domingo, 10 de noviembre de 2013

LA VIDA FUTURA


Con estas palabras "Mi reino no es de este mundo "se refiere claramente Jesús a la vida futura. Todas sus máximas se relacionan con este gran principio. En efecto, a no ser por la vida venidera, la mayoría de sus  preceptos de moral no tendrían ninguna razón de existir. De ahí  que quienes no creen en la vida futura, pensando que solo habrá el de la existencia presente, no comprenden dichos preceptos o los juzgan pueriles.
Los judíos tenían ideas muy imprecisas acerca de la vida futura. Creían en los ángeles, como seres privilegiados de la creación, pero ignoraban que los hombres pudiesen algún día convertirse en ángeles y compartir la felicidad de estos. Los judíos creían que si acataban las leyes  de Dios, eran  recompensados con bienes aquí en la Tierra, alcanzando la supremacía de su nación y las victorias que sobre sus enemigos. En cambio, las calamidades que sufrían y sus derrotas constituían  para ellos el castigo de su desobediencia. Estaba claro que la manera de impresionar a un pueblo de pastores, con poca cultura, era con las cosas de este mundo. 

Más tarde llego Jesús para revelar a los judíos que existe otro mundo en el que la justicia de Dios sigue su curso. Este es el mundo que él  nos promete si seguimos sus enseñanzas. Es nuestra recompensa, allí reside toda su gloria y a él retornaremos al dejar la Tierra.

Jesús, adecuó sus enseñanzas al estado en el que se encontraban los hombres de su época. Si no lo hubiese hecho así, les habría deslumbrado sin iluminarlos, no habrían comprendido su mensaje. Se limitó a plantear la vida futura, en cierto modo, como una ley natural a la que nadie puede sustraerse. Por eso los cristianos creemos en la vida venidera, no obstante para un gran número de personas se trata tan solo de una creencia incompleta, falsa en muchos puntos, les crea dudas, incluso incertidumbre.
El espiritismo ha venido a completar la enseñanza de Cristo cuando los hombres hubieran madurado para comprender la verdad. Con la doctrina espirita la vida futura no es ya un simple artículo de fe, una mera hipótesis, sino una realidad material que los hechos demuestran. Solo aquel que tiene en cuenta el porvenir de la vida venidera, no concede al presente sino una importancia secundaria y se consuela con facilidad de sus fracasos pensando en el destino que le aguarda. Dios no condena de modo alguno los goces terrenales, sino el abuso de ellos en perjuicio de las cosas del alma.

El que se identifica con la vida futura, es semejante a un hombre rico que pierde una suma pequeña sin inmutarse, en cambio quien concentra sus pensamientos en la vida terrestre, es como un hombre pobre que pierde cuanto posee y se desespera.

Como nos dice “El Evangelio según el Espiritismo”: “reina fui entre los hombres, reina creía entrar en el reino de los cielos ¡cuánta  desilusión! qué humillación cuando, en  vez de ser recibida allí como soberana, he visto por encima de mí a hombres que yo creía insignificantes y despreciaba por no ser de sangre azul entonces comprendí la vacuidad de los hombres y grandezas que con tanta avidez se buscan en la Tierra”.
Para prepararse  un sitio en el reino de los cielos hace falta abnegación, humildad y caridad en toda su práctica, así como  benevolencia para con todos. No se os pregunta lo que habéis sido, qué rango ocupabais, sino el bien que habéis obrado y las lágrimas que enjuagasteis. Jesús  ya lo dijo “mi reino no es de esta Tierra, porque hay que sufrir para llegar al cielo y los senderos más penosos de la vida son los que hasta él os conducen. Buscad, pues, el  camino a través de las zarzas y los espinos y no entre las flores”.
Los hombres solo se preocupan de los bienes terrenales como si se pudiesen conservar siempre y descuidan los morales. Cuando el hombre vea que el presente repercute con el porvenir por la fuerza de sus actos y sobre todo cuando comprenda la reacción del porvenir sobre el presente, cuando, en una palabra, vea el pasado, el presente y el  porvenir encadenados, entonces cambiará radicalmente sus ideas.
Si estuviese demostrado que no existe una vida futura, la vida presente no tendría otro objeto que la conservación de un cuerpo que mañana o dentro de una hora, podría dejar de existir, en cuyo caso todo acabaría para siempre. Por firme que sea la creencia en la inmortalidad, el hombre solo suele ocuparse de su alma desde el punto de vista místico, la vida venidera con  muy escasa claridad definida solo le impresiona vagamente, no pasa de ser un objeto que se pierde en el horizonte y no un medio.

Los galos, los druidas, decían: “El alma vuelve a animar a otros cuerpos, en diversos mundos. La muerte no es más que el centro de una larga vida, ¡qué felices  son los pueblos que no conocen el temor supremo a la muerte!, de ahí nace su heroísmo en las sangrientas batallas  y su desprecio a la  muerte”. 

La conmemoración de los difuntos el uno de noviembre, es de origen galo, ellos celebraban la fiesta de los espíritus, pero no en los cementerios, (los galos no atribuían honores a los cadáveres). Su certeza en la vida futura era tan grande que se prestaban dinero reembolsable en otros mundos. También confiaban mensajes a los moribundos para sus amigos y familiares  difuntos.

Todas las religiones procuran confortar a los hombres en relación con la esfinge de la muerte, la doctrina espirita no solamente consuela, también ilumina el entendimiento de quienes indagan y lloran por la gran separación y la inmortalidad, la continuidad de la evolución del ser en globos diferentes a la Tierra, también confirma que el amor infinito de Dios abraza a todas las criaturas.

