viernes, 10 de julio de 2015

CUÁNTO CUESTA DECIR ADIÓS

CUÁNTO CUESTA DECIR ADIÓS. (Compartiendo Experiencias)

NO SE ENCUENTRA EN NINGUNA BIBLIOTECA, DICCIONARIO, VOCABULARIO O LIBRO ALGUNO, LAS PALABRAS EXACTAS PARA DESCRIBIR EL DOLOR QUE NOS INVADE CUANDO PERDEMOS A UN SER AMADO. LA MUERTE DE ALGUIEN QUERIDOque es parte vital en nuestro diario vivir, que es el motivo principal en nuestra vida, detiene la historia y empieza una nueva etapa sin ese alguien. 

Entramos en un periodo indescriptible deDOLOR Y TRISTEZA, caminando por veredas y caminos que no hemos elegido, caminos que ninguno nos explicó y que han sido vedados de nuestra mente, “esto no puede pasarme a mí”, “¿Por qué a mí?”, “es una pesadilla”, “esto no puede ser cierto”.

Nos encontramos de pronto enfrentando etapas largas y dolorosas de aceptación, adaptación, impotencia, cólera que debemos, que tenemos que pasar para algún día poder aliviar el corazón, un proceso largo que incluso, podría durar toda la vida. 

LA MADRE QUE PERDIÓ UN HIJO, lo busca en la sonrisa de todo niño que ve en cualquier parte. Lo busca en los rayos de sol que no la entibian, lanza besos hacia el cielo, con la esperanza que uno de ellos le llegue al hijo amado que le fue arrebatado inmisericorde mente por los misterios que la muerte resbala.

QUIEN PERDIÓ A UN HERMANO/A lo busca en las historias de la niñez que quedaron suspendidas en el cometa de papel que nunca más se levantará con el viento, pero le envía mensajes en un hilo de esperanza porque sabe que algún día se encontrarán de nuevo en el fulgor de aquella estrella.

ES DURO LEVANTARSE CADA DÍA Y ENFRENTARLO SIN EL ESPOSO, el novio, o el ser querido. ¿Por qué si hasta ayer eran felices? Se encuentra de repente sin la sombra del esposo/a enfrentando la vida sola con sus hijos que nunca conocerán ese rostro tan amado que significaba todo en la vida. 

EL HIJO/A SE QUEDA SOLO/A, desgarradoramente sola/o, tratando de encontrar sentido a la vida, ya no estará la guía del padre o de la madre o de ninguno de los dos, porque se han escapado en brazos de una nueva dimensión donde ni el llanto ni el sufrimiento del hijo/a pueden alcanzarlos. 

Nos quedamos así, cargando con una dolorosa cruz, cuyas cuatro esquinas apuntan hacia los cuatro puntos cardinales buscando a aquellos a quien tanto hemos amado y que ya no están. Sin embargo y a pesar de todo,

EL PROCESO DE DUELO SIGUE, un largo y doloroso proceso que no se detiene, a pesar de tantos y tantos estudios al respecto, no existe garantía alguna que nos asegure un tiempo específico para el proceso de recuperación, pero sabremos que ha llegado cuando seamos capaces de imponernos nuevos proyectos vitales y podamos normalizar una convivencia con familiares, amigos y compañeros, en ese momento sabremos que hemos alcanzado la aceptación de que la persona querida ha muerto y no volverá.

ACEPTAR NO ES OLVIDAR, es encontrar el sentido a todo lo vivido, es traer a nuestra memoria las vivencias del pasado con el ser querido sin sentir ese dolor que no se puede controlar, recordarlo con ternura, perdonarnos y perdonar lo negativo que alguna vez pudo empañar una relación. 

Nos llega el momento de superarnos, de guardar dolor y lágrimas en un rincón de nuestra mente y corazón, para sacarlas en fechas importantes, aniversarios, cumpleaños y cualquier acontecimiento importante. 

Los recuerdos serán hermosos, tanto que probablemente nos harán llorar, pero será sin la ansiedad y dolor inicial y seguiremos adelante con nuestra vida hasta el feliz acontecimiento de encontrarnos de nuevo. 

EL AUTISMO


Vamos a tratar el tema del autismo haciéndonos dos preguntas. 1ª ¿Qué es el autismo? 2ª ¿Cómo actúan los autistas? E intentar exponer las causas del autismo desde el enfoque espírita.
El autismo es un desorden del desarrollo del funcionamiento cerebral relativamente frecuente, afectando a dos o cinco individuos de cada diez mil. Según la ciencia, el cuadro clínico está marcado por una relación grave de la interacción social y del lenguaje verbal y no verbal. Además hay que resaltar que, la mayoría de los autistas se van revelando como tales, antes de los tres años. El retraso mental no se da en todos, pues hay autistas que revelan capacidades prodigiosas, como la música, las matemáticas y la memorización. La ciencia nos dice que “Algunos casos de autismo son consecuencia de infecciones en el periodo intra-uterino, de dolencias genéticas o malformaciones”. Sin embargo la mayoría tienen una causa desconocida. El autismo presenta el extraño síndrome de comportamiento que compone un complicado cuadro de aislamiento y soledad. El autismo nos hace imaginar una pirámide solitaria, inexpugnable, cerrada sobre sí misma. Bruno Betterheim la veía como una “fortaleza vacía”. Alrededor de ella se concentran una pequeña multitud inquietante de personas queriendo entrar para convencer a la persona que vive dentro a aceptar el mundo en que vivimos aquí fuera. El Dr. Darold Treffer, sumergiéndose en el enigma paralelo de los idiot-savants o sabios autistas, dio con los pasajes ignorados que lo llevaron al entendimiento, aún imperfecto, limitado, pero revelador del extraño síndrome de aquellas geniales personas cuyos Q.I.s. se revelan paradójicamente tan bajos. En Vida de un autista, uno de los pocos libros brasileños sobre el tema, Nilton Salvador narra “una saga real y victoriosa contra lo desconocido”, vivido por él y su esposa para luchar milímetro a milímetro en conseguir llegar al áspero camino que los llevase al interior de su hijo Germano, autista.
Barry Neil Kaufman (A miracle to Believe in – Milagro para creer), recuerda que el autismo ha sido “tradicionalmente considerado una subcategoría de la esquizofrenia infantil, a despecho de que más recientemente han sido vistos como una situación de avería cerebral”. También Temple Grandin nos dice al caracterizar el autismo (Thinking in Picture – Pensando en Imágenes), como “desorden neurológico que revela claras anormalidades cerebrales”, añadiendo después que “a despecho del hecho de que la mayoría de los casos de autismo tengan una fuerte base genética no se descubrió ningún gen específicamente responsable por la disfunción. Hay por una parte un desorden cognitivo y en otro un desorden en el procesamiento sensorial”. Vamos viendo como la ciencia enfrenta el autismo. Ahora vamos a ver cómo actúan los autistas. Hay mucha información al respecto de este asunto, pero vamos a intentar resaltar lo más importante. 
Los autistas se manifiestan, del lado de aquí con algunas actitudes como; movimientos repetitivos, automatizados, aparentemente inconscientes, como dar vueltas a sí mismos, agitar las manos, hacer girar indefinidamente una rueda de un juguete, accionar repetidamente un interruptor de la luz y cosas parecidas, como si quisiera mantener la mente ocupada con rutinas sin importancia que los distraiga para no aprender cosas nuevas. Para no salir de su auto encarcelamiento. La ciencia está de acuerdo en catalogar estás manifestaciones como típicas del autista. En determinados casos el autista puede agredir y auto-agredirse, como rechazo a ese cuerpo que no acepta, aunque le sirve de refugio. Es doloroso ver como estas criaturas se encierran en sí mismas, cuando otras, la mayoría, se muestran encantadoras, divertidas y manifestando su deseo de expresión lingüística, que en el autista no se da de forma normal, pues es el lenguaje una de las incapacidades de ellos.
El autista no muestra interés por nada, nada de lo que traspase su frontera del lado de aquí. Él necesita sentirse en su territorio personal. No permite invasiones, ni se muestra a través de las grietas de su fortaleza. Es como si nos quisiera decir “dejadme en paz”, sin poder utilizar la expresión verbalmente. Entre los pocos casos de autistas que traspusieron la fortaleza, está Dona Williams que, sin llegar a estar totalmente curada o recuperada, ella  consideraría más tarde, con mejor nivel de lucidez, “mí mundo” y el otro lado, donde quedaba “el mundo”. Barry Neil Kaufman habla sobre la necesidad de “construir un puente si es que pretendemos llegar al segregado mundo de los autistas”. Ellos no se muestran nada interesados en venir a nuestro mundo, a nuestro encuentro. Parece que el autista no tenga conocimiento de lo que ocurre a su alrededor. Hay pues en la mente del autista, una nítida distinción, aunque inconsciente, entre mí mundo y el de los otros. Cualquier esfuerzo, cualquier lucha por alcanzarlos, penetrar la fortaleza, obtener alguna reacción, es recibido con una estudiada indiferencia, a veces hasta hostilidad. El autista huye de cualquier relación con los demás e incluso la negación de un simple contacto visual, se agarra a lo que le es familiar, su rutina, a los objetos que mueve indefinidamente. El no quiere innovaciones; cuanto menos contactos con la vida en el mundo, mejor.
A los científicos, aunque no a todos, les falta algo importantísimo para comprender el comportamiento autista: el componente espiritual. Para la Dr. Helen Wambach PhD en psicología, “la actitud de no envolvimiento asumida por el autista podría ser atribuida a un rechazo de su propia reencarnación”. Ella no pudo dedicarse más a fondo en esta hipótesis de la reencarnación, no consiguió éxito en este terreno. Parece resultar de una actitud consciente, deliberada, bien planeada y cuidadosamente ejecutada, lo que nos hace suponer una lúcida inteligencia actuando entre bastidores. Quien no acepta el componente espiritual, cree que las deficiencias mentales derivan de insuficiencia cerebral. La persona es autista no porque tiene el cerebro dañado, sino tiene el cerebro dañado porque no quiso o no consiguió transmitirle a el, en el 

