfección; Espíritus buenos en los cuales el deseo del bien es lo que predomina; Espíritus imperfectos, caracterizados por la ignorancia, por el deseo del mal y por las pasiones inferiores.
  • Las relaciones de los Espíritus con los hombres son constantes, y siempre existieron. Los buenos Espíritus nos atraen para el bien, nos substentan en las pruebas de la vida y nos ayudan a soportarlas con coraje y resignación. Los imperfectos nos incitan para el mal.
  • Jesús es el guía y modelo para toda la Humanidad. Y la doctrina que enseñó y ejemplificó y es la expresión más pura de la Ley de Dios.
  • La moral de Cristo, contenida en el Evangelio, es la guía para la evolución segura de todos los hombres; su práctica es la solución para todos los problemas humanos y el objetivo a ser alcanzado por la Humanidad.
  • El hombre tiene el libre albedrío para actuar, más responde por las consecuencias de sus actos.
  • La vida futura reserva a los hombres penas y gozos compatibles con el procedimiento de respeto o no a la Ley de Dios.
  • La oración es un acto de adoración a Dios. Está en la ley natural, y es el resultado de un sentimiento innato en el hombre, así como es innata la idea de la existencia del Creador.
  • La oración hace mejor al hombre. Aquel que ora con fervor y confianza, se hace más fuerte contra las tentaciones del mal y Dios le envía buenos Espíritus para asistirlo. Es este un socorro que jamás se le niega, cuando es pedido con sinceridad.
PRACTICA ESPIRITA:
  • Toda la práctica espirita es gratuita, como orienta el princípio moral del Evangelio: " Dad gratuitamente lo que habeis recibido gratuitamente".
  • La práctica espirita es realizada con sencillez, sin ningún culto exterior, dentro del principio cristiano de que Dios debe ser adorado en espíritu y en verdad.
  • El Espiritismo no tiene sacerdotes y no adopta ni usa en sus reuniones y en sus prácticas: altares, imágenes, andas, velas, procesiones, sacramentos, concesiones de indulgencias, vestiduras sacerdotales, bebidas alcohólicas o alucinógenas, incienso, humo, talismanes, amuletos, horóscopos, cartomancia, pirámides, cristales, trompetas, o otros objetos cualquieras, rituales o formas de culto exterior.
  • El Espiritismo no impone sus principios. Convida a los interesados en conocerlos, a someter sus enseñanzas al tamiz de la razón, antes de aceptarlas.
  • La mediumnidad, que permite la comunicación de los Espíritus con los hombres, es un don que muchas personas traen consigo al nacer, independientemente de la directriz doctrinaria de vida que adopte.
  • Practica mediumnica espirita es solo aquélla que se ejerce con base en los principios de la Doctrina Espirita y dentro de la moral Cristiana.
  • El Espiritismo respeta todas las religiones y doctrinas, valora todos los esfuerzos para la práctica del bien, trabaja por la confraternización y por la paz entre todos los pueblos y entre todos los hombres, independientemente de su raza, color, nacionalidad, creencia, nivel cultural o social. Reconoce aún, que " el verdadero hombre de bien es el que cumple la ley de justicia, de amor y de caridad, en su mayor pureza".


" NACER, MORIR, RENACER AÚN Y PROGRESAR SIEMPRE, TAL ES LA LEY."
" FE INALTERABLE SOLO ES LA QUE PUEDE MIRAR FRENTE A FRENTE A LA RAZON EN TODAS LAS ÉPOCAS DE LA HUMANIDAD."
" FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN."
" EL ESTUDIO DE LAS OBRAS DE ALLAN KARDEC ES FUNDAMENTAL PARA EL CORRECTO CONOCIMIENTO DE LA DOCTRINA ESPIRITA."

domingo, 23 de septiembre de 2012

CONSECUENCIAS DEL SUICIDIO








CONSECUENCIAS DEL SUICIDIO


Para poder abordar este tema tan delicado como es el suicidio, no tengo más remedio que, reportarme primeramente a la esencia misma de toda la Creación: Dios.

El Padre generador de todas las cosas; desde las cosas más ínfimas, hasta los grandes Imperios Estelares, mostrándonos a cada momento de nuestra vida, su Poder y su Gloria en todas las manifestaciones de la Naturaleza, que el hombre, en la mayoría de los casos, no sabe apreciar por ser un fenómeno habitual a sus sentidos, cuando vemos, por ejemplo, como de la unión de un espermatozoide masculino y un óvulo femenino, se crea una nueva vida, un nuevo cuerpo perfecto para que, en él pueda un Espíritu adquirir su tan necesaria experiencia terrestre, con vistas a su evolución y desarrollo espiritual.