Como se nos dice en el libro “Justicia Divina”, los seres humanos son aprendices en la escuela de la evolución, dentro del uniforme de la carne, que deben dar cumplimiento a determinadas obligaciones: en los compromisos del ámbito familiar, en las responsabilidades de la vida pública, en el campo de los negocios materiales, en la lucha por el  propio sustento…

Cuando desees saber quién eres, ten en cuenta en qué piensas al estar a solas, analiza tus actos, piensa a qué dedicas tus horas libres. Cada conciencia es hija de sus propias obras, cada conquista representa el sacrificio de cada uno, Dios no concede prerrogativas ni excepciones, la gloria tiene precio, es la ley del mérito a la que ninguno puede eludir.

Cuando pasamos de la teoría al hecho observado y positivo, impone la necesidad de trabajar lo máximo que se puede durante la vida presente, que es de corta duración, en provecho de la fututa, que es indefinida. La duda respecto a la vida venidera conduce naturalmente a sacrificarlo todo a los goces del presente y de aquí la excesiva importancia que se le da a los bienes materiales que tanto incitan a la codicia, a la envidia y los celos, del que tiene poco contra el que tiene mucho, al deseo  de adquirir lo que tiene su vecino a cualquier precio no hay más que un paso, y aquí se originan los odios, las querellas, los procesos, las guerras y todos los males engendrados por el egoísmo.

En la duda acerca del  porvenir, el hombre abrumado en esta vida por el pesar y el infortunio, solo en la muerte ve el término a sus sufrimientos y no esperando nada, encuentra racional abreviarlo por medio del suicidio y sin esperanza en el porvenir, el sufrimiento produce una perturbación en su cerebro, causando muchos desequilibrios. Al no ver nada mas allá de esta vida se centra en gozar a cualquier precio no solo de los bienes materiales, sino también  de los honores, a elevarse por encima de los otros, a eclipsar a sus vecinos y la importancia que da a los títulos y a las sutilezas de la vanidad.
La certeza de la vida futura y de sus consecuencias cambia totalmente el orden de las ideas y hace ver las cosas bajo otro aspecto. Es como cuando se rasga  el velo y nos deja ver un horizonte inmenso y espléndido. Ante lo infinito y grandioso de la vida de ultratumba, desaparece la terrestre, como el grano de arena ante le montaña, todo se vuelve pequeño mezquino y hasta uno mismo se sorprende de la importancia atribuida a cosas tan efímeras y pueriles. La calma, la tranquilidad ante los acontecimientos de la vida es una dicha en comparación con las angustias, con los tormentos que nos damos, con los quebraderos de cabeza que nos buscamos para hacernos superiores a otros.

Cuando descubrimos que hay una vida venidera, se cierra la puerta de la desesperación, aleja numerosos procesos de locura y borra forzosamente la idea del suicidio. La dicha esta en relación  al progreso moral realizado, del bien hecho en la Tierra y que la suma del sufrimiento está en razón de la de los vicios y malas acciones. A los que estamos convencidos de esta verdad nos infunde una tendencia natural a hacer el bien y a huir del mal, quien siembra lo mejor obtiene lo mejor, quien aprende puede enseñar, quien ayuda sin reclamar recompensa, recoge el apoyo espontáneo.

En el pasado, a las aspiraciones de los hombres les bastaba, bajo el dominio de la fe ciega, la creencia abstracta de la vida futura. Se dejaban llevar. Hoy en día bajo el reinado del libre pensamiento, el hombre quiere conducirse por sí mismo, ver por sus propios ojos y sobre todo comprender las vagas nociones de la vida venidera que no están a la altura de las nuevas ideas. Con el desarrollo  de las ideas todo debe progresar alrededor del hombre, porque todo se relaciona y es solidario en la naturaleza; ciencias, creencias, cultos, legislación, medios de acción. La vida futura se nos presenta  bajo el aspecto de algo positivo, también hasta cierto punto, capaz de soportar el examen que satisfaga a la razón  y que nada  deje en tinieblas. Se le ha dado al hombre  nuevos medios de investigación para que penetre en el misterio y le haga comprender la vida futura en su realidad, en su positivismo, en sus relaciones íntimas con lo corporal y así se disipa la duda y la incertidumbre. El hombre no se ocupará de la nueva vida hasta que vea en ella una idea clara y bien definida, una situación lógica que responda a todas sus aspiraciones, que resuelva todas las dificultades del presente, en la que no encuentre nada que no pueda ser admitido por la razón, lo que nosotros llamamos Fe razonada.

Al cabo de innumerables existencias, hoy aprendemos que la vida se extiende triunfal en los dominios universales, que la materia asume distintos estados de fluidez y condensación, que los mundos se multiplican hasta el infinito en el cosmos, que cada espíritu se encuentra en un determinado momento evolutivo y que en consecuencia, el cielo es esencialmente un estado del alma que varía  con la visión interior de cada uno. La ley establece que tanto las pruebas como las penas se reduzcan o incluso se extingan, siempre que el aprendiz del progreso, es decir el deudor de la justicia, se consagre a las tareas del bien para aceptar espontáneamente el favor de prestar servicio y el privilegio de trabajar.

Allan Kardec nos dice que meditemos sobre estos puntos: “Pensando en la brevedad de la vida corporal, en comparación de la espiritual, que es infinita, hay que considerar la corta duración de los males terrestres, para aquel que hace lo que debe para no merecer otro castigo después de esta  existencia . Si me siento afligido por la pérdida de personas que me fueron queridas, he de felicitarme de que hayan salido antes que yo de su destierro y antes que yo gocen de la felicidad de la vida espiritual, exenta de las amarguras de la vida terrestre, y me he de consolar de su partida pensando que no hay entre ellos y yo más que una separación momentánea y que más frecuente y fácilmente podrán hallarse ahora cerca de mí”.
Vive de tal modo que aquellos que conviven contigo puedan, más tarde, recordar tu nombre como quien bendice la presencia de un manantial o agradece el paso de la luz. No pierdas la divina oportunidad de propagar la alegría. La vida del mañana sabemos que es, vida de paz, vida de amor,  de inalterable felicidad,  vida que para gozar de ella, basta únicamente cumplir la ley de Dios. En la vida eterna y en el progreso indefinido del espíritu, los plazos son muy largos, los siglos son menos que segundos en el reloj de la eternidad.

