domingo, 26 de mayo de 2013

LA VIDENTE DE PREVORST


El magnetismo fue el primero que vino a suministrar un medio de penetrar en este dominio inaccesible del mañana de la muerte. El sonambulismo, descubierto por M. de Puységur, fue el instrumento de investigación de este mundo nuevo. Los sonámbulos, sometidos a este estado nervioso, han podido entrar en relación con las almas desencarnadas, describirlas minuciosamente, para convencer a los asistentes de que hablaban verdaderamente con los espíritus.
El Dr. Kerner, tan reputado por su saber como por su perfecta honradez, ha escrito la biografía de la señora Hauffe, más conocida bajo el nombre de La vidente de Prévorst (3) Dicha Sra. no tenía necesidad de estar dormida para ver a los espíritus; su naturaleza, delicada y refinada por la enfermedad, le permitía percibir formas, invisibles para las otras personas presentes. Su primera visión tuvo lugar en una cocina del castillo de Lowenstein. Era un fantasma de mujer que volvió a ver algunos años más tarde.
La Sra. Hauffe contaba, pero sólo cuando se le preguntaba mucho, jamás espontáneamente, tener siempre a su lado, como han tenido Sócrates, Platón y otros, un ángel o daimon advirtiéndole de los peligros que debía evitar, no solamente los de ella, sino también los de otras personas. Era el espíritu de su abuela, la señora Schmidt Gall. Estaba vestido, como todos los espíritus femeninos que se le aparecían, con una saya blanca, cinturón y un gran velo igualmente blanco.
La vidente de Prévorst decía que después de la muerte, el alma conserva un espíritu nérvico, que es su forma. Esta envoltura era la que ella tenía la facultad de ver sin estar dormida, y mucho mejor a la claridad del sol o de la luna que en la oscuridad. “Las almas —decía—, no tienen sombra. Su forma es grisácea; sus vestidos, los que han llevado en el mundo, pero grisáceos también. Los mejores tienen solamente amplios trajes blancos y parecen suspendidas respecto al suelo, mientras que los malos andan penosamente. Los ojos son muy resplandecientes. Pueden no solamente hablar, sino también producir sonidos semejantes a suspiros, roces de seda o de papel, golpes sobre las paredes o muebles, ruidos de arena o guijarros o de calzados arrastrados sobre el suelo. Son también capaces de mover los objetos más pesados y de abrir o cerrar las puertas.” ¿Eran objetivas estas visiones? Es decir, ¿tenían lugar en otra parte más que en el cerebro de la señora Hauffe?
El Dr. Kerner hizo varias encuestas para asegurarse de la realidad de esos espíritus, perceptibles sólo por la vidente. “En Oberstenfald, una de esas almas, la del Conde Weiler, que había asesinado a su hermano, se presentó en casa de la señora Hauffe, hasta siete veces. Únicamente la señora Hauffe le veía; pero varios de sus parientes oyeron una explosión; vieron romperse cristales; y muebles y candeleros cambiar de sitio, sin que nadie los tocara, cada vez que el fantasma volvió. “Otra alma de asesino, vistiendo hábito, persiguió a la vidente todo un año, pidiéndole, como lo había hecho el conde Weiler, oraciones y lecciones de catecismo. Esta alma abría y cerraba violentamente las puertas, removía la vajilla, derribaba las pilas de leña, daba grandes golpes en las paredes, y parecía complacerse en cambiar de sitio a cada momento. Veinte personas respetables le han oído, sea en la casa, sea en la calle, y certificarían el hecho si fuese necesario.
“Un fantasma de mujer, llevando en sus brazos un niño, se mostró a la señora Hauffe varias veces. Como esto ocurría casi siempre en la cocina y la señora Hauffe vio levantarse algunas losas; se buscó y se encontró, a bastante profundidad, el cadáver de un niño. “En Weinsperg, el alma de un tenedor de libros, que había cometido algunas infidelidades durante su vida, fue a rogarle, llevando una levita negra bastante raída, que dijese a su viuda que no ocultase más los libros en los cuales constaban sus falsedades, y le indicaba el sitio donde estaban para que los denunciase a la justicia. Ella obedeció. Con ayuda de aquellos libros, fueron reparados algunos daños del muerto.
“En Lenach, el alma de un burgomaestre llamado Bellon, muerto en 1740 a los setenta y nueve años de edad, vino a pedirle consejos para escapar a la persecución de dos huérfanos. Ella se los dio, y después de seis meses el alma no volvió más. “Se menciona esta muerte en los registros de la parroquia de Lenach, con una nota que consigna que el burgomaestre había ocasionado perjuicios a varios niños de los que era tutor.” El Dr. Kerner añade que podría citar aún una veintena de apariciones cuya autenticidad ha sido comprobada posteriormente. Siendo perfectamente fundada la honorabilidad de este doctor y la de la señora Hauffe, casi siempre en cama sin poder moverse y rodeada de numerosa familia, no cabe la posibilidad de superchería alguna. Los hechos, pues, son reales, y aunque se hayan producido mucho tiempo antes que se hablara de Espiritismo, tienen con los observados en nuestros días las más gran des analogías.