Decimos: ¡Qué sabia es la Naturaleza!, cuando observamos como un grano de trigo al encontrar el cobijo de la Tierra en buenas condiciones, germina, transformándose en una hermosa espiga. ¡Cuanta perfección hay a nuestro alrededor! Cuando vemos al gusano morir para la Tierra; transformarse en hermosa mariposa.

Nos quedamos extasiados, al ver, a través de las Estaciones, el árbol aparentemente seco, reverdecer llenándose de flores y, posteriormente de sabrosos frutos.

No nos queda más, que admitir la perfección en nuestro entorno.

Pero estos fenómenos, por estar sujetos a leyes inmutables, nos parecen naturales, normales y, pocas, muy pocas veces obligamos a nuestra mente a la meditación sobre hechos tan transcendentales; el ser que piensa y medita sobre ello liberado de toda carga de orgullo y vanidad, que tanto nos ciega y tanto nos embrutece, la criatura humana, humilde y sincera, no puede por más que ver en todo lo que nos rodea, la manifestación poderosa y sabia del creador, alabando al Padre Supremo en su majestad y su gloria.

LA CREACIÓN

Pues bien, una vez asentada la paternidad de Dios sobre toda la Creación, vamos a abordar ésta para entender que todo lo que existe, que todo lo que vibra a nuestro alrededor, en sus múltiples formas visibles o sutiles, tiene un único principio o, una única esencia: El Fluido Cósmico Universal, o sea, todo lo que nosotros llamamos materia sea conocida o no, deriva de una misma fuente, de la cual salen los astros, los soles, las galaxias, los animales, las plantas, el aire, el agua y también el Hombre; además, Dios crea paralelamente el Principio Espiritual; parte inteligente de la Creación con el fin de , auxiliándose del principio material, elevar la vida a las cotas más altas de la perfección.

Así tenemos la Trinidad Universal: DIOS, ESPÍRITU y MATERIA.

Dios como creador absoluto; Espíritu, creado a imagen y semejanza de Dios y Materia, emanación del Todo sabio para desarrollo y evolución de la vida en sus múltiples facetas.

EL HOMBRE

El Hombre, Espíritu en grado de desarrollo intelectual y moral apto para la vida organizada y libre, está formado por una triple naturaleza: Humana, Astral y Espiritual.

Humana: auxiliado de la materia de su cuerpo físico, organismo perfecto y perecedero, donado por el Creador para adquirir del plano físico toda la experiencia, que la materia nos brinda a través de la vivencia como encarnados.

Astral: dotado de un cuerpo fluídico o Periespíritu, que siendo el doble del mismo organismo físico, aunque imperecedero, funciona como soporte del Espíritu, cuando nos separamos del cuerpo material compacto, cual es el cuerpo físico.

Espiritual: esencia misma del Todopoderoso; ser inteligente e inmortal, llamado a la gloria de la perfección por la misericordia del Padre magnánimo y misericordioso.

Por tanto podemos ver, que el Hombre es un Espíritu que, utilizando a veces la coraza de un cuerpo de carne y otras, del cuerpo fluídico, va desarrollándose a través de los siglos, adquiriendo las virtudes necesarias para que un día no necesitemos más la encarnación y podamos seguir nuestra vida inmortal e imperecedera, a través de los siglos, en los mundos universales, sin la pesada carga del cuerpo carnal, para ello tendría que utilizar de forma correcta, los diferentes cuerpos que le son ofrecidos, para la bendita adquisición de valores, al mismo tiempo que vamos lavando nuestras faltas en la escuela de la vida, en este punto ya podemos entender nuestra naturaleza, qué somos y hacia dónde nos dirigimos.

EL SUICIDA

El suicida es un Espíritu cobarde e ignorante que huye a los compromisos adquiridos en la Espiritualidad, como medio de rescate de su propio pasado; destruyendo un cuerpo que no le pertenece, ya que es una obra de Dios, un instrumento puesto al servicio del hombre para su propio progreso y, huyendo a los compromisos de rescate, lo único que consigue es, agravar sus deudas para con las leyes sabias e inmutables de Dios; teniendo que volver a reencarnar de forma más precaria que la vez anterior, con el fin de saldar las deudas que su propia conciencia le reclama, a fin de hallar la paz que todos anhelamos y necesitamos.

Distintos modelos de suicidas: conscientes o inconscientes.

Alimentación, tabaco, alcohol, drogas, desequilibrio emocional por la insatisfacción y profundo desorden.