Que  Dios  nos  bendiga  a  todos.  

Lorenzo.

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS


De la misma manera que ha vencido hogueras, el Libro de los Espíritus va venciendo a la Ciencia habiéndosele adelantado en muchas cuestiones no sólo 151 años que han pasado de su publicación sino los que estarán por llegar porque aquella irá confirmando uno a uno todos los puntos en los que este libro dio un paso más que ella.

Jesucristo no escribió nada y se dejó mucho por decir, algo que comprobamos en pasajes como en su conversación con Nicodemo. Diálogo que representaría a la Ciencia de la época hablando directamente con el propio Jesús, y respondiendo éste a tres cuestiones fundamentales. La humanidad no estaba preparada intelectualmente para recibir muchas informaciones
¿Eres tú Maestro en Israel y no comprendes esto?.(Conversación con Nicodemo hablando de la transmigración de las almas, San Juan Cap.III)
Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños. Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. (Hechos Cap. II, v. 17 y 18)
Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.(San Juan Cap. XIV, v. 15 y 16)
A media mañana del 18 de Abril de 1857, un sábado de primavera en el Palais Royal de París se presenta públicamente la primera edición de El Libro de los Espíritus, en esa misma tarde ya estaba en manos de Víctor Hugo, que desde el principio de los fenómenos había tomado de las “mesas parlantes” pensamientos de los poetas “muertos”, y también en el de otras tantas personalidades afines a la realidad espírita como Dumas o Lamartine. La segunda edición, del 18 de marzo de 1860, añade en el título el término Filosofía Espiritualista y contiene los principios de la doctrina espírita sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los Espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente y futura y el porvenir de la humanidad, según la enseñanza dada por los Espíritus Superiores con la ayuda de diferentes médiums. Los Espíritus Superiores refieren ser comandados por el Espíritu de Verdad.

El 1 de mayo de 1864 la Iglesia lo coloca en el Index Librorum Prohibitorum, por el que la Iglesia prohibe la lectura de esas obras a sus fieles, lista creada por la Inquisición y que se ha mantenido hasta el año 1966, ¡qué gran honor para El Libro de los Espíritus estar en esa lista, junto a Galileo, Copérnico, Pascal, Rousseau, etc!

El 9 de octubre de 1861, siendo las diez y treinta horas de la mañana, en la explanada de la ciudadela de Barcelona, fueron quemados por orden del obispo de la ciudad 300 volúmenes y folletos sobre Espiritismo, entre los que se encontraba El Libro de los Espíritus. Una muchedumbre llenaba la calzada y cubría la inmensa explanada donde se levantó la hoguera, al grito de ¡Abajo Inquisición!.
Los principales diarios españoles daban detallada cuenta del suceso, y la prensa liberal lo condenaba. Y en la Sociedad de París se recibía la siguiente comunicación…Era necesario, que algo arrasara de un violento golpe a ciertos espíritus, encarnados, para que decidan ocuparse de esta gran doctrina que viene a regenerar al mundo. Nada en vuestra tierra se hace inútilmente y los que inspiramos el auto de fe de Barcelona sabíamos que obrando así le haríamos al Espiritismo dar un gran paso hacia adelante. Este hecho brutal, desconocido para los tiempos actuales fue consumado para llamar la atención de los periodistas que indiferentes dejaron decir y hacer obstinados en permanecer sordos, respondiendo siempre con mutismo la búsqueda de propaganda de los adeptos de esta idea. Pero, con este hecho han debido ocuparse para afirmarle o desmentirle dando lugar a una polémica que ha de concluir por dar la vuelta al mundo y de la que el Espiritismo obtendrá beneficios. La retaguardia de la inquisición porque lo hemos deseado acaba de realizar su último auto de fe. Un Espíritu (Santo Domingo de Guzmán).
Apenas 27 años después se celebraría en el mismo lugar la Exposición Universal y al mismo tiempo el Primer Congreso Internacional Espiritista de todos los tiempos. Y diez años después uno de los aniversarios del auto de fe congregaría siete mil espiritistas en la plaza de la ciudadela. Ningún libro hasta el día de hoy pudo encontrar mejor forma de divulgación.

Escrito en forma dialogada como la filosofía clásica es resultado de las respuestas a las preguntas que hiciera Denizard Rivail, (que adoptó el pseudónimo de Allan Kardec recomendado por un espíritu para que su fama literaria como pedagogo no se confundiera con el libro que daría inicio a la Era Espírita), respondidas por los Espíritus desde muchos puntos del planeta, bajo la dirección del Espíritu de Verdad.
Está dividido en cuatro partes o libros y en 1019 preguntas, y sería pretencioso por nuestra parte saber qué destacar de una obra inspirada por las mayores autoridades del conocimiento humano a título póstumo. Por lo que es fruto únicamente del azar que colocamos algunas cuestiones dentro del limitado espacio que se nos ofrece, pero que nos permite este hojear el libro como la mejor forma de que él hable de si mismo.

En la Introducción se crean palabras nuevas como espiritismo para distinguirla de espiritualismo.
Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. Encontramos la prueba de su existencia en el axioma que no hay efecto sin causa, buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre y vuestra razón os contestará.

Están habitados todos los globos que circulan en el espacio sea por vida material o espiritual.

Los espíritus son los seres inteligentes de la creación. Pueblan el universo fuera del mundo material. Dios ha creado siempre espíritus, aunque invidualmente todos tenemos un principio creados sencillos e ignorantes y siendo eternos desde ese momento y sometidos a la ley del progreso.
El espíritu no es inmaterial, si incorporal, pues está formado por una materia que si bien nuestros sentidos no registran no deja de ser una materia en estados que aún no conocemos.
Hay espíritus en muy diferentes estados evolutivos que van desde el estado primitivo hasta el espíritu puro.
El libre albedrío se desarrolla a partir que el espíritu adquiere conciencia de sí mismo.