periodo crítico de la formación, los comandos mentales necesarios para su correcto desarrollo, pero tales comandos no son generados por el cerebro, ellos sólo transitan por sus circuitos. Los impulsos que los provocan vienen del espíritu acoplado a ese cuerpo. Hay en los bastidores una voluntad específica, de la cual el cuerpo no es más que el instrumento ejecutador. Y hablando del tema espiritual, de la voluntad y realidad espiritual, ¿existiría detrás de todos esos aspectos éticos o para hablar más claro de aquella realidad, implicaciones Kármicas? Por desgracia aún está lejos el día que la ciencia admita la realidad espiritual, que es el eslabón que les falta para comprender todos los problemas mentales y físicos. El autista puede ser un espíritu que no acepta vivir en un cuerpo físico, o que se esconde en el por varias razones, como el sentimiento de culpa. Se refugia en su fortaleza y no quiere salir de ella, o no quiere admitir responsabilidades y compromisos a cumplir. Sólo si tuviésemos acceso a su ficha cármica, podríamos comprender las causas ya que los efectos los estamos viendo. Lo cierto es que tanto el autista, como todos los que tienen trastornos mentales, están basados en vidas anteriores. En dramas tremendos.  No olvidemos la Ley de Causa y Efecto, que se ejecuta inexorablemente para nuestra evolución. Muchos espíritus que reencarnan no están dispuestos a admitir errores cometidos, muchos llegaron a un grado tal de maldad, de rebeldía, que al reencarnar, los efectos de esos conflictos, tarde o temprano aparecen, y aparecen muchas veces en trastornos graves de la mente. El autista es un ser preexistente, por lo tanto acogido a la ley de Acción y Reacción. Ya vivió muchas vidas y trae un bagaje riquísimo de experiencias. No es una hoja en blanco, sin pasado. No desea reencarnar o al menos, no en el momento en que se programa su reencarnación que puede ser de forma compulsiva, por las necesidades que él tenga para progresar. Si se les dejase a su libre albedrío muchos espíritus no querrían volver a nacer nunca más, entre ellos muchos autistas, pues tienen registrado en su disco duro “espíritu”, los traumas de vidas anteriores, los dolores que provocó y se provocó, la reminiscencia de actos que lo avergüenzan y, viéndose en un cuerpo material, se niega a admitir vivir del lado de aquí, de ahí que se refugia en su fortaleza, y de ella muy pocos salen, y aún saliendo, nunca se mostraran como personas “normales”, pues tienen los registros cármicos de su pasado que los 
perturban. Incluso muchos tienen alucinaciones terribles, que no son otra cosa que una mediumnidad sin definir ni educar, dado el desinterés del autista y la dificultad de trabajar con ellos. No les interesan las personas con las que van a convivir, no les interesa ningún tipo de relacionamiento con los demás, de ahí su incapacidad de lenguaje, de comunicación. Su rechazo a cumplir sus compromisos kármicos serán tenidos en cuenta, en una nueva reencarnación, donde posiblemente él si quiera relacionarse con el mundo de aquí fuera, y no le sea posible conseguirlo, con lo cual vivirá en su fortaleza, sin poder hacer nada para salir de ella. Dios nos ama y nos educa, pese a nuestra rebeldía.  


Articulo de:
                    Isabel Porras

jueves, 9 de julio de 2015

¿Por qué olvidamos nuestras vidas pasadas?


¿Por qué olvidamos nuestras vidas pasadas?