1ª SORPRESA DEL SUICIDA

¿Cuál es la primera sorpresa del suicida al realizar el acto criminal y cobarde del suicidio?
Evidentemente, sentir el terror de seguir sintiéndose vivo, no obstante el dolor inmenso que está padeciendo.
Sigue pensando; llegando al límite de las resistencias, fustigado por los mismos problemas que lo llevaron al suicidio y por el dolor tremendo de las heridas que se ocasionó, siendo el ahorcado, por ejemplo, que padecerá la asfixia constante por falta de oxígeno.
Si es que se arrojó a las aguas intencionadamente, sentirá por mucho tiempo, como las aguas penetran e inundan sus pulmones, al mismo tiempo que bracea y patalea en acción refleja, sin conseguir asirse a ninguna parte. Si recurrió al veneno, sentirá el veneno quemar sus entrañas, de una forma tal, que pedirá a Dios, lo fulmine con el fin de dejar de sufrir.
Si acabó su vida con un tiro en la cabeza, será la bala que va penetrando las capas de su cerebro de forma constante, percibiendo como va destrozando cada fibra íntima, repercutiendo los dolores agudos al mismo tiempo que la herida no deja de sangrar.
El que se quemó, será el fuego el que se encargue de torturarlo de forma indeterminada, sin que jamás, se extingan sus llamas. Al que se arrojó a algún vehículo en marcha, será la visión de sus carnes despedazadas, las que constantemente le martiricen el cerebro, percibiendo el triturar de sus huesos y el desgarramiento de su cuerpo.

Sea cual sea la forma de suicidio, lo único que encuentra el suicida, es horror y desespero. La vida no se extingue jamás; la criatura siente esa sorpresa que no esperaba y pasa a vivir las más altas cotas de sufrimiento que a él le parece que no tiene fin, lo que le aumentará su desesperación.

¿POR QUÉ TANTO DOLOR EN EL SUICIDA?

En primer lugar, el suicida es un tránsfuga de la Ley de Dios,
Atentando contra el V Mandamiento: NO MATARÁS, huyendo a sus responsabilidades, que en la mayoría de las veces, fue él mismo que las eligió, las pruebas y expiaciones, que lo condujeron al suicidio, con el fin de rescatar el pasado culpable, es por lo que pasa a sufrir un dolor moral de grado superlativo: es su propia conciencia que le reclama de forma que no puede evadirse del acto criminal, pasando a la condición de reo, habitando los lugares más infelices del mundo espiritual.

También encontramos paralelamente al dolor moral, el dolor físico, pues no debemos olvidar, que al mismo tiempo que lesionó su cuerpo físico, al punto de causarle la muerte, hizo lo mismo con su cuerpo periespiritual que, aunque inmortal, sí está lesionado en la misma cuantía que el físico, siendo que la mente recibe de el Periespíritu, la respuesta de dolor, como consecuencia del acto brutal del suicidio.
Dolor éste que parece multiplicarse, al no tener el organismo carnal que lo amortigüe; no olvidemos que, cuando encarnamos para una nueva vida, llevamos como tesoro un organismo repleto de fluido vital; energía ésta en cantidad suficiente al número de años que por nuestra programación, deberemos vivir en la superficie del planeta como encarnados. Al cortar violentamente, a través del brutal acto del suicidio, nuestra vida encarnada, rompiendo éste lazo de unión con el Periespíritu, éste queda repleto de esta energía vital animalizada; siendo ésta misma energía, que refleja la sensación de la materia, en este caso, violentamente destruida, y pasa a vivir su mente el dolor material, la sensación de deterioro.
A veces vive todo el período de putrefacción de su cuerpo, notando como los gusanos corroen sus entrañas; no pudiendo separarse del cuerpo hasta su completa desintegración.

¿DÓNDE ESTÁ LA MISERICORDIA DE DIOS?

La misericordia de Dios la encontramos a cada paso que damos en la vida de encarnados y de desencarnados, pues Dios nunca nos condena, somos nosotros con nuestros actos rebeldes que nos ocasionamos tantas desgracias, por no seguir la senda del deber: Dios, en su infinita misericordia quiere que todas sus criaturas, un día gocen de la felicidad plena, una vez que hallan alcanzado, con su propio esfuerzo, las cumbres de la evolución y para ello, disponemos de todos los medios necesarios: un cuerpo carnal para las sucesivas encarnaciones planetarias, al mismo tiempo que un cuerpo fluídico para la vida en el espacio; una casa planetaria con todo lo necesario para la vida del Hombre, con todos los recursos a la medida de su evolución.