El objeto de la encarnación es el progreso y para ello tiene muchas existencias corporales. Entre ellas participa de la vida espiritual donde también progresa y elige generalmente el género de pruebas que tendrá en la próxima encarnación. Y mientras el cuerpo duerme el espíritu regresa a la vida espiritual por lo que morimos de alguna manera todas las noches.
El aborto es siempre un crimen pues impide al espíritu ya ligado al cuerpo desde el momento de la concepción soportar las pruebas que le ayudarían a progresar.

Los espíritus influyen en nuestros pensamientos hasta el punto que a veces son ellos quienes nos dirigen. Contando todos con un ángel guardián o espíritu protector. Y muchos presentimientos no son otra cosa que las inspiraciones de un buen espíritu o el recuerdo de aquellas cuestiones principales elegidas antes de encarnar, y es en virtud de esa elección en la que únicamente existiría cierta fatalidad o especie de destino. Entretanto el porvenir le está vetado al hombre y sólo muy excepcionalmente Dios permite su revelación.

La virtud más meritoria está fundada en la caridad más desinteresada.

El conócete a ti mismo es el medio práctico más eficaz para mejorarse en esta vida y resistir a las solicitaciones del mal.

A medida que los espíritus se depuran, se reencarnan en mundos más y más perfectos, hasta que se hayan desprendido de toda influencia material.

La transformación de la humanidad ha sido predicha, y vosotros tocáis el momento de aquélla, que apresuran todos los hombres que favorecen el progreso. La transformación se verificará por medio de la encarnación de los espíritus mejores que constituirán en la Tierra una nueva generación. Entonces los espíritus de los malos, a quienes la muerte hiere diariamente, y todos los que intentan detener la marcha de las cosas, serán excluidos de la Tierra, porque estarían fuera de su centro entre hombres de bien cuya felicidad perturbarían.



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viernes, 1 de noviembre de 2013

PABLO DE TARSO

Pablo de Tarso, el impulsor del Cristianismo

En 35 D.C., Saulo de Tarso, era un fariseo (judio de clase priveligiada y que estudiaba las leyes de la Torah) nacido en la ciudad de Tarso. De profesión era tejedor y como ciudadano romano fue preparado desde pequeño para ser doctor de la ley. Y así fue, sustitui a Gamaliel en el Sinedrín e impieza la persecucción a los discipulos de Jesús. Tambíen tiene como prometida a Abigail, una judia acogida por una familia muy rica después que su padre perderá todo y su hermano se tornará esclavo.
Era una persona de convicciones muy fuertes en lo que creia y de una oratoria perfecta, uniendo el poder que el Sinedrín le ortogaba inicia las persecciones más crueles a los que creian en la nueva doctrina de amor enseñada por Jesús.
En este época llega a la ciudad Esteban, esclavo de un centurión llamado Julio que le concede la liberdad después de haberle salvado la vida de la peste a través de cuidados y palabras de amor. Esteban había escuchado sobre la casa del camino, casa fundada por los discipulos de Jesús situada en el camino de Jope a Jerusalén y que albergaba a los pobres, mendigos y necesitados. Allí encuentra las palabras de amor del Maestro y se convierte en uno de sus discipulos más fervorosos. Tenia una oratoria y ejemplo moral que llamaba la atención de las personas, y también llamó la atención de Saulo.
De esta manera, Saulo arresta a Esteban y le condena a muerte por apedreamiento. Lo que Saulo no contaba es que en medio de la pena de muerte, su prometida Abigail reconoce a Esteban como su hermano que fue esclavizado en el pasado. Saulo sin saber que hacer concede a su novia unos minutos con Esteban para que puedan despedirse. Esteban muere pidiendo a Abigail que perdone a Saulo pues no sabia lo que hacia y que siguiera las palabras del Mesias esperado por los judios. Abigail ya no puede más vivir con Saulo y se va de la ciudad con su amigo Ananías, también seguidor de Jesús.
Pasado unos meses Saulo añora a su amada y va a su encuentro para intentar anudar su compromiso pero llegando a la ciudad donde estaba descubre que Abigail había muerto de tristeza. Furioso y muy disgustado quiere encontrar a Ananías y vengarse. 
Descubri que Ananías está en la ciudad de Damasco y va a su encuentro llevando a dos esclavos.

En las puertas de Damasco es recibido por una luz que le ciega completamente y un voz que le dice: "- ¿Por qué me persigues?. Esta luz y voz era Jesús. Los esclavos le cogen del suelo sin entender con quién hablaba Saulo y le lleban a una pensión para que pueda recuperarse de la ceguera. Pasado unos días, sólo y sin ver, recibe la visita de Ananías que le cura la ceguera a través de la imposición de manos y una oración al Padre Mayor.
Saulo entiende que era verdad la venida del Mesias y empieza su perigrinaje para llevar las palabras de Jesús por el mundo entonces conocido.
En estos viajes llevó la palabra del Maestro de amor y fraternidad por toda la Asia Menor y parte de Europa. Sufrió persecuciones, arrestos y muchas penas por llevar "falsas" palabras, pero dejó muchos seguidores del Cristianismo.
En medio de estos viajes cambia su nombre Pablo de Tarso, como un hombre nuevo, de una fe nueva y sentimiento nobles para con todos los seres.
Fueran más de 30 años de trabajo, cartas de consuelos a los pueblos (las famosas Epístolas), casas cristianas fundadas en todas las ciudades que pasaba, amigos, perseguidores y mucha fe.

Ya anciano es condenado por Neron a la muerte por decapitación.
Una vez desprendido de los lazos carnales, Pablo es recibido en la espiritualidad por Abigail, Esteban y por el Maestro Planetario que le llama a seguir trabajando a su lado por la evolución del Planeta Tierra.
Todos podemos aprender de Pablo y de los muchos "pablos" que llevan la palabra de consuelo, amor, fraternidad y paz. Las palabras de Esteban a Pablo deben ser seguidas por todos nosotros:
¡Ama! ¡Trabaja! ¡Espera! ¡Perdona!