Antes de analizar el por qué olvidamos las vidas pasadas al reencarnar, comenzaremos analizando cómo funciona la memoria. Primeramente la dividiremos en dos apartados: “La memoria ordinaria o cerebral” y “La memoria profunda o subconsciente”
La primera son los recuerdos de cuando estamos encarnados o en estado de vigilia (despiertos), los cuales desarrollamos en el día a día y en los que prácticamente la totalidad de la población, exceptuando algún caso extraordinario, no recuerda sus vidas anteriores. Esto no nos tendría que resultar tan extraño, ya que ni siquiera recordamos cuando estábamos en el vientre de nuestra madre, ni los primeros años de nuestra infancia. Esta memoria está adaptada a las necesidades de nuestra encarnación, la podemos cultivar con nuestro esfuerzo y voluntad diaria, pero, mucho más importante que esta resulta la segunda división “La memoria profunda” el YO profundo o subconsciente en el que están gravadas todas las existencias anteriores y todas las facultades que hemos desarrollado y aprendido anteriormente. Todo queda registrado en el libro del alma, más concretamente en el periespíritu, en los pliegues más profundos del ser.
Cada espíritu tiene una vibración particular y aquellos que lo hacen al unísono se atraen. En la encarnación, esta vibración se reduce, porque la carne mucho más densa y pesada que el alma, comprime las funciones y capacidades de esta. Durante el sueño dicha vibración aumenta al aflojarse los lazos que unen el espíritu al cuerpo y llega a su esplendor tras la muerte quedando libre el alma. Aquí encontramos la clave de la imposibilidad de adquirir información y recuerdos de la memoria profunda y pasarla a la memoria cerebral. En conclusión, cuando encarnamos quedan sepultados nuestros recuerdos eclipsados por la carne.
Si Dios, es tan inmensamente justo y bueno, ¿Por qué no permite ese recuerdo? ¿Por qué nos coloca una venda en los ojos del recuerdo, aquí en la Tierra? Esto tiene una explicación muy lógica y al analizarla engrandece más a Dios y a su sabiduría. Si tenemos en cuenta que todo evoluciona a mejor y que nos mejoramos moralmente en cada encarnación, llegamos a la conclusión de que en las vidas anteriores fuimos peores de lo que somos en la actual. La historia nos lo demuestra, ya que salimos recientemente de la barbarie. Si de por sí la vida es dura, con el recuerdo de los sufrimientos y venganzas pasadas sería insoportable. Hay que comprender que estamos en un mundo de expiación y pruebas donde venimos a corregir antiguos errores del pasado; de no ser por el olvido del pretérito, los enemigos de otras vidas se perpetuarían por los siglos, las rivalidades, el odio y la discordia se avivarían de vida en vida. Con ese recuerdo de otras encarnaciones nuestros enemigos y víctimas nos reconocerían y nos perseguirían. Vemos a nuestra misma sociedad, que no admite ni perdona a los culpables, pese haber pagado sus deudas con la justicia humana, siguen siendo rechazados. Sin ese olvido los grandes criminales estarían marcados para toda la eternidad y no tendrían la oportunidad de rectificar sus crímenes.
El alma culpable, al renacer en una nueva condición, encuentra el auxilio y la ternura necesaria para su rehabilitación. Dios, sabiamente, quiere que bajo esa ternura que despiertan las criaturas en temprana edad, puedan alimentar sus almas con el amor necesario para modificar su sensibilidad interior, para emprender una nueva etapa con energías renovadas, bajo el escenario de la vida que mejor se le acopla a sus necesidades, ya que esta nueva existencia que comienza, con sus penas y luchas, se acopla a sus características como un guante a una mano, con la finalidad de poder saldar antiguas deudas y conseguir otros logros. Estos nuevos lazos familiares, bajo el olvido del pasado, son una oportunidad perfecta para poder acercar estos enemigos de otras vidas y conseguir sustituir los sentimientos que albergan de odio, rencor y resentimiento por amor, cariño y fraternidad. Ya nos dijo Jesús “Reconcíliate con tu enemigo mientras estas en el camino”.
Dios bajo el olvido de las vidas pasadas y las relaciones de parentesco nos ofrece una de las llaves más importantes que tenemos para nuestra evolución y progreso en la actual encarnación, sin esto la humanidad caminaría mucho más lenta.
Si analizamos la cuestión y somos sinceros con nosotros mismos: ¿Cuántas cosas quisiéramos todos borrar de nuestra vida actual que son otros tantos obstáculos para nuestra paz interior? Por un momento imaginemos que se multiplican todos esos tormentos. Pues eso sería el recuerdo del pasado. Demos gracias por poder empezar de cero en esta vida, de no ser así sería un suplicio para la gran mayoría de la población. Aunque esto no será eternamente así, pues a medida que el ser humano progrese moralmente, su campo psíquico se dilatará y las facultades del espíritu irán ganando terreno en la Tierra.
Día llegará en que el recuerdo del pasado sea normal, claro que para llegar a esto tendremos que haber depurado la conciencia y no puede albergar el alma ningún resentimiento hacia ninguna persona, ya seamos agresores o víctimas.
Realmente dicho olvido del pasado no se produce totalmente, ya que tenemos un faro que nos guía llamado intuición en el fondo de nuestra conciencia, para rescatar conocimientos profundos y llevarlos a la conciencia cerebral. Esto es lo que nos interesa recordar del pasado, las adquisiciones, logros y capacidades adquiridas, de aquí vienen nuestras habilidades, vocaciones y predisposiciones. Ahora citaremos un ejemplo: Dos personas en igualdad de inteligencia, estudian un mismo asunto, uno lo asimila muy rápido mientras que al otro le cuesta mucho trabajo comprenderlo. Esto es porque uno sólo tiene que recordarlo, entrando en acción la intuición y el otro es la primera vez que se enfrenta ante esa materia.
Llegados a este punto analizaremos en qué circunstancias se puede dar el recuerdo de las vidas pasadas, cómo bajo una modificación de la vibración es posible llegar a esa memoria profunda.
En primer lugar examinaremos los individuos que se acuerdan de otras vidas de una manera natural: de ciertos lugares, objetos, personas, etc. Esto se suele dar en países donde el conocimiento de la ley de la reencarnación está extendido y hay menos barreras psíquicas para que se de esta circunstancia, aunque es poco usual, ya que esto suele ocurrir si ese recuerdo es útil para su actual encarnación. En Oriente se han podido comprobar y certificar algunos casos de este tipo.
Continuamos estudiando algunos sueños de vidas pasadas. Al dormir tenemos un desprendimiento del alma, esta más libre, puede acceder al archivo del pasado aunque se encuentra con el bloqueo vibratorio de hacer llegar esa visión del alma al cerebro del cuerpo físico (para más información del sueño ver el artículo publicado en El Ángel del Bien nº 2 del mes Octubre 2007 “El Maravilloso Mundo de los Sueños).
A continuación citaremos algunos casos de niños pequeños que dicen acordarse de cosas ya vividas. Esto tiene una explicación y es porque hasta los siete años aproximadamente el alma no se encuentra totalmente imbuida por la materia y ese pequeño desprendimiento los hace más partícipes del plano espiritual, más perceptibles y más accesibles a recuerdos de otras vidas. Los hay que narran con exactitud vidas anteriores, siendo comprobadas algunas (existen varios ejemplos en el libro El problema del Ser y del Destino de León Denis pág. 212 a 214 de ed. Kier). Según va creciendo el niño el engranaje espiritual se completa con el cuerpo, quedando el espíritu totalmente absorbido por la materia, siendo ya el recuerdo de las vidas anteriores imposible.
A los niños no se les debe forzar la percepción espiritual, si la tuvieran hay que tratarlo como algo natural, sin darle importancia, lo habitual es que esto cese con la edad.
Seguidamente nos centraremos en la sugestión. Con esta puede llegar a producirse un desprendimiento parcial del alma con la consiguiente modificación vibratoria que restablece la relación cerebral y la conciencia profunda; hay distintas fases, a más amplio desprendimiento, más profundo y amplio es el recuerdo. Con el regreso a la carne quedan eclipsados los recuerdos, esto es lo que comúnmente conocemos como “Regresiones”. Desde mi punto de vista sólo lo recomendaría para poder acceder al foco de alguna patología, nunca como medio de curiosidad, ya que tiene sus riesgos. Si analizamos y pasamos por el filtro de la razón, la gran mayoría de regresiones que realizan los profesionales y estudiosos del mundo psíquico, suelen tener por resultado el recuerdo de vidas en las que la inmensa mayoría han sido Reyes y personalidades muy conocidas, en la actualidad conozco cinco personas que dicen haber sido Cleopatra, cuando la lógica nos dice que eso es imposible. La ciencia psíquica no es como las matemáticas donde dos más dos son cuatro, cada persona es diferente y si por ley natural no se produce este recuerdo, forzándolo sólo obtendremos resultados positivos si buscamos algún fin noble.
Finalmente llegamos al desprendimiento total con la muerte del cuerpo físico, esto es la libertad para el espíritu. Aquí se producirá el recuerdo completo de todas las vidas, pero recuerde, querido lector, que la primera condición para recordar es querer recordar. Por eso nos encontramos con comunicaciones de espíritus que continúan, como en la Tierra, sin el recuerdo del pasado; ciertos dogmas religiosos son un gran impedimento a la hora de producirse este recuerdo gradual del pásado. Al comprimir nuestra mente bajo ciertas teorías que resultan ser una venda oscura para nuestras percepciones espirituales, una vez que pasamos el sepulcro. Para las personas que creen en la reencarnación y los que han alimentado el espíritu con conocimientos del más allá, les cuesta menos trabajo adaptarse y despertar las facultades espirituales después de la muerte. Vista, oído, tacto, etc., se unen y se multiplican, lo bello es mil veces más bello y lo penoso es mil veces más penoso.
Aquí llegamos a un punto culminante del ser, ya que con la memoria acariciando las existencias anteriores encuentra el sentido de esta última encarnación que acaba de completar al encontrar en los crímenes y dolores del pasado la causa de los logros y expiaciones sufridas junto con la razón de su situación actual. Ve la correlación de sus vidas pasar, el pasado explica lo presente y deja prever el porvenir, por desgarrador que sea este examen es justo y necesario, pues puede ser el punto de partida de las resoluciones saludables y de la redención. Acaba de conocer sus aciertos y sus errores y se convierte en su propio juez. Has leído bien, no hay ningún verdugo de la inquisición, sino que para el espíritu que ya se le ha despertado su conciencia será el mismo el que tenga que enfrentar su balance. Comienza un periodo de examen y recogimiento, será dichoso por los logros obtenidos y sufrirá por los errores y las oportunidades perdidas. La conciencia del hombre recto y honesto goza de un equilibrio y una unión con las leyes de Dios, la del criminal no deja minuto de reposo. Constantemente reproduce los males causados creando una situación continua de amargura, dolor y vergüenza, siendo dominado y absorbido por esa vibración, por ese sentimiento que es peor que cualquier mal físico al no encontrarle fin.
Tras esto llegará una nueva encarnación y así hasta que nos hayamos depurado bastante para ascender a planos mejores. El principio de afinidad lo rige todo en el plano espiritual y asigna a cada uno su lugar.
Cuando nos centramos en una sola existencia, marcando un principio y un final, todo carece de sentido, caminamos en un laberinto con los ojos cubiertos dejándonos llevar por la fuerza de las pasiones, perdiendo oportunidades maravillosas de crecimiento espiritual. Así tan sólo tenemos una visión parcial de nuestra existencia, pero cuando subimos la montaña de la conciencia y observamos desde la cumbre la inmensidad de las existencias, la justicia divina resplandece; vemos lo que fuimos e imaginamos lo que seremos y desde esta perspectiva es desde donde tenemos que enfrentar con fuerza y valor las pruebas de esta encarnación que nos ayudarán a conocernos y a dominar nuestras pasiones.
¿Quién puede saber más de la muerte, sino los propios muertos? Pues bien, la voz de ellos es la que nos desvela todos estos misterios de la vida diciéndonos que no tengamos miedo a la muerte, ella nos reunirá a todos un día: “Aprovechad vuestra encarnación, trabajar y amaos, dedicad cada minuto en el bien, en sed mejores cada día ya que nada se pierde. Cada nuevo amigo sincero, cada lazo de amistad que afianzáis en la Tierra perdura en la eternidad e incrementa vuestra familia espiritual. Abrid el corazón a todos vuestro hermanos”.