Nos proporciona el bien de la familia, como medio de educación y progreso, reforzándonos para enfrentar la edad adulta en buenas condiciones morales y físicas; nos provee a cada uno de nosotros de un Espíritu Guía y protector para que constantemente nos guíe por la senda correcta, orientándonos en el bien y en la buena moral. Nos permite la ayuda de Espíritus amigos y familiares con el fin de inspirarnos por el camino correcto.

Nos dio a un Guía Planetario, para dirigir la evolución de nuestro orbe, tanto desde el Plano Espiritual, como del físico, siendo que hace unos dos mil años, encarnó entre nosotros, dándonos el Código de la más alta moral, para nuestra propia salvación, ¿y nosotros qué hacemos a cambio?

Hacemos oído sordo a los buenos consejos de buena moral cristiana.

Nos engolfamos en los vicios más bajos y desastrosos. Nos parapetamos en nuestro castillo inexpugnable del orgullo desmedido y de la vanidad exagerada.

Rechazamos todo lo que nos puede conducir a ser mejores personas, y en el máximo de nuestra iniquidad, apedreamos, insultamos, calumniamos, azotamos y crucificamos al Salvador de ésta Humanidad; despreciándolo entonces y ahora.

Pues hoy, dos mil años después, seguimos despreciando esa luz, que a través del Evangelio nos dejó el Maestro de maestros, el venerable Jesús. Y aún decimos, ¿dónde está la Justicia y la Misericordia de Dios?

Se nos han dado, además, los testimonios de una infinidad de Espíritus elevados que vinieron a encarnar entre nosotros, con el firme propósito de ayudarnos a comprender, para abrir nuestras mentes a un nuevo concepto de la vida. Para alejarnos de ese mal destructor por excelencia, el EGOÍSMO.

¿Y qué hemos hecho? No oír; seguimos regocijándonos en el mundo de las sensaciones.
No estamos dispuesto a ceder nada de lo que creemos es nuestro patrimonio personal.
Ni pensamos en la renuncia, ni en la humildad, y aún seguimos pensando, ¿dónde se encuentra Dios que no nos oye? No oye nuestros lamentos, creados por nuestra incuria y comodísimos, pero Dios nunca nos abandona, aunque hayamos descendido a los abismos del dolor y el desespero voluntariamente.

¿CÓMO PUEDE REHACERSE EL SUICIDA DE ESTA CONDICIÓN?

Naturalmente, nunca somos abandonados a nuestra suerte, siempre contamos con la ayuda y la protección de abnegados hermanos Espirituales que velan por nosotros. No hay nadie, ningún ser abandonado, por muy criminal que sea. Todos estamos siendo observados por ese Pastor que espera a sus ovejas descarriadas para introducirlas en el momento propicio en su redil.

Una vez que esas fuerzas animalizadas se van extinguiendo, es cuando estamos en condiciones de ser socorridos por abnegados Espíritus, rescatándonos de los lugares de terror y tinieblas, y conducidos a Casas de Socorros Espirituales, con el fin de ser reeducados y preparados psicológica y moralmente para volver a repetir esa encarnación frustrada, con el doble sentido de cumplir la programación de la Ley y, a la vez, reequilibrar y reajustar nuestro organismo Periespiritual, seriamente dañado por el acto del suicidio.

(Ejemplo del libro Memorias de un Suicida, del Espíritu Camilo Castelo Branco.)

(En que condiciones pueden reencarnar los suicidas)

Los suicidas pueden reencarnar en las más variadas y difíciles situaciones, soportando en la mayoría de los casos un cuerpo enfermo, tarado o desfigurado (consecuencia del desequilibrio producido con el acto del suicidio).
Pueden tener encarnaciones muy cortas, con el objetivo de reequilibrar sus fuerzas periespirituales al contacto con un nuevo cuerpo físico, y en la mayoría de los casos estos enfermos espirituales son conducidos a otros enfermos del alma; los hombres y mujeres que corrompieran los propios centros genesicos, por la delincuencia emotiva o por los crímenes reiterados del aborto provocado.
Para que sirviendo en la condición de enfermeros y guardianes como padres de estos espíritus endeudados ante la Eterna Justicia, al igual que ellos, se recuperan a su turno, regenerándose a sí mismos, a través del cuidado amoroso con que atienden a sus hijitos; sorbiendo lágrimas de dolor, al ver a sus pequeños atormentados por el dolor, ya desde la cuna.

¿QUÉ NOS DICE EL ESPIRITISMO DEL SUICIDIO?