                                     ©Rafael Navarrete

jueves, 31 de octubre de 2013

POESÍA


JESÚS NUESTRO

Maestro, tú me perteneces,
nuestro eres y de ti somos.
No puedes separarte de mí
porque moras dentro de mi corazón.
Posesivo soy contigo,
mas no por egoísmo,
sino porque preciso del farol de tu luz centelleante,
la que alumbra el camino de la Verdad,
certeza por ti revelada a los hombres en la Tierra.
Maestro, eres el pictograma de la Humanidad.
Cuando vuelo entre mis sueños,
tu cara se refleja en los océanos,
y me guiñas con tu ojo
hasta en las blancas olas espumosas que se rompen.
Y tu rostro, inscrito está
en lo recóndito de nuestra conciencia,
como la obra del escultor
se halla henchida del gesto de sus manos.
Es imposible renunciar al son de tu voz,
por eso, ni en la mayor de mis calamidades
 podría yo olvidarte.
Por subir a la montaña,
tu sermón resuena como eco inmortal,
no puedo atraparlo con mis dedos,
pero sí guardarlo en mi pensamiento,
para que me guíe por el camino recto.
Y aunque fuera sordo,
te escucharía en mis adentros,
y aunque estuviera ciego,
me prendaría hasta del aire que suspiras,
lo que me haría vibrar de emoción.
Yeshua, te llamaban los que te conocieron,
los que hablaban tu lengua,
y con tan solo proclamar tu nombre
brotas ante mí como agua celestial,
esa que calma la sed para siempre
y que diste de beber.
Te acercas en el silencio de mis soledades,
y tus brazos me acogen con dulzura
y me reconfortas
hasta en el más mustio de los días.
¿Lo recuerdas? Tú nos lo dijiste.
Basta con pensar en ti
para que habites entre nosotros
y te adentres en el hogar de nuestras entrañas.
No es solo brillo lo que desprendes,
es que tú irradias hasta los confines del Universo.
¿Tendré mayor aliento que saber de ti,
que palpar con la yema de mis dedos,
tu tierna compañía?
Si río, te regocijas conmigo,
si la tristeza me ahoga, tu mirada me consuela.
Si desfallezco, tus ojos me inspiran,
y me elevo, y prosigo mi camino,
aquel que algún día
me concederá mi más eterno deseo.
Maestro ¿palpitas mis pensamientos?
¿Respiras mis anhelos?
Recibir tu sublime abrazo quiero,
y contemplar tu aura de fulgor
con mis pupilas dilatadas,
 como agua vertida del cristal
por las luchas sostenidas,
por las batallas superadas
a la ignorancia y al tiempo,
al egoísmo y al orgullo,
pues el amor penetró en mí
porque yo le abrí mis puertas.
Y entonces, tú me llamaste,
y pronunciaste mi nombre,
y entraste,
porque tú,
al igual que nuestro Padre,
derramas solo amor.
Por eso nos perteneces,
por eso, Yeshua,
eres nuestro, sin excepción,
por los siglos de los siglos,
Jesús.