miércoles, 6 de mayo de 2015

UN OBSESOR EN EL CENTRO ESPÍRITA

                                     
                                    UN OBSESOR EN EL CENTRO ESPÍRITA
En un centro espírita famoso y muy frecuentado, Raimundo estaba iniciando los trabajos de desobsesión. Raimundo, como buen adoctrinador espírita desde hace más de 30 años, hizo una oración de apertura y pidió a Jesús que ayudase a liberar a todos los hermanos que viniesen a la sala de desobsesión del sufrimiento que atravesaban.
Raimundo vio al médium incorporar a un espíritu que decía estar en el umbral, sufriendo mucho por culpa de la rabia y resentimiento que sentía de un adversario. Raimundo inició entonces los procedimientos de la desobsesión clásica y dijo que el espíritu debería perdonar al adversario, pues la ley del amor es nuestra salvación.
El espíritu incorporado, con mirada penetrante, dijo:
– ¿Y por qué debo confiar en ti?
– Mira hermano – dijo Raimundo – Estamos aquí en un centro espírita, donde las enseñanzas de Jesús se practican. Nosotros aquí ayudamos a todos los espíritus sufrientes y necesitados.
– ¿Y también te ayudas a ti mismo, o sólo piensas en ayudar a los demás? Preguntó el espíritu. Raimundo quedó sorprendido con la pregunta, pero como adoctrinador experimentado sabía que no podía caer en las artimañas de los obsesores, y dijo:
– Hermano… no estamos aquí para hablar de mí. Tú estás en el umbral y necesitas ayuda. ¿No quieres salir del umbral?
– Sí, quiero. – dijo el obsesor – Sólo me pregunto cómo existen tantas personas viviendo en el nivel o en el estado umbralino y no lo perciben, incluso estando encarnados. Pues a fin de cuentas, como tú mismo enseñas en tus charlas aquí en el centro, el umbral es un estado de conciencia y no un lugar o espacio físico. Algunos espíritus viven en el umbral porque no consiguen desprenderse de la rabia y resentimiento que sienten de un enemigo. Pero tú, Raimundo, ¿perdonas a todas las personas? ¿No sientes también rabia y resentimiento de alguien?

Raimundo se estaba irritando con el obsesor. Estaba pensando en una respuesta, pero el espíritu completó:
– ¿No es verdad que también sientes rabia y resentimiento de tu ex-mujer, que te traicionó con uno de tus amigos hace aproximadamente 10 años? ¿No es verdad que hasta hoy no consigues perdonarlos?
Raimundo se asustó con aquellas palabras. “¿Cómo podía el espíritu saber eso?” pensó. Comenzó a sentir rabia del obsesor, y no muy confiado, dijo:
– No voy a entrar en tu encerrona. Tú como obsesor experimentado debes atacar a las personas en sus puntos débiles. Por lo tanto, que sepas que…
– ¿Yo soy un obsesor, Raimundo? – preguntó el espíritu interrumpiendo a Raimundo. – Yo me pregunto si todos nosotros no somos un poco obsesores de las personas que decimos amar, pero que en el fondo las intentamos controlar y ganar su afecto a la fuerza. ¿No es verdad que tú has sido casi un obsesor de tu hija adolescente? ¿Cuántas veces al día la llamas preguntando dónde está? ¿Cuántas veces le prohibiste que saliera con chicos? ¿Cuántas veces interrumpiste la libertad de tu pequeña por culpa de los propios miedos e incertezas que guardas dentro de ti? Puedes estar siendo un gran obsesor encarnado de ella y ni percibirlo…
Raimundo quedó atónito con aquellas revelaciones. Aquel espíritu parecía saberlo todo sobre él, y estaba allí desnudando sus defectos uno a uno. Raimundo todavía no quería dar el brazo a torcer y se quedó con más rabia. Decidió hacer una oración, diciendo:
– Señor Jesús, pido que tu equipo conduzca a este hermano perturbado a un lugar de tratamiento en el plano espiritual. El espíritu dijo:
– ¿Por qué me llamas hermano, si en este momento quieres, en verdad, apretarme el cuello? ¿De qué vale hacer una oración a Jesús con toda esa rabia que casi sobresale de ti? No, Jesús no te va a atender en este momento… Necesitas, Raimundo, parar de huir de tus problemas y emociones, mirar hacia las impurezas de tu ser, y parar de creer que es el otro siempre el sufridor y que tu eres el “salvador”. En verdad, todos nosotros necesitamos ayuda, todos somos sufrientes en mayor o menor grado. Y orientar a otro a practicar aquello que nosotros mismos no realizamos en nuestra vida es, nada más y nada menos, que hipocresía. Es de la hipocresía que el ser humano necesita liberarse… Enseñar aquello que practica, o apenas practicar, sin necesitar orientar a los demás a hacer aquello que nosotros mismos no hacemos. Cuando se vive a vida espiritual, no necesitamos estar enseñándola a otros, nuestros actos ya demuestran los principios que deseamos transmitir…
Raimundo sintió unas inmensas ganas de llorar y se desmoronó llorando… El espíritu incorporado se le acercó. Colocó las manos en su hombro y dijo:
– Calma mi hermano. Necesitabas esta terapia de choque para poder verte a ti mismo y parar de ver los defectos solamente en los demás. Necesitabas también parar de verte como el “salvador” y a los demás como “sufrientes”, pues ello no es nada más que una forma de orgullo y soberbia; es una forma de sentirse superior y de ver a los demás como inferiores. Llora, saca todo esto que sientes hacia fuera, haz una revisión de esos puntos que yo te presenté, y a partir de ahora podrás convertirte en un verdadero ser humano, renovado, y listo para ayudar al prójimo, realizando la verdadera caridad… Y esa vez, sin hipocresía.
Raimundo, después de algunos minutos de lloro intenso, miró hacia el espíritu y preguntó:
– ¿Quién eres?
El espíritu miró hacia Raimundo con todo el amor y cariño y dijo:
– Hijo mío, ¿no pediste a Jesús, en tu oración de apertura de los trabajos, que liberase a los espíritus de esta sala del sufrimiento? Entonces hijo mío, Jesús me pidió que viniese aquí y te mostrara todo esto a ti, para que pudieses verte a ti mismo, salir del “umbral” de tu mente, y liberarte de todo aquello que te causa sufrimiento. Soy un enviado de Jesús, y a partir de ahora, tú serás un nuevo hombre…
Raimundo lloró todavía más. Agradeció inmensamente a Dios y a Jesús aquella sagrada lección de autoconocimiento… Después de ese episodio, se tornó una persona mucho mejor…
Autor: Hugo Lapa

domingo, 26 de abril de 2015

LA DOCTRINA ESPIRITA


“Se reconoce al verdadero espiritista por su transformación moral y por los esfuerzos que hace para dominar sus malas inclinaciones”. (Evangelio Según el Espiritismo, Cap. XVII Sed Perfectos, Los Buenos Espiritistas.) Esta frase de Kardec implica el propósito que debe asumir todo estudiante de la doctrina espiritista. El estudio de la doctrina no es solamente para “saber más”, para aumentar los conocimientos, sino para aplicar sus principios a nuestra vida diaria y convertirnos en mejores seres humanos.
Las enseñanzas que han traído todos los profetas en todos los tiempos han tenido el mismo propósito: ayudar a la humanidad en su trayectoria hacia la perfección.
Desde hace cerca de 2,500 años, cuando Allan Kardec se desempeñaba como un sacerdote druida, él recogía de las enseñanzas de los celtas, revividas por Jesús y que en esta época dieron base sólida a la doctrina espiritista, ese sentido de pertenencia universal, esa necesidad de fe en la vida futura y su indudable existencia, y el progreso que puede alcanzar el alma.
Es lamentable que las enseñanzas del Maestro Jesús, al caer en manos de seres humanos con poca comprensión de las mismas, hayan sido tan diversificadas conforme a los intereses de cada grupo en cada época. Esto siempre ha ocurrido con los conocimientos que nos llegan, y la doctrina espiritista no está ajena a esta situación ya que todavía hay hermanos envueltos en prácticas sincréticas a las que, por ignorancia, les llaman espiritismo.
El conocimiento y la comprobación que nos da la doctrina espírita en relación a la vida futura debe tener como resultado el que podamos comprender la necesidad que tenemos de desapegarnos de las cosas materiales, el darles el uso que les corresponde dentro de la necesidad que tenemos de ellas. Cuando entendemos que todo lo material es pasajero, pero que tenemos que utilizarlo para desarrollar nuestras aptitudes y nuestra inteligencia así como las virtudes de nuestro espíritu, el desapego adecuado de la materia, ya no representa un sacrificio, todo lo contrario, la certeza de obrar bien.
El espiritista compenetrado de las enseñanzas de la doctrina entiende que, tanto su cuerpo físico como el mundo material, le son necesarios para adquirir conocimientos, experiencias y trabajar en su adelanto moral y espiritual. Es nuestro estado moral el que determina el grado de felicidad que podemos disfrutar.
Todas las situaciones que se nos presentan en nuestra vida material están íntimamente ligadas a nuestra necesidad de aprender y no se trata de castigos, sino de nuevas lecciones y la repetición de aquellas no aprendidas.
El verdadero espiritista entiende que la verdadera vida es la del espíritu, la normal en el mundo espiritual, que nuestra estancia en el mundo material es temporal para aprender y practicar lo aprendido. Esto hace que cada día trate de ser mejor que el día anterior y trate de encontrar en cada enseñanza, en cada conocimiento adquirido, la luz para ver el camino correcto, el camino del bien.
La vida del espiritista practicante no es fácil en términos de que enfrenta un materialismo rampante en la sociedad en que vive, algo que tiene que esforzarse por superar. No puede dejarse arrastrar por la fuerza dominante de la materia. Esto es más fácil decirlo que hacerlo, lo entendemos, pero ahí radica el gran reto que enfrentamos y del cual tenemos que salir triunfantes.
Podemos considerarnos triunfantes cuando logramos establecer un equilibrio, un balance entre los aspectos materiales y espirituales en nuestra vida. No podemos abandonar la materia hasta el día en que nos corresponda, de modo que tampoco podemos abandonar la lucha que esa materia nos presenta. Todo lo contrario, sabemos que esa lucha es pasajera y en la medida que logremos el objetivo que representa, la estaremos superando.
El esfuerzo diario que hacemos para mantenernos en el camino del bien es el que nos lleva a esa transformación moral de la que nos habla el Maestro Kardec.
No nos podemos aislar de la sociedad para que no nos alcance el mal, sino fortalecernos moralmente para no caer en el mal. Según nos vamos mejorando, perfeccionándonos día a día, también estamos contribuyendo al mejoramiento de los hermanos que nos rodean ya que al igual que el mal es contagioso, el bien aunque con mayor dificultad, también lo es.
La práctica diaria de la caridad caracteriza al verdadero espiritista. Su pensamiento dirigido al bien lo lleva a hacer la caridad por razón de ese mismo bien, sacrificando su interés personal sin esperar recompensa alguna y sin discriminar por razas o creencias. Su fe en el porvenir le permite colocar los bienes espirituales sobre los materiales.
El verdadero espiritista, aquel que entiende y pone en práctica los principios de la doctrina, tiene un gran compromiso con esta humanidad. Está en el deber de extender su conciencia del bien a la conciencia de la humanidad terrestre.