El Evangelio Según el Espiritismo, en el capítulo V, página 80, Item 16, nos aclara la respuesta de la siguiente manera: "La incredulidad, la simple duda acerca del porvenir, las ideas materialistas, en una palabra: son los más grandes excitantes para el suicidio; engendran la cobardía moral, y cuando se ven hombres de ciencia apoyarse en la autoridad del saber, para esforzarse en probar a sus oyentes o a sus lectores, que nada tienen que esperar después de la muerte, ¿no equivale a conducirles a ésta consecuencia?, es a saber: ¿que si son infelices, nada pueden hacer mejor que matarse?

¿Qué podrían decirles que les desviara de esa idea? ¿Qué compensación pueden ofrecerles? ¿Qué esperanza pueden darles?
Nada absolutamente, sino la nada. De donde se sigue que, si la nada es el sólo remedio heroico, la sola perspectiva, más vale caer en ella enseguida que más tarde y sufrir de éste modo menos tiempo.

La propagación de las ideas materialistas es, pues, el veneno que inocula en un gran número el pensamiento del suicidio, y aquellos que se proclaman sus apóstoles, asumen una terrible responsabilidad. No siendo permitida la duda con el Espiritismo, el aspecto de la vida cambia; el creyente sabe que la vida se prolonga indefinidamente más allá de la tumba, pero en diferentes condiciones; de aquí nace la paciencia y la resignación, que naturalmente desvían el pensamiento del suicidio; en una palabra, de aquí viene el " valor moral".


¿Cómo podemos ayudar a los suicidas?
Oración y Evangelio en el hogar. Como medio de educar y fortalecer.

Artículo de: Esteban Zaragoza García
Espiritismo

EL PORVENIR Y LA NADA




El porvenir y la nada

1. Vivimos, pensamos, obramos, he aquí lo positivo: moriremos, esto no es menos cierto.
Pero dejando la Tierra, ¿a dónde vamos? ¿Qué es de nosotros? ¿Estaremos mejor o peor? ¿Seremos
o no seremos? Ser o no ser: tal es la alternativa, es para siempre o para nunca jamás, es todo o nada,
viviremos eternamente o todo se habrá concluido para siempre. Bien merece la pena pensar en ello.
Todo hombre siente el deseo de vivir, de gozar, de querer, de ser feliz. Decid a uno que sepa
que va a morir que vivirá todavía, que su hora no ha llegado, decidle sobre todo que será más feliz
de lo que ha sido, y su corazón palpitará de alegría. ¿Pero por qué estas aspiraciones de dicha, si un
soplo puede desvanecerlas?
¿Acaso existe algo más aflictivo que el pensamiento de la absoluta destrucción? Puros
afectos, inteligencia, progreso, saber laboriosamente adquirido, todo esto sería perdido, aniquilado.
¿Qué necesidad habría de esforzarse en ser mejor, reprimirse para refrenar sus pasiones, fatigarse en
adornar su inteligencia, si no debe uno recoger de todo fruto alguno, sobre todo con el pensamiento
de que mañana quizá no nos sirva ya para nada? Si así sucediese, el destino del hombre sería cien
veces peor que el del bruto, porque el bruto vive enteramente para el presente, para satisfacción de
sus apetitos materiales, sin aspiración al porvenir. Una intuición íntima afirma que esto no es
posible.
2. Con la creencia en la nada, el hombre concentra forzosamente todos sus pensamientos
sobre la vida presente, y no es posible, en efecto, preocuparse lógicamente de un porvenir en el cual
no se cree. Esa preocupación exclusiva del presente que conduce naturalmente a pensar en sí mismo
ante todo es, pues, el más poderoso estimulante del egoísmo, y el incrédulo es consecuente consigo
mismo cuando deduce esta conclusión: “Gocemos mientras estamos aquí, gocemos lo más posible,
puesto que con nosotros todo concluye. Gocemos aprisa, porque ignoramos cuánto durará esto.” Y
este otro argumento, mucho más grave para la sociedad: “Gocemos a pesar de todo, cada uno para
sí. La dicha aquí es del más listo.”
Si el respeto humano detiene a algunos, ¿qué freno tendrán aquellos que nada temen? Dicen
que la justicia humana sólo alcanza a los torpes, por esto discurren cuanto pueden para eludirla. Si
hay una doctrina malsana y antisocial, seguramente es la del nihilismo, porque rompe los
verdaderos lazos de la solidaridad y de la fraternidad, fundamentos de las relaciones sociales.
3. Supongamos que, por una circunstancia cualquiera, todo un pueblo adquiere la certeza de
que dentro de ocho días, de un mes, de un año si se quiere, habrá desaparecido, que ni un solo
individuo sobrevivirá, y que no quedará ni huella del mismo después de la muerte. ¿Qué hará
durante este tiempo? ¿Trabajará para su mejoramiento e instrucción? ¿Se sujetará al trabajo para
vivir? ¿Respetará los derechos, lo intereses y la vida de sus semejantes? ¿Se someterá a las leyes, a
una autoridad, cualquiera que sea, incluso la más legítima: la autoridad paternal? ¿Se obligará a
algún deber? Seguramente que no. Pues bien, lo que no sucede en masa, la doctrina del nihilismo lo
realiza cada día aisladamente.
Si las consecuencias no son tan desastrosas como lo pudieran ser, es primeramente porque la
mayor parte de los incrédulos tienen más fanfarronería que verdadera incredulidad, más duda que
convicción, porque tienen miedo del que manifiesta al anonadamiento. El título de espíritu fuerte,
lisonjea su amor propio. Además, los incrédulos absolutos están en ínfima minoría, sufren, a pesar
suyo, el ascendiente de la opinión contraria, y son contenidos por una fuerza material. Pero si la
incredulidad absoluta fuese un día la opinión de la mayoría, la sociedad quedaría disuelta. A esto
tiende la propaganda de la idea del nihilismo.
1
1. Un joven de dieciocho años padecía de una enfermedad de corazón declarada incurable. La ciencia
             