©José Manuel Fernández

domingo, 27 de octubre de 2013

PROTECCIÓN DE LOS ANGELES GUARDIANES

Aun en esta descreída época y entre la vorágine de nuestra  civilización, a despecho de la ciencia dogmática y del mortifero materialismo, puede hallar quienquiera que se tome el trabajo de fijar la atención en ellos, numerosos ejemplos de mediación protectora, inexplicable desde el punto de vista del materialismo. A fin de darle al lector prueba de ello, resumiré brevemente unos cuantos ejemplos de los referidos por escritores veraces.
Circunstancia muy atendible en estos recientes ejemplos es que, según parece, la mediación tuvo casi siempre por objeto proteger o salvar a la infancia.
Hace pocos años sucedió en Londres un interesante caso relacionado con la salvación de
un niño en un terrible incendio que estalló cerca del barrio de Holborn, destruyendo por completo dos casas. Las llamas habían tomado tal incremento antes de advertirse el siniestro, que los bomberos se vieron precisados a dejar que el fuego devorase las casas, convirtiendo todos sus esfuerzos a localizar el incendio y poner en salvo a los moradores. Lograron salvarlos a todos excepto dos: una anciana que murió asfixiada por el humo, antes de que los bomberos pudiesen auxiliarla, y un niño de cinco años de quién
nadie se había acordado entre la turbación y pánico que a los inquilinos les causara la voz de fuego. Sin embargo, semejante olvido tenía su fundamento psicológico, porque el niño no habitaba de ordinario en aquella casa, sino que obligada su madre a ir a Colchester para asuntos de familia, lo había confiado aquella noche a la hospitalidad de una parienta suya que era precisamente inquilina de una de las casas incendiadas. Así es, que cuando todos estuvieron en salvo y los edificios envueltos en llamas, se acordó la pobre mujer con espanto del niño cuya guarda le habían confiado. Viéndose impotente de volver a la casa y llegar hasta la alcoba del niño, prorrumpió en desesperado llanto; pero un bombero resolvióse entonces a intentar un supremo esfuerzo, y enterado por la inquilina de la exacta situación de la alcoba, penetró heroicamente por entre aquel infierno de fuego y humo. A los pocos minutos reaparecía con el niño sano y salvo, sin el más leve chamusqueo.
El bombero refirió que la alcoba estaba ardiendo y con la mayor parte del suelo hundido, pero que las llamas, contra su natural propensión, retorcían sus lenguas hacia la ventana de modo tal que jamás lo había él notado en su larga experiencia del oficio, dejando enteramente intacto el rincón donde estaba la cama del niño, aunque ya se veían medio quemadas las vigas del techo. Dijo también que había encontrado al niño presa del natural terror, pero que al acercarse a él con serio peligro de su vida (y esto lo declaró el bombero repetidas veces), vió una figura como de ángel «gloriosamente albo y resplandeciente, inclinado sobre la cama en actitud de cubrir al niño con la colcha».
Estas últimas fueron sus propias palabras. Añadió después que no había sido víctima de alucinación alguna, porque el ángel estaba rodeado de un nimbo de luz y pudo verle distintamente por unos cuantos segundos, antes de que desapareciese al acercarse el salvador a la cama del niño.
Otra circunstancia curiosa de este suceso fue que, aquella misma noche, la madre del niño no pudo conciliar el sueño en su alojamiento de Colchester, viéndose continuamente atormentada por la tenaz idea de que a su hijo le amenazaba una desgracia. Tan persistente fue el presentimiento, que por último se levantó para
impetrar fervientemente del Cielo que protegiese al niño y le salvase del peligro que sobre él se cernía. La intervención fue así evidentemente lo que un cristiano llamaría “escucha de una plegaria”; pero un espirita, expresando la misma idea con más científica frase, dirá que el interno desbordamiento del amor maternal constituyó la fuerza aprovechada por uno de nuestros protectores invisibles para salvar al niño de espantosa muerte.
Otro caso de milagrosa protección a la infancia ocurrió en las riberas del Támesis, cerca de Maidenhead, pocos años antes del ya referido.
Esta vez el peligro no provino del fuego, sino del agua. Tres pequeñuelos, que, si mal no recuerdo, vivían en el pueblo de Shottesbrook o cerca de allí, fueron a dar un paseo. De pronto, en una revuelta se les echó encima un caballo que remolcaba una lancha y en la confusión del atropello dos de los niños se adelantaron hacia el lado izquierdo de la soga y tropezando en ella cayeron al río. El barquillero, al percatarse del accidente, se abalanzó con intento de salvarlos, pero asombrado vid que como por milagro flotaban sobre el agua, moviéndose suavemente
hacia la orilla. Esto fue lo que el barquillero presencio; pero los niños refirieron acordemente que “un hermoso joven de resplandeciente blancura” había estado junto a ellos en el agua, sosteniéndolos y guiándolos hacia la orilla. La hija del barquillero, que a  gritos  acudió desde su choza, dijo en corroboración del relato de los niños, que también ella había visto como «una hermosa señora» los
conducía hacia la orilla.
Sin conocer todos los pormenores del caso expuesto, es imposible asegurar qué especie de protector era este ángel, pero la opinión más razonable se inclina a suponerle un ser humano de adelantado perfeccionamiento que actuaba en el plano espiritual, según veremos más tarde al discurrir sobre este asunto, desde el punto de vista de los protectores con preferencia al de los protegidos.
El conocido sacerdote Dr. John Mason Neale, cita un caso en el que se echa de ver más distintamente la acción protectora. Cuenta el reverendo Mason que un hombre recién enviudado fue de visita con sus niños a la casa de campo de un amigo. Era la casa vieja, estaba aislada, y en la planta baja había largos y oscuros corredores por donde los niños acostumbraban a jugar placentera mente al escondite.
Pero en aquella ocasión quisieron subir al primer piso con gravedad de personas mayores, y dos de ellos dijeron que, al pasar por uno de loscorredores, se les había aparecido su madre, mandándoles retroceder. Examinado el lugar del suceso, evidencióse que de subir los niños unos cuantos peldaños más, se hubiesen caído
a un patio descubierto, interpuesto en su camino. La aparición de su madre los salvó así de una muerte segura.
En este ejemplo parece indudable que la misma madre estaba celando todavía por sus hijos desde el plano astral, y que (según ha sucedido en algunos otros casos) su intenso deseo de preservarlos del peligro en que tan descuidadamente iban a perecer, le dio la facultad de manifestarse visible y auditivamente por un instante, a sus hijos; o tal vez sólo la de sugerirles la idea de que la veían y escuchaban. Es posible también que cualquier otro protector, para no amedrentar a los niños, tomase la figura de la madre; pero la hipótesis más racional es atribuir la mediación a los efectos del siempre vigilante amor maternal sutilizado al cruzar los dinteles de la muerte; porque este amor, uno de
los más santos y abnegados sentimientos humanos, es también uno de los más persistentes en los planos espirituales. No sólo cuida y vela por sus hijos la madre que mora en los niveles inferiores del plano astral, y por consiguiente en roce con la tierra, sino que aun después de remontarse a las celestiales esferas, mantiene sin desmayo el pensamiento en sus hijos, y la opulencia de amor que derrama sobre las imágenes
que de ellos forja, constituye un potísimo desbordamiento de fuerza espiritual que fluye sobre sus pequeñuelos, todavía sujetos a las condiciones de este mundo inferior, rodeándolos de vívidos núcleos de bienhechora energía que bien pudieran considerarse como verdaderos ángeles de la guarda.
No hace muchos años, la hija menor de un obispo anglicano salía a pasear con su madre
por las calles de la ciudad en donde vivían, y al cruzar inadvertidamente de una a otra acera, la niña fue atropellada por los caballos de un carruaje que embocaba por la esquina. Viéndola su madre entre las patas de los animales, abalanzóse con el natural temor de que hubiese recibido grave daño; pero la niña se levantó ilesa del suelo, diciendo: «¡Oh mamá! No me he hecho daño, porque alguien, vestido de blanco,
evitó que los caballos me pateasen, ahuyentando de mí todo temor.»
Un caso ocurrido en el condado de Buckingham cerca de Burnham Beeches es notable por haber persistido durante bastante tiempo la manifestación física del auxilio espiritual. En los ejemplos anteriores, la intervención fue de pocos momentos, mientras que en el que vamos a referir duró el fenómeno más de media hora.
Dos niños de un modesto colono se quedaron a jugar en la solana mientras que sus padres y los mozos de labranza estaban en el campo ocupados en las faenas de la recolección. Los chicuelos, ansiosos de corretear por el bosque, se alejaron demasiado de la casa y no dieron con el camino de vuelta. Cuando los fatigados padres regresaron al oscurecer, echaron de menos a los niños, y después de buscarlos infructuosamente por las casas vecinas, enviaron a los jornaleros en pesquisas por distintas direcciones. Sin embargo, toda la exploración resultó inútil, volviéndose al cortijo con afligido semblante; pero entonces vieron a lo lejos una luz extraña que se movía lentamente a través de los campos lindantes con la carretera. La luz tenía la forma de una esfera de hermoso color dorado, enteramente diferente de la de los relámpagos, permitiendo distinguir a los dos niños que todavía correteaban por el campo iluminado por la prodigiosa claridad. Los padres y sus criados acudieron inmediatamente al paraje
indicado, persistiendo la luz hasta que, reunidos con los niños extraviados, se desvaneció en tenebrosa oscuridad.
Lo sucedido fue que al llegar la noche y viéndose perdidos, erraron los niños por el bosque después de pedir socorro a gritos durante algún tiempo, hasta que al fin el sueño los rindió al pie de un árbol. Luego, según ellos mismos dijeron, los despertó una hermosísima señora que llevaba una lámpara y que, cogiéndolos de la mano, los iba encaminando a casa cuando sus padres los encontraron. Por más que los niños dirigieron algunas preguntas a la aparición, ésta no hizo más que sonreír sin pronunciar palabra. Los dos niños demostraron tal convencimiento en el relato, que no hubo medio de quebrantar su fe en lo que habían visto. Digno de mención es, sin embargo, que