LA INFLUENCIA DE LOS ESPIRITUS

LA INFLUENCIA DE LOS ESPIRITUS DESENCARNADOS SOBRE LOS ENCARNADOS


             
Los espíritus encarnados estamos rodeados incesantemente, sin darnos cuenta de 
ello, por espíritus desencarnados, ocupándose los desencarnados solamente de aquello 
que les interesa según su estado de progreso, ya sea en el bien o intentando influenciar 
al hombre  para que siga en el mal camino, con los cuales estamos en desventajas ya 
que ellos ven nuestros actos que quisiéramos que estuvieran ocultos e incluso nuestros 
pensamientos más íntimos, y nosotros, sin embargo,  y generalmente no podemos 
percibir su presencia. La influencia que podamos recibir de los espíritus estará en 
consonancia con el estado moral y evolutivo de nuestro Espíritu. 
La influencia de los espíritus ha existido desde siempre, pues los espíritus existen 
desde que los hombres existen, siendo en todo tiempo su influencia positiva o negativa 
sobre la humanidad, habiendo desde siempre espíritus encarnados con la facultad de 
comunicarse con los espíritus, pues el mismo Moisés tenía esta facultad sino como 
explicar la manifestación de la famosa zarza, manteniendo este conocimiento apartado 
del conocimiento del vulgo por su estado de ignorancia, el cual hubieran mal 
interpretado, tergiversado y manipulado, pero cuando la humanidad ha estado 
preparada para comprender este conocimiento, el espiritismo ha venido para descorrer 
el velo que existía entre un estado y otro, así como también a desenmascarar a los 
espíritus que tomando los nombres de espíritus venerables del Cristianismo se hacían 
pasar por ellos, como también las distintas formas  de influencia obsesiva de los 
espíritus desencarnados sobre los encarnados, de desenmascarar a los espíritus 
burlones, mentirosos, seudo-sabios, malévolos, frívolos etc., que anteriormente por el 
desconocimiento del mundo espiritual, estos espíritus han influenciado, engañado y 
manipulado con mayor impunidad, pero también a su vez estos espíritus encarnados se 
dejan arrastrar y manipular por estos espíritus inferiores porque se sienten a gusto 
desenvolviendo sus pasiones y debilidades las cuales atraen a los espíritus inferiores, 
puesto que siempre cedemos por nuestro libre albedrío, siempre tenemos la facultad de 
hacer o no hacer siendo siempre el espíritu encarnado el responsable de sus actos, no 
teniendo justificación alguna.  
El periespíritu refleja el estado en que realmente  está el Espíritu, sus pensamientos, sus actos y los actos que no se atreve a realizar, por tanto el periespíritu 
refleja con fluidos claros u oscuros y negativos los pensamientos e ideas del Espíritu 
siendo éste el que crea los fluidos positivos o negativos que envuelven su periespíritu, 
pues los fluidos son neutros, quedando para los espíritus todo a la vista con lo cual 
ellos ven nuestras debilidades, vicios, pasiones, y por donde somos más débiles para 
ser influenciados. Todos recibimos la influencia de los espíritus, si es positiva y 
nuestro espíritu está en disposición de seguir sus inspiraciones, su ayuda no nos faltará, 
pero si no hacemos caso de sus inspiraciones ellos se apartarán de nosotros, dejando el camino libre a todos aquellos espíritus inferiores que se quieran aprovechar de nuestras 
debilidades y defectos.    
El cuerpo es el instrumento por el cual el Espíritu se manifiesta, pero a su vez 
también experimenta las sensaciones que la materia  le transmite, es inevitable que 
dichas sensaciones nos provoquen estados y situaciones muy tentadoras,  y no 
precisamente en el terreno que el Espiritismo nos muestra con sus enseñanzas, dichas 
sensaciones cuando el Espíritu se materializa y acalla la voz de su Espíritu, se debilita 
y es presa fácil a la influencia de los espíritus que se apegan para que no se puedan 
esclarecer y poderlo manipular, los espíritus puedan absorber los fluidos, del alcohol, 
tabaco, drogas etc. En estos casos llegan a ser sus obsesores, los cuales si el mismo 
Espíritu no quiere cambiar los llevará hasta su desencarnación, la influencia obsesiva 
siempre es negativa para el Espíritu encarnado, pero su origen tiene muy distintos 
orígenes y causas.   
Generalmente el hombre recibe pensamientos e ideas, comúnmente no sabiendo 
el Espíritu si son suyas o no, porque él no se percata de que le estén sugiriendo ideas y 
de que lleve a un Espíritu apegado a él, no porque sea su enemigo, puede ser un 
familiar o un Espíritu desencarnado que está aún materializado y se ha quedado 
apegado a la Tierra, y como le hacemos caso a sus sugestiones se queda con nosotros; 
el tipo de influencias puede ser muy variado. 
Los espíritus influyen en los actos de nuestra vida más de lo que nos imaginamos, 
porque cedemos a su influencia y sugestiones creyendo que somos nosotros los que 
hemos tenido la idea y de esta manera pueden dirigir parte de nuestra vida, ya sea que 
aceptemos las sugestiones de los espíritus trabajadores en el bien o la influencia de los 
espíritus negativos por la inferioridad del Espíritu encarnado o porque los espíritus 
trabajadores en el bien se aparten de nosotros porque no aceptan sus ideas y 
pensamientos, esto tendría su justificación en cuanto a los hombres que desconocen los 
enseñamientos del Espiritismo. 
Pero en cuanto a los espíritus encarnados que tienen conocimientos del 
Espiritismo o que ellos se denominan espiritista, que se dejen influenciar por espíritus 
inferiores tienen más responsabilidad por el conocimiento que ellos tienen, ya Jesús 
nos lo advirtió con estas palabras “orad y vigilad” por esto ante la poca vigilancia de 
algunos que se denominan espíritas, los espíritus se aprovechan de sus vicios y 
debilidades para hacerlos caer en el ridículo, para ellos el tiempo no importa se acercan 
a nosotros para impedir el progreso del Espíritu, ellos son pacientes pero si no 
hacemos caso de sus sugestiones al final se cansan y se van, por esto tenemos que estar 
alerta porque esa influencia puede ser muy sutil, porque ellos saben que un ataque 
frontal podría ser un fracaso y si no estamos vigilantes acaban por liarnos y entorpecer 
nuestra vida y progreso. La influencia que ellos puedan ejercer sobre el Espíritu encarnado es uno de los 
mayores obstáculos que se le presentan al ser encarnado, porque a mayor progreso del 

Espíritu, mayor inteligencia del espíritu negativo que aprovechando las debilidades o 
poca vigilancia del Espíritu que quiere influenciar para apartarlo del buen camino y de 
la divulgación del Espiritismo, y por esto tenemos que estar muy vigilantes no ya a los 
ataques frontales sino a los ataques que nos puedan hacer, por los que están a nuestro 
alrededor, ya sean familiares, amigos.