había dicho: puede morir tanto dentro de ocho días, como dentro de dos años, pero no pasará de ahí. Lo supo el
joven, y al momento abandonó los estudios y se entregó a todos los excesos. Cuando se le decía lo peligroso que
era en su situación esa vida desordenada, contestaba: “¡Qué me importa, puesto que sólo he de vivir dos años!
¿A qué cansar mi imaginación? Yo disfruto de lo que me resta y quiero divertirme hasta el fin.”
He aquí la consecuencia lógica del nihilismo. Si este joven hubiese sido espiritista, habría sostenido: “La
muerte sólo destruirá mi cuerpo, que dejaré como un vestido viejo, pero mi espíritu vivirá siempre. Yo seré en la
vida futura lo que habré procurado ser en ésta. Nada de cuanto pueda adquirir en cualidades morales e
intelectuales será perdido, y redundará en provecho de mi adelanto. Todos los defectos de que me despoje son un
paso más hacia la felicidad. Mi dicha o mi desgracia venideras dependen de la utilidad o inutilidad de mi
existencia presente. Me interesa mucho aprovechar el poco tiempo que me queda, y evitar cuanto pueda
debilitar mis fuerzas.”
De estas dos doctrinas, ¿cuál es la preferible?
Cualesquiera que sean las consecuencias, si el nihilismo fuese una verdad habría que
aceptarlo. Y no serían ni sistemas contrarios, ni el temor del mal que resultaría, los que podrían
impedir que lo fuese. No hay, pues, que hacerse ilusiones. El escepticismo, la duda, la indiferencia,
aumentan cada día, a pesar de los esfuerzos de la religión. Si la religión es impotente contra la
incredulidad es porque le falta algo para combatirla, de manera que si permaneciese inactiva en un
tiempo dado, sería infaliblemente vencida. Lo que le falta en este siglo de positivismo, en el que se
quiere comprender antes que creer, es la sanción de esas doctrinas por hechos positivos, así como la
concordancia de ciertas doctrinas con los datos positivos de la ciencia. Si ésta dice blanco y los
hechos dicen negro, hay que optar entre la evidencia o la fe ciega.
4. En tal situación, el Espiritismo viene a oponer un dique a la invasión de la incredulidad,
no sólo con el raciocinio, no sólo con la perspectiva de los peligros que trae consigo, sino más bien
con hechos materiales, haciendo palpables al tacto y a la vista el alma y la vida futura.
Cada uno es libre, sin duda alguna, en su creencia, de creer algo o de no creer nada. Pero
aquellos que quieren hacer prevalecer en la mente de las masas, de la juventud sobre todo, la
negación del porvenir apoyándose en la autoridad de su saber y del ascendiente de su posición,
siembran en la sociedad gérmenes de turbación y de disolución, y contraen una grave
responsabilidad.
5. Hay otra doctrina que asegura no ser materialista, porque admite la existencia de un
principio inteligente fuera de la materia: es la de la absorción en el todo universal. Según esta
doctrina, cada individuo se apropia desde su nacimiento una partícula de este principio, que
constituye su alma, y le da la vida, la inteligencia y el sentimiento. A la muerte, ese alma
vuelve al centro común y se pierde en el infinito, como una gota de agua en el océano.
Esta doctrina, sin duda alguna, es preferible al materialismo puro, puesto que admite algo, y
el otro no admite nada. Pero las consecuencias son exactamente las mismas. Que el hombre sea
sumido en la nada o en un depósito común, es igual para él. Si en el primer caso está destruido, en
el segundo pierde su individualidad, esto es, como si no existiera. Las relaciones sociales quedan
destruidas, lo esencial para él es la conservación de su yo. Sin esto, ¿qué importa ser o no ser? El
porvenir para él es siempre nulo, y la vida presente es lo único que le preocupa e interesa. Desde el
punto de vista de sus consecuencias morales, esta doctrina es tan malsana, tan desconsoladora, tan
excitante del egoísmo como el materialismo puro.
6. Se puede, además, formular la objeción siguiente contra esa doctrina: todas las gotas de
agua procedentes del océano se asemejan y tienen propiedades idénticas, como las partes de un
mismo todo. ¿Por qué las almas, si proceden de ese gran océano de la inteligencia universal, se
asemejan tan poco? ¿Por qué el genio al lado de la estupidez? ¿Las virtudes más sublimes al lado de
los vicios más vergonzosos? ¿La bondad, la dulzura, la mansedumbre, al lado de la maldad, de la
crueldad y la barbarie? ¿Cómo difieren tanto unas de otras partes de un todo homogéneo? Se dirá.
Acaso, que es la educación la que las modifica. Pero entonces, ¿de dónde proceden las cualidades
           