aunque todos los circunstantes vieron la luz y pudieron distinguir perfectamente los árboles y plantas que caían dentro del círculo de iluminación, para ninguno de ellos, sino para los niños, fue visible la aparición.


EL CASO DEL MARINERO ROSS


Vamos  a relatar un caso que hace alusión el famoso periodista Colin Parsons en su libro “Encuentro con lo desconocido” y que prácticamente repite esa intervención providencial de un muerto que ayudó a otros seres humanos en peligro. Cuenta Colin, cómo dos marineros: Eric y Peter habían embarcado rumbo a Filipinas, cuando a los cinco días de travesía despertaron rodeados de llamas en un barco que se hundía irremediablemente. Se pusieron los salvavidas y se arrojaron al mar, a la vez que contemplaban desolados como se hundía. El frío y el esfuerzo les anunciaban una muerte inminente. Tales eran sus temores, cuando el ruido de unos remos en plena noche les anunció la presencia de un marinero que les ayudó a subir a su barca.
Una vez en su interior el marinero les dijo que el también era un náufrago que se había salvado gracias al bote. Eric y Peter le preguntaron cómo había podido sobrevivir sin alimentos. El marinero simplemente respondió:
Siempre hay maneras.
El hambre hacia presa de los dos náufragos salvados, pero su salvador atrapó con las manos un pez del agua y se lo dio a comer. Les enseñó también como debían beber el agua contenido en el mismo y les anunció que en breve encontrarían una isla.
Efectivamente llegaron a la isla sanos y salvos. El marinero le dijo a su vez:
En breve seréis recogidos por un barco. No temáis. solo os pido que cuando lleguéis a Inglaterra, busquéis a la Sra. Ross, mi esposa y le entreguéis esta dirección, que corresponde a una caja de seguridad que debe recuperar.
Acto seguido, ante el asombro de los dos náufragos, comenzó a remar y se alejó en el horizonte con la misma parquedad y silencio con los que había aparecido.
Eric y Peter no alcanzaban a entender cómo la Providencia le había enviado a aquel personaje, que no comía, que casi no hablaba y que parecía abstraído en sus tormentosas reflexiones. Deberían ser tormentosas, puesto que en el transcurso del viaje le habían oído gritar:
¡Fui un tonto!...Ellos nunca deberían haber muerto.
A las pocas horas de estar en la isla, apareció sobrevolándoles un avión, que le arrojó unas bolsas de comida y un poco más tarde un barco que le acogió a bordo felizmente. El capitán del barco de rescate les dijo a su vez, que un hombre con una barca de remos le había dado la situación exacta de la isla y que curiosamente aquel marinero no había querido subir al barco y habría seguido remando hacia alta mar.
Pasaron unos meses y finalmente Eric y Peter, llegaron a conocer a la esposa de Ross; su salvador. Entregaron la llave de la caja de seguridad y se quedaron asombrados a conocer la verdadera historia de su generoso rescatador:
El marinero Ross había fallecido ocho años antes en el Océano Pacífico cuando tripulaba un carguero. En el cuaderno de bitácora del capitán, se recogía como en una fecha precisa del año 1948 la siguiente trascripción: “A las tres de la tarde el viento que había estado soplando desde el día anterior se transformó en una verdadera tormenta. Se ordenó que, a modo de precaución, toda la tripulación se presentara en cubierta. Me informaron que A.B. Ross se encontraba ebrio. Se produjo una riña entre Ross y el oficial de guardia, porque Ross quería utilizar uno de los botes de auxilio convencido de que probablemente se trataba de un huracán. Ross dejó al oficial fuera de combate, y yo ordené a dos marineros que lo detuvieran. El bote y los tres hombres cayeron al agua y el barco se detuvo. Los tres hombres fueron subidos a bordo muertos y, de acuerdo con mis deberes, ordené que se los sepultara en el mar”. El capitán añade también que el bote nunca fue recuperado.
Hasta aquí la historia del marinero Ross, que nos hace reflexionar sobre el fenómeno de la muerte y del retorno de alguno de estos seres fallecidos, con la misión de ayudar o de corregir actuaciones correspondientes al periodo de su etapa vital. 