Influencias ocultas de los Espíritus sobre nuestros pensamientos y acciones hacen que con frecuencia seamos invadidos por pensamientos que entendemos que surgen de momento sin siquiera haber considerado pensar sobre eso.  Surgen por lo regular mas vividos, cuando nos despertamos luego de un sueño impactante, o cuando hemos estado pasando por situaciones difíciles en nuestras vidas.

Cuando nos percatamos de que esos pensamientos se tornan insistentes y sin motivo alguno, es pues cuando debemos ponernos alertas y tratar de definir primero si son pensamientos positivos que nos inspiran o son pensamientos que por el contrario nos traen tristezas, desasosiegos, frustraciones, o preocupaciones extremas.

Los Espiritas sabemos de estas formas sutiles que los espíritus impuros se aprovechan cuando bajamos la guardia, o nos olvidamos que el mal existe y que en ocasiones abrimos la puerta a comportamientos egoístas, orgullosos, de falta de caridad o compasión.  Habiéndonos  estado comportándonos en bien común, tratando de mejorarnos como seres humanos; vamos cediendo poco a poco a insinuaciones sutiles, que cuando las analizamos no guardan relación alguna a nuestro deseo de moralización.  

Es ahí donde debemos reaccionar y atajar esos pensamientos que no son nuestros y rechazarlos con voluntad férrea, pues para eso nos ha dotado Dios del Libre Albedrío.  Esto suele suceder cuando comienzan aflorar algunos comportamientos contrarios a lo que buscamos como espiritas en cuanto a nuestra transformación moral y a nuestra reforma intima. 



                                  
EL ESPIRITISMO DEBE ESTUDIARSE 
Quince personas nos reunimos una noche en Madrid, en el café del siglo, y sólo 
éramos tres espiritistas: un médico, su esposa y yo. Los demás eran librepensadores, 
materialistas, ateos del todo. Riéronse grandemente del Espiritismo, diciendo un joven 
ingeniero, andaluz por más señas, y con mucha gracia: 
-Señores, hoy he pasado un rato divertidísimo. Vino a verme un condiscípulo, y 
me dijo que se iba a Roma a cumplir una penitencia que le había impuesto un Espíritu; 
y me leyó una comunicación interminable. Nunca he oído una sarta de disparates 
semejante. ¡Qué galicismos! ¡Qué anacronismos! ¡Qué metáforas! ¡Qué hipérboles! 
¡Qué sintaxis tan admirable! Repito, señores, que es el escrito más estúpido que he 
oído en toda mi vida, y lo que a mí me llama la atención es que este muchacho no es 
ningún tonto: en todas las asignaturas ha tenido la nota de sobresaliente, y no porque 
sus parientes se las hayan comprado, no nada de eso; porque el pobre está solo en el 
mundo y ha hecho su carrera con mil apuros. Yo hoy le miraba y decía en mi interior: 
¿Se habrá vuelto loco este muchacho?... le hablé de varias cosas, y me contestó muy 
acorde, pero enseguida me volvía a hablar de sus espíritus, añadiendo que ve a su 
madre y a toda su parentela, y anunciándome que yo era uno de los elegidos, según le 
había dicho su Espíritu familiar, e invitándole a prepararme para hacer grandes 
trabajos en pro del Espiritismo. Al oír tal desatino, no pude contenerme más tiempo, 
me eché a reír a carcajadas; el pobre muchacho se molestó, y se fue, diciéndome con 
entonación profética: 
-¡Desgraciado! Tú huyes de la luz; ¡Ay de los que prefieren las tinieblas!  
-Sin duda –dijo el médico-, ese chico estará obsesado, y su Espíritu obsesor le 
inspira esos papeles ridículos. 
-¿Y qué es eso de obsesado? 
-Según Allan Kardec, es la subyugación que ejerce un Espíritu sobre un 
individuo; pero semejante dominación nunca tiene lugar sin participación del que la 
sufre, ya por su debilidad, ya por su deseo. Esos desgraciados también se llaman poseídos, pero no existen poseídos en el sentido vulgar de la palabra. La palabra 
poseído debe sólo entenderse, en el sentido de la dependencia absoluta en que puede 
encontrarse el alma, con los espíritus imperfectos  que la subyugan. Su amigo debe 
haberse dejado dominar por algún ser invisible, que se divierte con él, como un 
chiquillo con los soldados de plomo. 
-No se ofenda usted, Aguilar, pero yo no puedo digerir que hombres formales 
como usted y otros muchachos crean tan de buena fe  en esos espíritus, en esas 
subyugaciones, en esas inspiraciones, en esos dictados de ultratumba, que para mí no 

son otra cosa que aberraciones del entendimiento humano. 
Se acercó el brigadier Montero, hombre de pocas palabras, ilustrado, que se 
escuchaba siempre con respeto, y comenzó diciendo que, a su entender, antes de 
ridiculizar el Espiritismo, lo lógico era estudiarlo. 
-¿Y quién pierde el tiempo en semejante tontería? ¿Quién cree en la otra vida, si 
sabemos hasta la evidencia, que muerto el perro…?-Señores –replicó Montero-, ¿Os 
acordáis de mi hija Julia? Creo que alguno de vosotros asistió a su entierro. 
-¡No nos hemos de recordar! –contestaron varios-. ¡Qué lástima de muchacha! 
Ha sido de las jóvenes más bellas que se han paseado en Madrid. 
-¡Era un ángel! 
-¡Una criatura adorable! 
-Crea usted, señor Montero, que su hija vive en la memoria de cuantos tuvieron la 
dicha de tratarla. 
-Pues bien, señores, aquella joven tan hermosa, tan noble, tan buena, ¡Que fue el 
encanto de mi vida!... Se dejó dominar por un ser invisible, y desde que nació estuvo 
obsesada y se complació en vivir sujeta a una voluntad que no fue la de sus padres, ni 
la de sus hermanos, ni la de sus amigas, ni la del hombre que la quiso tanto, que al 
verla muerta perdió la razón. Estuvo dominada por un Espíritu los veinte años que 
permaneció en la Tierra, pero dominada en absoluto.
-¿Es posible? –Dijo el ingeniero- Crea usted, señor Montero, que su voto para mí 
es de gran valía, y quizá sea usted el único que me haría cambiar de parecer, si me 
diese explicaciones de lo que observó en su hija, ahora o en otra ocasión que crea usted 
más oportuna. 
-Ahora es la mejor, porque cuando se tiene conocimiento exacto de la verdad, ésta 
no debe ocultarse. He oído cómo os burlabais del Espiritismo, y francamente, me duele 
ver hombres entendidos malgastando su tiempo en negar lo que no conocen. 
Seis mil estrellas vemos en el cielo a simple vista, pero con el telescopio se ven 
millones de puntos luminosos, sin contar las miríadas que escapan al objetivo 
astronómico. 
En la gota de agua no vemos los millones de infusorios, pero con el microscopio 
los distinguimos. Ciegos son los que niegan la luz del Sol. 
Veinte años, ha sido para mí la vida de mi hija un misterio enigmático. Cuando 
por quinta vez me dijo mi esposa que iba a darme un nuevo vástago, sentí sin 
explicarme la causa, una emoción que no había sentido al nacer los otros cuatro hijos. Inés dio a luz una niña preciosísima. ¡Y fue tan dócil, tan buena, tan cariñosa! 
Notamos todos los de casa que la niña miraba a un punto fijo, se reía, agitaba las 
manos, y hacía esfuerzos por trasladarse a aquel punto. La primera palabra que 
pronunció no fue la que dicen todos los niños, de papá o mamá; ella dijo: ¡El nene, el 
nene! Y siempre señalaba, como si viera a alguien. 
Cuando la dejábamos en la cuna, se ponía de modo que siempre dejaba sitio 
desocupado para que se acostara otro, y cuando yo la levantaba, me decía muy 
contenta: “El nene está aquí”; y señalaba el lado que ella había dejado vacío. 
Transcurrió así su infancia. Todos los de casa nos convencimos que Julia veía a un ser 
invisible para nosotros; mi madre y mi esposa decían que veía al ángel de la guarda; 
pero yo, que entonces era materialista, creía que mi hija no tenía los cinco sentidos 
cabales, y la hice reconocer por algunos analistas, que no hicieron más que admirar su 
precoz inteligencia. 
Al fin, nos acostumbramos a aquel compañero invisible, que entonces en nada 
perjudicaba a mi hija, la cual con muy poca edad leía y escribía correctamente, tocaba 
el piano con verdadera inspiración, dibujaba admirablemente, y se convertía en 
maestra de sus hermanos mayores. Aprendió idiomas con pasmosa facilidad y lo 
mismo las labores más delicadas de su sexo. Influyó en mi modo de ser de tal manera, 
que yo mismo no me conocía. Llegué a convertirme en un amante de mi familia, yo 
que desdeñaba antes los goces del hogar, por mis aficiones aventureras. 
Mientras ella vivió, fui feliz; lo único que me disgustaba, era cuando me hablaba 
de él, del ser invisible para nosotros y perfectamente visible para ella. A nuestras 
observaciones cuando le decíamos que su visión era  ilusoria, nos persuadía de lo 
contrario diciéndonos: “Ese ser que vive conmigo, lo he visto en mi cuna, ha jugado 
conmigo, me ha facilitado mis estudios; por él sé mucho más que mis hermanos; él me 
habla de otra patria, de otra vida; le quiero con toda mi alma, cuando no le veo, sufro 
horriblemente; sin él no podría vivir”. 
Yo pensé que casándola se le olvidaría las quimeras. La presenté en sociedad a 
los dieciséis años, causando admiración general, que aparte de su belleza y de su 
talento, cantaba como el ruiseñor, bailaba con suprema elegancia, y era amable y 
discreta como un ser ideal. Me pidieron su mano hombres de gran posición social, 
entre ellos el joven marqués de la Peña. 
Julia para todos tenía una sonrisa celestial, una frase encantadora; pero a nadie 
concedía una sola esperanza. Cuando yo la interrogaba al respecto, me decía: -Papá, él 
no quiere que me case; él me quiere para sí, y a mí nadie me gusta sino él. ¡Si le 
vieras!... ¡Es tan hermoso!... Tiene unos ojos… ¡Ah! ¡Unos ojos divinos! 
¿Cómo he de querer yo a un hombre de los de aquí? Cesa en tus pretensiones; 
déjame que en la Tierra viva para ti, para mi madre, para mis hermanos, para los 
pobres; pero no me unas a otro ser, que yo estoy desposada con él desde antes de venir 
a este mundo. 
Yo, entonces, creía que mi hija estaba alucinada, y para ocultar lo que yo creía un 
defecto, me guardaba muy bien de decir a nadie las conversaciones que tenía con Julia, 
ni aún a su madre, y así vivimos hasta que cumplió veinte años. Un joven, oficial de artillería, se enamoró de mi hija con tal delirio, que me daba lástima; ella también le 
compadecía, y le distinguía con su amistad, y aún hubo momentos que le miraba de un 
modo muy expresivo; pero de pronto se entristecía,  se ponía nerviosa; en estado 
violento, hasta concluir por llorar. Palideció, se negó a tomar alimento, debilitándose 
de tal modo, que no pudo dejar el lecho. Los médicos no pudieron definir su 
enfermedad. 
Muy tranquila, y hasta risueña, me dijo el día antes de morir, estas palabras: 
-Papá, no te desesperes por mi partida. Soy un desterrado que vuelvo a mi patria. 