innatas, las inteligencias precoces, los instintos buenos y malos, independientes de toda educación y
muy a menudo poco en armonía con los ámbitos en que se desarrollan?
La educación, sin duda alguna, modifica las cualidades intelectuales y morales del alma.
Pero aquí surge otra dificultad. ¿Quién da al alma la educación para hacerla progresar? Otras almas
que, siendo de un mismo origen, no deben estar más adelantadas. Por otra parte, el alma, volviendo
al Todo Universal de donde salió, después de haber progresado durante la vida, lleva allí un
elemento más perfecto, de lo que se deduce que ese todo, con el tiempo, debe encontrarse
profundamente modificado y mejorado. ¿Cuál es la causa de que incesantemente salgan almas
ignorantes y perversas?
7. En esa doctrina, el manantial universal de inteligencia que provea las almas humanas es
independiente de Dios. No es precisamente el panteísmo. El panteísmo, propiamente dicho, difiere
porque considera el principio universal de vida y el de inteligencia como constituyendo la
Divinidad. Dios es a la vez espíritu y materia. Todos los seres, todos los cuerpos de la Naturaleza
componen la Divinidad, de la que son moléculas y elementos constitutivos. Dios es el conjunto de
todas las inteligencias reunidas. Cada individuo, siendo una parte del todo, es Dios mismo, ningún
ser superior e independiente manda al conjunto. El Universo es una inmensa república sin jefe o,
más bien, en ella cada uno es jefe con un poder absoluto.
 8. A este sistema se pueden oponer numerosas objeciones, de las cuales las principales son:
No pudiéndose comprender la Divinidad sin perfecciones infinitas, uno se pregunta: ¿Cómo un todo
perfecto puede componerse de partes tan imperfectas y que tienen necesidad de progresar? Estando
cada parte sometida a la ley del progreso, resulta que el mismo Dios debe progresar. Si progresa sin
cesar, debió ser en el principio muy imperfecto. ¿Cómo un ser imperfecto, compuesto de voluntades
e ideas tan divergentes, pudo concebir leyes tan armoniosas de tan admirable unidad, sabiduría y
previsión como las que rigen el Universo? Si todas las almas son porciones de la Divinidad, todas
han contribuido a formar las leyes de la Naturaleza. ¿A qué se debe que estén murmurando sin cesar
contra esas leyes que ellas hicieron? Una teoría no puede ser aceptada como verdadera más que
con la condición de satisfacer la razón y dar cuenta de todos los hechos que abraza. Si solamente
un hecho viene a desmentirla, es porque no está en lo verdadero en absoluto.
9. Desde el punto de vista moral, las consecuencias son también ilógicas. Por de pronto es
para las almas, como en el sistema precedente, la absorción en un todo y la pérdida de la
individualidad. Si se admite, según la opinión de algunos panteístas, que conservan su
individualidad, Dios no tiene ya una voluntad única, es un compuesto de millones de voluntades
divergentes. Siendo, pues, cada alma parte integrante de la Divinidad, ninguna es dominada por
una potencia superior. No asume, por consiguiente, ninguna responsabilidad por sus actos buenos o
malos, ni tiene interés alguno en hacer el bien, y puede hacer el mal impunemente, puesto que es
señora soberana.
10. Además de que estos sistemas no satisfacen ni a la razón ni a las aspiraciones del
hombre, se tropieza, como vemos, con dificultades insuperables, porque no pueden resolver todas
las dudas que de hecho suscitan. El hombre tiene, pues, tres alternativas: la nada, la absorción, o
la individualidad del alma antes y después de la muerte. La lógica nos conduce inevitablemente a
esta última creencia. Es también la que ha sido el fundamento de todas las religiones desde que el
mundo existe.
Si la lógica nos conduce a la individualidad del alma, nos trae también esta otra
consecuencia: que la suerte de cada alma debe depender de sus cualidades personales, porque sería
irracional admitir que el alma rezagada del salvaje y la del hombre perverso estuviesen al nivel de
las del sabio y del hombre de bien. Según la justicia, las almas deben tener la responsabilidad de sus
actos. Pero para que sean responsables, es menester que sean libres de escoger entre el bien y el
             