sábado, 26 de octubre de 2013

WILLIAN CROOKES

BIOGRAFÍA DE WILLIAM CROOKES


Fue uno de los científicos más importantes de la Europa del siglo XIX, tanto en el campo de la física como en el de la química. Hijo de Joseph Crookes y Mary Scott nació el 17 de Junio de 1832 en Londres.
Su carrera científica se inició a la edad de 15 años cuando consiguió entrar en el Colegio Real de Química en Hanover Square (Londres) de mano de August Wilhelm von Hofmann. Después de graduarse en dicho colegio, se inicia en el mundo académico como superintendente del departamento de meteorología en el Observatorio Radcliffe en Oxford en 1854. Un año después gana la cátedra de química en la universidad de Chester.
Tras la muerte de su padre recibió una herencia importante. Gracias a esto pudo abrir su propio laboratorio, fundó la prestigiosa revista de divulgación científica “Chemical News” entre los años 1859 y 1906 y fue editor del “Quarterly Journal for Science”.
En 1856 se casó con Elena Humphrey con quien tuvo cuatro hijos.
Su vida como investigador siempre estuvo caracterizada por la seriedad, la precisión y el rigor científico. En 1861 descubre y aísla el elemento metálico Talio, determinando su peso molecular y propiedades.
En 1875 inventó el Radiómetro de Crookes, una modificación de radiómetro de Hittorf, con el que confirmó la teoría cinética de los gases. Entre sus trabajos más importantes está el ser uno de los primeros científicos en investigar e identificar el plasma. También ideó uno de los primeros instrumentos para el estudio de la radiactividad nuclear, llamado Espintariscopio, un detector de partículas. Inventó el tubo de Crookes, para el estudio de las propiedades de los rayos catódicos. En 1895 identificó la primera muestra conocida del Hélio.
En 1897 fue nombrado caballero recibiendo la Orden del Mérito. Igualmente fue condecorado con las medallas Davy y Copley y en  el año 1907 fue galardonado con el Premio Nobel de Química.
Además de ser uno de los más importantes y destacados investigadores, fue también un gran  defensor de lo que hoy día se conoce como Espiritismo Científico.
Al igual que en las investigaciones anteriormente citadas, William Crookes ha sido uno de los pioneros en la investigación de fenómenos psíquicos, específicamente en las áreas de materialización y de mediumnidad.
En 1870, después de asistir a unas sesiones con el famoso psíquico J.J. Morse, Crookes decide ponerse a investigar el fenómeno mediúmnico. Este hecho alegró mucho a los científicos de la época y creó mucha expectación, pues creían que, gracias a las investigaciones de William por fin quedarían desenmascarados todos los fraudes y farsas del espiritualismo y este recibiría su merecida evaluación.
Crookes estaba decidido a llevar a cabo su investigación imparcial y describió las condiciones que impuso en los médiums de la siguiente manera: “Debe hacerse en mi propia casa, y crear yo mi propia selección de amigos y espectadores, bajo mis propias condiciones”. Entre los médiums que estudió estaban Kate Fox, Florence Cook y Daniel Douglas Home.
Algunos de los fenómenos que pudo estudiar fueron, entre otros,  movimiento de objetos a distancia, fenómenos de golpes y ruidos sin causa material conocida, cambios en los pesos de los cuerpos de los médiums, levitaciones, la aparición de objetos luminosos, visión por todos los asistentes de figuras de espíritus (materializaciones), aparición de escritos sin la acción humana respondiendo de manera inteligente a preguntas realizadas.
Uno de los fenómenos por los que más se interesó Crookes fue el de la aparición de Katie King, cuando en Septiembre de 1871 en casa del Príncipe Saynwitgestein se materializó estando la médium Florence Cook atada a una silla. En estado de trance esta médium dijo, que además de Katie King, había sido también Annie Owen Morgan, hija del Pirata Henry Morgan en la época del rey Carlos II de Inglaterra dando detalles de ese período imposibles de conocer por una joven de 15 años, y más por aquellos días. En casa de Mr. Lux Moore y ayudado por Cromwel Varley (físico inglés que instaló el primer cable transatlántico), verificaron la aparición del espíritu bajo el más estricto control utilizando un galvanómetro atado a las muñecas de Florence. Pudieron encontrar diferencias entre la médium y la aparición como verrugas, color del pelo, lóbulos de las orejas perforados o no, forma de manos que se imprimieron en yeso, las pulsaciones del espíritu eran de 90, mientras que las de la médium eran de 75, etc.
Los experimentos continuaron por tres años consecutivos (y se tomaron fotografías que han dado la vuelta al mundo) después de los cuales, dejando un bucle de sus cabellos y abrazándose a los científicos para despedirse, el espíritu dijo que había venido únicamente a demostrar que existía el más allá.
Su informe sobre esta investigación en 1874 llegó a la conclusión de que estos fenómenos no tenían una explicación material. Crookes compartió sus puntos de vista con sus colegas científicos y sólo algunos, los menos,  llegaron a creer en el espiritismo. Sin embargo, la mayoría de los científicos estaban convencidos de que el espiritismo era un fraude, y el último informe de Crookes era tan ultrajante para la comunidad científica “que se hablaba de privarlo de su beca de la Royal Society.”Crookes se hizo mucho más cauteloso y no habló de sus ideas en público hasta 1898, cuando sintió que su puesto estaba seguro. Desde ese momento hasta su desencarnación, cartas y entrevistas muestran que Crookes era un creyente en el espiritismo.  Uno de sus artículos más conocidos sobre el tema es: “Espiritualismo visto a la luz de la ciencia moderna”. Podemos encontrar escritos suyos relacionados con esta cuestión en el libro titulado "Nuevos Experimentos sobre la Fuerza Psíquica".
En este mismo año, 1898, comienza sus estudios sobre telepatía.
Murió en Londres el 4 de abril de 1919, dos años después de su esposa. Hoy podemos visitar su tumba situada en el Brompton Cemetery.