No sé cómo explicarte lo que pasa por mí, porque yo no me explico muy bien: 
tengo gran confusión en mis ideas. Si aquí tú eres mi padre, si aquí tengo familia, allá 
la tengo también. ¿Comprendes tú esto? Allá me esperan otros deudos, otros amores 
más puros que los de aquí. Yo vine a la Tierra para pagarte una deuda, y he sido el 
ángel de tu hogar, por eso, ahora él me espera, él, a quien he conocido antes que a ti; 
él, que es dueño de mi alma; ¡Mírale cuán hermoso es! ¿No lo ves? Y mi hija me 
indicaba que él estaba allí, junto a nosotros. 
Yo, ignorante, creía que deliraba mi hija, por más  que estaba acostumbrado a 
aquellas confidencias. Se despidió de todos nosotros; y, sonriendo dulcemente, reclinó 
su cabeza en mi hombro y quedó muerta sin agonía; la agonía fue para nosotros, que 
nos quedamos inconsolables. Mi madre, de edad avanzada, murió del sentimiento, y 
mi esposa, desde entonces, no ha tenido un día bueno. A mí no me ha costado la vida, 
porque sé que volveré a verla. 
La formal declaración de Montero causó profunda sensación en sus oyentes, 
tanto, que muchos de aquellos incrédulos estudiaron el Espiritismo, y hoy, no sólo son 
adeptos, sino entusiastas propagandistas. 
   
Amalia Domingo Soler




LA OBSESIÓN ESPIRITUAL Y LA FASCINACIÓN 

El Espiritismo codificado por Allan Kardec y guiado por los Espíritus de la 

Verdad, nos enseña que no estamos solos, que hay un enjambre de espíritus alrededor 
nuestro, y que desde que el hombre habita en la Tierra, existen los espíritus. Estos 
espíritus son los hombres que vivieron en este mundo corporal los cuales se codean 
con los encarnados e influyen en nuestras vidas aunque no nos demos cuenta. Estas 
influencias han sido y son de espíritus amigos, familiares, protectores, o espíritus muy 
materializados. Y dependiendo del estado de cada persona así estará de influenciada. 
Aquel que se deja dominar por las malas pasiones y pone toda su alegría en la 
satisfacción de los apetitos groseros, se aproxima  a los Espíritus impuros, dando 
permiso a sus ideas. O por el contrario si tenemos ideas positivas, trabajando por el 
bien estarán junto a nosotros nuestros amigos y guías espirituales.
En el Libro de los Espíritus pregunta nº 459, dice: ¿Influyen los espíritus en 
nuestros pensamientos y acciones? “Su influencia es mucho mayor de lo que 
creéis, porque a menudo son ellos quienes os dirigen”
Y en senderos de liberación / Divaldo P. Franco/Manuel P. de Miranda 
informa que el numero de obsesos es mucho mayor de lo que se pueda imaginar. 
No pudiendo ser medida o detectada con facilidad, la obsesión domina, 
congregando a multitud de victimas que se dejan consumir, tanto en uno como en 
el otro plano de la Vida:”
Y lo cierto es que ambas afirmaciones expresan una  gran realidad, que la 
obsesión espiritual es una enfermedad que sufre la  humanidad, quizás, en la 
actualidad, más que nunca, afectando a multitud de seres, encarnados y desencarnados, 
y que puede acarrear consecuencias muy dolorosas y  graves, pues, no nos quepa la 
menor duda, que en muchas ocasiones los humanos actuamos bajo la influencia, más o 
menos acusada, de entidades espirituales que se nos acercan de acuerdo con la manera 
de pensar y de ser de cada uno de nosotros. 
 Para que se pueda producir la obsesión, sea del tipo que sea, es imprescindible 
que haya un punto de conexión entre el obsesado y el obsesor, algo que facilite y sirva 
como toma de contacto entre ambos. Y este punto de conexión, siempre tiene su raíz, 
de una u otra forma en los valores negativos e inferiores del espíritu, es decir, en su 
imperfección moral.
La Tierra, por su actual estado evolutivo, es todavía un mundo de orden inferior, 
que denota la precariedad de las conquistas espirituales del hombre. Una gran mayoría 