mal. Sin el libre albedrío hay fatalidad, y con la fatalidad no cabe la responsabilidad.
11. Todas las religiones han admitido igualmente el principio de la suerte feliz o desgraciada
de las almas después de la muerte, es decir, de las penas y de los goces futuros que se resumen en la
doctrina del cielo y del infierno, que se encuentra en todas partes. Pero en lo que difieren
esencialmente es en la naturaleza de esas penas y de esos goces y, sobre todo, en las circunstancias
que pueden merecer las unas y los otros. De aquí puntos de fe contradictorios que han hecho surgir
diferentes cultos, y los deberes particulares impuestos por cada uno de ellos para adorar a Dios, y
por este medio ganar el cielo y evitar el infierno.
12. Todas las religiones han debido, en su origen, estar en proporción o relación con el
grado de adelanto moral e intelectual de los hombres. Éstos, todavía demasiado materiales para
comprender el mérito de las cuestiones puramente espirituales, han hecho consistir la mayor parte
de los deberes religiosos en el cumplimiento de formas exteriores. Durante cierto tiempo, esas
formas bastaron a su razón. Más tarde, haciéndose la luz en su inteligencia, sienten el vacío que
dejan las formas tras de sí, y si la religión no llena este vacío, la abandonan y se vuelven filósofos.
13. Si la religión, apropiada en un principio a los conocimientos limitados de los hombres,
hubiese seguido siempre el movimiento progresivo del espíritu humano, no habría incrédulos,
porque está en la del hombre la necesidad de creer, y creerá si se le da un alimento espiritual en
armonía con sus necesidades intelectuales.
El hombre quiere saber de dónde viene y a dónde va. Si se le señala un fin que no
corresponda ni a sus aspiraciones ni a la idea que se forma de Dios, ni a los datos positivos que le
suministre la ciencia; si además se le imponen para alcanzarlo condiciones cuya utilidad no admite
su razón, todo lo rechaza. El materialismo y el panteísmo le parecen aún más racionales, porque en
ellos se discute y se raciocina. Es un raciocinio falso, es verdad, pero prefiere razonar en falso a
dejar de razonar. Pero que se le presente un porvenir con condiciones lógicas, digno en todo de la
grandeza, de la justicia y de la infinita bondad de Dios, y abandonará el materialismo y el
panteísmo, cuyo vacío siente en su fuero interno, y que admitió únicamente por no saber nada
mejor.
El Espiritismo da algo mejor, y por eso es acogido tan fervorosamente por todos aquellos a
quienes atormenta la punzante incertidumbre de la duda, y que no encuentran ni en las creencias ni
en las filosofías vulgares lo que buscan. Tiene a su favor la lógica del raciocinio y la sanción de los
hechos, y por esto se le ha combatido inútilmente.  
14. El hombre tiene instintivamente la creencia en el porvenir. Pero no teniendo hasta hoy
ninguna base cierta para definirlo, su imaginación ha forjado sistemas que han traído la diversidad
de creencias. No siendo la doctrina espiritista sobre el porvenir una obra de imaginación más o
menos ingeniosamente expresada, y sí el resultado de la observación de hechos materiales que se
desarrollan hoy a nuestra vista, reunirá, como lo hace ya actualmente, las opiniones divergentes o
flotantes, y traerá poco a poco y por la fuerza natural de las cosas la unidad de creencias sobre este
punto, creencia que no tendrá por base una hipótesis, sino una certeza. La unificación hecha en lo
relativo a la suerte de las almas será el primer punto de contacto entre los diferentes cultos, un
paso inmenso hacia la tolerancia religiosa primero, y más tarde hacia la fusión.