de sus habitantes es de una condición moral baja que, al desencarnar, continua con los 
mismos gustos, vicios y pasiones que tenía en la vida física. Vivimos en este tiempo, más que nunca, inmersos en un universo en el que no 
hay fronteras entre la dimensión física y la dimensión espiritual, donde éstas coexisten y se ínter-penetran constantemente, produciéndose un intercambio permanente 
de energías, de vibraciones… en que la mente, tanto de encarnados como de 
desencarnados, genera constantemente pensamientos,  atrayendo a otras entidades de 
acuerdo con la calidad moral de que se revisten los mismos y sintonizando con 
aquellas otras mentes que se mueven de la misma frecuencia y franja vibratoria, 
uniéndose dichos pensamientos, tanto si son buenos  o malos, con aquellos otros 
pensamientos de las mismas características, que refuerzan y fortalecen, de esta forma, 
la psicoesfera mental, ya sea positiva o negativa, de cada uno de nosotros. 
“Cuando nos estacionamos en el vicio o en la sombra, las fuerzas mentales 
que exteriorizamos, retornan a nuestro espíritu, reanimadas e intensificadas por 
los elementos que con ellas armonizan, convirtiéndose en un círculo cerrado en el 
que las voces y los cuadros de nuestros propios pensamientos, aumentados por las 
sugestiones de aquellos que se ajustan a nosotros,  nos imponen reiteradas 
alucinaciones (Extraído del libro Acción y Reacción/Chico Javier- André Luiz).
Cualquier pensamiento, cualquier deseo, cualquier acción nuestra, por muy 
rápido que se produzca, siempre ha sido primero elaborado por nuestra mente. Es 
decir, cuando realizamos cualquier acto, no hacemos sino confirmar aquello que 
ya existe mentalmente en cada uno de nosotros, por lo que se puede afirmar que el 
pensamiento expresa la propia esencia de la persona. 
En definitiva:  somos lo que pensamos y respiramos el clima psíquico que 
nosotros mismo vamos formando. Haciendo un paralelismo con el conocido refrán 
que dice: “dime con quién andas y te diré quién eres”, se podría decir desde el 
conocimiento espírita “dime lo que piensas y te diré que compañías espirituales 
tienes”. 
Como consecuencia, tenemos que ser conscientes y asumir que los espíritus nos 
rodean por todas partes, influenciándonos de múltiples maneras, de modo que 
podemos encontrar en esta influencia, desde la actuación beneficiosa y saludable de 
los Buenos Espíritus que nos ayudan y aconsejan, hasta entidades espirituales que nos 
pueden hacer daño y perjudicar. Cuando estas influencias adquieren dicho carácter
negativo, estamos hablando de la obsesión espiritual. 
Por lo tanto, podemos definir la obsesión como “la influencia o acción negativa 
que un espíritu ejerce sobre otro”.
Por otro lado, no cometamos el error de atribuirlo  todo a los espíritus. Es 
innegable la influencia del mundo espiritual sobre cada uno de nosotros, pero no los 
hagamos responsables siempre a ellos de todo lo que nos sucede. La obsesión, como nos explica Allan Kardec, puede ser ejercida por diversos 
motivos, empleando variados recursos y que presenta caracteres muy diferentes, 
dependiendo del grado de opresión y de unión entre el anfitrión y su huésped: desde la 
más simple tentación o influencia moral leve, sin señales exteriores sensibles, hasta 
verdaderos casos de sujeción permanente que logran  la perturbación completa del 
organismo y de las facultades mentales del obsesado, cuyos efectos pueden ser de muy 
distinta naturaleza y gravedad. 
En la FASCINACION el espíritu obsesor ilusiona los sentidos y el 
pensamiento de su presa, con tal habilidad, que le  inspira una confianza total, 
hasta llevarle a creer y hacer las cosas más absurdas y ridículas.
Poco a poco, el fascinado se va rindiendo a las vibraciones del espíritu 
fascinador, aceptando todo lo que este le transmita, sin dudar ni cuestionarse las ideas 
sugeridas, debido a esta especie de hechizo que padece en el que su capacidad de 
juicio queda anulada y entregada completamente a su obsesor. 
La gravedad de la fascinación, pues, radica en que el fascinado jamás reconocerá 
estar sufriendo una influencia exterior, creyéndose en todo momento dueño de la 
situación en que se encuentra y rechazando toda advertencia o ayuda. 
Para los médiums, la fascinación es bastante grave, ya que puede dejarse 
manipular por el pensamiento del espíritu comunicante inspirándole una confianza 
ciega, y con ello no creerse ser engañado. Por ello, es necesario la instrucción, la 
humildad y la práctica del evangelio para no caer en el orgullo y la vanidad del 
mediador.  
No olvidemos que la fascinación le puede suceder a cualquier persona encarnada 
y estaría en un error si se creyera que este género de obsesión no puede alcanzar sino a 
personas sencillas, ignorantes y desprovistas de juicio; los hombres más discretos, más 
instruidos y más inteligentes bajo otros conceptos  no están exentos de esto, lo que 
prueba que esta obsesión es efecto de una causa extraña, de la que sufren la influencia. 
Para llegar a tales fines el espíritu desencarnado es hábil, astuto, inteligente, para 
hacerse aceptar con ayuda de la máscara que sabe tomar y de un falso semblante de 
virtud; las grandes palabras de caridad, humildad y de amor de Dios son para él como 
credenciales; pero a través de todo esto deja penetrar las señales de inferioridad, por lo 
que es necesario estar  fascinado  para no ver. Por otro lado los espíritus obsesores 
temen a todas las personas que ven demasiado claro; así es que su táctica es casi 
siempre la de inspirar a su intérprete el alejamiento de cualquiera que pudiera abrirle 
los ojos; por este motivo, evitando toda contradicción, siempre tiene la seguridad de 
tener razón. Quiero decir, que esto no solamente le ocurre a los médiums espiritistas, sino a 
todas las personas de cualquier ideal; unos podrán saber que son mediadores, pero hay 
una gran mayoría que no lo saben.  
La fascinación puede ser de espíritu a encarnado y de encarnado a encarnado. 
Vemos que ciertas personas encarnadas ejercen un efecto sobre otras, una especie 
de seducción que parece irresistible. Y esto se observa en las religiones, filosofías, 
política, literatura, etc… 
Sobre la obsesión, no podemos olvidar que existen grupos de espíritus dedicados 
a fomentar conflictos y hechos negativos entre la humanidad, estando entre sus 
prioridades, precisamente, el establecer procesos obsesivos. 
Y al igual que hay Colonias del plano espiritual dirigidas por Espíritus Superiores 
que adoctrinan y ayudan, también existen regiones oscuras habitadas por seres 
inferiores e ignorantes que se complacen en el mal, que se agrupan formando 
autenticas organizaciones, con una estructura jerarquizada bien definida, cuyos 
cabecillas son espíritus muy comprometidos y endeudados, pero al mismo tiempo, 
conocedores de las leyes que rigen el mundo espiritual y su relación con el mundo 
físico. 
Tienen sus particulares “escuelas” donde estudian el mecanismo psicológico del 
espíritu humano, haciendo un detallado seguimiento de todas sus tendencias negativas 
hasta descubrir el punto venerable que les pueda servir como detonador psíquico y 
aprovecharse de él con gran sutileza y habilidad para lograr sus fines oscuros y 
siniestros. 
Vemos en un párrafo del libro Acción y Reacción, como un obsesor, delante de 
los asistentes espirituales, se vanagloria y se alaba de los conocimientos que ha 
aprendido en estas famosas “Escuelas”. Dice así: 
“He aprendido en las escuelas vengadoras, que todos poseemos un deseo 
central. Una vez conocida la naturaleza de la criatura que nos proponemos 
castigar, es muy fácil súper alimentarla con excitaciones constantes. A través de 
semejantes procesos, mantenemos fácilmente el delirio psíquico o la obsesión, que 
no pasan de ser un estado anormal de la mente, subyugada por el exceso de sus 
propias creaciones, aumentadas por la influencia de otras mentes atraídas por su 
propio reflejo”(Extraído del libro Acción y Reacción/ Chico Xavier- André Luiz).
Así es que el principal culpable de la obsesión no es el espíritu obsesor, sino el 
propio encarnado, que conduce en sí mismo los factores, sean estos del tipo que sean, 
que predisponen y permiten la unión con los espíritus inferiores. “El obsesor se sirve hábilmente de las afinidades que le ofrecemos, de las 
ocasiones que creamos, de las debilidades que ponemos en acción, de las 
inferioridades que le sirven de vehículo; de todos  nuestros pensamientos y 
acciones inferiores, que abren las puertas de nuestro ser moral, para dominarnos 
y desgraciarnos de acuerdo con su gusto”. (Extraído del libro El Drama de la Gran 
Bretaña/ Yvonne A. Pereira – Charles)
Por lo tanto, sólo la debilidad, la negligencia y el orgullo del hombre dan fuerza a 
los malos espíritus, y su poder sobre nosotros le será positivo mientras no pongamos 
resistencia.

COMUNICACIÓN DE UN NIÑO


COMUNICACIÓN DE UN NIÑO

Mamá, Papá, ya no estoy con ustedes como acostumbraban verme; su mirada no cruza más que el vacío y ya no me oyen reír, gritar y llorar. A veces sin embargo, todavía estoy aquí, cerca de lo que me era familiar, capaz de ir y venir como me da la gana, sigo siendo como me conocieron, con otra apariencia imperceptible para sus ojos, pero que es una realidad para mí.Sigo estando vivo, con mi carácter, acordándome de todo lo que aprendí y siempre lleno de amor hacia ustedes, quizá más todavía, porque ahora es mi alma la que se expresa.No les pido que no lloren, el llanto es como el aguacero que lava el alma; ahora vivo en otra parte y les pido pensar en mí de la misma forma en que me recordaban cuando nos separábamos por un corto tiempo, pues NOS VOLVEREMOS A 
ENCONTRAR, se los aseguro.Mamá, Papá tengo muchísimos medios a mi disposición para hacerles saber y entender que ESTOY INTENSAMENTE VIVO; les puedo colocar índices en su camino para que puedan encontrar el libro que los iluminará o las personas que los ayudarán.Puedo manifestarme en sus sueños o ponerles un perfume que les recuerde mi presencia; también puedo hacer ruido, desplazar objetos o jugar con la electricidad; hasta puedo provocar un soplo de aire que los acaricie. También me dijeron, los que me recibieron, que bajo ciertas circunstancias era posible acariciarlos directamente o hablarles y hasta hacerme visible en mi traje de luz.Mamá, Papá solamente piensen en mí de la misma forma que antes de mi partida y sobre todo, estén atentos a las señales que intento enviarles.Entonces ya verán, cuando la tormenta se calme en sus espíritus, cuando hayan entendido que la muerte no es un fin, cuando hayan aceptado mi partida y se hayan dado cuenta que sigo estando vivo con ustedes; el cielo se iluminará y nos llevarán a una maravillosa comunión en donde nuestras almas se juntarán para la eternidad.